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Soy Laura, la que unos conocidos introdujeron en una comunidad, la misma a la que ya pertenecían mi hermana y mi cuñado. Desde mi anterior relato, han ocurrido muchas cosas, pero muy buenas y excitantes para mí. Como recordaréis, tenía que estar a disposición de la comunidad así que cuando un viernes por la noche me llamaron citándome para el sábado, no me extrañó. El interlocutor que me llamó, me dijo que estaría todo el fin de semana fuera y que no cogiera ropa, ya que no me haría falta. Cuando llegó Pedro, mi marido, se lo comenté y me animó a seguir adelante, manteniendo la relación con la comunidad. Llegó la hora indicada y estando en casa, arreglándome, sentí la bocina de un coche y supuse que era para mí. En efecto, allí estaba un chofer con una flamante limusina blanca, con la puerta abierta esperándome. Dicho chofer era un negrazo de impresión. No sé cuanto tiempo estuvimos circulando, quizá un par de horas, pero lo que sí sé es que fuimos en dirección a Girona, por los indicadores de la carretera. Al final entramos en un recinto amurallado, dentro del cual, el camino que tomamos, conducía a un gran y lujoso chalet que estaba al final del mismo. Cuando paró el coche y se abrió la puerta, allí estaba el chofer, invitándome a bajar. La puerta de la casa se abrió y salió de la misma una señora de unos cuarenta y tantos años, muy bien vestida que se me presentó como mi dueña para el fin de semana ya que, según añadió, por eso había pagado. Con toda naturalidad, una vez dentro de la casa, me ordenó desnudar por completo. Una vez estuve como ella quería, me hizo dar la vuelta para examinarme de arriba a abajo, hizo una cola con mi pelo, para que no lo llevara suelto, y acto seguido me hizo agachar sin doblar las piernas. En esta postura, me manoseó el culo un buen rato hasta que metió uno de sus dedos en mi boca. Se lo chupé y cuando le pareció bien, me lo metió, sin avisar, en el agujero de mi culo pero al quejarme de la sequedad y brusquedad al metérmelo, me propinó una señora palmada en una nalga. - Por la noche - me dijo mientras entraba y salía con su dedo de mi ano - he invitado a unos amigos en una fiesta sorpresa. Lógicamente, la sorpresa era yo. Me hizo duchar, afeitarme el coño y luego me ordenó que fuera a comer a la cocina y cuando terminara fuera de inmediato al comedor principal. Al entrar en la cocina, me sorprendió encontrarme al negrazo del chofer en pelotas y cocinando. En silencio me indicó donde tenía que sentarme y cuando hube terminado de comer Tomás, que así se llamaba el negro, me colocó en los tobillos y en las muñecas, unas correas con aros, como si fueran para sujetarme, pero no pregunté por si acaso. Después fui al comedor y al verme la señora, que estaba comiendo, se puso en pie haciendo que la descalzara y le sacara las bragas. Se sentó para continuar comiendo pero mientras lo hacía, me ordenó que le fuera lamiendo los pies y que cuando e lo indicara, lamiera su coño. Así lo hice un buen rato y al decírmelo, cambié los pies por su coño y cuando le pareció, la muy cerda, se corrió en mi boca teniendo que tragármelo todo. Sobre las seis de la tarde, Tomás me condujo a una sala en la que pendían del techo y de dos de las paredes, sendas cadenas. Me ató en ellas los brazos en cruz, y altos, y los pies muy separados dejándome el coño abierto. Sacó de un cajón unas bolas chinas y un consolador. Tras untarme el coño y el culo con una crema, metió el consolador en mi ano. No era pequeño pero además tenía una forma especial pues al tenerlo todo dentro de mi recto hacía como de chupete y no se salía. Luego metió las bolas en mi coño. - Estarás así hasta que lleguen los invitados - me dijo - así tendrás los agujeros bien abiertos. Pasaron como un par de horas, ya me dolía todo el cuerpo por la postura y la inmovilidad, cuando apareció la señora, acompañada por Tomás, llevando un tarro de miel. Ella empezó a untarme todo el cuerpo con la pegajosa y dulce substancia mientras me decía: - Van a venir unos matrimonios de cuarenta para arriba, gente muy conocida y adinerada, por lo que te vendaremos los ojos para que no puedas reconocer a ninguno. Primero te lamerán toda y más tarde ya te irás enterando de lo que seguirá. A los pocos minutos y ya con los ojos vendados, oí que se abría la puerta y un gran murmullo me hizo dar cuenta de que me estaban observando, totalmente desnuda y expuesta, un buen montón de gente. Noté como me rodeaban, como muchas manos me tocaban y a continuación como muchas lenguas me lamían toda, desde los dedos de los pies hasta mi boca y orejas, pasando por mis muslos, mi culo y mi coño. Uno me sacó las bolas del coño para lamerme más a fondo y así hasta que no me pude contener y me corrí en su cara y en este momento, mientras todo mi cuerpo se agitaba en las cadenas por el placer que estaba sintiendo, noté como me cogían los pezones y me los retorcían hasta hacerme daño. La señora, gritando como si estuviera enojada conmigo, me soltó de las cadenas y me colocó, con los ojos todavía tapados, de bruces sobre una especie de sofá del cual me quedaban fuera y colgando las piernas, los brazos y la cabeza. Entonces ella me cogió del pelo y me dijo: - ¡Te vas a enterar por tener la osadía de correrte en la boca de uno de mis invitados! - entonces dirigiéndose al invitado en cuestión y delante de todos, añadió - Eres dueño de hacer con ella lo que te plazca por espacio de media hora. Empezó por zurrarme el culo de lo lindo con la mano abierta. El muy cabrón no se cortó y cada vez pegaba más fuerte hasta que no pude más y empecé a llorar y a chillar de dolor. Entonces me sacó el consolador del culo y pidió algo a alguien. Me escupió repetidas veces en el agujero del culo y me metió en el ano, de golpe, uno consolador mucho mayor. Cuando se cansó de follarme el ano con el consolador, llamó a Tomás y le ordenó que siguiera él follándomelo sin piedad y así lo hizo. Como tenía una polla inmensa, por lo que pude notar, tuve que chillar y llorar aún más. Cuando se corrió lo hizo a fondo pues pensé que me saldría el semen por la boca de la cantidad que soltó dentro de mi recto. Cuando el negro salió de mi dolorido y totalmente abierto ano, me dieron la vuelta, poniéndome boca arriba, me ataron las manos detrás de la nuca y los pies en alto sujetados por varias manos. Al quedar mis pechos expuestos e indefensos, me fueron chupados, manoseados y pellizcados. Los que me sujetaban los pies me los lamían como si quieran devorármelos, hasta que noté como una mujer metía su coño pegado a mi cara para que se lo lamiera y luego como una polla me llenaba el coño. Me estuvieron follando por todos mis agujeros durante mucho rato. Se me corrieron cantidad de veces dentro y fuera hombres y mujeres. Estaba toda pringada y pegajosa. Tal y como estaba colocada, me lavaron entera con esponjas húmedas, me secaron y cuando me tuvieron aseadita la señora me comunicó que iba a ser el regalo de cumpleaños de su hijo, que nunca se había follado a ninguna hembra y que, para hacerlo más excitante, su marido se estiraría en el suelo, yo me sentaría sobre su polla metiéndomela entera en el culo y dándole la espalda, mi coño serviría entero para su hijo. Una vez sentada y toda la polla del marido en mi culo, me cogieron de los pies y dejándome abierta y expuesta, me ofrecieron a hijo el cual, sin hacerse de rogar, me la metió seguido. Menuda polla se gastaba el chaval. Así, penetrada por mis dos agujeros, la señora se sentó en mi cara y tuve que chupar también su coño. Al cabo de un rato, se fueron corriendo uno tras otro entre aplausos de los presentes. Cuando llegué a casa lo hice con un buen fajo de billetes y cargadita de leche. Al contarle todo, con pelos y señales a Pedro, mi marido, me desnudó toda, me lamió entera y me echó un polvo de campeonato. | |||||||||||||||