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Este relato que te mando a continuación, amiga Charo, sucedió hace varios años cuando estuve trabajando de repartidor de pizzas en Huelva. Un día tenía que entregar un par de pizzas por la Isla Chica, así que me dirigí al lugar, llamé al portero, al decirles quien era alguien me abrió, subí la escalera, toqué el timbre de la puerta y apareció ante mi una joven, de unos veinte años, rubia, mona, alta, delgada, con una camiseta blanca semitransparente que dejaba entrever un sujetador marrón que contenía unos grandes pechos, una minifalda vaquera y unas botas altas con tacón de aguja. Tras preguntarme el precio de las pizzas y cuando se lo dije, me pidió que pasase al salón, que iba a coger el dinero. Una vez dentro tomó las pizzas, las puso en la mesa y me dijo que estaba con una amiga en la casa, que una de sus amigas estaba dentro, que habían bebido un poco, que estaban contentas y tras una serie de risitas, añadió: - Además hemos hecho una apuesta, a ver si yo era capaz de tirarme al "pizzero", fuera cual fuese su edad o aspecto... y he aceptado el reto. Me quedé sorprendido, como es natural. Estaba en un salón con una chica muy apetitosa y que encima, me estaba pidiendo que me la follara. Segundos después mi sorpresa aumentó más cuando vi medio escondida tras una puerta a su amiga, con una cámara en la mano y grabando. Yo no dije nada e hice como si no la hubiera visto. La primera chica, Sara según me dijo que se llamaba, empezó a insinuarse muy descaradamente. - Espero que no me tenga que comer solo las pizzas - dijo para rematarlo y mientras me acariciaba la polla por encima del pantalón. Inmediatamente capté la idea y pasé al ataque, la agarré, le di la vuelta, la apoyé contra un espejo grande que estaba colgado en la pared y me puse detrás. De esta manera yo podía ver su cara de felicidad reflejada, igual que ella observaba lo que yo hacía. Al verla tan contenta le pregunté: - ¿Siempre eres así de puta?. Con solo oírme decir eso, ella se calentaba más, aunque
no contestaba. Entonces le subí la falda hasta colocársela
en la cintura, mientras la amiga, sin perder detalle, seguía grabando.
Me quité los pantalones y después el slip, dejando mi polla
al aire, le aparté a un lado el tanga marrón que llevaba,
restregué mi verga un rato por su raja, desde su coño hasta
su culo y al decirle que estaba muy mojada, ella me respondió que
sí, que ya lo notaba. Y al decirle yo que era una zorra también
asintió. Mi polla entraba en su cerrado coñito, pues el ángulo de abertura de su vagina al tener las piernas casi cerradas era limitado, pero era muy excitante, la sensación de estrechez me provocaba mucho gusto, y a ella por sus gemidos era obvio que también. Era una sensación muy poderosa, mi glande friccionaba con su vagina, entraba y salía de la abertura a mi antojo, acaricia el clítoris en las salidas. A la vez que la taladraba, agarré sus tetas sobre la camisa, después le saqué los senos fuera y estuve amasándolos un rato, pudiendo ver por el espejo que le gustaba. Pero también mi campo visual abarcaba su abierto ano, sus glúteos y su espalda sudorosa, zonas que acariciaba alternativamente, y que al ser altamente erógenas le hacían sentir más placer y gozar más aún. Después de ver como dominaba la acción y ver que ella estaba rendida a lo que le hiciera, empecé a jugar con uno de mis dedos en su ano, llegando a introducir un dedo durante la follada, y ella empezó a decirme: - ¡No pares, fóllame así, sí, que gusto me das... aaah...!. Así que me la follaba por los dos sitios, con la polla por el
coño, y con mi dedo por el culo. Estuve un largo rato dándole
cada vez más duramente, hasta que ella me gritó que se corría,
lo que acompañó espasmos en su coño. Entonces yo
desaceleré un poco el ritmo pero continué hasta que estuve
a punto de correrme, entonces saqué la polla de su coño,
le di la vuelta y la hice arrodillarse, le levanté la cabeza para
verle la cara de zorra que tenía, la agarré del pelo y le
metí la polla en la boca, mamándomela, ella con gusto. Después
empecé a follarle la boca a mi ritmo, metiendosela hasta el fondo.
Ella desencajaba la cara hasta que me corrí, soltando el primer
chorro en su boca y los demás en su cara, quedando embadurnada
de mi leche. Su bella cara quedó cubierta de mi semen. A los pocos días, por la pizzería, apareció Susana,
me saludó, me dio un dvd y se fue. Cuando llegué a casa,
lo puse y se veía lo que Susana había grabado, como me follaba
a Sara. Estuve viéndolo hasta que se terminó y se veía
como yo me corria, así que pensé que ahí se terminaba
todo pero no, seguía. Al rato, Sara se incorporó y le fue quitando la ropa a Susana, hasta dejarla también en un tanga de color burdeos. Una vez que la dejó así, la tumbó en el sofá, Sara se puso encima en posición contraria y empezó a jugar con su lengua con el coño tapado de Susana para después de un rato abrirse paso a través del tanga, apartándolo a un lado. Susana no tardó en hacer lo mismo, y comenzaron de esa manera un sesenta y nueve frenético. Ambas tenían sus coñitos rasurados, metían sus lenguas en él, los lamían con ganas, se mordían el clítoris y mientras con sus manos se sobaban sus pechos, sorbían los flujos que la otra iba derramando, metiendo sus lenguas en sus rajas. Minutos después Sara le metió un dedo en el culo. Susana soltó un sonoro gemido, pero momentos después ella hizo lo mismo con su amiga y ahora, a la vez que se lamían los coños, se follaban los culos con los dedos. No tardaron mucho en correrse, gritando como unas locas, y tras esto quedaron un rato tumbadas en el sofá. Cuando se repusieron, Susana le dijo a Sara que se colocara con ella delante de la cámara y una vez allí, se pusieron a bailar sensualmente, a mostrar sus pechos, a enseñar sus coños abiertos, a exponer sus follados culos, para al final decir a la cámara que eso ha sido todo, y apagarla. No tardé mucho en masturbarme, y soltar mi excitación. Desde entonces tengo este video como un tesoro. Besos, Charo y hasta otra. | |||||||||||||||