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Querida Charo, somos Gorka e Izaskun y es la primera vez que escribimos,
aunque yo, soy una veterana seguidora de tus fantásticas revistas
y disfruto muchísimo leyendo las morbosas confesiones que envían
los lectores. Nunca pensé en ser la protagonista de uno de estos
testimonios ya que mi vida siempre ha sido de lo más normal y monótona,
hasta que el verano pasado ocurrió algo que ha cambiado mi vida
de forma radical. Eso es precisamente lo que queremos relatarte a continuación. Soy una morena de pelo corto, aunque desde hace un año lo llevo teñido de castaño, tengo los ojos verdosos y me he acostumbrado a que me digan por la calle lo buenísima que estoy, acompañado de los piropos más soeces que puedas imaginar. Físicamente voy de casada estupenda, ya que, acudo al gimnasio de manera asidua y lo más destacable, además de mis bonitas piernas, es el coño negrísimo que tengo, con pelos que me alfombran toda la entrepierna y me suben incluso por dentro de la raja del culo. A mediados de julio me llamó por teléfono mi hermana Jone, desde Bilbao, para pedirme si podía alojar en casa a mi sobrino Gorka para ver si así terminaba de una vez el instituto. Yo no lo veía desde hacía tres años y mi hermana me contó que a sus 18 años se había convertido en un gamberro y un broncas que pasaba olímpicamente de los estudios. La idea era que cambiase de aires durante un tiempo y yo acepté sin problemas. Mi marido y yo vivíamos solos ya que mis dos hijos de 23 y 20 años estudian en Madrid y teníamos habitaciones libres de sobra. El día en que llegaba fui a recogerlo al aeropuerto. El vuelo de Bilbao llegó con retraso, como es costumbre, y esperé paciente frente a la puerta de llegada a que saliese el pasaje. Vi acercarse a un chico alto y musculoso con pinta de chulo pandillero y confieso que solo en ese momento lo reconocí ya que estaba muy cambiado. Llevaba una bolsa de viaje al hombro y la verdad es que me quedé muy sorprendida ya que el Gorka que yo recordaba se había transformado en un macho guapísimo. Llevaba el pelo rapado al uno, un pendiente en cada oreja y además de un tatuaje muy llamativo en el antebrazo, me fijé que tenía varios anillos en los dedos. Iba con ese look desaliñado que llevan muchos jovencitos ahora y vestía unos vaqueros rotos y gastados, una camiseta blanca, bastante sucia y botas militares. Gorka, sin cortarse un pelo, me repasó con la vista de arriba a abajo, fijando su mirada en mis piernas con total descaro. Yo llevaba un traje chaqueta color burdeos, con falda por encima de la rodilla y tacones de aguja, que son los que me gustan. Mi sobrino, con una sonrisa socarrona, me soltó a lo bestia: - ¡Vaya, vaya, cada día estás más buena y sigues teniendo unas piernas guapísimas!. ¿Lo sabes, verdad?. ¿Y qué pasa, no me das un beso?. Yo no me esperaba que me saludara con esa burrada y se me debió notar algo escandalizada, pero la verdad es que lo que me dijo me gustó y no sé por qué, le reí la gracia, cediéndole el control de la situación. Gorka, entonces, me agarró de la cintura con soltura y me estampó un beso en la comisura de los labios que me dejó toda parada. Sin duda y pese a su juventud, sabía como tratar a las mujeres con una seguridad pasmosa y desde ese momento, sin saber como ni por qué, me dejé llevar de forma inconsciente, permitiéndole todo. Para empezar, no le aparté la mano de mi cintura y me llevó así hasta el parking preguntándome por el camino sobre sus primos y mi trabajo en el hospital, amén de otras cosas sin importancia. Me pidió las llaves del coche y yo se las di sin preguntarle siquiera si tenía carnet de conducir. Me senté a su lado y tras encenderle un cigarrillo, le fui indicando el trayecto hasta mi casa. Conducía muy rápido y mientras charlábamos, noté como no quitaba ojo de mis piernas ya que mi falda se me había subido hasta medio muslo. En uno de los semáforos, Gorka me dijo mirándome a los ojos: - ¡Seguro que el celoso de tu marido no te deja ponerte minis!. ¡A qué sí? - y como yo me limité a sonreírle, añadió - ¡Pues es una pena porque yendo corta con esas piernas tan guays que tienes, ibas a estar guapa a reventar!. He de admitir que escuchar este tipo de piropos guarros dedicados a mi
de boca de mi sobrino me divertía bastante, pero nunca imaginé
que la cosa pudiese ir a más. Así transcurrió la
primera semana hasta que un sábado por la tarde ocurrió
algo que desencadenó los acontecimientos posteriores. Al día siguiente Gorka se levantó sobre la una de la tarde, después de una noche de fiesta y se metió en el baño a ducharse. Yo estaba en el salón con mi marido y con la excusa de ir a la cocina me acerqué sigilosamente al baño a ver si veía algo y de pronto, mi sobrino me agarró del brazo y me metió dentro cerrando la puerta. Allí me comió la boca contra la pared y me dijo: - ¡Que puta y que zorrona eres!. ¿Qué pasa, has venido a verme el pollón otra vez?. ¡Anda, tócamela un poco para que te hagas una ida de lo que te voy a meter mañana en ese coño de guarra que tienes!. Me dejé besar mientras se la tocaba, con el riesgo de que nos pillase mi marido, y antes de irme me dijo que me quitase las bragas allí mismo. Yo se las di, las olió por la zona que había estado en contacto con mi coño y el culo y me dijo: - ¡A partir de ahora te quiero todo el puto día sin bragas y dispuesta para que te metan un buen pollón a cualquier hora!. ¡Ahora vete con tu marido que no se imagina los cuernos que le vas a meter mañana!. Miguel es agente comercial de una empresa de exportaciones y al día siguiente tenía que irse de viaje muy temprano así que estuve toda la noche sin dormir, pensando en el pedazo de morcón que me iba a meter Gorka entre las piernas. Mi marido se fue a las seis de la mañana y nada más cerrar la puerta, mi sobrino se metió en mi habitación, desnudo y con el pollón empalmado en la mano. Me dijo que quería follarme estando la cama caliente todavía porque así le daba más morbo poner los cuernos y me ordenó arrodillarme ante él y cascársela hasta que le babease. Estaba claro que yo no era la primera casada que se tiraba y me dispuse a obedecerle en todo. A la vez que se la machacaba bien fuerte, bajándole la piel hasta abajo, pude ver de cerca los piercings genitales que lleva y mi sobrino, con tono ufano, me dijo: - ¿Te gustan, verdad?. Me los hice hace tres meses. Tu vas a ser la primera de la familia en probarlos y te diré que las guarras de Bilbao que lo han tenido dentro del coño me han dicho que es una pasada. Ahora verás... Cuando le empezó a salir preseminal, me dijo que me tumbase boca arriba con las piernas bien abiertas. Gorka se puso mis piernas sobre los hombros y me la clavó enterita en el coño de un golpe hasta que los cojones hicieron tope. Se echó encima de mí, apoyando sus brazos sobre la cama y comenzó a bombearme muy duro. Notaba el metal del piercing del capullo rozando dentro de mi coño, pero me es imposible describir con palabras el extraño placer que me producía. Solo sé que no tardó nada en venirme la primera corrida montando mi escandalera habitual con gritos y berreos como si me estuvieran matando. Mi sobrino, sin parar de barrenarme, se reía llamándome
puta y guarra, tirando de mis pelos con saña y pegándome
dos bofetones que casi me revientan la cara. Nunca me había follado
un macho de esta forma tan violenta, pero, tengo que reconocer que me
gustó mucho. La sumisión y entrega por mi parte fue total
y dejé que hiciese conmigo lo que le saliese de los cojones. - ¡Prepárate, puta! - añadió - ¡Te voy a follar sin parar, hasta vaciarme en este coño negro de puerca que tienes!. Me empezó a meter caña a lo bestia durante diez minutos,
más o menos, alternando una serie de emboladas durísimas
y, con mucha saña, con unas pequeñas pausas para coger aire.
Durante este tiempo me corrí otras dos veces, lo que hizo que Gorka
no pudiese aguantar más y descargase dentro de mi coño toda
la cuajada caliente que guardaba en los cojonazos. - ¡A todas las guarras con las que he estado les he petado el culo
y hasta ahora ninguna se me ha quejado de nada!. ¡Hay que sufrir
un poquito pero verás como te acaba gustando!. ¡Venga, ponte
a cuatro patas como las perras, apoya la cabeza en la almohada y ábrete
las cachas con las manos!. - ¡Venga, puta, no me grites que no es para tanto, aguanta un poco que te la voy a meter hasta los cojones!. De un golpe seco, me la clavó entera y se quedó quieto unos segundos para que mi ojete se acostumbrara a semejante verga. Poco a poco empezó un lento metisaca que hizo que el dolor se fuese transformando en placer, un placer distinto al que se siente por el coño. Comencé a jadear notando como me follaban el culo y Gorka, viendo que estaba disfrutando como una puerca, fue aumentando el ritmo y la fuerza de las embestidas. Me cogió de la grupa y me pegó una serie de barrenazos bestiales que creí que me iba a salir el capullo por la boca. Sus cojones chasqueaban contra mis nalgas a cada embestida, y yo, a punto de venirme un superorgasmo, empecé a gritarle como una posesa: - ¡Más fuerte, rómpeme el culo, cabrón, reviéntamelo... méteme también los cojones dentro... sí, soy una puta guarra y me gusta que me des por el culo... sí, no vayas a parar!. Pienso que me he alargado demasiado así que continuaré
con esta experiencia en una próxima carta. | |||||||||||||||