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Amiga Charo, mi historia comenzó cuando me detuve con mi moto al lado de un Fiat último modelo y quise curiosear por dentro pues la publicidad hablaba maravillas de ese coche. Dentro iba una mujer sumamente atractiva y apenas la vi me di cuenta que era de origen italiano, tendría algo más de cuarenta años, de piel blanca muy pecosa, ojos azules y cabello negro, y de formas muy voluptuosas que se notaban por la ropa tan ceñida que llevaba. Ella se dio cuenta que yo la estaba mirando y sonrió, eso bastó para que mi sexto sentido, ese que me avisa cuando una mujer es abordable, me diera la señal de alerta, y enseguida me lancé al ataque. - El coche es precioso pero tú lo superas, - le dije. No le di tiempo a contestar, arranqué y miré por el retrovisor como me seguía. - Hola - repetí - me llamo David y quiero hacerte el amor. Cambiamos de asiento y yo enfilé la calle en busca de un hotel. - Ya sé hacia donde me llevas, pero mientras tanto yo me voy quemando
- dijo. Aproveché que los cristales eran muy oscuros y con mi mano libre le amasé sus duras y enormes tetas, pellizqué sus pezones sobre la tela del sujetador hasta que se pusieron duros, metí mi mano y liberé aquel par de tesoros. Sus pezones eran largos y bien definidos. Busqué su boca y le metí dos dedos haciendo que los mamara, ella lo hizo desesperada agarrando mi mano con las suyas. Al cabo de un rato le saqué los dedos de la boca y se los metí en coño, que ya estaba húmedo y muy caliente. Fernanda cerró sus muslos y yo empecé a follarla con los dedos mientras ella se amasaba las tetas muy fuerte y a ratos se las mamaba mordiendo sus pezones y estirándolos con sus dientes hasta que de pronto cogió mi mano y comenzó a correrse entre gritos desgarradores. - ¡Me corro, que gusto, me corrooo... sí... aaah... me estás
haciendo correr como una loca, cabrón... si lo haces así
con los dedos, no veo la hora que me entierres tu polla en lo más
hondo y me hagas chillar como una marrana... llega rápido o vuelve
a follarme así porque me tienes como loca, mi vida, fóllame
otra vez, te lo suplico mi Amo... hazme correr otra vez, muchacho!. Fernanda estaba desesperada por gozar conmigo y no esperó otra petición, como pudo aflojó mi pantalón y sacó mi verga que ya estaba bien erguida y sin pensarlo mucho, lo besó levemente en la punta y enseguida se lo metió en la boca hasta que lo hizo desaparecer por completo. Se ahogaba en el intento pero no dejaba de succionar y lamer mi verga con pasión hasta que estuvo a punto de hacerme correr pero como iba conduciendo, no quise tener el orgasmo por temor a sufrir un accidente y volví a follarla con mi mano mientras aceleraba hacia nuestro destino. Cuando llegamos al motel, Fernanda se había corrido tres veces,
mi mano estaba empapada en sus jugos y el asiento del coche estaba manchado,
pero ella seguía pidiendo más. Apenas se cerró la
cortina del garaje, me bajé del coche y fui hasta su asiento, abrí
la puerta, la hice chupar mi polla, que estaba a punto de reventar y me
la follé allí mismo, su cuerpo recostado de lado en el asiento
delantero y las piernas levantadas. Le enterré mi polla casi con
furia y mientras apretaba sus tetas muy fuerte, embestí contra
ella con violencia. Fernanda gritó como una fiera herida y yo le
di más fuerte hasta que sentí que estaba llegando y entonces
le inundé el coño con una inmensa cantidad de semen que
descargué en largos e interminables chorros que fueron a golpear
el fondo de su vagina ardiente. - ¡Eres un macho extraordinario, desgraciado, que macho eres, mi cielo, que corrida tan bárbara me has regalado!. Fernanda reclinó el asiento y descansó un rato mientras nos fumábamos un cigarrillo, la tomé de la mano y la hice salir para subir a la habitación. - Debes saber que me encanta una mujer como tú, madura, hermosa,
buenorra y súper caliente, que está dispuesta a cualquier
cosa con tal de gozar de una buena follada y de hacer gozar a su hombre,
estás muy buena, y me encanta lo puta que eres. Yo sabía
que te iba a encantar que te metiera mi rabo dentro de es chocho caliente
y estrechito que tienes, y que me aprieta la verga, así que hoy
te voy a follar hasta por el nombre, zorrita mía. Se levantó la falda hasta más arriba de la cintura, se puso de espaldas a mí y recostándose con las manos apoyadas en el coche, empinó el culo separando sus piernas, yo clavé mis dedos en sus hermosas nalgas y pude comprobar que las tenía duras, las separé al máximo y desde atrás me enterré en su ardiente vagina, me moví de prisa pues noté que ella iba a lograr un orgasmo y le volví a llenar la vagina con mi semen mientras ella lograba otro escandaloso orgasmo presa de espasmos que casi la hicieron perder el equilibrio. - Vamos a la habitación - dije. Subimos a la habitación y yo me tiré en la cama diciéndole: - ¡Desnúdame, Fernanda!. Fue quitándome la ropa muy solícita hasta que me tuvo sin nada encima y le dije: - Ponte frente a mí y acaríciate. Con una mano se amasaba las tetas por encima de la tela de la blusa mientras con la otra se arremangó la falda y metiéndose dos dedos comenzó a masturbarse sin dejar de mirarme. Tenía los muslos empapados de sus jugos y mi semen que le chorreaba hasta bien abajo. Aquella mujer me excitaba de una forma impresionante y mi verga fue despertando ante su atenta mirada hasta que estuvo palpitando, muy hinchada. Entonces me levanté con mi arma en ristre, me acerqué a ella y fui soltando los botones de su blusa, liberé sus hermosas tetas y pellizqué sus pezones con fuerza. - ¡Mi vida, me vuelves loca!. Le saqué la falda y me retiré para observarla en toda su belleza. La verdad es que para su edad poseía un cuerpo que hubiese sido la envidia de muchas mujeres de veinte. Se notaba que hacía mucho ejercicio, sus formas eran voluminosas pero no en exceso, no tenía grasa ni flaccidez. Volví a acercarme a ella, la besé con pasión y tomándola de la mano la conduje hasta el baño y nos metimos juntos bajo el agua. Fue un placer extraordinario manosear aquella escultura con las manos llenas de jabón, meter mi mano entre sus piernas y enjabonar su sexo para luego alcanzar su trasero y aplicarle el mismo tratamiento. Ella hizo lo mismo conmigo y cuando se arrodilló para enjabonar mi verga, yo apunté el chorro de agua sobre mi erección, le quité el jabón y tomándola por los cabellos, se la metí en su boca hasta que sus labios tocaron la base. Fernanda hizo arcadas pero no soltó su presa, se mantuvo firme soportando mis embestidas y succionando como una aspiradora mientras su lengua azotaba mi glande hasta que me vacié en su boca y sobre su cara. Ella esperó hasta que yo terminara y entonces frotó el semen sobre sus hermosas facciones y tragó el resto, volvió a engullir mi verga y estuvo chupando y lamiendo hasta que me dejó totalmente en reposo. Nos secamos y nos tendimos en la cama a fumar sendos cigarrillos. - ¡Eres un animal salvaje David, y me fascina, me vas a volver
adicta a ti, y a esa polla tan viciosa que tienes!!. Fernanda hablaba y mi excitación aumentaba paulatinamente hasta que ella lo notó. - ¡Tu no te cansas, pero me alegro, por fin me vas a follar en la cama!. La hice rodar sobre mí mientras nuestras bocas se unían en un beso muy apasionado y apenas quedamos enfrentados, separó sus piernas y me recibió en su tibia intimidad. Me hundí en su carne hasta lo más profundo y comenzamos a batallar con la misma fogosidad de antes pero esa vez la dejé que acabara hasta que me rogó que la dejara descansar, entonces acabé una vez más y nos quedamos dormidos por espacio de unas tres horas. Besos, Charo y en una próxima carta te contaré el final de esta caliente historia. |
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