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Amigos de Clima, os recuerdo que me llamo Arturo, soy de Bilbao y lector
de vuestra revista desde hace muchos años y reconozco que me he
calentado mucho leyendo las experiencias de otros lectores, además
de para hacerme unos buenos pajotes también me ha servido para
entender mejor a las mujeres. Ya en su casa, fuimos a la cocina y mientras preparaba la cafetera, acercándome
a ella, la abracé y empezamos a besarnos. Me besaba como loca y
me decía que no estaba bien pero que le gustaba. Yo ya estaba como
una moto y le dije que me daría mucho morbo follármela en
su cama de matrimonio y me contestó que estaba loco pero que a
ella también le gustaría. Besándonos le pedí
que me llevase hasta su cama así que me cogió de la mano
y fuimos a su dormitorio donde, sin parar de besarnos, nos desnudamos
como pudimos y nos tumbamos encima de la cama. Antonia estaba salida y
fuera de sí por la calentura así que sin preámbulos
me tumbó de espaldas y se empaló en mi verga. Me asusté y pregunté qué pasaba y ella me contestó
que la hacía muy feliz pero que no era justo que le hiciese esto
a su marido después de tantos años. Yo callé, pero
seguía empalmado así que me rocé con su pierna para
que me notara la erección, Antonia la notó se rió
diciendo que era un perfecto cabrón, que no pensaba nada más
que en follar y yo le dije que con una mujer como ella sería idiota
que no lo hiciese. Antonia otra vez chillaba y no paraba de moverse diciendo cosas ininteligibles,
subiendo y bajando sus caderas encima de mi cara. Al fin se corrió
gritando de nuevo pero como pareció relajarse le insistí
para que siguiera chupando porque mi corrida estaba también cerca.
Al poco me fui entero en su boca, Antonia se lo tragó todo sin
dejar nada, succionando para sacarme hasta la última gota y dejándome
roto. Dijo que estaba como una cabra así que me fui hacia ella y tal
como estaba la atraje hacia mí y le comí el coño
otra vez. Antonia se despatarró y se dejó hacer y cuando
estaba mojada a tope la hice levantar y me senté yo en el bidet
haciéndola sentarse encima de mi polla y así enchufada hice
que se moviera para sentirla dentro. Estuvimos un rayo besándonos,
chupándonos, yo comiéndome las tetas y se corrió
para al hacerlo se relajó tanto que me meó encima, una meada
caliente, larga, que no pudo parar y cuando acabó estaba como desmayada,
ida totalmente. Antonia empezó a tranquilizarse y tal y como estábamos,
en bata en la cocina, la atraje hacia mí y a besé. Ella
se dejaba hacer y me decía que yo era incansable, pero respondía
a mis besos cada vez más animada hasta que ya era un morreo en
condiciones. Con las manos recorrí sus pechos y desabroche su bata
dejándola casi desnuda. Antonia tampoco paraba quieta y su mano
llegó a mi aparato, que estaba flácido, pero con sus meneos
se iba animando hasta estar casi empinado. De cualquier manera tiramos
las batas en el suelo de la cocina y apoyada en la encimera froté
mi polla en su coño hasta que ya no aguantaba y me pidió
que la volviera a follar. Yo no me hice de rogar y despacio se la metí
de nuevo. Antonia, entonces, miró el reloj y se preocupó pues era tarde y aunque pensó que su marido tardaría todavía en volver no quiso correr riesgos, me mandó vestirme y que me fuese. Me vestí corriendo pero antes de irme le pedí un teléfono de contacto, me dio el del móvil y el fijo pero me pidió que intentase llamarla a casa por la mañana, que es cuando puede hablar. Pregunté cuando volveríamos a vernos y me contestó que ya lo hablaríamos. Al día siguiente llamé a las diez de la mañana, le dije que estaba deseando verla de nuevo pero ella me dijo que a la media hora de irme había vuelto su marido y que casi no tuvo tiempo de recoger nada y además ese día él venía con ganas de sexo también, lo que es inusual, así que tuvo que hacer tripas corazón y follar con él pese a que tenía el coño escocida de todo lo que habíamos follado ella y yo antes. Su marido quedó conforme y le dijo que la veía más
guapa que de costumbre. Antonia me dijo que el sexo parece que rejuvenece
pues sus amigas también la han notado más animada. Lo que hemos hecho es compartir unas vacaciones. Ella pertenece a un
grupo de señoras maduras, amigas de siempre, y todos los años
se van de viaje con una agencia las seis o siete que pueden. Van, sin
marido, cada año a un sitio diferente a parte de las vacaciones
oficiales con sus consortes y este año tocaba ir a Turquía.
Además, como las componentes eran impares, una debía tener
una habitación individual Antonia se las arregló para ser
ella la non y yo para ir a la misma agencia y apuntarme en ese viaje. En este viaje, una de sus amigas, casada también, se me insinuó,
a Antonia le hizo mucha gracia porque esa señora era la rectitud
en persona y teóricamente muy enamorada de su marido. Entonces
Antonia dijo que debía follármela también y así,
si algún día descubría algo de lo nuestro, podría
taparle la boca. Una noche me fui a su habitación y también
follé con ella. Así sigue nuestra vida, yo tengo varias amigas con las que me
veo y me acuesto, pero la que más me llena y a la que más
cariño tengo, es a Antonia. De momento su marido no sospecha nada
y está feliz de verla tan guapa y tan contenta. Pero Antonia me
ha planteado convencerle, y no sabe como para que le permita que sea yo
su sustituto en el sexo. Si las cosas cambian en un futuro, ya os lo contaré. | |||||||||||||||
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