![]() |
|||||||||||||||
Lo que voy a escribir a continuación es una aventura absolutamente real. Ocurrió hace unos meses, y no me había decidido a escribirla si no hubiera sido por la insistencia de mi amante. Me presentaré brevemente. Me llamo Javier y vivo en Valencia, mido 1,77, ojos verdes, pelo castaño, me conservo en forma porque practico deporte varias veces a la semana y me gusta cuidarme. Mi polla es muy grande, mide en estado de alegría más de 26 cm, es muy gordo y siempre ha causado una agradable sorpresa en todas las mujeres con las que he estado. Como decía, esta aventura me ocurrió hace varios meses. Estaba navegando por internet desde casa, sobre las 11 de la noche, con el messenger abierto, cuando me apareció el típico cuadrito en el que alguien te ha agregado a su lista de contactos. Yo acepté y a los pocos segundos se me abrió un cuadro de conversación. - Hola - me dijo - Perdona la intromisión, pero he encontrado
tu dirección en una página. La verdad es que en ese momento no tenía especialmente ganas de hablar porque andaba buscando en internet información sobre una legislación específica que necesitaba para mi trabajo, así que intenté con mi silencio no continuar con esa conversación y a la vez no ser maleducado. Pero insistió: - He leído tu contacto. ¿Y qué tal estás?. De todas las emociones que puedes expresar en un chat mediante las caritas o smileys, probablemente la más difícil de mostrar es el desinterés, porque si no quieres ser descortés y escribes una carita de tristeza, puede parecer lo que no es. Yo lo único que quería en ese momento era seguir trabajando, así que había decidido ser un tanto frío. Sobre todo porque parecía una experiencia ya vivida muchas veces: la de hombres que me preguntan sobre mi amiga para que les dé el teléfono y esas cosas. Y pensaba que quien me hablaba lo era. - Pues bien. Había dos posibilidades. O era un hombre que se hacía pasar por mujer o era realmente una mujer. Y como decía un profesor mío de la Universidad: "Nunca cierres una puerta", por lo que siguiendo tan sabios consejos decidí mostrarme un poco más atento por si sonaba la flauta. - Encantado Silvia. Yo me llamo Javier No me preguntéis por qué, pero algo me decía que aquella persona que estaba al otro lado del ordenador era efectivamente una mujer. Creo que es algo que se percibe, sin poder explicarlo. En ese momento y de manera inesperada, la línea telefónica se me cayó, el ordenador se colgó y tuve que apagarlo. Como era bastante tarde, decidí no conectarme de nuevo y marcharme a dormir porque estaba cansado y al día siguiente iba a andar bastante liado en el despacho. Aunque había quedado un tanto maleducado, imaginé que ella habría pensado que aquella desaparición repentina se había debido a un problema técnico y no a una descortesía. Al día siguiente no pude entrar en todo el día en internet,
pues anduve de reunión en reunión y prácticamente
había olvidado mi conversación de la noche anterior. Realmente
habían sido unos pocos minutos y no había sucedido nada
que hiciera mantenerse el recuerdo vivo en mi memoria. - Hola otra vez - dijo - Ayer me dejaste colgada. No querría haber resultado grosero. - No pasa nada. Imaginé que algo así había pasado.
Pero hoy a ver si tenemos suerte y podemos charlar un rato. Así seguimos durante un rato la charla, hablando de banalidades y temas obligatorios para dos personas que no se conocen. Me dijo que vivía en Valencia, como yo y además, según pude deducir, éramos casi vecinos, que era casada, 34 años, se describía como morena, bastante alta, delgada pero no demasiado y decía que trabajaba en una agencia de viajes. A simple vista y sin haber estado mucho tiempo conversando, daba buenas vibraciones. Parecía culta por su manera de escribir y expresarse y muy educada. De repente me soltó de golpe: - ¿Todo lo que cuentas en tu anuncio es cierto?. Ante preguntas tan directas uno normalmente no sabe como reaccionar. Aunque parezca lo contrario, soy bastante tímido incluso por chat, e incluso en esas situaciones en las que uno se puede desinhibir, yo me corto un poco. - Pues.... la verdad es que sí - contesté. Súbitamente la conversación se estaba tornando más picante. Así que decidí seguir el juego. - ¿Cuál es esa fantasía? Básicamente la proposición era la siguiente: quedaríamos
en un cine de nuestra ciudad, sin habernos visto previamente. Solo nos
habríamos descrito como íbamos a ir vestidos, aunque, y
esto era lo emocionante, podría ser posible que no respetáramos
lo dicho y fuésemos vestidos de forma diferente. Yo buscaría
una mujer sentada sola en el cine, que podría ser ella o no, si
fuera vestida de otra manera a la acordada, e intentaría seducirla.
Y ella se dejaría seducir por un hombre que podría ser yo
o no, si yo al final me vestía diferente. - Estoy de acuerdo - dije - Pero necesito antes que hablemos por teléfono
y despejemos dudas sobre nuestra identidad. Le di mi número de móvil y a los 15 segundos recibí
una llamada. Su voz, efectivamente de mujer, era muy dulce y acordamos
vernos a la tarde siguiente en un cine céntrico de Valencia, de
los pocos que quedan que aun echan películas de reestreno. Es un
local muy grande, con muchas zonas de especial oscuridad y que resulta
idóneo para este tipo de situaciones, de las que por cierto se
ven en este cine con mucha frecuencia. Ella iba a ir vestida con un vestido
marrón y botas altas de ante color beige, mientras que yo quedé
en ir con tejanos y jersey azul marino. La idea era no quedar a ninguna
hora en concreto sino dentro de un rango horario, con lo que la sensación
del anonimato seria más intensa. Cuando pude terminar, la hora me indicaba que tenia que salir corriendo
hacia el cine donde me esperaba Silvia, pues era ya casi el final del
intervalo de horas acordado. Dada la premura de tiempo, no tuve oportunidad
de pasar por mi casa a cambiarme de ropa así que me fui directamente
con mi traje y mi corbata, y entré disparado en el cine. Temí
que se hubiera marchado ya, y cuando pude acostumbrar mis ojos a la oscuridad,
vi como varias filas mas delante había una mujer sentada sola,
al lado de la cual había un hombre también solo y con un
asiento de separación por medio de ambos. Efectivamente, al poco tiempo el hombre intensificó su ataque
y se sentó en el asiento libre entre los dos, y por los movimientos
que se veían, parecía que estaban empezando a meterse mano
mutuamente. Yo tenia ganas de gritar, me sentía impotente de ver
como se me escapaba, pero tampoco iba a montar un lío presentándome
como el que verdaderamente había quedado con ella. Es mas, la posición
de voyeur tenia su morbo, por qué no decirlo. Era mi oportunidad. Me levanté y me acerqué a donde ella
estaba, sentándome en el asiento de al lado al suyo pero en la
fila de detrás. Ella giró la cabeza y me miró, y
me pareció ver un poco de cara de hastío, como si pensase
que era otro pesado que se le acercaba a meterle mano. Daba la impresión
de que hubiera llegado a la conclusión de que yo no aparecería
ya. Acercó su mano a mi polla y, cogiéndola, agachó sin decir una sola palabra su cabeza y se la metió entera lentamente en la boca. Su mamada era espectacular, su cabeza subía y bajaba sin dejar de mantener el contacto del interior de su boca con cada centímetro de mi rabo en todo momento. Mientras lo hacia me masajeaba los huevos con una mano y yo solo podía pensar en como evitar gemir demasiado fuerte para que no se notara dentro del cine. Estaba a punto de correrme, porque era una mamada como pocas me habían hecho en mi vida, a lo que se le añadía el morbo de la situación: una desconocida que se la estaba chupando a alguien que no sabia si era con quien había quedado. - Me voy a correr - le susurré. Ella, lejos de importarle, aceleró el ritmo y, justo cuando empecé a soltar el primer chorro de leche, sacó mi polla de su boca y se la encaró hacia la cara para que le salpicara entera, llenándosela de la leche que salía a borbotones por el calentón que llevaba. Ahora me tocaba a mí. Una butaca de un cine no es precisamente el sitio más cómodo para pegar un polvo, pero me moría de ganas de comerme a esa mujer y no me importaba lo incomodo que pudiera resultar hacerlo. De manera que me arrodillé delante de ella y le subí lentamente la falda, a la vez que descubría unas medias color crema sin liguero, de esas que se sujetan al muslo, y posteriormente unas braguitas de seda de color blanco. Se las quité del todo y me apareció su coñito, parcialmente depilado sobre todo por los laterales, y que brillaba por la excitación y la humedad que llevaba encima. Me lancé sobre él y empecé a devorarlo mientras comenzaba a introducirle un dedo que entraba con una facilidad pasmosa. Podéis imaginar la situación: ella, con toda la cara llena aun de semen e intentando reprimir el gemido que le provocaba mi comida de coño. Era alucinante. De pronto me cogió la cabeza con las dos manos, apretándome fuertemente contra su coño y, aunque no despegó los labios, noté como se corría porque la cantidad de liquido que poblaba su coñito aumentó repentinamente en mi boca. Me levanté y me senté a su lado. Estaba exhausta, y yo también. Abrió su bolso y sacó un pañuelo de papel que utilizó para limpiarse el semen que llenaba su cara. - ¿Eres Javier? - me dijo Los dos sonreímos. Me acercó la boca a mis labios y nos besamos durante un largo rato, de manera que mi polla consiguió ponerse otra vez a tono enseguida. Ella, que lo vio, me dijo: - Y ahora quiero que me folles bien. Sacó un condón y se agachó ligeramente para ponérmelo. Se subió la falda y se sentó a horcajadas encima de mí, metiéndose mi otra vez enorme polla lentamente en el coñito chorreante. La situación era comprometida porque en semejante postura nos podían ver muy fácilmente, pero... qué importaba, si nos lo estábamos pasando en grande. Subía y bajaba lentamente y se notaba que su orgasmo estaba cerca por lo que aceleró las embestidas contra mi rabo que cada vez crecía más. Fueron pocos minutos, al cabo de los cuales ella obtuvo una corrida espectacular de la que tuvo que reprimir el grito. Inmediatamente empecé yo a soltar nuevamente mi chorro de leche en su interior mientras le sujetaba el culo con las dos manos. Nos recompusimos la ropa y salimos del cine. Le ofrecí acercarla en mi coche a donde fuera, pero ella me rehusó diciendo: - Prefiero caminar, así me refresco antes de llegar a casa. Nos despedimos con un largo beso y al día siguiente me llamó por teléfono y volvimos a quedar. Ya os lo contaré. Besos. | |||||||||||||||