Hacía poco tiempo que se había mudado a ese pequeño apartamento y justo empezaba a hacer amistad con sus vecinos cuando tuvo la sorpresa de convertirse primero en una especie de confesor de una atractiva vecina y algo mucho más íntimo al poco tiempo, detalles que empezamos a relatar en un número anterior de la revista en la primera parte de este testimonio con el título de "Investigando a fondo".

Amiga Charo, os contaba en mi carta anterior que me había mudado hacía muy poco tiempo a ese pequeño apartamento en el centro y me estaba costando acostumbrarme a un estilo de vida distinto pues mi anterior morada estaba en las afueras y era una casa con parque y jardín. También era distinto el hecho de tener vecinos pared de por medio, me resultaba extraño oír los sonidos cotidianos de otras personas, risas, conversaciones, música, etc.

Al mes de estar instalado en mi nuevo apartamento comencé a conocer a los vecinos y logré hacer amistad con un matrimonio con cuya mujer fui cogiendo mucha confianza y al final, sin esperarlo, tuve la satisfacción de gozar con y de ella. Os recuerdo que en la primera cita ella se puso de rodillas entre mis piernas, tomó mi verga con su mano derecha y comenzó a pasarle la lengua alrededor de la cabeza, luego le daba chupaditas cortas, se la metía en la boca, se la sacaba y de nuevo lamía y chupaba cada vez un poco más profundo hasta que se comió media polla.

Comenzó a mover la cabeza de forma que sus labios iban de la puntita hasta la mitad de mi miembro. Debo decir que me la han chupado mujeres con una técnica impecable, pero esta tímida mujer con su inexperta mamada me estaba calentando de una manera increíble, quizá precisamente era esa timidez e inexperiencia lo que me calentaba.

Al poco rato ya no daba más y si seguía así explotaría en su boca. Me incorporé, la recosté nuevamente de espaldas en el sillón y le dediqué unas lamidas a sus pezones y a su clítoris hasta que sus jadeos fueron fuertes y continuos, entonces levanté sus piernas sobre mis hombros y de una sola arremetida clavé toda mi verga en su mojada almeja.

- ¡Aaah...! - gimió ella mientras el miembro desaparecía en su interior.

Comencé a moverme despacio y cada tres empujones sacaba toda mi verga y la frotaba en el clítoris para luego metersela nuevamente hasta el fondo.

- ¡Aaaah... aaah... que bueno... sigue... sigue...! - decía ella.

Seguí clavando mi polla y frotándola en el clítoris hasta que de pronto se contrajo en un violento orgasmo.

- ¡Ooooh... métemela toda, por favor, la quiero toda bien adentro! - gritó.

La mantuve clavada hasta que las contracciones fueron disminuyendo y ella se quedó laxa, tendida sobre su espalda. Luego se la saqué, me senté, ella se incorporó y se quedó sentada a mi lado con la cabeza apoyada en mi hombro.

- Supongo que no será prudente que me corra dentro de ti - le dije - y como en realidad esto ha sido algo inesperado, no he traído preservativos. Eso nos deja sólo dos posibilidades - agregué - ella me miró como esperando que continuase - ¿Sabes cuales son? - pregunté.
- Puedo imaginármelas - dijo - en realidad si son las que imagino, una de ellas ya comencé a practicarla, ¿verdad? - se refería a la mamada pensé - solo que esta vez debo llegar al final, la otra me da un poco de miedo por el tamaño de eso que tienes ahí - se quedó en silencio un instante y luego agregó - Pero si estás aquí es para que pueda hacer contigo lo que no puedo hacer con mi marido y conocer lo que él no me va a enseñar jamás, así que probemos a ver si la puedo recibir por atrás, solo te pido que lo hagas despacio pues es mi primera vez.
- No te preocupes, lo haré con mucho cuidado.

Volví a lamer sus pechos y luego su clítoris para buscar que se excitara y de esa forma estuviera más dilatada al momento de penetrarla. Al cabo de unos minutos sus gemidos me decían que estaba muy caliente, de modo que la puse boca abajo sobre la cama y coloqué una almohada para que su culo quedara bien levantado. Acaricié sus suaves nalgas y luego las separé un poco para verle el agujerito del culo, que se veía apretadito y frágil. Me arrodillé detrás de ella y lubriqué todo mi miembro y el culo de ella con mi saliva.

- Ábretelas - le dije mientras le indicaba sus nalgas.

Tomó una con cada mano y se las separó. Tenía a la vista esas nalgas blancas y redondas sostenidas por manos finas y delicadas que dejaban bien a la vista el agujerito que iba a penetrar. Apoyé la punta de mi polla que estaba tiesa como un palo en la entrada del culo, e hice apenas presión. Ella se tensó, pero volvió a relajarse al ver que yo no continuaba penetrándola.

- Tranquilízate y relájate - le dije.
- Métemela despacio por favor o me va a hacer daño, es muy grande y está muy dura - me dijo.

Empujé otro poco y vi como la cabeza comenzaba a entrar.

- ¡Aaaah... uuuh...! - gimió.

Otro empujón y entró tres cuartos de la cabeza.

- ¡Aayyy... despaciooo... me vas lo vas a romper! - gritó.

Permanecí quieto hasta que ella se fue relajando y su culo se acostumbró a lo que ya tenía dentro. Me moví un poco de forma de meter y sacar la polla solo hasta donde había llegado.

- Respira que va otro poquito - le dije y empujé.

El culo se estiró tratando de alojar la gruesa cabeza que no entraba fácilmente.

- ¡Aayyy... ayyy...! - volvió a gritar - ¡Sácala que me partes!.

Se la saqué, ella apretó fuerte las nalgas, luego se puso de costado y mirando mi polla dijo:

- ¡Es enorme!. ¿Cómo quieres que me entre eso en el culo?.

Sí que te va a entrar - le dije - solo tienes que relajarte y aguantar un poquito.
A esa altura lo único que quería era meterla toda en ese culo, clavársela hasta el fondo, sentir sus nalgas contra mi cuerpo, pero debía tener paciencia.

- Probemos nuevamente - dijo ella - pero muy despacio, me tengo que acostumbrar a recibir eso.
Se puso en la misma posición en que estaba antes, se abrió las nalgas y yo me coloqué nuevamente detrás.
- Relájate que te va a entrar - dije.

Empujé despacio y metí media cabeza y luego otro poco. Quedaba la parte más ancha y pensé que la única forma de pasarla sería de un solo empujón pero, ¿aguantaría?.

- Aguanta que va otro poco - le dije.

Cuando sentí que su esfínter aflojó algo, di un empujón corto y firme. La cabeza desapareció en su culo y el anillo se cerró con fuerza apretándome la polla.

- ¡Aaaaah...! - gritó mordiendo la almohada - ¡Aaaah... aaah...!.

No me moví hasta que ella se fue calmando y al cabo de un rato su culo ya se fue amoldado a la polla, aunque ella aún gemía despacio y permanecía agarrada a las sábanas.

- Queda poco - le dije - aguanta otro poquito que te la meto toda.

Diciendo esto empujé lento pero sin pausa hasta que sentí que llegaba al fondo.

- ¡Uuuh... aaay...! - gimió, pero ya la polla había desaparecido en su culo y yo sentía el contacto con sus nalgas.
- ¡Ay...ay... esa verga es enorme, me va a partir el culo! - decía.
- Tranquila - le dije - ya la tienes toda adentro, te has comido toda mi polla por el culo, quédate quieta que te va a comenzar a gustar tenerla así.
- ¡Ay que polla... que gusto! - murmuraba ella.

Nos quedamos un rato sin movernos, ella seguía gimiendo aunque cada vez más despacio y yo sentía que su culo apretaba cada vez con menos fuerza, señal de que estaba más relajada, de modo que comencé a meterla y sacarla despacio sintiendo el roce con su anillo bien apretado a lo largo de toda mi verga. No aguanté mucho, estaba demasiado excitado y me descargué en ese culo apretado y luego me desplomé sobre su espalda y me quedé allí jadeando hasta que mi polla recuperó su tamaño normal.

- ¿Te gustó? - le pregunté.
- ¡Madre mía! - respondió - Pensé que nunca iba a terminar de entrarme. Es algo completamente diferente a recibirla por delante. ¡Cómo se siente!. Tal vez si uno lo hace con más frecuencia le cueste un poco menos alojar toda esa herramienta por la entrada trasera. Te aseguro que nunca pensé que eso me iba a entrar en el culo, me asombra en verdad.
- Si - le dije - ¿Pero te gustó o no?.
- No lo sé muy bien, duele un poco pero... como explicarlo... siento una satisfacción especial por haberla tenido allí, ¿entiendes?, Quizá un placer más psicológico que físico, pero la experiencia fue buena.
- Permíteme que te haga una pregunta - le dije.
- Adelante
- Para ser tu primera vez en algunas prácticas parecías saber como hacer las cosas - dije - Y no es que esté dudando que haya sido tu primera vez - me apresuré a agregar.
- Bueno, en realidad es mi primera vez en hacerlo pero no ignoro como hacerlas pues algunas veces cuando me he quedado sola, la curiosidad me llevó a alquilar algunos videos pornos para ver que cosas, además de las que yo conocía, se podían hacer en una cama con un hombre bien dispuesto, lo que pasa que esos videos además de sacarme las dudas me dejaban en un estado de tremenda excitación y con las ganas de practicar lo que había visto. Creo que en cierta forma son la causa de que estés ahora aquí.

Agradecí a esos videos y deseé que haya visto, además, algunas otras cosas que me gustaría hacer con esta mujer.

- No olvides que aún te faltan practicar algunas otras cosas - añadí.

Me miró, sonrió con picardía y dijo:

- Lo sé, además, debo repasar las recién aprendidas hasta que asimile bien las lecciones - contestó.

Por supuesto nos seguimos viendo un tiempo con mi vecina y durante las ausencias de su marido practicó muchas cosas conmigo. Se convirtió en una mujer creativa en la cama y cuando logró desinhibirse por completo fue una excelente amante y aún nos encontramos de vez en cuando para experimentar algunas de sus nuevas fantasías. Gracias por publicar mi testimonio y hasta otra.

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