En un número anterior de la revista y con el título de "Coche con vicio", publicamos la primera parte de este testimonio de un avispado lector que supo impresionar a una interesante, madura y atractiva mujer que conducía un moderno automóvil. La había atacado con cierta brusquedad y dándoselas de macho dominador pensando que con esta actuación ella caería fácilmente en brazos.

Amiga Charo, ya conté que mi historia comenzó cuando me detuve con mi moto al lado de un Fiat último modelo y quise curiosear por dentro pues la publicidad hablaba maravillas de ese coche. Dentro iba una mujer sumamente atractiva y apenas la vi me di cuenta que era de origen italiano, tendría algo más de cuarenta años, de piel blanca muy pecosa, ojos azules y cabello negro, y de formas muy voluptuosas que se notaban por la ropa tan ceñida que llevaba. Te conté como logré interesarla y llevármela a un motel donde gocé plenamente de todos sus encantos regalándole varios orgasmos.

Me dijo que yo era un hombre increíble, que no solo la había hecho sentirse mujer cuando la abordé en la calle sino que ahora la acababa de follar como nunca lo había hecho su marido. Que jamás le había pasado por la cabeza ponerle cuernos a su esposo y que ahora se arrepentía de no haberlo hecho antes. También me confesó que apenas le hablé le temblaron las piernas, le sudaron las manos, se mojó como una adolescente y en menos de diez segundos su coño estaba palpitando y le escurrían jugos por las piernas. Fernanda hablaba y mi excitación aumentaba paulatinamente hasta que ella lo notó.

- ¡Tu no te cansas, pero me alegro, por fin me vas a follar en la cama!.

La hice rodar sobre mí, mientras nuestras bocas se unían en un beso muy apasionado y apenas quedamos enfrentados, separó sus piernas y me recibió en su tibia intimidad. Me hundí en su carne hasta lo más profundo y comenzamos a batallar con la misma fogosidad de antes pero esa vez la dejé que se corriera como una cerda, y no paré hasta que me rogó que la dejara descansar, entonces me corrí una vez más y nos quedamos dormidos por espacio de unas tres horas.

Me desperté con una erección tremenda. Fernanda había recostado sus hermosas nalgas contra mi dormido miembro y me había excitado mientras dormía. Levanté una de sus piernas y se lo metí desde atrás. Fernanda se acopló lo mejor que pudo para que la penetración fuera total, yo amasaba una de sus rotundas tetas mientras ella se contorsionaba para brindarme la boca en esa posición. Daba gusto la forma como aquella mujer se entregaba al placer sexual, resultaba increíble que siendo tan atractiva y con un temperamento tan ardiente, su marido la tuviera tan abandonada, siempre se mostraba dispuesta a complacerme, podía asumir ella la iniciativa o de pronto mostrarse sumisa ante mis requerimientos.

- Tienes unas nalgas deliciosas Fernanda, duras y bien formadas, me encanta manoseártelas.
- Son todas tuyas mi vida, haz con ellas lo que se te antoje, total, eres mi hombre, mi semental.

La dejé que se corriera tres veces y luego la coloqué boca abajo sobre sus rodillas y con el trasero bien empinado. Su sexo quedó expuesto hacia atrás entre sus muslos, metí mi lengua entre sus labios íntimos y los recorrí hasta llegar a su rosado trasero, metí mi lengua varias veces mientras mantenía sus nalgas separadas con mis manos, luego me arrodillé detrás de ella y coloqué mi glande entre aquel par de bellas nalgas, las apreté hasta que me cubrieron y comencé a frotarme entre ellas.

- ¿Me vas a dar por el culo, verdad David?. Dime que sí machote, ardo en deseos de saber lo que se siente por ahí.
- No me digas que tu marido jamás...
- Nunca se lo he permitido, aunque él ha insistido mucho.
- Te va a doler un poco.
- No me importa, quiero que me lo hagas a lo salvaje, rómpeme el culo con ese pollón, reviéntame toda David, mi vida, tú te lo mereces, quiero sentir que me estás castigando por comportarme como una puta, así es que no tengas compasión de mí.

Dejé caer bastante saliva en su estrecho agujerito y sin mas aviso la empalé hasta que mis bolas chocaron contra su sexo y me aferré a ella rodeándola por la cintura con mis brazos.

- ¡Aaah... aaah... nooo.... sácamelo... me duele, me vas a reventar... oooh... me vas a matar, cabrón, no lo soporto, David, me vas a romper todo por dentro, mi vida... ten compasión, por favor... te lo suplico... nooo.... salvaje... me lo vas a sacar por la boca... aaaah....!.

Yo le seguí dando por el culo sin compasión mientras ella se retorcía del dolor y luchaba por zafarse, aquello me excitaba aún más, pues si bien no me gusta maltratar a una mujer, hay casos en los cuales ellas disfrutan mas cuanto más les duele sin llegar al sadismo. Me había pedido que la hiciera sentir dolor y yo la estaba complaciendo pues sentía que a pesar de su lucha y sus insultos, estaba disfrutando. Entonces la agarré por los pelos de su sexo y se los tiré fuerte diciéndole:

- Esto te pasa por puta, ahora te aguantas el castigo que te mereces, sucia, te voy a dejar para el arrastre, necesitabas un castigo y tu macho te lo va a dar para que no puedas sentarte en una semana, así aprenderás a comportarte. ¡Mueve ese culo, puta.
- ¡Siiií... castígame, soy tu puta y merezco el castigo que me quieras dar, rómpeme el culo, macho mío, dame con ese monstruo, que polla que tienes cabrón, la tienes deliciosa, mi amor, te siento hasta el alma David, aprieta mis tetas con fuerza, hazme llorar... que dolor... que polla tan grande...!. ¿Cómo quieres que mueva el culo, cariño mío?. Me estás matando desgraciado, pero me encanta sentir como me rompes el culo con esa bestia... no pares vida mía, dame más duro, que siento que ya me voy a correr por el culo, mi amor... aaah... oooh...!.
- ¿Te ha gustado, verdad putita mía?.
- ¡Me ha encantado, mi amor!. ¡Que estreno de culo tan perfecto me has hecho, cielo!.
- Me alegro que te haya gustado porque ahora te vas a encular tú misma, ven y siéntate sobre mí que quiero verte follándote el culo Fernanda.

Me salí de ella y me dejé caer boca arriba, entonces Fernanda se montó sobre mí y se dejó caer sobre mis diecinueve centímetros hasta que los hizo desaparecer todos en su trasero. Sus ojos estaban llenos de lágrimas y me miraba fijo mientras se clavaba mi polla bien hondo en aquel estrecho orificio.

- Acaríciate el clítoris, muñeca, métete dos dedos en el coño y date con furia hasta que vuelvas a correrte, quiero ver como entro y salgo de ese culo delicioso y estrecho que tienes, apretado y muy caliente.
- ¡Como tú digas!. ¡Soy tu puta, tu perra!. ¡Mírame mientras me clavo tu pollón en el coño!.

Apreté sus tetas con mucha fuerza y mordí sus pezones tirándolos hacia fuera. Fernanda se sacaba mi polla del culo para volver metérsela hasta lo más profundo y en cada ocasión gritaba de dolor pero se daba con más furia. Acabó en medio de gritos y estertores, yo esperé su siguiente orgasmo y volví a vaciarme llenando su culo con mi tibia leche mientras sentía como su esfínter me apretaba una y otra vez. Ella se tendió sobre mi pecho y yo permanecí dentro de ella hasta que mi miembro se tornó fláccido y salió muy despacio de aquella estrecha prisión.

- ¡Me has hecho tan feliz David, hacía años que no me sentía tan mujer como hoy, gracias mi vida, eres todo un hombre!.
- La próxima vez que lo hagamos pienso hacerte el amor, hasta ahora te he follado y creo que lo he hecho muy bien, pero ahora quiero que sientas mi ternura, que sepas que te valoro como mujer.
- Ardo en deseos porque eso pase David, te puedo imaginar más tierno que rudo.

Descansamos un rato mientras tomamos algo y fumamos, luego yo la fui besando delicadamente por todo su cuerpo. Cuando llegué a su chocho, se lo bese y lamí hasta que le provoque un largo orgasmo, mientras acariciaba sus hermosas tetas. Después separé sus muslos y me coloqué entre ellos, busqué su boca y mientras metía mi lengua muy despacio, fui entrando en su caliente coño y empecé a moverme con suavidad hasta que la hice orgasmar, siempre en silencio, apenas susurrándole cosas muy tiernas al oído, cada vez que ella alcanzaba el clímax. Seguí follándola hasta que llegamos a corrernos los dos al mismo tiempo. Salimos del motel al día siguiente muy tarde por la noche. Fernanda no cabía en sí de felicidad. Después de ese primer encuentro estuve saliendo con ella durante mucho tiempo hasta que su marido decidió irse a vivir a Italia. Me sacié con aquella mujer de todas las formas imaginables. Era tan audaz que una vez me hizo ir hasta su casa con mis herramientas y me presentó a su marido su como electricista. Apenas salió para el aeropuerto, ella se plantó ante mí en una pose muy sexy diciéndome:

- Desnúdame despacio mi cielo, tenemos tres meses antes que él regrese a buscarme para mudarnos a Italia, mientras tanto vivirás en casa de tu puta.

Yo disfruté de aquella hembra hasta el cansancio, siempre dejándole claro que yo solía verme con otras mujeres pues a todas les decía lo mismo, si aceptaban, estaba bien, de lo contrario terminaba con ellas en los mejores términos posibles, pero en esa época no andaba buscando compromiso con ninguna y casi todas lo aceptaban de buena gana. Fernanda se dedicó a atenderme como si yo fuera su marido, arreglaba mi ropa, cocinaba y siempre estaba dispuesta a ofrecerme su cuerpo en todas las formas posibles. Saludos y hasta otra.

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