Con el título de "Maduras viciosas" publicamos el testimonio de un lector que, como muchos, puso un contacto en la revista buscando mujeres, sin importar físico ni edad, siempre que fueran muy calientes, atrevidas y juguetonas. Al cabo de un tiempo recibió una carta en la que una mujer casada de 52 años, quería conocerle para escapar de la monotonía, recuperar el tiempo perdido y convencer a su íntima amiga de 56 años, que llevaba diez años viuda, que unos buenos polvos le podían devolver la ilusión por la vida.

Amiga Charo, vuelvo a ser el chico de Cádiz con 40 años, alto, rubio, ojos azules, atractivo y con un buen cuerpo de deportista. Hace ya varios años, a raíz de un contacto en vuestra revista en el que buscaba mujeres sin importar edad, entré en relación con dos mujeres maduras y muy calientes y cuyo desarrollo ya os conté en mi primera carta dejando la explicación cuando ellas estaban haciendo un 69 para mi satisfacción. Y la suya, naturalmente.

Cuando terminaron, con esa cara de figurada inocencia que ponen las zorritas y con restos de leche por la cara, me preguntaron si habían conseguido parecer actrices pornos. Besé con pasión a ambas y le contesté que ya quisieran las estrellas del porno ser tan calientes, cachondas y tragonas como ellas y, además, sin fingir.

Para reponer fuerzas nos dirigimos desnudos al salón con la intención de beber y comer algo. Cual no fue mi sorpresa al encontrarme sentado en el sofá a un señor que resultó ser Paco, el marido de Maribel. Una vez presentados y gracias a su naturalidad, pronto estábamos conversando animadamente de sexo y mientras Paco servía unas copas de champán y preparaba unos postres, Maribel y Ana jugueteaban mimosas con mi polla y yo hacía lo propio. Les metía un dedo a cada una en el coño y hacía que luego los chuparan las bocas contrarias. La verdad es que me producía un gran morbo saber que Paco nos estaba observando de reojo.

Cuando todos tuvimos nuestras copas, brindamos por la oportunidad que vuestra revista nos había brindado y seguimos acariciándonos y besándonos. Paco había traído una fuente con fresas y un bote de nata en spray. Cogí el bote y llené de nata los enormes pezones de Ana y me puse a quitárselo con la lengua, a metérmelos en la boca y a mordisquearlos. Cuando se los había dejado bien limpios llené de nata el escote y puse la polla en medio. Ana apretó sus tetas contra mi polla comenzando a hacerme una magnífica cubana y cuando mi polla coronaba aquellas espléndidas tetas, ella me la chupaba. Después de un buen rato Ana y yo decidimos jugar con Maribel que, por cierto, estaba mamándosela a su marido para intentar que empalmara. Llenamos de nata el coño de Maribel y a dúo nos la fuimos comiendo con unos buenos lametones. Le metíamos fresas llenas de nata en el coño y luego las sacábamos, las chupábamos y nos las comíamos los dos a la vez. Ana me ponía nata en la polla y se la daba a su amiga que la chupaba glotona, yendo de polla en polla. También pusimos varios cojines en los riñones de Maribel para que subiera el culo, le metimos en el coño la parte estrecha de un embudo y se lo llenamos de champán y los tres fuimos bebiendo directamente de su coño. Luego se lo hicimos a Ana. ¡Que rico!.

Con tanto morbo, lujuria y desenfreno, Paco había conseguido tener una modesta erección que, tanto su mujer como Ana, no quisieron desperdiciar y comenzaron a mamársela entre las dos.
Entonces Maribel me cogió la cabeza y acercándome a la polla del marido, me dijo que participara, que eso la ponía muy cachonda. Paco no dijo nada. Su mujer, el amante y su amiga se la pasaban de boca en boca y se la chupaban a conciencia mientras Ana, con mucho cuidado, le metía a Maribel un dedo lleno de vaselina en el culo, luego otro y por último un consolador anal lubricado. Llegado este punto Paco consiguió que su modesta erección terminara siendo una erección casi completa y Maribel, para no desperdiciarla, se puso encima de la polla de su marido y comenzó a mover el culo con auténtico vicio. Ana con una mano seguía introduciéndole el consolador y con la otra me estaba llenando la polla de vaselina. Cuando la tuve preparada, Ana sacó el consolador y, con el mismo cuidado, fue ayudándome a que le metiera la polla a su amiga en el culo. Maribel, entre gemidos, se quejaba de que era muy gorda y le dolía y tanto su marido como la amiga le recordaban que era una verdadera zorra y que llevaba mucho tiempo con esa fantasía, así que decían:

- Ahora chilla lo que quieras y deja que te enculen.

Maribel gemía y chillaba como una posesa, me insultaba y decía que le había roto el culo pero no dejaba de contornearse buscando la satisfacción de la doble penetración. A los pocos minutos Maribel era toda una tempestad y gritaba que no sabía si se estaba corriendo por el culo, por el coño o por todo a la vez y Paco chillaba de gusto y decía que por fin, después de tantos años, se había corrido follando. Yo empecé a acelerar el ritmo para correrme en su culo y no me lo permitió. Me dijo que la sacara y que, aunque había gozado como nunca en su vida, ahora se iba a vengar de su marido y de su amiga. A Ana la puso a cuatro patas, le lubricó el culo, le metió el consolador y la cogió por el pelo y la puso a chuparle la polla a Paco. Al marido le metió mi polla en la boca para que me la dejara bien limpia y luego la llenase de vaselina y acto seguido sacó el consolador y le fue metiendo poco a poco mi polla. Mientras la amiga chillaba y la maldecía, ella me acariciaba los huevos, con dos dedos abrazaba el contorno de mi polla y se recreaba en su grosor y en como entraba y salía.

Ana, ya estaba empezando a alternar gritos con gemidos y Paco había buscado la postura adecuada para comerle el coño y ver de cerca la penetración. Yo no aguantaba más y me puse a penetrarla en profundidad y a acelerar el ritmo. Cuando yo empecé a gritar que me corría y comencé a bombear leche dentro de su rotundo culo, Ana se volvía loca de gusto y como un verdadero huracán proclamaba su orgasmo a gritos.

Como este día se sucedieron otros muchos y nuestro grado de compenetración fue genial. Éramos buenos amigos, cómplices y amantes. Nuestras relaciones sexuales se basaron siempre en la educación, el respeto y la absoluta discreción y, hasta que se fueron a vivir al extranjero por motivos familiares, disfrutamos juntos de un sexo atrevido, divertido y cargado de auténtico morbo, lujuria y desenfreno. Jamás pensé que mujeres de esa edad pudieran ser tan calientes, juguetonas y atrevidas y puedo asegurar que en mi vida me habían excitado tanto. Si alguna gatita, sola, acompañada de alguna amiga o de su pareja quiere disfrutar de un sexo lujurioso y lascivo, solo tiene que buscarme en los contactos de esta revista. No me importa ni tu edad ni tu físico, siempre que seas una buena persona y seas muy caliente, cachonda y tragona. Os espero impaciente. Besos.

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