![]() |
|||||||||||||||
Mi nombre es Eduardo, tengo 28 años, soy abogado, casado, no soy
muy Voy a comenzar por contar alguna de mis historias. La primera orgía
fue con mi mujer, que se llama Carolina y conmigo, naturalmente. Ella
iba vestida de forma espectacular, con pantalones muy bajos en la pelvis,
con las tiras de un tanga diminuto, cuya parte de atrás era un
hilo que se unía a las tiritas de los lados y que se podían
ver por encima del pantalón, aunque debo aclarar que el pantalón
lo recortamos para que quedara más bajo de lo normal, una blusa
de tela militar que muy escasamente le tapaba sus preciosas tetas, y bien
maquillada. Habíamos dejado los anillos en casa, pues no queríamos
que los posibles amigos de la noche se sintieran tímidos al tener
al esposo cerca. - Ya que nos gustan las cosas arriesgadas, ¿por qué no participamos una orgía?. Yo, de inmediato, acepté. Tengo que contar adicionalmente que siempre nos ha gustado hacer cosas extravagantes, como hacer el amor en público, en bares, en piscinas, en la playa, en un balcón a la vista de todos, etc... pues esa idea me pareció de maravilla. Ella comenzó a bailar conmigo, le encanta la música electrónica, el trans, música brasilera. Ese día bailaba haciendo gala de su mayor sensualidad. Alzaba los brazos, conciente que eso dejaba al descubierto buena parte de sus tetas, se agachaba como para que se pudiera ver mejor su culito, pues el pantalón, como ya lo he explicado, lo recortamos para que, a nuestro juicio, quedara mejor. De pronto un muchacho, que supuso que éramos pareja, aunque no llevábamos anillos pero habíamos llegado juntos, me pidió permiso para bailar con ella. Yo le dije que sí y salieron a la pista. Él comenzó a decirle cosas al oído, que yo sabía que Carolina me contaría después, ella se reía y hacía gestos amables de que no. Se acabó la pieza y ella volvió a la mesa, en donde yo tenía una botella de ron, para que Carolina se desinhibiera del todo, nada hay mejor que el ron. Le ofrecí un trago y le pregunté que qué le había dicho. Ella me contestó: - Me ha dicho que yo le había encantado desde que llegamos, que quien eras tu, y yo le contesté que tú no eras nada, solamente un amigo. Entonces yo salí a bailar con ella y me acerqué a la mesa
donde estaba Mario, que así se llamaba el muchacho, y sus amigos,
y le ofrecí una panorámica del culo de Carolina, al tiempo
que enredada mis manos entre las tiritas del tanga y le pedí que
lo colocara sensualmente, ella lo hizo, enredó sus finos dedos
en las tiritas y bailando y a la vista de todo el mundo, las desató,
las subió un poco y las volvió a atar más apretado.
Yo le pedí entonces que le calentara mucho más, a ver qué
pasaba y que se dejara tocar, que le provocara, mejor dicho que le manoseara. Él intentó darle un beso y ella sin querer desvió
la cara, pero para remediarlo, se puso de nuevo a bailar de espaldas a
él y le sobaba de arriba abajo la polla. Entonces le dejó
que le diera todo tipo de besos con lengua detrás de sus orejas,
de su cuello y de sus hombros. Ella le bajó la manó más
debajo del ombligo, pero sin llegar a tocar su chocho. - Me ha pedido poder verme solamente vestida con el tanga. Por mi parte yo estaba ya muy caliente, mi pene estaba tieso en su máximo esplendor y ella me dijo que se lo dejara tocar. Lo hizo de debajo de la mesa y comenzó a humedecerse los labios. Yo estaba que explotaba. - Deja que le de un beso - me dijo - Te amo, te adoro... Yo le dije que no, pues se perdería el trabajo hecho hasta ahora.
Ella consintió y él muchacho volvió a sacar a Carolina
pero ella, sabiendo que yo estaba muy caliente, resolvió calentarme
mucho más. - Deja que te meta un dedo - le dije yo entonces. Ella me dijo que no, que todo por encima, pero inmediatamente añadió: - ¿De verdad quieres que me meta un dedo?. Yo le dije que sí, que se dejara hacer lo que el muchacho quisiera. Ella me dijo que porque no nos íbamos a otro lugar, o que en ese mismo bar había un sótano que era mucho más reservado. Yo le dije que si quería podríamos irnos los dos, o con Mario y ella me dijo con algo de picardía que con todos ellos. Los amigos de Mario eran cuatro muchachos más. - Entonces baila no solo con Mario sino también con los demás - le dije yo. Ella se acercó a la mesa y por sus pasos comprendí que el ron comenzaba a hacer efectos y sin más se sentó en las piernas de uno de ellos, que quedó como bobo viendo que semejante mujer se le sentara en las piernas, la tomó de la cintura y ella le dijo que quería bailar con él. No habían comenzado a bailar, cuando él ya le estaba metiendo mano y la besaba con pasión, ella cerraba los ojos y se dejaba besar. Ya para este momento las demás personas se habían percatado de todo esto y no dejaban de mirar. Cuando mi mujer empezó a bailar con el tercero, que también le metió mano y ella se dejaba hacer de todo, uno de los camareros se me acercó y me dijo que si podía controlar a mi novia, pues los demás clientes del bar ya se estaban quejando. Yo le dije que no era mi novia y que la verdad no era mi problema, que simplemente se trataba de una amiga que me había pedido el favor de divertirse y que yo la estaba acompañando, pero que si quería que ella parara, que se lo dijera él mismo. Pues bueno, el camarero se acercó y le dijo algo al oído y ella, en lugar de hacerle caso, le pegó un beso en la boca y le dijo que no pasaba nada, que si no les gustaba que se fueran o que no la miraran. El muchacho quedó como paralizado, se fue con cara de vergüenza, mientras mi mujer se reía de su travesura. Yo también me reía desde mi rincón. Fue entonces cuando vino el administrador del bar y nos pidió que o le bajábamos el tono al asunto o nos íbamos. Carolina me dijo que nos fuéramos, pero, yo le pregunté que si había en el bar algún sitio más reservado y nos indicó precisamente el sótano. Nos fuimos todos al sótano, mi mujer, yo, Mario y sus amigos, aunque yo, la verdad, me demoré un poco pues fui al baño para hacerme una paja. Cuando me corrí dejé chorretones de semen por todos los lados e incluso quedó un lagrimón resbalando por un espejo. Salí y dejé que los demás apreciaran mi obra. Cuando bajé, ella ya estaba haciendo un bocadillo, bailando con dos muchachos, quienes la sobaban por todas partes, la besaban, la chupaban, le metían las manos por entre la blusita, acariciando sus tetas. Cuando ella me vio, me dijo que me acercara, yo vi que Mario estaba masturbándose a la vista de todo el mundo, lo que me emocionó. Pero lo mejor fue cuando el camarero bajó para traernos nuestros tragos y mi mujer, levantándose la blusa para mostrarle sus tetas desnudas, se le acercó y le dijo: - ¿Por qué estabas tan chulito, si tú también tienes derecho?. El muchacho se quedó cortado y ella, en lugar de dejarlo ir, se
puso a bailar con él, le cogió de la cara con las dos manos
y le dio tremendo beso. El muchacho correspondió el beso, lo que
calentó a todos, y le pidieron que se quedara un rato, que le hiciera
lo que quisiera, que si se la quería comer en ese momento que lo
hiciera, pero él dijo que no podía, que su patrón
estaba arriba y que lo echaría a la calle si lo encontraba. Total
que lo dejamos ir. El muchacho se arrodilló y comenzó a coger con sus labios
el tanga en su mitad, es decir de la que tapa el chocho, y aprovecho para
hacerle una buena comida de coño. Poco a poco comenzó a
apretar, lo que hacía que también apretara el clítoris
de Carolina y que ella gimiera de gusto. Fue bajando la minúscula
prenda y dejó al descubierto un coño húmedo, rasurado
totalmente, como a mi me gusta y abiertos sus labios, lo que evidenciaba
que ya le habían metido los dedos en la raja, en fin, un postre
apetitoso. Cuando llegamos a casa volvimos a hacer el amor, hasta que estuvo bien entrada la mañana, sin importarnos nada de lo que pudiera suceder en el mundo, recordando todo lo que hicimos. Besos. | |||||||||||||||