![]() |
|||||||||||||||
Soy Inés, la madurita cincuentona que, junto con mi vecina Julia, he iniciado un camino de disfrute del sexo que nunca hubiera imaginado a mi edad. Empecé hace unos meses teniendo un lío con Jorge, el hijo de mi vecina. Fuimos sorprendidos por Aurelio, mi marido que, confesándose cornudo vocacional, aceptó encantado la situación participando activamente en ella. Más tarde se nos unió Julia, con la que mi marido estaba teniendo un lío desde hacía un tiempo. Jorge, mi joven amante, además de darme placer con su verga, hace las delicias de mi marido por sus continuas ocurrencias, cada una más viciosa que la anterior. Precisamente fue la intervención de Jorge la que hizo que el más chismoso de nuestros vecinos de escalera, Faustino, un hombre de 65 años, gordito y nada atractivo, nos hiciera, sin embargo, disfrutar a base de bien con su lengua, tanto a Julia como a mí. Faustino declaró, en aquel encuentro, que a él también
le gustaría ser un cornudo y Jorge, al que le encantan las mujeres
maduras, se comprometió a lograrlo. Sin duda pretendía beneficiarse
a Casilda, la mujer de Faustino, que tiene 62 años. Casilda es
también una chismosa, una metomentodo y está siempre criticando
al resto de vecinos. Ni a Julia ni a mí nos cae demasiado bien
pero nos hacía gracia la idea de verla a cuatro patas siendo follada
por Jorge. Al día siguiente nos dijo que la cosa iba viento en popa ya que había logrado tocarle el culo sin que la mujer se mostrara molesta. Entonces Jorge le pidió a Faustino, el marido de Casilda, que colaborara en el plan pidiéndole que le ayudara a hacer algo en su casa y que luego lo dejara a solas con su mujer. Lo organizaron con la excusa de mover una librería y el plan era que luego alguna de nosotras llamáramos a Faustino por teléfono y simulara que tenía que salir durante un par de horas para así, dejar a su mujer sola con Jorge. En realidad lo que haría Faustino era abrirnos la puerta de su casa a mí, a mi marido y a Julia para que todos pudiéramos ver el numerito que Jorge iba a montar con la vecina chismosa. Lo llevamos a cabo al día siguiente a la tarde. Todo salió bastante bien y cuando Faustino nos abrió la puerta a los demás, todos nos escondimos en una habitación mientras Jorge y Casilda estaban en la sala, que era donde se supone que Jorge tenía que ayudar a desplazar una librería. Entonces Jorge empezó a piropear a la señora Casilda. Ella se mostraba pudorosa pero sus sonrisas delataban que le agradaba gustar a un chico tan joven. Cuando los avances de Jorge y sus piropos se hicieron más decididos, llegando incluso a acariciarle el culo por encima de la falda. Casilda, al principio, lo rechazó aunque sin demasiada convicción. Luego le preguntó como es que le gustaba una vieja como ella a un chico tan joven y Jorge la convenció diciéndole que le gustaban las hembras de verdad y no las niñatas, al tiempo que volvía a tocarle el culo con descaro. Casilda sonreía cada vez más halagada y esto animó a Jorge a tocarle las tetas por encima de la blusa sin que la madura mujer mostrara ya el menor desagrado por su atrevida conducta. Yo observaba como Faustino estaba cada vez más excitado viendo a Jorge meterle mano a su mujer sin que esta lo rechazara. En un momento dado, Jorge puso sus dos manos sobre las tetas de Casilda y le dijo que deseaba chupárselas. - ¡Estás loco! - le contestó ella - ¿Cómo se te ocurre decirle esto a una mujer casada y además de mi edad? Pero la muy falsa no hizo nada para apartar las manos del chico de sus tetas. Jorge había empezado, además, a desabrocharle la blusa y luego se la quitó. En un instante Casilda se quedó en sujetador mientras Jorge le sobaba ya las tetas sin ningún miramiento. Cuando le quitó el sujetador, la madura mujer empezó a suspirar y a gemir al sentir las caricias del joven sobre sus pechos desnudos mientras le recordaba al chico que de aquello no tenía que enterarse nadie. En cuestión de segundos, Jorge también le bajó la falda de modo que Casilda se quedó con las bragas y las zapatillas de casa por toda vestimenta mientras que el chico sobaba ya todo su cuerpo a placer. Nosotros, mientras tanto, observábamos la escena desde nuestro escondite, cada vez más excitados, especialmente Faustino, pues su deseo de ser un cornudo y de ver a su mujer, a la que él creía tan beata, con otro se estaba haciendo realidad. Mi marido, también embelesado, decía: - ¡Vaya, Faustino, menudas tetazas tiene tu mujer, y que culazo! En efecto, Casilda tiene unas tetas gordas y un culo bastante salido. Ella en sí es bastante rellena por lo que tiene mucho de todo. A sus 62 años tiene todavía las carnes tersas, como las podemos tener también Julia o yo misma, y es que ser gordita tiene algunas ventajas cuando los años se nos van echando encima. Jorge y Casilda siguieron con lo suyo, cada vez más entusiasmados. Jorge acabó por dejar a la chismosa vecina completamente desnuda y luego se desnudó él igualmente. A Casilda se le salían los ojos al ver la empinadísima polla de Jorge rozándole su prominente tripita. El chico empezó entonces a chuparle las tetas a la vez que le metía los dedos en el coño y esto solo fue suficiente para que la madura mujer tuviera un primer orgasmo que la hizo suspirar con fuerza mientras le mordía, en el hombro, a Jorge. A continuación Jorge empujó a Casilda hacia abajo hasta hacerla arrodillarse ante su polla. A pesar de lo mojigata que se supone era la mujer de Faustino, no hizo falta que Jorge le hiciera ninguna indicación más. La chismosa vecina empezó a chuparle la polla a Jorge con verdaderas ansias y vicio de forma que hacía pensar que no era la primera felación que practicaba. Desde nuestro escondite, nosotros observábamos cada vez todos más excitados y tanto Faustino como mi marido, se habían bajado los pantalones y estaba acariciándose la polla. - Mira la mojigata que a mí ni me la chupa, que zorra se ha vuelto - decía Faustino completamente salido y sacudiéndose la polla a una velocidad increíble mientras veía a su mujer devorarle el cipote a Jorge. Instantes después, Jorge se vaciaba en la boca de la caliente vecina llenándosela de leche. Casilda debió tragarse algo pero parte le empezó a caer por la barbilla, llegándole a las tetas. Entonces Jorge, que seguía con la polla durísima, le dije que la iba a follar y la muy calentorra le respondió: - Sí, cariño, pero házmelo a cuatro patas, que es como más me gusta. Casilda se situó en la mencionada postura sobre el sofá y Jorge no perdió ni un segundo clavándosela en el caliente coño de la chismosa madura. Su marido, viendo y oyendo todo aquello, alucinaba pues nos confesó que con él nunca había follado al estilo perro. La excitación de Faustino era tal que no pudo contenerse y se corrió abundantemente en su mano coincidiendo con los primeros gemidos de su mujer al ser follada por Jorge. Mi marido también estaba al borde de la eyaculación y eso que el muy cabrón me había dicho aquella misma mañana que Casilda no le gustaba en absoluto. Faustino entonces animó a mi marido a que se presentara en la escena y sorprendiera a la caliente pareja, diciendo que el propio Faustino le había pedido también ayuda para mover la librería y que se había encontrado la puerta abierta. - Venga, Aurelio, a ver como reacciona la puta de mi mujer - le rogaba Faustino. Nosotras también le animamos y Aurelio estaba tan cachondo que necesitó poco para decidirse. Cuando mi marido entró en la sala, supuestamente descubriendo a la pareja con las manos en la masa, Casilda soltó un grito de sorpresa, como era de esperar. Mi marido les dió las explicaciones antes mencionadas y Casilda empezó a pedirle, por favor, no dijera nada. Mi marido la tranquilizó al respecto y entonces Jorge añadió: - Oye, Casilda, ya que Aurelio nos ha pillado, ¿qué te parece si mientras yo te la enchufo en el coño, él te la mete en la boca? Casilda, entonces, sonrió con cara de vicio y contestó que por ella encantada. Mi marido se quedó en pelotas y a los pocos segundos Jorge la volvía a tener ensartada por el coño a cuatro patas mientras mi marido se la metía en la boca. - Si tu marido te viera así, ¿eh Casilda? - le decía
mi marido. Al poco rato mi marido anunció que se corría y le llenó de nuevo la boca de leche a la caliente mujer. Segundos después ésta empezó a chillar como una loca en señal inequívoca de que un tremendo orgasmo sacudía su cuerpo y ese orgasmo fue a coincidir con la corrida de Jorge, que le dejó el coño anegado de caliente semen juvenil. Cuando el trío se incorporaba y mientras se sentaban en el sofá, Faustino y nosotras ya no aguantamos más y calientes perdidos, decidimos entrar en escena. El susto que se llevó Casilda fue enorme pero enseguida todos le explicamos la situación y la trampa que habíamos montado. Más tranquila le prometió a su marido que si quería cuernos, los iba a tener y en abundancia. Seguidamente Faustino declaró que estaba más caliente de lo que lo había estado en toda su vida y que deseaba descargar su lefa de nuevo. Su mujer se disponía a follar con él o a chupársela para complacerle pero él le dijo que prefería que alguna de nosotras se la chupara mientras volvía a ver a su mujer follando con otro. Nos distribuimos de modo que Julia se la chupaba a Faustino mientras mi marido se follaba a su mujer, la señora Casilda. Por mi parte me ocupé de chupársela a Jorge hasta que la tuvo de nuevo dura para que me follara a placer, llevándome a tener dos orgasmos antes de que me rociara las tetas con su leche. Julia también tuvo su ración de polla en el chocho, de modo que todos acabamos la tarde realmente satisfechos. | |||||||||||||||