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Queridos amigos, soy Nati de nuevo, la cachonda madurita de Guecho, Vizcaya, y hoy quiero contaros una cosa muy curiosa que me ha ocurrido recientemente y que creo que puede dar ideas a muchos lectores de la revista para pasar, de una forma divertida, esas tardes en las que no se nos ocurre nada excitante que hacer. Fue una tarde tremendamente lluviosa en la que Fernando y yo habíamos ido a casa de mi hermana Luci. En aquella época ella empezó a tener relaciones con Fernando y aunque luego éstas se han hecho más esporádicas, de vez en cuando se dan algún revolcón. Esa tarde habíamos ido a casa de mi hermana simplemente a pasar el rato pero la cosa cambió bastante como os cuento a continuación. Cuando mi hermana nos abría la puerta de su casa, llegaba también el hijo de su vecina Leonor. El chico nos explicó que se había olvidado las llaves y que no podría entrar en su casa hasta que llegara alguien de su familia. Como no estaba para ir a ningún sitio, pues llovía a mares, Luci le invitó a que entrara en casa con nosotros. Comenzamos a hablar de trivialidades y al rato yo propuse jugar al parchís, que es algo que en casa hacemos a menudo, y todos estuvieron de acuerdo. - Si queréis, apostamos algún dinerillo, así será más emocionante - dije yo. Mi intención era simplemente jugar una partida para pasar el rato los cuatro pero enseguida Fernando, pretextando que jugar así era muy aburrido, propuso cambiar las reglas haciendo del juego algo mucho más excitante. - Lo que tenemos que hacer es jugar al parchís pero apostando prendas - dijo - Seguro que lo pasábamos mejor que apostando unas pesetillas. Al hijo de Leo, la vecina, que se llama Jesús, le brillaron los ojos aunque, quizá por timidez, no dijo nada. Entonces y entre las risas de todos, fue mi hermana la que dijo, aceptando tácitamente la partida propuesta por Fernando: - Vosotros lo que queréis es vernos con el culo al aire, pero vamos a ser nosotras las que os veamos en paños menores. Entre risas, fijamos las normas del juego acordando las siguiente regla: se pierde prenda cuando te comen una ficha, el que come la elige la prenda y el propietario de la ficha comida debe entregar dicha prenda, pero no se puede elegir una prenda que no esté ya a la vista. Esta regla la propuso Luci, alegando que no fuera a ser que le obligaran a quitarse las bragas como primera prenda. - Que así ya me lo veis todo a la primera que me comáis - decía. El calzado, joyas y relojes no entraban como prendas, si alguien mete ficha en la meta, todos los demás pierden prenda y si un jugador ha perdido todas las prendas pero la partida aún no ha terminado, el que le come la ficha le dirá lo que tiene que hacer y éste deberá obedecer ese mandato que sustituirá así a la prenda. La partida termina con las reglas normales del parchís, cuando un jugador haya introducido sus cuatro fichas en la meta. El que gane, a su vez, puede formular un mandato para todos los demás jugadores. Comenzamos a jugar y mi hermana decía que estaba muy mal preparada para esa partida pues solo llevaba una bata de estar por casa y debajo la ropa interior. Yo, por mi parte, llevaba un traje de verano verde y viendo las reglas, no me había quitado la chaqueta. Debajo llevaba una blusa blanca, bragas y sujetador. Los chicos llevaban pantalón, camisa y calzoncillos. - Eres la que lleva más ropa, pero vas a enseñarnos el culo antes de lo que piensas - me decía Fernando riendo. Cuando la partida se empezó a animar, Luci fue la primera que comió una ficha y yo fui la víctima. Los chicos, especialmente Jesús, que había perdido toda la timidez al ver que nosotras éramos unas cachondas, entre bromas la intentaban convencer para que eligiera como prenda mi falda. - Así le vemos las bragas enseguida - decía Fernando. Mi hermana no se atrevió a ir tan rápido y eligió la chaqueta de mi traje, así que me la quité sin que ello supusiera destape alguno. A partir de ahí y poco a poco, las cosas se fueron poniendo cada vez más interesantes pero, para no alargarme os resumiré diciendo que las prendas fueron desapareciendo en este orden: Jesús perdió su camisa, luego yo perdí la falda, con lo que me quedé en bragas, recibiendo los encendidos piropos de los chavales, sobre todo porque mi braga era tanga y mi gordo culazo quedaba bien a la vista y Jesús, que cada vez estaba más suelto decía: - ¡La verdad es que estás tremenda, Nati, da gusto ver a una jamona como tú, tan buenaza y con estas braguitas!. Luego Fernando perdió la camisa y después Luci perdió la bata, quedándose en bragas y sujetador, negros por cierto, ante el delirio de los chicos. Los cuatro nos lo estábamos pasando realmente bien y no era precisamente el juego del parchís el principal motivo de divertimento. Seguidamente fue Fernando el que perdió el pantalón quedándose en calzoncillos y mostrando una más que evidente erección bajo la prenda mientras Luci le tocaba levemente los huevos con el dorso de la mano, provocando la carcajada de todos. Tras unas cuantas tiradas sin comer ficha, Jesús me comió una a mi con lo que desapareció mi blusa, quedándome en bragas y sujetador. Luego fue el propio Jesús el que se quedó sin pantalones. Las siguientes tiradas estuvieron llenas de emoción pues era evidente que la persona cuya ficha fuera capturada, tendría que enseñar algo ya de verdadero interés. Tras varias tiradas rodeadas de gritos y risas estruendosas, fue Jesús el que comió una ficha de Luci. Evidentemente mi hermana iba a tener que enseñar las tetas por lo menos. - Hala, Luci - la animaba yo, también riendo - Ensénales el tetamen y que se den un atracón de pechuga. Luci se quitó el sujetador, dejando ver sus pequeñas pero bonitas tetas, que hicieron que los chicos prácticamente babearan. Fernando hizo amago de tocárselas pero ella, riendo, le dijo que para tocárselas tenían que comerle alguna ficha más. Para entonces, por cierto, y aunque ellos no habían perdido aún sus calzoncillos, nosotras ya les estábamos viendo sus bonitos capullos pues la erección de ambos era tal que sus glandes asomaba por encima de esas prendas. - No sabía yo que un par de viejas como nosotras os íbamos
a poner tan calientes - les dije yo con malicia, mientras ellos nos devoraban
con los ojos. Todos volvimos a reír con ganas y seguimos jugando. Tras varias tiradas, fue Fernando quien perdió los calzoncillos quedando completamente en pelotas y con la polla empinadísima. Después del correspondiente jolgorio por mi parte y la de mi hermana, y algún que otro tocamiento, volvimos a la partida y ahora fui yo quien tuvo que quitarse el sujetador dejando en libertad mis redondas y abundantes tetas. A continuación fue Jesús quien se quedó sin calzoncillos, mostrando su polla durísima y brillante mientras nosotros reíamos y gritábamos excitadas y nos atrevíamos a tocársela comprobando su dureza. Entonces nosotras quisimos dar por terminada la partida alegando que habíamos ganado pues ellos ya estaban completamente desnudos mientras nosotras aún conservábamos las bragas, pero Jesús dijo: - De eso nada... Si recordáis las reglas, de lo que se trata es de ganar la partida de parchís metiendo todas las fichas en la meta, no de dejar a alguien en pelotas, y no veo que tengáis todas vuestras fichas en la meta, monadas. Volvimos, por tanto, al juego y momentos después fui yo la que tuvo que enseñar el coño a los dos viciosos mientras ellos lo celebraban por todo lo alto. - ¡Ya era hora de ver un buen potorro! - decía Jesús
- ¡Venga, tía Nati, enseña ese felpudo, maciza!. Bueno, queridos amigos, dejo aquí el relato de esta excitante partida de parchís y que continuaré en una próxima carta, pues ya me he extendido demasiado. Os puedo asegurar que lo que siguió fue sencillamente tremendo. Besos. |
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