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Un día nublado decidimos que podíamos pasar de nuevo una mañana de sexo en compañía. Araceli lo había pasado bomba con nuestro amigo de Liencres y habíamos follado en casa como locos. En nuestra habitación vivimos la vida sexual de una manera inusitada. A mí me gustó lo vivido y cuando ella me dijo, con palabras muy fuertes, lo que le gustaría hacer, pese a que yo tenía cierto miedo, el morbo no me dejó decir que no. A pesar de que el día, como digo, era nublado, nos fuimos a la playa, nos adentramos en la zona de dunas y nos quitamos la ropa para ponernos el bañador pero ella dijo que lo mejor era que paseara sin la parte de arriba del bikini para atraer todas las miradas. Estaba extraña, lanzada. Al final, me mandó quitarme el bañador y así, a pelo, me llevó empalmado por toda la orilla de las dunas. No había mucha gente, solo algunos hombres que no parecían interesados en nosotros sino en ellos mismos. Detrás de una de las dunas pudimos ver como un hombre se la mamaba a otro hombre y mostrando yo mi desagrado ante aquel espectáculo que en nada me atraía, animé a mi mujer a seguir adelante con el paseo pero Araceli, mirándome con ojos de gata, me cogió la mano y me la metió dentro de su tanga. Estaba tremendamente mojada. Tras unos instantes de acariciarle el conejo, seguimos adelante con el paseo, encontrándonos con otra pareja que, al acercarnos a ellos, pudimos comprobar que eran nuestros amigos de la experiencia anterior. Nos saludamos y nos sentamos a su lado, comenzando una animada charla. Julián se empalmó rápidamente pero yo estaba algo cortado. Marisa, su mujer, que estaba también completamente desnuda luciendo no solo toda su desnudez sino también sus michelines, se levantó dejándome ver sus tetas colgando y su enorme culo, le dio la mano a mi esposa y las dos se fueron a la playa. Yo permanecía tumbado de espaldas y de pronto Julián, acercándose
a mí, me cogió la polla y se metió todo el capullo
en la boca. Di un salto hacia atrás y mostrándole mi desagrado,
él me pidió disculpas. Yo estaba empalmado y a punto de correrme mientras Julián se masturbaba rápidamente. Pronto se corrieron todos con gran alborozo. Ellas se arreglaron el pelo y volvieron a las toallas como si no hubiera pasado nada, pero nos vieron retirarnos corriendo así que al llegar nosotros, mi esposa me miraba, intentando ver mi reacción. Luego miró mi polla erecta y me echó una sonrisa. Araceli se tumbó a mi lado y comenzó a lamerme el capullo mientras Julián le acariciaba el culo y Marisa, junto a mí, me acariciaba el pelo. Pronto mi mujer se metió mi polla en el coño cabalgándome mientras chupaba ahora el pene generoso de Julián. Yo, aturdido, solo oía las palabras de mi esposa que decía cosas como: - ¡Quiero correrme... fóllame así... sí, no pares... oooh... sigue... sigue...! Marisa, sin poder resistir más el morbo de la situación, se sentó sobre mi cara para que le comiese el coño, cosa que comencé a hacer. Estaba suave y húmedo y ella movía las caderas inundándome de jugos. Al final me corrí en el interior del cuerpo de mi mujer, vaciándome entero pero mi en la arena, receptiva para Julián que la penetró sin dificultad mientras yo, exhausto, miraba alucinado el cambio que había sufrido mi mujer. Cuando Marisa empezó a chuparle los pechos, entonces mi mujer llevó la mano al coño de su amiga. Alucinado, vi como mi mujer, totalmente salida, acariciaba el conejo de Marisa, que se movía aparatosamente hasta que Araceli se corrió dando grandes alaridos. Julián salió de ella, aún empalmado y en el acto, Marisa empezó a lamer aquel enrojecido coño, como lavándola de los jugos de sus corridas gracias a la polla de su marido. Araceli, con cara de felicidad, se dejaba hacer. Julián, aparte, se estaba masturbando para intentar correrse pero Araceli, viéndolo, me dijo: - Anda, cariño, ayúdale. Yo me negué por lo que ella añadió: - Pues si no lo haces tú, lo haré yo. Vino hacia él y comenzó a lamerle la polla de arriba a abajo, deteniéndose en sus huevos. Nunca había visto a mi esposa mamándola así. Al final logró que se corriera pero ella seguía mamándosela como si fuera un biberón, mientras me miraba. Cuando acabó me dijo al oído: - Así es como te gusta que sea tu mujer, querías lana y has salido trasquilado. Quedamos tumbados en las toallas, muy cansados, pero no había pasado una hora cuando mi mujer me dijo: - Cariño, vas a ver lo que voy a provocar antes de irnos a casa, vas a recordar este verano. Nuestros amigos, al oirla, abrieron los ojos pero yo me levanté y le dije que ya habíamos tenido bastante pero entonces Araceli añadió: - No te excitaste el otro día y provocaste esto, ahora te enseñaré de lo que soy capaz. Tomó su toalla se fue a unos cien metros más atrás de la linea de la playa, completamente desnuda, abrió todo lo que pudo las piernas y se puso a tomar el sol así. A unos doscientos metros pude ver a tres chavales que venían por la playa corriendo, haciendo deporte. Entonces ella, al verlos venir, empezó a masturbarse con las piernas bien abiertas. Yo me levanté para ir a detenerla pero Marisa y Julián me tomaron por el brazo y me dijeron: - Déjala o no te lo perdonara nunca, disfruta del espectáculo que tu querida esposa te va a ofrecer. Al llegar junto a ella los tres jóvenes, alucinados, se miraron y se despojaron de sus bañadores mientras miraban a su alrededor. Eran morenos y musculosos, pero delgados. Uno de ellos tenía el pene pequeño pero muy gordo, otro lucía una polla de más de 20cm, pero al tercero no podía vérsela pues estaba de espaldas. Mis amigos me tomaron por la mano y dando un rodeo, quedamos detrás de ellos, entre unos pinos que nos ocultaban. Se oían ya los jadeos de mi mujer que tenía una polla en cada mano y otra en el coño. Los masturbaba, alternándose una y otra en la boca mientras decía: - ¡Así, así, dadme vuestra leche! Marisa, excitada, tomó mi polla y me comenzó a lamer el capullo, mientras Julián se masturbaba de nuevo y yo, asustado por mi mujer, casi no podía estar en erección pero los chupetones de mi amiga lograron que se me pusiera, al fin, dura. Al rato Marisa se colocó a cuatro patas y me invitó a follarla pero, cuando me disponía a hacerlo, sin apartar la vista de mi mujer y sus acompañantes, ella dirigió mi polla a su ano. Esto era nuevo pero acepté la invitación y lo encontré dilatado y caliente. Cuando mi esposa hubo acabado de ser follada por los tres chicos, llena de esperma por sus tres agujeros, se metió en el agua mientras ellos se marchaban muy satisfechos por haberle hecho de todo. Cuando se nos acercó, yo aún bombeaba a Marisa por el culo, y al oído me dijo: - Disfruta, cabrón, que yo lo he disfrutado como nunca. Comprendí que lo que yo había iniciado para mi propio disfrute, se había vuelto en mi contra. Pero de vuelta a Valladolid, mi esposa traía una sonrisa enorme y se la veía muy feliz. | |||||||||||||||