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Amiga Charo, hacia poco que me habia trasladado a aquel piso del centro de la ciudad. Estaba acostumbrado a vivir en las afueras, y el convivir con más gente y tener a un vecino pared con pared no me acababa de gustar. Todavía no conocía a ningún vecino, excepto al matrimonio que vivía en frente. A veces nos encontrábamos en el ascensor y nos saludábamos. Una mañana cuando llegue al parking, me encontré con este
vecino intentando poner en marcha su coche. Como tengo alguna ligera idea
de coches me ofrecí a ayudarlo. No era nada serio, se lo arregle
y nos despedimos, no sin antes agradecerme mi ayuda. La cena transcurrió agradablemente, pero me di cuenta de que el
marido era un hombre muy serio, que trataba a su mujer con cariño,
pero con frialdad y me dio la sensación de que aquella mujer no
era muy feliz. Aunque al día siguiente no se trabajaba, sobre las
doce de la noche, creía que era el momento de irme. Vi que a ella
le hubiera gustado que siguiera allí, pero me fui. - No sabes cuanto aprecio que me hayas invitado a compartir esta copa y a charlar - comencé diciendo - ya que últimamente con la cantidad de trabajo que tengo, no tengo la oportunidad de hablar con muchas mujeres tan preciosas y agradables como tu. Percibí esta vez claramente un ligero rubor en su rostro y esperé. Lo que respondiera me indicaría si estaba equivocado o no y si debía continuar la ofensiva o emprender la más rápida retirada que me permitiera el decoro y la dignidad. Bueno - comenzó diciendo - a mí también me gusta
hablar contigo. En mi trabajo hay muchas mujeres y de vez en cuando me
gusta cambiar impresiones con un hombre que no sea mi marido. - Que buena coincidencia - contesté - podemos disfrutar el uno del otro... quiero decir en cuanto a las charlas y la mutua compañía. Percibí que mis últimas palabras la inquietaron y su rubor aumentó, pero no replicó, limitándose a mirarme a los ojos. Me dije que era ahora o nunca, así que empleando la mayor diplomacia posible comencé a decir: - Silvia, no quiere parecerte atrevido, pero desde el primer día que te conocí, me atraes. Ya sé que estás casada y que no debería decírtelo, pero creo, que eres una mujer que merece más de lo que tienes, perdona si te he ofendido, pero tenia que decírtelo. Me miró, bajo los ojos y dijo: - No pensé que mis actitudes evidenciaban tanto mis pensamientos, me siento avergonzada - y después de una larga pausa agregó - Pero tampoco es mi intención ser hipócrita, supongo que las señales que te transmití te animaron a hablarme. Aprecio la sinceridad y yo también seré sincera y directa, nos ahorrará mucho tiempo y esfuerzo innecesario, espero no escandalizarte con lo que voy a decir - y continuó - Como te dije me casé joven, y el único hombre para mí hasta ahora ha sido mi marido. Hace un tiempo comencé a trabajar y mis compañeras de trabajo están casadas o con hombres que son diferentes a mi marido. De las charlas y comentarios percibí que la mayoría tenían una vida sexual mucho más rica que la que yo he tenido hasta ahora, y me he dado cuenta que con la edad que tengo, no he experimentado nada, y lo peor te lo diré ahora, con mi marido no sé lo que es llegar a un orgasmo. Eso era mucho más de lo que esperaba que ella pudiera reconocer y confieso que me sentí un poco desorientado por esa forma tan directa de llevar la conversación, pero no era el momento de cortarse. Me acerqué, tomé su mano y dije: - Es una pena que una mujer tan bella como tu, se sienta así. Mientras hablaba me acerqué y la besé. Sentí que temblaba ligeramente y se ponía tensa, continué
acariciándola y besándola hasta que se fue relajando por
completo y comenzaba a excitarse. Desabroché su vestido y descubrí
uno de sus pechos que, tal como suponía, era completamente blanco
y de pezón grande y oscuro. Se notaba firme. Pasé mi lengua
por el pezón en movimientos circulares, rodeándolos a uno
y otro lado y ella comenzó a suspirar. Luego hice que se pusiera
de pié y le quité el vestido y la ropa interior. Su cuerpo
me dio una agradable sorpresa, de piel muy clara, cintura estrecha y buenas
caderas, sus pechos eran de buen tamaño, no desmesurados pero tampoco
pequeños, con los pezones grandes y oscuros apuntando ligeramente
hacia arriba, su bello púbico era tupido y oscuro como sus cabellos.
Verdaderamente un bello cuerpo, como me gustan a mí, buenas caderas,
buenas tetas y con entrepierna bien peludita. Ella bajó la vista hasta el bulto e hizo un gesto como de asombro. Tomé su mano y la apoyé sobre mi verga, ella la cogió con timidez y la acarició sobre el slip. La recosté nuevamente sobre el sillón y comencé a lamer sus pezones y a darle chupaditas suaves y cortas a uno y otro alternativamente mientras tomaba sus tetas en mis manos y las apretaba con suavidad. Luego fui bajando lentamente, recorriéndola con la lengua hasta llegar al pubis. El olor a hembra me excitó aún más, acaricié sus vellos, luego separé sus piernas y comencé a lamer muy suavemente, apenas rozando con la punta de la lengua los alrededores del clítoris. Ella suspiraba, se retorcía y tomaba mis cabellos con su mano derecha, luego lamí el extremo del clítoris, con caricias apenas perceptibles, casi sin tocarlo, lo humedecía con la lengua y después soplaba muy despacio. Ella estaba muy excitada, su entrepierna estaba completamente mojada y no dejaba de suspirar y jadear. Hice que se incorporara y permaneciera sentada en el sillón, me situé delante y cuando tuvo mi miembro, aún aprisionado por el slip, justo frente a su cara, bajé la prenda de forma que mi miembro liberado se bamboleó frente a ella. Abrió la boca con gesto de sorpresa y balbuceó: - ¡Huy, que grande es!. En realidad no es que tenga un miembro desmesuradamente grande, su expresión
se debió más a la comparación que seguramente hacía
con el de su marido, obviamente más pequeño. No obstante
puedo exhibir unos buenos 18 cms con una cabeza ancha y marcada y con
el resto de buen grosor. A la hora de penetrar no pasa desapercibida. - ¡Más adentro, trágala más!. Ella respondió haciendo desaparecer otro trozo de mi verga entre sus labios, entonces empujé despacio hacia delante, ella se arqueó y se retiró con una leve arcada. - Despacio - dijo - me doy cuenta como hacerlo, pero tengo que hacerlo despacio, no puedo meterme todo eso en la boca así de golpe. Me senté en el sillón, abrí las piernas y le dije: - Arrodíllate y hazlo como más te agrade. Ella se puso de rodillas entre mis piernas, tomó mi verga con su mano derecha y comenzó a pasarle la lengua alrededor de la cabeza, luego le daba chupaditas cortas, se la metía en la boca, se la sacaba y de nuevo lamía y chupaba cada vez un poco más profundo hasta que se comió media polla. Comenzó a mover la cabeza de forma que sus labios iba de la puntita hasta la mitad de mi miembro. Debo decir que me la han chupado mujeres con una técnica impecable, pero esta tímida mujer con su inexperta mamada me estaba calentando de una manera increíble, quizá precisamente era esa timidez e inexperiencia lo que me calentaba. Al poco rato ya no podía más y si seguía así explotaría en su boca. Me incorporé, la recosté nuevamente de espaldas en el sillón y le dediqué unas lamidas a sus pezones y a su clítoris hasta que sus jadeos fueron fuertes y continuos, entonces levanté sus piernas sobre mis hombros y de una sola arremetida clavé toda mi verga en su mojada almeja. - ¡Aaah...! - gimió ella mientras el miembro desaparecía en su interior. Comencé a moverme despacio y cada tres empujones sacaba toda mi
verga y la frotaba en el clítoris para luego mandársela
nuevamente hasta el fondo. No tardó nada en empezar a gemir diciendo
que se corría. Tuvo un orgasmo espectacular, largo, con muchas
convulsiones y cuando terminó, parecía que se habia desmayado.
Como yo estaba muy caliente y quería que se corriera otra vez,
le saqué la polla de su caliente chocho, y me dedique a comerle
el coño. Le dije, que iba a conseguir que se corriera muchas veces
y que experimentara lo que se habia perdido. Aquello me puso más caliente y me propuse no parar hasta que me
lo pidiera, pero fue imposible, tenia ante mí a una mujer insaciable.
Cuando ya sé habia corrido al menos siete u ocho veces, le dije
que ahora le tocaba a ella darme gusto. Lo que sigue, os lo contaré en un próximo envío. Muchos besos para todos los lectores y uno muy especial para ti querida Charo. |
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