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Querida Charo, te escribo para contarte una de las tantas experiencias
que me han ocurrido y, que hasta hoy, no me he decidido enviar a tu maravillosa
revista. Mi enhorabuena para ti y todo tu equipo. Esto ocurría el pasado verano, durante el mes de Agosto y Septiembre
debía estar en la casa vigilando. Hasta la llegada de la señora, solía darme un baño
en la piscina, pero con ella allí no me atrevía. Una mañana,
dando la vuelta a toda la casa por el jardín, llegué a la
piscina y allí me la encontré tumbada sobre la hamaca, boca
arriba y con la sorpresa de estar pellizcándose los pezones a través
de la tela de su biquini. Como desde donde yo estaba, no la veia muy bien,
me acerqué hasta donde pude para no ser descubierto. Allí
sí que tenía mejor visión e incluso podía
oír sus suspiros que pronto pasaron a ser gemidos cada vez más
fuertes, hasta que llegó a quitarse la parte de arriba del biquini,
desnudando sus grandes tetas y pasando a sobarse toda la superficie de
sus pechos, sin dejar de pellizcarse los pezones una y otra vez. - Señora, perdone que la interrumpa, me preguntaba si usted va a quedarse a comer en casa. Ella, sin preocuparse de taparse sus impresionantes tetas de pezones durísimos, solo añadió: - ¿Cuánto tiempo llevabas mirando?. No te he oído
llegar. ¿Es que me espiabas?. Entonces me giré para marcharme, pero ella me detuvo diciéndome: - Quiero creerte pero, tras verte el paquete, sé que tienes la polla bien hinchada, así que ven, siéntate aquí, no puedes irte así... Me senté en una silla de esas de jardín pero, no estaba nada cómodo por tener la polla como la tenía y entonces ella se incorporó en la hamaca y me dijo: - ¿Por qué no té quitas la ropa?. Aquí no te ve nadie y sobre todo el cinturón con la porra que, por cierto... ¿me la dejas?. Sin pensar, me la saqué del cinturón, se la entregué y ella acto seguido, empezó a pasársela por todo el cuerpo, principalmente por sus pezones y tetas, hasta pasarle incluso la lengua como si fuera una polla. Luego alargó la mano con la porra hasta mi entrepierna y yo, entonces, ya no esperé más, me levanté, me fui hacia ella, me arrodillé y tras tumbarla, pasé mis manos por sus pechos, pellizcándole los tiesos pezones y luego se los chupé, pasando del uno al otro, oyéndola gemir y suspirar de gusto. - ¡Te voy a comer la polla, cabrón! - me dijo de pronto. Me desnudé a toda prisa y le dije, agarrándome la tranca: - Aquí la tiene señora. Se agarró a mi polla y se puso a mamarla delicadamente, saboreándola
con mucho gusto poniendo en marcha su lengua, sin parar de hacerme diabluras
alrededor del capullo y de pasar su lengua por el frenillo al tiempo que
sus manos no paraban de tocar y acariciar mis huevos. Con este tratamiento no tardé en descargar toda mi leche sobre sus tetas y cara y ella, cogiendo con sus dedos los espesos grumos, se los llevaba a la boca diciendo: - ¡Que sabroso lo tienes!. La tumbé y quitándole las braguitas, tras abrirle las piernas, empecé a pasarle la lengua y a comerle el coño, un coño con labios grandes y muy gruesos, un clítoris gordo y toda la zona cubierta de mucho pelo espeso, rizadito y muy negro. Se lo comía a fondo haciéndola estremecer de gusto hasta arrancarle dos buenos orgasmos que, al correrse, me dejaron la cara pringada de sus jugos vaginales. Luego follamos a la manera tradicional volviendo ella a correrse otras dos veces y yo con ella, lanzando mi leche en el interior de su coño. Tras darnos un baño y tumbarnos un rato en las hamacas, decidí hacer algo que me encanta a una mujer con la que estoy liado. Entré en la casa y salí con los utensilios de afeitar para rasurarle su espléndido y espeso coño. Ella no puso ninguna objeción, todo lo contrario, estaba encantada e incluso me animó a hacerlo. - Adelante - me dijo - Déjamelo sin un pelo, limpito y suavecito pero después quiero que me lo vuelvas a comer, cacho cabrón, que me tienes loca perdida. Así lo hice, volví a comerle el coño hasta hacerla correr y a continuación, para terminar, me pidió que me hiciese una paja delante de ella para ella masturbarse al mismo tiempo. - Es uno de mis pequeños vicios - me explicó - Me gusta veros a los tíos haciéndoos pajas delante de mi, me excita y tengo unos orgasmos muy satisfactorios. La complací y esto fue todo por el momento aunque por la noche
volvimos a follar, pero esta vez también para probar su culito,
aunque. esto ya os contaré en una próxima carta como ocurrió. | |||||||||||||||