Nuestro buen amigo Roberto, sigue con su historia. Todo comenzó al ir a vivir con él su sobrina. Sophie, además de ser la mejor amiga de Ana, su sobrina, también se ha convertido en su amante.

Amiga Charo, dejé mi historia en el momento en que Sophie me la estaba mamando, forzando yo su cabeza contra mi polla. Ella emitió un quejido y poco a poco fui liberando su cabeza, hasta que, solo la punta de la polla estaba dentro de ella, pero, no dejé que sus labios perdieran contacto con el capullo. Con mi mano derecha le di unas palmadas en las nalgas y le levanté el vestido sobre la espalda exponiendo sus nalgas al aire.

Le dije que con sus manos, se separara las nalgas, así que este era el cuadro: yo recostado en el asiento del conductor, Sophie boca abajo a lo largo de ambos asientos con la cabeza empalada en mi verga, los brazos hacia atrás separando sus nalgas con ambas manos y las piernas flexionadas hacia arriba. Entonces le puse el índice ensalivado en el centro del culo y empecé a darle masaje al mismo tiempo que hacía subir y bajar su cabeza sin sacar la verga del todo, su saliva tibia comenzó a escurrirse por las pelotas, sabía que mi pantalón quedaría hecho un desastre pero no me importó, seguí obligándola a tragar verga e intensifiqué la presión con mi dedo, su esfínter se relajó y cedió, le dije:

- Cada vez te cuesta menos trabajo, pronto podrás alojar una verga en ese agujerito.

Ella hizo un gesto de negación con la cabeza al tiempo que emitía un gemido ahogado, la vibración que este gemido transmitió a mi verga me extasió así que le metí el dedo más a fondo y le volví a decir:

- No niegues algo que es inminente, poco a poco te vas a ir acostumbrando.

Volvió a gemir y a mover la cabeza de lado a lado, yo me reí y oprimí su cabeza hasta el fondo, le saqué el dedo del ano, me acerque la mano a la boca y deje caer un escupitajo sobre los demás dedos, los pasé ya ensalivados por la hendidura de sus nalgas, crucé el dedo medio sobre el índice y volví a hacer presión sobre su ano.

Sophie ahora estaba tensa, tal vez por la amenaza que acaba de escuchar, presioné con fuerza sabiendo que esta vez su esfínter no se relajaría tan fácilmente, Sophie empezó a gemir al sentir un creciente dolor en el culo, cuando por fin pude romper su resistencia y le llené su culo con ambos dedos profirió un lamento como el de un animal herido. Oír esto me puso al borde de la corrida, sentí que mis bolas se endurecían y empecé a acelerar los movimientos de mi mano derecha en su ano, cuando sentí que estaba al borde de la eyaculación liberé su cabeza y ella por fin pudo sacar por completo mi polla de su boca, se giró como queriendo decirme algo, tal vez argumentar en contra de lo acababa de oír, pero la sorprendió un chorro de semen ardiente y pegajoso que se fue a estrellar sobre su mejilla aunque la mayor parte se depositó en su cabello. Inmediatamente giró la cara y abrió la boca tratando de capturar mi leche pero su intento fue en vano, el segundo chorrazo le golpeo el labio superior y una buena porción se metió en sus fosas nasales obligándola a cerrar los ojos y a expulsar aire por la nariz, el tercer chorro aterrizó en su frente y una vez más un gran porcentaje del lechazo se metió entre sus cabellos, por fin pudo bajar la cabeza y capturar las últimas descargas de mi verga.


Le extraje los dedos del ano y vi como su esfínter palpitaba y poco a poco recuperaba su habitual estrechez, le dije que ya podía soltar sus nalgas y cuando estas estuvieron libres le di una fuerte palmada en cada una. Ella terminó de mamarme la verga y empezó a enderezarse sobre su asiento, le ordené que se limpiara la cara con las bragas, ella las sacó de la guantera y comenzó a limpiarse el rostro, pero para su mala suerte, la mayor parte del semen estaba embarrado en su cabello y el hecho de frotarlo con un trapo solo empeoró su apariencia. Intentó ponerse las bragas pero le dije que no lo hiciera, me miró y me dijo que por favor nunca intentara follarla por el ano y yo le contesté que eso era algo que no le podía prometer. Ella bajó la mirada y la verdad es que me sentía muy bien haciéndole pasar esos momentos de angustia, sentía que tenía total control sobre esa chica hermosa e inteligente y eso me excitaba sobremanera, me arreglé el pantalón y a modo de despedida le dije:

- Nos vemos otro día.

Me incline sobre ella y le abrí la puerta del auto, ella me miro y me dijo:

- Pero yo no he tenido un orgasmo. ¡No me has dejado tenerlo! .
- Sí, me he dado cuenta - le contesté - Nos vemos después.

Se quedó mirándome sorprendida sin creer que no haríamos nada más ese día, después de un momento se bajó del coche y la vi alejarse en dirección al suyo, pasó delante de una pareja ya mayor, llevaba las bragas en la mano y el cabello desarreglado.

El día de mi cumpleaños llegó, por la mañana Ana me felicitó y después del desayuno me dijo que saldría a comprarme un regalo, le dije que no gastara mucho dinero.

- Entonces tal vez compre algo para mí y a ti solo te dé afecto - me dijo sonriendo.
- Lárgate ya, nos veremos luego - le contesté riendo.

Una hora después Sophie estaba al teléfono.

- ¡ Felicidades!. ¿Cómo estás?.

Su voz derrochaba vitalidad y alegría, parecía que el encuentro en el estacionamiento nunca hubiera sucedido.

- Muy bien, gracias y tú, ¿qué tal?.
- Muy emocionada, ya tengo todo listo, te espero en el hotel en la misma habitación de aquel día.

Esto último me tomó por sorpresa, aunque a decir verdad yo esperaba recibir un favor sexual de su parte como regalo, algo muy especial, aunque no tenía una idea clara de lo que esa chiquilla tenía preparado. El hecho de que Ana regresará y no me encontrara en la casa después de salir a comprarme mi regalo, me parecía un mal detalle de mi parte para con Ana, se lo hice saber a Sophie y ella me contestó:

- Puede que Ana se tome toda la mañana para conseguir tu regalo, además le puedes dejar un recado, inventa una mentirijilla.

Las ganas de ver a Sophie fueron más fuertes, le dije que estaría en el hotel cuanto antes y dejé una nota sobre la mesa diciéndole a Ana que unos amigos querían verme para felicitarme, pero que regresaría pronto.
En todo el recorrido fui pensando en la clase de regalo que me esperaba, imaginaba a Sophie tendida sobre la cama esperándome en las más sugerentes posiciones. Llegué al hotel en tiempo record y tuve que subir por las escaleras para evitar ser visto por la gente de recepción, al llegar a la puerta marcada con el 405 mi corazón latía un poco acelerado, intenté abrir la puerta pero estaba cerrada así que di un golpe ligero temiendo haber equivocado el número, Sophie abrió de inmediato pero no puede entrar a la habitación porque salió al pasillo y cerró la puerta, una vez fuera nos besamos.

Sophie estaba bellísima, llevaba un ligerísimo camisón transparente, en tonos beiges, con una cinta elástica que pasaba debajo de sus tetas, sus pezones erguidos se veían claramente a través del ligero material de su vestimenta, llevaba un lápiz de labios rojísimo, una cadena de oro le rodeaba la cintura y una llavecilla colgaba de ella a la altura de la entrepierna, debajo llevaba unas bragas de encaje blanco y calzaba unos zapatos negros de tacones de aguja. Cuando el beso terminó, entreabrió la puerta, se puso detrás de mí y me cubrió los ojos con sus manos, sentí sus pechos tiernos apretarse contra mi espalda, me dijo que avanzara y comencé a caminar, con un poco de dificultad terminé de abrir la puerta que después ella cerró con el pie, seguimos avanzando, oí que otra puerta se cerraba, se acercó aún más y me susurró al oído:

- No digas nada.

Cuando me descubrió los ojos vi que estábamos en el cuarto de baño.

- Prométeme que no dirás ni una palabra mientras estés aquí.
- ¿Por qué? - quise saber. a contestó en voz baja:
- Es parte de la sorpresa - contestó en voz baja - ¿Estás de acuerdo?.
- Está bien, lo prometo - dije sin entender a que venía tanto misterio.

Sophie comenzó a desnudarme y una vez que estuve totalmente desnudo me dijo que cerrara los ojos, me tomó de la mano y me condujo hasta el frente de la cama, y añadió:

- Ya puedes abrirlos.

Cuando abrí los ojos mi sorpresa fue mayúscula, en la cama había otra mujer, miré a Sophie y volví a ver el cuerpo completamente desnudo de una mujer joven que estaba de rodillas y con las piernas muy separadas de espalda a nosotros, con la cara sobre un almohadón y los brazos extendidos a los lados, las manos sobre los soportes de la cabecera y las muñecas atadas a estos con dos lazos de un material satinado color negro, sus labios vaginales completamente rasurados y su ano totalmente expuesto, llevaba el cabello negro muy corto al estilo de Sophie y una venda negra le cubría los ojos. Mi verga comenzó a ponerse rígida, la chica que estaba en la cama preguntó con voz trémula:

- ¿Sophie... estás ahí... ya llegó tu amigo?.

Mi corazón dio un vuelco. ¡Era Ana, mi sobrina!. ¡No podía creerlo!. Di un paso atrás y miré a Sophie intentando decir algo pero solo pude balbucear, Sophie me puso la mano sobre la boca y le contestó a Ana con toda naturalidad:

- Ya está aquí cariño, no te impacientes.

Mi cabeza daba vueltas, Ana era totalmente apetecible y vulnerable, pero por otro lado era mi sobrina y se suponía que estaba bajo mi tutela. Sophie se acercó a mí y me susurró al oído:

- Sé que la deseas, tu "amiguito" te delata.

Señaló hacia abajo y pude ver mi polla totalmente dura como una roca, la cabeza totalmente hinchada palpitaba con cada oleada de sangre que mi corazón bombeaba hacia mi capullo. La erección resultaba dolorosa de tan plena que era, mi pollón latía y cabeceaba como si tuviera vida propia. Sophie tenía razón, la emoción de saber que podía follarme a mi sobrina, sin que esta supiera mi identidad, era la más fuerte que hubiera sentido jamás, delante de mí estaba Ana dispuesta a dejarse follar por quien ella pensaba era un extraño. ¿Cómo era posible que Ana se dejara convencer por Sophie para hacer estas cosas?. ¿Lo había hecho antes?
Sophie fue a recostarse a una lado de Ana, le besó la mejilla al tiempo que le acariciaba la espalda y con una mano me hizo señas para que subiera a la cama, subí y quedé de rodillas con la verga tiesa apuntando a la entrepierna de Ana. Entonces Sophie preguntó en voz alta:

-¿En qué parte la quieres, nena?
- En mi culito - fue la respuesta de Ana que movió el trasero de un lado a otro, y yo casi me corro tan solo de oír eso.
- No esperes más - me dijo Sophie.

Me acerqué más a Ana, la cabeza de mi polla estaba a escasos centímetros de la diminuta estrella de su culo, parecía imposible que algo tan grande pudiera caber en un lugar tan estrecho, le apoyé la punta sobre el ano y un breve "Aah..." fue la respuesta de Ana. Recordé que no había lubricado ni mi capullo, ni su culo, me escupí sobre la mano y empecé a frotarla con ella, Sophie por su parte se acercó al trasero de Ana le separó las nalgas y dejó caer un grueso hilo de saliva el cual escurrió por el canal de las nalgas, me volví a poner en posición de embestir, tomé a Ana por la cintura y apreté la punta de la verga sobre su botoncito y suave, pero firmemente empecé a empujar, pero su esfínter no cedía lo suficiente así que seguí empujando y esta vez Ana acompañó mis esfuerzos con varios "aaaah..." prolongados. Todavía no había logrado traspasar la resistencia que su esfínter oponía a mi verga, empujé más duro y la intensidad del lamento de Ana aumentó, tuve miedo de lastimarla y dejé de presionar. Estaba a punto de volverme loco, deseaba con todas mis fuerzas machacar ese culito que Sophie me ofrecía como si Ana fuera una victima propiciatoria, pero a la vez, no quería lastimar a Ana, retiré el glande de su entrada anal y ella dijo con un hilillo de voz:

- ¡No... no te detengas!.

No me detuve naturalmente, pero eso ya lo seguiré contando en mi próxima y ya última carta.
Saludos a los lectores y besos para ti, Charo.

  volver al menú