En la primera parte de este testimonio llamado "La nueva conquista", la amiga Isa nos contaba como, junto con su inseparable Laura, decidieron visitar a uno de sus compañeros para gozar con él de una noche llena de morbo y placer pero, al llegar donde él se encontraba, se hallaron con una sorpresa muy grata. Otra compañera de trabajo les había tomado la delantera.

Querida Charo Medina, soy de nuevo Isa, la zorrita sumisa de Santa Eulalia y de nuevo te escribo para contarte mi última experiencia guarra esta vez en compañía de Laura, la zorra que está conmigo en la central de alarmas, donde trabajamos las dos como operadoras. Dejé el relato cuando Ricardo y Juan, nuestro jefe, se nos habían follado al tiempo que iniciaban en el placer del sexo a Adelina, la nueva secretaria que muy pronto se iba a convertir en la nueva putita del jefe. Laura le acariciaba el pelo mientras los dos machos se la follaban por la boca y por el coño, a la vez que yo disfrutaba enormemente comiéndome las pequeñas, pero sensibles tetas de la chica que se contorneaba como una culebra. Ricardo no aguantó más y le llenó la boca de leche, besándola Laura rápidamente para saborear el semen del amigo y cuando mi jefe anunció su corrida, se la sacó del coño y lanzó su leche en las tetitas de su nueva putita, leche que inmediatamente lamí sin dejar ni una gota.

Adelaida estaba rota de tantas veces que se había corrido y descansando de tanto ajetreo cuando Ricardo le preguntó a Juan al mismo tiempo que Laura y yo, teniéndole en medio en el sofá, le sobábamos la polla :

- ¡Caramba, tío, como te lo montas... vaya cuadrilla de guarras que tienes en la empresa! - y tras dar un respingo cuando Laura bajó la cabeza y empezó a chuparle la polla, siguió - A estas dos ya las conozco pero la chica que tienes entre tus piernas, no.

Me cogió de la nuca y mientras Laura subía y bajaba la cabeza en una viciosa y soberbia mamada, yo me ocupaba de sus huevos y de su ano. Pero, a pesar de todo, Ricardo seguía hablando:

- Solo con que fuera una cuarta parte como estas dos zorras, sería demasiado.

Juan, que tenía sentada en sus piernas a Adelaida, le hacía una lenta masturbación y ella cada vez se abría más y más de piernas, lo que aprovechó rápidamente Ricardo para hacerle una señal con la mano, diciéndole:

- Ven aquí, zorrita, que vamos a ver como follas.

Adelaida se puso a horcajadas sobre Ricardo y nosotras dos hicimos de mamporreras. Mientras Laura abría el chochito de Ade, yo encaraba el gordo rabo al agujero. Dejándose caer poco a poco aquella polla iba entrando lentamente, mientras ella gemía como una gata en celo.

- ¡Oooh... que gorda... eso sí que es una polla! - decía.

Una vez que la tuvo metida hasta los huevos, empezó a subir y bajar, al tiempo que su follador le comía los pezones, que tenía durísimos y que coronaban sus excitantes tetitas. Juan, que tenía la polla como un poste, me dijo:

- Ven, Isa, que mientras Laura le prepara el culo a esta, yo te la meteré a ti en el tuyo.

Metí dos dedos en mi boca y luego en mi culito, dilatándomelo para la polla de mi amado jefe. Laura se agachó detrás de Ade y se puso las botas lamiendo los huevos y el ano de Ricardo y su objetivo, es decir, el tierno y virgen ano de Adelaida, que seguía cabalgando lentamente, disfrutando cada centímetro de la hermosa polla que tenía dentro del coño.

La chica dio un respingo y soltó un quejido cuando Laura metió un dedo hasta el nudillo, pero no protestó, al contrario, gimió profundamente y siguió cabalgando a su follador. Yo, sentada de espaldas a mi jefe y con su polla en mi culo, oía que me decía:

- Isa, a partir de hoy quiero que la conviertas en una zorra como tu y Laura, así tendré quien me la chupe por la mañana.... y a ver si acaba Laura y le estreno el culo, que ya tenía ganas de hacerlo.

Yo, con toda la polla dentro, giraba en redondo mi cintura, lentamente, viendo como Laura ya tenía dos dedos dentro del estrecho ano de Adelaida, abriéndolos dentro y dilatándolo cada vez más, ya que quería tomarse su tiempo y que la nueva putita del jefe no sufriera mucho en su primera enculada y, por supuesto, con el bocadillo que se le avecinaba.

- Solo falta una cosa - dijo Laura mientras se iba y volvía al momento con un tubo de vaselina.

Le untó el ano y como los dos dedos entraban fácilmente, le dijo a Juan:

- Jefe, ya se la puedes meter en el culo a esta putita, cuando quieras.

Me saqué, muy a pesar mío, el rabo del culo y Adelaida, girando la cabeza, vio como él se iba colocando detrás de ella, con la polla en posición horizontal y totalmente endurecida. Mi jefe cogió el gordo capullo y empezó a frotarlo por el agujerito de Ade, que protestó débilmente, pues veía que no tenía escapatoria. Ricardo se ladeó un poco, quedando tendido en el sofá y Laura y yo inclinamos a Ade, haciendo que pegara sus tetitas en el velludo pecho de Ricardo, clavándole sus duros pezones y dejando, ahora sí, el estrecho agujerito completamente ofrecido para que mi jefe se la metiera. Ade, no obstante, seguía con sus débiles protestas, diciendo:

- No, por el culo no, que me hará daño... es muy gorda y me dolerá... por favor, despacito...

Una vez encarado el capullo en el ano, él dio un golpe seco de cintura y se lo coló dentro. Ade lanzó un pequeño grito y yo le dije, dándole primero un buen morreo, repasando su boca:

- ¿Te duele, putita...?. No te preocupes que ahora vas a disfrutar de lo lindo.

Mi jefe, con cuidado, se la fue metiendo centímetro a centímetro, hasta enterrarla toda en aquel recién desvirgado culito, quedándose quieto para que se acostumbrara al grosor de la polla. Le pregunté a Ade si tomaba pastillas y ella, entre jadeos, asintió con la cabeza y entonces añadí:

- Pues ahora lo que tienes que hacer es relajarte y dejarte follar, y ya verás que manera más salvaje de disfrutar.

Juan y Ricardo empezaron a follársela a la vez y ella, sin dejar de suspirar y jadear, no paraba de correrse como una perra caliente. Se la estaban tirando a base de bien, metiendo las pollas hasta los huevos y sacándolas hasta el capullo, para volver a clavársela toda. En este plan, Ricardo no aguantó más y se corrió en su coño. Entonces le dije a mi jefe que se diera la vuelta. Me entendió y sin sacársela del culo, la levantó, se dió la vuelta sentándose él en el sofá, ya la tenía yo como quería.

Levantamos sus piernas y con todo el rabo clavado en el culo, la abrimos y Laura y yo empezamos a devorarlo todo. El culo y los huevos del jefe por un lado, y el conejo, las tetitas y la boca de Adelina por el otro. Ante aquel aluvión de placer, no aguantaron más y mientras Ade se corría, mi jefe dio una especie de gruñido y le llenó el culo de leche por primera vez a su nueva putita. Laura le limpió la polla con la boca y yo el chochito y el ano de Adelina que aún temblaba, debido a los intenso orgasmos que había tenido. Estábamos todos hechos polvo, ya que eran las seis de la mañana, pero a la zorrita de Ade le había gustado eso de que le metieran dos pollas al mismo tiempo y pidió que la volvieran a follar. Los dos machos, aprovechando que su aguante era mayor después de haberse corrido dos veces, se despidieron de nosotras haciéndonos un bocadillo a cada una. Primero Laura que se corrió gritando como una cerda, luego yo, que también me corrí, y por último, la nueva zorrita del jefe, Ade, que fue la que recibió las descargas de leche de sus dos potentes folladores.

Antes de marcharse, el jefe le comunicó a su nueva putita que se podía tomar el día de fiesta, por lo que las tres, con el día por delante, lo primero que hicimos fue ducharnos juntas y acostarnos desnudas y abrazadas, con Ade entre Laura y yo. Hasta pronto.

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