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Los protagonistas de esta historia, amiga Charo, somos tres, Samanta,
mi mujer, Horacio y yo, Eduardo. Samanta, 35 años, es una mujer
muy atractiva, alta, con un cuerpo lleno de curvas, cintura estrecha,
anchas caderas y muslos poderosos pero sobre todo unas tetas gigantescas
y un culo muy gordo, de nalgas redondas y salidas. Yo, Eduardo, 52 años,
soy muy normal, algo más bajo que ella, rechoncho, vientre salido
y una polla de 14 centímetros en plena erección. Tanto a mi mujer como a mi nos gustaría que fuera un conocido, un amigo de confianza, y una tarde, estando en el bar con Horacio, un amigo de siempre, se me ocurrió que podría ser él el hombre que buscábamos. Horacio es un hombre de 39 años, casado y bien parecido, que ya conocía a Samanta y había alabado muchas veces sus "atributos mamarios y culeros". Sacando fuerzas de flaqueza se lo comenté y no tuve que hablar mucho pues el amigo aceptó encantado de la vida. - ¿Follarme a tu mujer? - exclamó al oír mi propuesta - ¡Cuando quieras aun que tú estés delante o participando!. Es uno de los mejores regalos que podríais hacerme. Cuando llegué a casa se lo comuniqué a Samanta y ella también aceptó encantada diciéndome que ya había pensado en ese amigo. Nos pusimos de acuerdo, Horacio pasó a recogernos y salimos rumbo a un hotel, pues no queríamos hacerlo en casa por aquello de que los vecinos llegaran a enterarse de algo, y pedimos una habitación que estaba en el primer piso. Samanta se adelantó a subir y claro ya sabía porque lo que hacía pues calzaba unas zapatillas de tacón altísimo que realzaban sus bien torneadas piernas y una minifalda que dejaba ver medio muslo, con una blusa de botones súper escotada que parecía que ese gran par de mamas que tiene fueran a salir. Al subir las escaleras caminaba cadenciosamente y nosotros detrás de ella con la mirada clavada en sus piernas y sus caderas que, al caminar, hacían volar un poco su falda dejando ver un hermoso par de muslos. Ella se sentía observada y deseada. Al llegar a la habitación estábamos los dos hombres allí
parados, sin saber que hacer hasta que Samanta tomó la iniciativa,
nos cogió de una mano a cada uno y nos acercó a ella, puso
la mano de nuestro amigo en una de sus tetas y la mía en sus caderas.
Esta fue la chispa que desató el fuego. Al rato empecé a subir por su muslos casi hasta su sexo pero ella me detuvo. No deseaba que llegásemos tan pronto a su coño, quería seguir disfrutando de las caricias, pero de repente se puso de perfil entre los dos y empezó a bajar sus manos desde nuestros pechos hasta sentir, debajo de los pantalones, nuestros miembros bien erectos de excitación, se mojó la lengua con los labios como saboreándolos y con cada mano desabrochó nuestros cinturones, bajó las cremalleras y los pantalones cayeron a nuestros pies. Rápidamente Samanta se puso en cuclillas, sacó nuestros miembros de los calzoncillos y con sus carnosos labios empezó a chupar suavemente uno y acariciar con la mano el otro, cambiando luego de polla para llevarse la otro a la boca. Siempre, según me había dicho cuando hablábamos del trío, quiso chupar uno y acariciar otro. Ahora lo tenía y lo disfrutaba. Desde esta posición la falda se le había subido hasta la cintura y dejaba ver el mini tanga que llevaba el cual ofrecía su coño ya mojado por la excitación. Al cabo de un rato, y cuando nos dejó las pollas tiesas como dos palos, se levantó y mientras nos despojábamos de los pantalones y los calzoncillos nos pidió que la desnudáramos a ella. El amigo empezó nerviosamente a desabrocharle la blusa y yo a retirar su falda. Como ropa interior llevaba un juego de top y tanga verde muy sexys. Ella nos quitó las camisas, me recostó, ya completamente desnudo, sobre la cama y se subió encima de mi en la posición del 69. Su coño quedó abierto frente a mi cara y no tuve problemas para hacer a un lado su tanguita y comenzar a chupar y lamer su coño, que llevaba perfectamente depilado y perfumado, haciéndome desearlo más. Mientras tanto ella empezó a chupar el rabo de nuestro amigo,
que estaba sentado al borde de la cama y así gozábamos los
tres. Después de un rato lo siguiente que hizo fue ordenarle que
ahora fuera él quien se acostara al borde de la cama y yo me puse
de pie. Ella se sentó de espaldas encima de la polla de Horacio,
y se la fue clavando centímetro a centímetro hasta que choco
con los huevos. Mi mujer, completamente empinada, parecía pedir ser penetrada
nuevamente y yo sin pensarlo metí mi polla en ese coño que
escurría jugos abundantes de tan lubricada que estaba. - ¡Despacio... mmmm... más, más... así, así... que gusto!. Por fin tenía las dos pollas completamente dentro y las disfrutaba empezando a coordinar un movimiento para meterlas y sacarlas, sin perder ningún centímetro de disfrute. A estas alturas ya gritaba de placer: - ¡Sí... sí... más, por favor, más... meterlas enteras... me corrooo.... sí, quiero más... que pollas mas buenas tenéis.... aaah... me corro... me corrooo...!. Nos corrimos los tres, explotando a un tiempo, lanzando mi semen en el
culo de la golfa de mi mujer, y Horacio le llenó el coño
con el suyo. Al poco rato nos quedamos dormidos por algunos minutos. Pero
esto no podía quedar así, ya que ella estaba entre los dos
en la cama. Nuevamente tomó nuestros flácidos miembros en
sus manos, los cuales no tardaron en reaccionar para iniciar una nueva
sesión. | |||||||||||||||