Como otras veces, la habia citado en un hotel e intuía que aquella noche ocurriría algo diferente. Era un hotel al que no habían ido nunca, la habitación estaba decorada con muy buen gusto. Suelo enmoquetado, muebles de madera perfectamente pulidos, aire acondicionado a la temperatura ideal, al menos una veintena de velas encendidas repartidas cuidadosamente por la habitación, baño amplio con jacuzzi y una gran cama dominando la habitación en el centro. Todo apuntaba a que iba a ser una noche especial.

Amiga Charo, la expresión que se me escapó al abrir la puerta de la habitación del hotel fue:

- ¡Que pasada!.

Estaba encantada, sabía que él me tenía algo preparado para hoy y no era la primera vez que me sorprendía con una visita relámpago a un hotel pero desde luego no estaba acostumbrada a esto. Me percaté de una bebida preparada en la mesita al ver la nota. Recogí ambos, me senté en la cama y leí tranquilamente:

- "Hola gatita, espero que te guste la habitación, la noche va a ser larga, ponte cómoda y espérame, no ronronees mucho, pronto estaré contigo".

Sonreí, de un modo u otro siempre me hacía reír y estar de buen humor, desde mucho antes de salir juntos ya me llamaba gatita, pero cuando finalmente, después de algunos años como buenos amigos, empezamos a ser pareja en momentos de intimidad siempre me llamaba su gatita.
Disfrutando del ambiente de las velas me tomé la bebida a pequeños sorbos y entonces la puerta se abrió. Él entró en la habitación y cerró la puerta tras de sí rápidamente. Sin mediar palabra, concentrado y con paso firme, se dirigió a mí. Me abrazó con fuerza mientras me brindaba posiblemente el beso más cálido que me habían dado nunca. Me cogió en brazos y me recostó sobre la cama. Estaba a cien ya, que ingenua fui, esta era la auténtica sorpresa, sabía de sobra lo mucho que me hubiera gustado que hiciera esto. Le besé de nuevo con pasión, desde luego iba a disfrutar su sorpresa. Aún no sabía lo que me esperaba pero cualquier duda sobre lo que tenía pensado para mí se esfumó de mi mente y dejé de pensar. Tan solo imaginar lo que íbamos a tardar en quitarnos la ropa ya me parecía más tiempo del que quería esperar.

Me despojé del pantalón y los tacones con más rapidez de la que esperaba, mientras él besaba mi cuello y mi escote. Besé su cuello y me quitó la blusa con decisión, casi con violencia. Tumbada en la cama con solo las bragas y el sujetador mi única idea en mente era despojarle de ese disfraz que tan bien le quedaba y comérmelo. Me fui a incorporar para esa tarea, pero él respondió cogiéndome fuertemente por las muñecas con una mano y sujetándolas por encima de mi cabeza apoyándolas en la almohada. Fui a besarle pero apartó la boca lo justo para que quedasen mis labios a punto de tocar los suyos. Intenté llegar a su boca un par de veces pero no solo me había sujetado bien sino que además apartaba ligeramente la cabeza cuando casi llegaba a besarle. Ronroneé y puse carita de gatita inocente, sabía que eso le encantaba. Cogió algo de debajo de la almohada, yo estaba demasiado excitada, demasiado embobada como para notarlo. Noté algo suave como la seda que pasaba por mis manos, que se asió con firmeza a mis muñecas. Me había atado las manos a la cama.

En unos instantes estaba inmovilizada. Fue a darme un beso al que respondí gustosamente pero a escasos milímetros de mi boca se detuvo. Intenté llegar a esa boca que tanto deseaba besar pero no lo conseguí. Desde luego estaba bien maniatada, estaba a su completa merced. Acercó sus labios a mi oído y susurró:

- ¿Recuerdas hace seis meses cuando me sorprendiste tú así y me hiciste sufrir un poquito?. Ahora me toca a mí. No te preocupes, será una venganza tan dulce como fue la tuya. Te voy a hacer gozar hasta que supliques de placer. Ya te lo dije, te esperaba una noche larga.

Se apartó, se quitó algo de ropa dejando su torso completamente desnudo y me contempló unos segundos que parecieron minutos a una cierta distancia. Observé como me recorría con la mirada de arriba a abajo, lentamente, mirando cada parte de mi cuerpo con tranquilidad. Recuerdo que pensé que había sido una buena inversión esa braguita y sujetador que me compré tan sexys. Era lo único que llevaba puesto en ese momento. Eso y el fino pañuelo de seda que ataba mis muñecas. Notaba el cubrecama sobre mi piel. Era muy cómodo al tacto. Se acercó un poco más de nuevo y dirigió su mano debajo de la cama como buscando algo y enseguida sacó una bolsa grande de deporte que tendió sobre la mesita. La abrió y oí el sonido de varias cosas, echó un vistazo al contenido de la bolsa, hizo un gesto de aprobación y esbozó una sonrisa muy pícara. Hubiera dado cualquier cosa por saber que había dentro de la bolsa. Giré la cabeza intentando ver lo que era y él, intuyendo mis intenciones, sacó un pañuelo de seda de la bolsa y me vendó los ojos. La misma fina seda que ataba mis manos me impedía ver. Le oí sacar algo de la bolsa y noté que ponía algo en mis oídos.

Al cabo de unos segundos lo único que oía tenuemente era mi propia respiración. Estaba en alerta, doblemente excitada que antes, esperando notar, puesto que sentir era lo único que podía hacer, que iba a hacer, deseando que me penetrase y que besase mis pechos ya endureciéndose.
Y así, maniatada, vendada y sorda, a su completa merced, sin ver tan siquiera que iba a hacerme y con un tranquilo silencio noté su boca besándome el cuello, lentamente, deteniéndose en cada beso, disfrutándolos posiblemente tanto como yo. Jugueteando con la lengua en las partes más sensibles del cuello. Centrándose en la parte entre las orejas y los hombros, y entre la barbilla y los pechos. Noté un soplido en mi boca y supe que sus labios estaban al lado de los míos, fui a besarlos varias veces tratando de encontrarlos, notando leves soplidos como para recordarme que esos labios que habían recorrido todo mi cuello estaban ahí, tan cerca y a la vez tan lejos, para ser besados.

Finalmente, antes de que me empezase a desesperar, me besó y nuestras lenguas se juntaron en un beso prolongado. Y luego otro y otro más. Fue alternando besos prolongados y apasionados con sesiones de besos tiernos, que me producían excitación y cosquillas por todo el cuello. Finalmente besó mis hombros brevemente y empezó a besar el escote y la zona circundante de los pechos. Estuvo un rato así mientras mi deseo de que por fin besase un pecho se incrementaba. Me retorcí levemente en la cama. Empezó a besar la parte de los pechos que dejaba el sujetador descubierta y pasó un rato así, alternando con besos profundos en mi boca y breves besos en el cuello. Finalmente una gran anticipación se apoderó de mí cuando noté sus fuertes manos girándome ligeramente y retirando el sujetador que aprisionaba mis pechos así como los pañuelos aprisionaban mis manos. Pero no jugueteó con mis pechos como tantas otras veces había hecho, siguió besando el contorno de mis pechos un rato.

Por fin, me dio un beso muy profundo en la boca y después de jugar nuevamente nuestras lenguas noté su boca besando mis pechos. Como respondiendo a mi deseo, besó mis pechos con celeridad. Por fin noté su mano en contacto con mis pechos y masajeándolos completamente mientras su boca y su lengua se detenían en cada rincón y besaban y lamían cada parte de mis senos. Mis pezones se endurecieron en un instante y, como esperándolo, aceleró aún más. El placer era magnífico, pese a que aún hubiera dado lo que fuese por abrazarle y disfrutar yo también de su cuerpo, disfruté enormemente y me dejé llevar. Me di cuenta que estaba muy húmeda ya, y lubricada.
Recorrió casi cada parte de mi cuerpo con sus dedos, pasando muy levemente las yemas, apenas notándolos. Alternaba zonas de placer con zonas de risa. Estaba a mil de nuevo y entonces noté que pasaba a acariciar los labios de mi coño a través de las bragas que aún llevaba. A veces deslizaba ligeramente un dedo dentro de las bragas, entre los pliegues. Estaba completamente excitada y empezaba a notar las bragas húmedas.

Intentaba librarme pero las ataduras seguían bien firmes pese a la movilidad que me quedaba. Estuvo un buen rato así y luego me besó y volvió a acariciar partes que me excitaban, siguió besando mis pechos mientras acariciaba mis bragas mojadas. Alternó dos veces más entre tipo de caricias, y finalmente noté su boca tirando de mis bragas, me incorporé levemente y poco a poco me las quitó con la boca. Me fue acariciando el cuerpo de nuevo, del cuello hacia abajo y de los pies hacia arriba con las manos. Solté un ronroneo y casi un grito cuando su lengua iba recorriendo mis muslos dando besos suaves y lamiendo. Y así siguió hasta llegar a mis húmedos labios, no sin antes detenerse en la parte interior de las piernas. Y a base de lamer, siempre sin despegar la boca de mi piel, llegó por fin. Lamió suavemente mis labios internos, metió la lengua en mi vagina, lamió cada parte y besó cada parte y, finalmente, con un placer fantástico, lamió mi clítoris.

A veces lo besaba, otras lo lamía, otras introducía la lengua en mi vagina y jugueteaba ahí, otras apresaba mi perla con los labios y jugaba a succionar o incluso soplar suavemente. A veces lo hacía lento y otras veces lo hacía completamente acelerado. Pronto una mano se posó en mis pechos y los sujetó firmemente, masajeándolos con un movimiento circular. Luego noté que a su boca se unía también un dedo penetrando mi vagina. Me estaba haciendo el mejor polvo de mi vida. Segregaba líquidos incesantemente y, en casi la cúspide de mi excitación, acariciando el orgasmo, con un placer que me llenaba los sentidos, dijo:

- Voy a ponerte a mil otra vez.

Y se puso otra vez a lo mismo. Alternando ritmo frenético con pausas donde saboreaba lentamente. Me dijo lo mucho que le gustaba como olía cuando estaba tan excitada y me penetró con los dedos, tres dedos esta vez, con suavidad primero y luego con decisión mientras seguía moviendo la lengua y usando la boca como solo él sabe y su otra mano prestaba atención a mis pechos. Me abandoné al placer de nuevo preparándome para el brutal orgasmo que iba a tener.

- Quiero que supliques correrte, gatita - me dijo sonriendo.
- No pares, o suéltame y te haré gozar también - dije - Ha sido genial, pero no puedo más.
- Pídemelo - respondió él.
- Necesito correrme, quiero correrme, deseo estallar en ese orgasmo - gemí absolutamente excitada
- No, no, aún te queda. Voy a hacer que te corras una y otra vez hasta que pierdas la cuenta de los orgasmos.

Inmediatamente siguió masajeando los pechos, penetrándome con los dedos y chupando y lamiendo mi clítoris, disfruté del placer hasta que al final pegó unos suaves mordisquitos y tuve un orgasmo brutal. No sé lo que me duró, pero justo después de estar en la gloria, me besó y me acarició lentamente el cuerpo como antes, y poco a poco volvió a lo mismo. Una y otra vez. Cuando alcancé el cuarto orgasmo solo deseaba una cosa ahora, sentirle dentro de mí.
Me quitó la venda de los ojos, me besó un rato mientras me acostumbraba a la todavía tenue luz de las velas y empezó a quitarse la ropa muy lentamente mirándome a los ojos fijamente. Con cada pieza quitada, me daba tiempo a disfrutar de cada parte de su anatomía y desear hacer el amor con él, que me penetrase hasta tener un orgasmo, sentirle dentro de mí, ser abrazada por sus brazos, poder acariciar su torso, deteniéndome en cada abdominal...


Cuando se hubo desnudado completamente vi su pene completamente erecto y preparado, se dirigió hacia mí y me preparé ilusionada y caliente. Se detuvo a mi lado, me besó y empezó con las caricias y volvió a hacerme gozar con su boca, solo que esta vez yo sabía que por fin notaría ese pene dentro de mí. Bajando el ritmo cada vez que me acercaba al orgasmo estuvimos así durante un largo rato. Había segregado tanto líquido que cierta parte del cubre de la cama estaba completamente empapada. Y así, acercó su miembro a mi vagina, la rozó varias veces como dudando mientras yo le miraba expectante y dijo:

- No debes estar preparada, ni me lo has pedido...
- ¿¡Que no estoy preparada!?. Estoy en un charco de mis propios flujos vaginales. ¡Métemela, te lo suplico! - respondí yo

Con un rápido movimiento aflojó el nudo de los pañuelos de mis muñecas y me liberó. Le abracé con fuerza mientras le besaba sin parar. Besé cada parte de su cuerpo mientras él me correspondía con más besos. Toqué con fuerza cada parte de su cuerpo que tanto había deseado antes mientras nos comíamos a besos y finalmente le tumbé boca arriba, me puse encima de él y le empecé a cabalgar con un movimiento rápido al principio y casi salvaje después. Se incorporó en esa posición y besó mis pechos mientras su pene iba entrando y saliendo. Mis manos se apretaban firmemente en su espalda. Le besaba con tal fuerza que le hice varios chupetones por el cuello. Conforme veía que él se acercaba al orgasmo, me acercaba yo al mío. Le apreté con más fuerza hasta que finalmente una oleada de placer recorrió mi cuerpo. Sin duda él más fuerte de todos los que había tenido esta noche. No pude evitar clavarle las uñas por la espalda mientras nos abrazábamos fuertemente. Después caí exhausta y reposé la cabeza en su pecho. Al cabo de un tiempo sin hablar mucho me quedé dormida no sin antes agradecerle su sorpresa y decirle lo mucho que había disfrutado. Saludos y besos.

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