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Amiga Charo, empiezo mi testimonio hablándote de Luz, una mujer menudita, que en el tiempo que la conocí tenía 22 años, apenas 1,48 de estatura, unos 40 a 41 kilos de peso y con todo en su lugar, o sea proporcionado. Tenia unas tetitas y unas nalguitas que resultarían pequeñas si se les ve como eso, pero que armonizaban primorosamente con su cuerpo. Ella es de piel clara, cabello negro y lacio, ojos avellanados que reflejan un brillo muy especial y una sonrisa de oreja a oreja que siempre enmarca su cara. A Luz la conocí en el trabajo, si algo tengo y he respetado es el no meterme con el personal, pero con ella fue algo que pasó sin pensar, sin premeditar, simplemente ocurrió. Corría el año 2000, el mes de Abril para ser más exacto, ella había sido contratada como secretaria del área de ventas y yo tenía a mi cargo el área de ingresos. Es costumbre de la empresa que cuando entraba alguna persona nueva en la organización, era presentada en todas las secciones, como a media mañana llegaron a mi despacho y me la presentaron. Luz estaba algo cohibida y nerviosa y después de la presentación solo alcanzó a decir un temeroso "mucho gusto" y nos dimos las manos. Pero fue ahí cuando sentí un fogonazo dentro de mí, al notar su mano hecha un nudo de nervios, sudorosa y fría, me estremecí y ella a su vez sintió mas o menos lo mismo, pues su sonrisa nerviosa cambió por una más cálida y sin más ella se puso de puntillas para poder darme un beso en la mejilla tras decirme "gracias", pues yo había hecho un pequeño discurso de bienvenida de la manera más cálida que podía para quitarle los nervios. Pasaron algunas semanas y día a día iba buscando estar
cerca de ella para fomentar la amistad que en tan solo 4 semanas ya era,
sino íntima sí de mucha confianza. Ella me contaba sus desamores
pues había terminado con su último novio y se le notaba
cierta tristeza. Caminando por la oficina me percaté que el despacho de Luz estaba
iluminado y me dirigí hasta allí para comprobar que ella
estaba o sino para apagar la luz, pero me la encontré navegando
en Internet. Pronto empecé a llevarla hacia donde quería, al aspecto sexual de su vida y entre frase y frase se fueron poniendo calientes las cosas. Me decía que se estaba masturbando y ya se había quitado las bragas y sacado las tetas del sujetador para acariciarse a gusto. Dijo que estaba un poco cohibida, y temía que se apareciera alguno de sus compañeros de contabilidad y sorprenderla. Entonces yo empecé a escribir sobre una fantasía con sus compañeros y que más o menos fue así: - Oye Luz, ¿qué pasaría si llegara un compañero
tuyo y al verte pajeándote, sin que te dieras cuenta se acercara
por detrás de ti y empezara a acariciar tu talle suavemente, comenzara
a subir lentamente hasta tus tetas desnudas haciendo círculos sobre
tus pezones y susurrándote cosas sucias en el oído? Dejé mi ordenador para dirigirme hasta donde estaba Luz, que tenía la mirada fija en su PC y una mano entre sus piernas dándose el placer que no puede dar el ordenador y efectivamente sus tetitas estaban fuera de la blusa que tenía abierta y fuera del sujetador. Dejaba el ratón de vez en cuando para acariciar sus pezones y sus aureolas. Lo más silencioso que pude me puse detrás de ella y me arrodillé colocando mis manos en su cintura. Al sentirlas pegó un grito y un salto que casi cae fuera de la silla, la sujeté por la cintura, puse una mano en su boca para ahogar el grito y le dije muy suave a su oído: - Hola KittyLuz, hagamos tu deseo realidad zorrita. Movió su cabeza afirmativamente, su mirada era de miedo y de deseo a un mismo tiempo. La volví a sentar en su silla y arrodillado detrás de esta, la empecé a acariciar desde su estómago hasta sus pechos y de sus pechos hasta su entrepierna, susurrándole al oído: - Déjate llevar, siente mis manos como hacen que tu cuerpo se
estremezca, no tengas miedo, deja salir lo puta que puedes ser. Su voz se cortaba cada vez que mis manos tocaban sus pechos o su coño y aunque su boca quería decir "no, detente" su cuerpo iba en otra dirección, igual que el mío. Le di vuelta a su silla y permaneciendo de rodillas me quedé mirando sus hermosas tetitas y las acaricié con la ternura que estas me producían. Como ya dije, eran pequeñas, pero en conjunto con el cuerpo de Luz eran perfectas. Yo las besaba y mordía sus pezones con dulce devoción y Luz solo gemía a cada roce de mis labios o lengua en sus delicados pechos mientras mis manos seguían acariciando su cuerpo, sus piernas. En mis fantasías de muchas noches en mi casa, su cuerpo era el blanco predilecto de mis manos, abrir sus piernas para estar más cerca de su chochito y ahora una de mis manos se encargaba de su coño. Mis dedos acariciaron el poco vello púbico que ahí había, fui hasta sus labios y hurgando entre estos encontré ese puntito del éxtasis. A cada caricia que propinaba sobre su clítoris, sus jadeos se hacían más sonoros, se mordía los labios mientras sus ojos permanecían cerrados, a veces apretándolos cuando el placer era enorme. Mis labios dejaron sus pechos, cogí sus piernas y le coloque el culo al filo de la silla, las abrí a tope para dejar libre toda su raja y mi boca se centró en su vulva, que era realmente hermosa, casi sin vello y totalmente colorada por tanto ajetreo mío, y el que ella ya se había dado. Abrí con mis dedos sus labios superiores y mi lengua hizo que Luz se retorciera del placer que estaba sintiendo, me agarró fuertemente del cabello y empujó su entrepierna hacia mí. Quería que no me despegara de ella y mientras mi lengua hacía llegar a Luz al éxtasis, mis dedos jugaban con sus labios y su esfínter anal, de pronto, su cuerpo se puso tensó y empezó a correrse, estaba tan caliente que no podía ni gritar, se puso totalmente colorada, y a cada espasmo de su orgasmo un gemido apagado escapaba de su garganta. Yo seguía lamiendo y comiéndome ese coño delicioso y mis dedos empezaron a penetrar su vagina, a lo que ella respondía, aunque con poca fuerza, con un apretón de sus músculos. Entonces la dejé descansar unos minutos mientras acariciaba su cuerpo, estaba agotada. Al recuperarse se levantó de la silla y me dijo que me sentara, pues iba a devolverme todo el placer que le había dado. Desnudándose por completo, se puso de rodillas frente a mí y sacó mi polla del pantalón. Cuando estuvo fuera mi verga ella la tomó con sus pequeñas manos y la empezó a besar por todos lados. La lamía y me observaba mientras lo hacía con una mirada de niña traviesa. - Métetela en la boca - le dije y al ver que ella me miraba con extrañeza y añadí - Hazlo, chúpala como lo harías con un caramelo de palo, metiéndolo y sacándolo totalmente de tu boca. Así lo hizo y esa mamada tan inexperta consiguió que me pusiera a mil. Mi verga quería hacer erupción, pero yo quería gozar aún más y con un chupetón voraz que dio, me corrí en su boca y para evitar que se apartara la cogí del pelo y la empuje hacia mí, descargando toda mi leche en su boquita. Ella tuvo una arcada al sentir ese líquido espeso en su boca y garganta, pero le dije: - ¡Cómetelo, no te hace daño!. Una vez lo hizo la levante del suelo y sentándola en mis piernas le limpié las mejillas, que tenían un poco de semen, y lo puse en su boca, acto seguido la bese. Nos quedamos abrazados así un largo rato hasta que ella me preguntó: - ¿Esto es siempre así de bueno?. Si es así, me
he perdido muchas cosas. Cogiéndola en brazos, la senté en su escritorio, me quité la camisa y los pantalones junto con mis calzoncillos y empecé a frotar mi pene contra su raja haciendo que ella se tumbara sobre el escritorio. Cerró los ojos y el calor volvía a hacernos presas, mi polla empezó a crecer y el deseo de meterme con su coño también. Cuando mi compañero estuvo más que listo lo acerqué a la entrada de Luz, y sosteniéndolo con la mano, empecé a rozar toda su vulva y su clítoris. Luz dejaba salir de su boca unos pequeños gemidos y entonces, con voz tranquila y segura, le dije: - Quédate tranquila, no voy a hacerte daño, tal vez duela pero pasara pronto. Ella asintió con la cabeza y empecé a introducir el glande de mi vara en ese coño pequeño y estrecho. Parecía que me estaba follando a una niña, pero Luz ya no lo era, era una mujer y qué tamaño de mujer aunque su cuerpo fuera menudo. Hizo un rictus de dolor al entrar mi glande, me detuve pues no quería lastimarla y al pasar el dolor su cara se relajó y empecé a meterla más, deteniéndome cada dos o tres centímetros y lo volvía a sacar para que se acostumbrara a recibirlo. La maniobra duró más de 15 minutos, pero llegó el momento que se comió todo mi miembro. Cuando su coño aceptó totalmente mi pene, lo saqué para introducírselo de un tirón. Ella arqueó toda su espalda apretando sus manos como queriendo asirse a algo que no encontró, y empecé un metisaca lento. Sus gemidos se hicieron evidentes y me decía: - ¡Empuja más, hazlo lo más rápido... más, que bueno... hazme tuya, hazme sentir lo que es ser mujer!. La estrechez de su vagina hizo mella rápidamente en mi, me excitó tanto que muy pronto me vacié en ella con un grito que contuve en mi garganta. Me corrí dentro de ella, mi leche empezó a regar todo el interior de ese coño, y Luz se corrió también. Aunque una mezcla de semen y jugos ya mojaba su escritorio, seguí arremetiendo contra su coño. Los dos estábamos sudorosos. Habíamos tenido una gran corrida. Luz, entonces, se puso de rodillas en el escritorio y bajando la cabeza hasta la altura de mi pene lo lamió hasta que lo dejó limpio de jugos y semen y estando sobre el escritorio me abrazó y me dio un gran beso, en el que se mezclaron nuestras lenguas. A continuación le dije que nos vistiéramos y nos fuéramos, que ya era muy tarde. Cada uno se fue a su casa, yo llegué a la mía a eso de las dos de la mañana y como mi esposa me esperaba y yo seguía muy caliente, me la follé como hacia mucho tiempo no se lo había hecho. Luego le conté lo sucedido y aunque al principio ella se enfadó, conforme le fui dando detalles ella se puso a cien y me lo hizo tal como Luz me lo había hecho. Mi esposa y yo nos dormimos ya pasadas las cuatro y media de la mañana. Al día siguiente era sábado, y no nos levantamos hasta antes de mediodía. Entonces me pidió más detalles de Luz y se los conté, luego me preguntó si volvería a estar con ella y yo le dije que en ese momento no lo sabía, que tal vez solo había sido eso y nada mas, pero la verdad es que no quedó ahí pues volvimos a hacerlo algunas veces más, cosa que más adelante ya os contaré. Ahora Luz está casada, tiene dos preciosos niños y un esposo
que es muy buen amigo mío. A veces hablamos por teléfono,
pero solo para saludarnos, aunque aún me empalmo cuando oigo su
voz y tal vez, solamente tal vez, pudiera haber un continuará. | |||||||||||||||