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Hola amigos de Clima, soy un marido liberal que desearía, a través de vuestra revista, entrar en contacto con otras parejas y maridos liberales para intercambio de experiencias. Os diré que, siendo lector de vuestra revista desde hace tiempo, me parece acertado que hayáis aumentado el número de contactos en cada ejemplar. ¡Animo!. Nunca antes os había escrito y a la vez que os deseo suerte, paso
a contaros una de nuestras últimas aventuras vividas el año
pasado, que pienso puede interesar a algunos de vuestros lectores, y si
se puede también insertar juicio y opinión, aclarar que
no es lo mismo liberal que cornudo. A los ocho o nueve días Yves ya nos había contestado. La carta la recibí yo pues iba a mi nombre y soy yo quien suele organizar este tipo de encuentros. Os diré que estoy en la cuarentena, que soy de talla normal, aspecto normal, que viajo mucho y hablo varios idiomas. Yves decía que deseaba conocernos, que se podía desplazar a Zaragoza y sobre todo nos decía que le encantaba la idea, que era una de sus grandes fantasías estar con una mujer mayor que él y esta a su vez, acompañada. Enviaba una foto suya, tomada con Polaroid, donde se veía este joven francés, con cara y aspecto libidinoso, con un enorme rabo y la inscripción en el dorso que decía, "Espero que le guste a tu mujer, 20,5 cm x 6 cm y parafraseando la ingesta de alcohol "a consommer sans moderation" que pienso no necesita traducción. Organizamos la cita y como era Semana Santa, decidimos nosotros ir a verle a él. Carmen, para la ocasión, se había puesto una blusa transparente que dejaba ver un discreto sujetador, del mismo color, y una falda de gasa hasta media pierna haciendo juego, medias negras, con liguero incorporado y botas altas. A la hora convenida sonó el teléfono de nuestra habitación del hotel. Yves nos estaba esperando. Carmen se terminó de arreglar y estaba muy guapa. Yo la veía muy sexy y muy atractiva, bien maquillada y perfumada. Este joven, con madera de viciosillo, no había quedado con ninguna jovencita y había que estar hasta en el mínimo detalle por lo que, antes de ponerse su abrigo largo, Carmen me preguntó: - ¿Qué tal estoy?. La miré de arriba abajo y le dije: - ¡Muy bien, quítate el tanga y vamos!. En recepción nos presentamos a Yves y tras los saludos y besos de rigor, nos dirigimos al coche para ir al restaurante a cenar y como me di cuenta de que Yves estaba algo tenso, algo nervioso, para ir distendiendo la atmósfera, empezamos a hablar de cosas simples y bromear algo. En el restaurante, aprovechando que Carmen se había ausentado unos minutos, le pregunté a Yves que qué le parecía ella. - ¡Súper, genial, es una mujer como a mí me gustan! - contestó excitado - ¿Y crees que yo le habré gustado? - me preguntó entonces. No tuve tiempo de responderle porque ella volvía pero aprovechando que estábamos en un lugar discreto, le dije a Carmen: - ¡Enséñaselo!. Ante la cara de asombro del chico, ella se fue subiendo la falda y de
repente abrió las piernas completamente enseñándole
a Yves su precioso chocho que éste pudo ver en su totalidad. Hay
que decir que esta preciosidad de chocho había sido objeto de cuidados
y mimos para la ocasión. Lo presentábamos casi completamente
depilado, con una tira de pelitos de dos centímetros vertical y
todo lo demás depilado. Yves se quedó algo atónito
y luego me miró sonriente. - ¡El coche de los señores!. Fue una invitación para que los dos subieran detrás. Arranqué y de camino al hotel, pasamos por una calle muy tranquila, con una enorme farola que iluminaba muy bien parte de la calzada, y que estaba protegida por unos setos. - Los señores perdonarán - dije - Pequeña parada técnica. Paré el coche bajo la farola, desapareciendo detrás de los setos. Yves aprovechó la ocasión, pasó su brazo por los hombros de Carmen y la llevó hacia él. Sus caras se acercaron. Él fue en busca de su boca. Carmen respondió. Sus bocas se unieron, con suavidad primero, luego con ardor. Desde donde yo estaba no se veía muy bien, pero pude distinguir como, con su mano libre, Yves le iba subiendo la falda. Ahora ella lo rodeaba con sus brazos y no le soltaba la boca. Él seguía subiendo la falda e iba en busca de algo a tientas, pues ella no le dejaba apartarse de su cara. Mi visión no era nítida pero, aunque no quería acercarme más, pude ver como ella, aún sin hablar, comprendió el mensaje de la mano que iba en busca de algo y de repente se recostó mejor y subió al asiento su pie derecho dejando toda su entrepierna libre y ofrecida de par en par. Me di cuenta que en ese momento, esa mano libre dejó de buscar
y se quedó parada en una zona que la sombra me impedía ver
con claridad. Pero salí de mi escondite cuando, a lo lejos, vi
un señor solo que avanzaba hacia nosotros y que parecía
ser el típico que se recoge tras unos tragos con los amigos. Subí
al coche. Dentro solo se oían suspiros y con la luz de cortesía,
que se encendió, pude ver con claridad que sus lenguas se buscaban
y que Yves le ocultaba completamente a Carmen su chocho bajo su mano,
que se lo tapaba por completo. Yves cruzó su mirada conmigo y siguió
besándola. Ella no se inmutó. Fue todo muy rápido,
accioné el seguro de las puertas, metí la llave en el contacto
y puse la luz de cortesía. El trasnochador, que se dirigía
por nuestra acera, estaba ahora a nuestra altura. Yves y Carmen seguían
a lo suyo. Este hombre se detuvo y ante semejante espectáculo,
se acercó para mirar por las ventanillas. Las caras de Carmen y
de Yves no se podían ver porque se estaban besando de lo lindo
y no se separaban, pero mi querida esposa ofrecía una panorámica
espectacular de su chocho. Ella estaba con las piernas abiertas y ofrecía una imagen voluptuosa
de su chocho que, contrariamente a lo que se podía pensar, la mano
de Yves no se había estado quieta pues se podía ver con
claridad que lo tenía muy abierto y bastante húmedo, como
de haber sido acariciado e incluso de haber tenido recientemente algún
dedo en su interior. - Por nuestra amistad - propuso y brindamos de nuevo. Estábamos los tres de pie en la habitación, yo me dirigí al fondo y puse algo de música del hilo musical. Como un imán, ellos se unieron y se pusieron a bailar. Ella apoyó su mejilla en el pecho de Yves y él, sin más rodeos, le acercó la boca y la besó. Se besaban con pasión mientras él bajaba sus manos para colocaras en su cintura y empezar a subirle la falda dejándole todo el culo al aire. El posó sus manos sobre sus nalgas, ahora desnudas, y empezó a manosearlas. Y dejaron de moverse. Ella le soltó el cinto de los pantalones y se los deslizó, le metió mano en los calzoncillos y separándose de su boca lanzó una exclamación. Acababa de descubrir algo que le había gustado. Se acostaron sobre la cama, él le abrió la blusa y con gran entusiasmo se puso a besarle las tetas, cogiéndoselas con las dos manos. Le besaba una y luego la otra y después volvía, y también le metía la lengua en la boca, que ella abría para recibirla. Los gemidos se oían en toda la habitación. Ella entonces alargó la mano y se la metió debajo de los calzoncillos. Unos movimientos, unos manoseos y se vio la punta de ese glande enorme que salía por encima de la tela. El se acercó a ella para darle más facilidad, ella le bajó el calzoncillo y su mano fue directa a sus cojones. Se los manoseaba, se los cogía, se los apretaba con ardor y fuerza, y él se puso como un burro. Yves le subió la falda y en un movimiento uniformemente orquestado que solo los amantes saben sincronizar, él la cabalgó y se colocaron en un espléndido 69 que daba gusto ver. Mi bella Carmen estaba espléndida, con la mano firme en los cojones dirigía el rabo a su antojo y se lo metía y sacaba de la boca, se lo volvía a meter y era consciente del movimiento y gemido que Yves hacía cuando, teniéndolo por los cojones cogido, le mordisqueaba amorosamente el glande. En esta postura, mi guapa esposa no podía tragar mucho pero más de la mitad de ese enorme rabo sí que se comía cada vez. Por su parte él resultó ser un pequeño maestro en la materia. Se apoyaba en los codos, brazos y rodillas y apenas la rozaba. Y aunque le abrió las piernas en ningún, momento usó las manos, solo la lengua pasándola por las piernas y ella, cediendo, quedó abierta de par en par, ofrecida como una flor mientras él le pasaba la lengua por toda la raja. Ella gemía, abría las piernas desmesuradamente, se movía cada vez más bruscamente hasta que empezó a jadear y contorsionarse, hasta que gritando dijo que se corria. Yves acerco su boca al cocho y no dejo escapar ni una sola gota. Cuando Carmen se calmo un poco, le dijo al chico que se tumbara y sin mediar palabra, se metió aquel pollón en la boca. Lo mamaba despacito, con una mano subía y bajaba por el tronco y con la otra le masajeaba los huevos. Yves, se agitaba, y sus piernas no paraban quietas, Carmen apartó la boca y le dijo: . Córrete cariño, quiero toda tu leche. Se volvió a meter el capullo en la boca, y le hizo una paja rápida,
mientras sujetaba sus huevos. Yves, estaba enloquecido le agarró
la cabeza para que no parara y le soltó tal cantidad de leche que
a Carmen le costaba tragar. Era una imagen para recodar. Cuando él
acabó de correrse, Carmen le propino un buen morreo y cuando separaron
sus bocas, los dos saboreaban y se relamían. |
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