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Se llamo Bárbara, tengo 24 años, estoy soltera, trabajo
para una empresa informática y el motivo de haberte escrito es
para contar una de mis varias experiencias, motivadas todas por mi casi
constante calentura. A veces, alguno de nosotros, nos quedamos en el despacho
hasta tarde por no haber tenido tiempo de terminar un trabajo durante
la semana pero también para jugar o descubrir cosas nuevas en Internet.
Aún temblorosa por la excitación, fui a ver. Temía
que fuera un ladrón, pero también esperaba que fuera mi
compañero del despacho de al lado, un tío que está
muy bueno, y si fuera él tuve el morboso pensamiento de que quizás
podría tentarlo con mi hermoso palmito. Javier, ese compañero,
siempre ha sido un hombre muy recto. Aunque muchas veces he notado su
mirada sobre mi cuerpo, sobre todo deteniéndose en el bulto que
mis pechos hacen en mis blusas o suéters, y también en mi
culito, marcado a tope en mis estrechas minifaldas. Y no digamos sobre
mis muslos que dichas minifaldas desnudas tan arriba como la decencia
me lo permite. - ¿Qué estás haciendo hasta esta hora? - pregunté.
Pasé a ver y me sorprendí al darme cuenta de que estaba viendo, como había estado haciendo yo misma, un programa nada acorde con el trabajo de la empresa. El suyo no era porno pero sí se trataba de un caliente desfile de bellas y desnudas mujeres. - Esto está bien - le dije - pero no tienes porque verlas en la pantalla, puedes verlas en la realidad. Sin esperar su respuesta, desabroché mi blusa hasta la cintura, la aparté y solté mi sujetador. El hombre estaba atónito, pero luego sonrió nerviosamente. - ¿Quieres ver más? - le pregunté. Con voz entrecortada, dijo que sí. Subí a una de las sillas frente a su escritorio y saqué mis grandes pechos por delante de la blusa, me los froté y le dije, con voz insinuante: - Me siento muy caliente, Javier. ¿Quieres solucionármelo?. Subí al escritorio, donde él estaba sentado por el otro lado, y me senté frente a él con las piernas abiertas. El, tras dudarlo unos instantes, metió suavemente sus manos, deslizándolas por mis muslos y luego tocó mi vagina, que estaba totalmente mojada de deseo, por encima de la braga. Mientras me acariciaba suavemente la raja sobre la tela, chupó mis pezones, endurecidos a tope, deliciosamente, mientras con la otra mano se bajaba la cremallera de la bragueta del pantalón y se sacaba la polla. Al mismo tiempo que lo hacía, yo podía escuchar su respiración entrecortada. Al poco rato, acercando la cabeza a mi entrepierna, me separó todo lo que pudo la braga, desnudando mi peludo coño y me chupó la vagina tan maravillosamente bien que casi me corro peor él, al notarlo,paró y me invitó a sentarme encima de él. Lo hice sobre su polla erecta, metiéndomela en el coño hasta los huevos y nos movimos deliciosamente. Cuando me corrí por primera vez, gimiendo y suspirando, hicimos un descanso durante el cual él, apartándome dulcemente, se levantó para poner el seguro en la puerta para luego seguir, sin problemas, con lo que teníamos pendiente. Entonces me apoyé en el escritorio, inclinándome todo lo que pude, para dejar mi trasero bien expuesto. Entendió perfectamente lo que yo quería. Separó mis nalgas todo lo que pudo hasta dejar bien a la vista el agujero, estrechito y contraído, de mi culo y apoyando en él su capullo, me folló por el ano. No tenía yo mucha experiencia por este agujero, pero las pocas veces que me lo habían hecho me habían dado a conocer lo delicioso que podía ser el que te follen por el culo. Entraba y salía de mi recto sin descanso, me empujaba con fuerza hasta que tembló todo el escritorio, la computadora y el portapapeles. Algunos documentos ya estaban en el suelo. Nos corrimos los dos con un orgasmo de los más ricos que he experimentado. Desde este día, Javier y yo somos más que amigos, pero no mezclamos las responsabilidades del trabajo con lo que pasa entre nosotros de vez en cuando ya que ahora nos gusta mucho hacer horas extras durante las cuales hemos probado el goce en su oficina, en la mía e incluso en los servicios. Lo llevamos todo tan bien que nadie de la empresa sospecha nada, pues en horas laborales nos portamos muy serios y respetuosos, como siempre ha sido. El tiene su novia y yo sigo soltera, pero en ningún momento se me ocurrirá hacer daño a su relación. Me conformo con lo que m da cuando yo se lo pido. Besos y hasta otra, si es que hay algo caliente que contar cosa que, con mi carácter, no dudo que pronto ocurrirá. | |||||||||||||||