Laura, nos cuenta como termino su encuentro con Luis. Era el hombre que habia "escogido" para que la desvirgara.

Amiga Charo, te recuerdo que me llamo Laura, tengo 20 y te conté como fui hecha mujer por Luis un hombre cuyo rostro no era hermoso, tan solo era un rostro sincero, de cabellos y ojos oscuros, que bajo aquella triste luz que apenas alcanzaba a iluminar la habitación en la que se estaban desarrollando los acontecimientos parecían casi castaños, una frente ancha y una boca grande que no pretendía hechizar pero que enamoraba gracias a la sensualidad que desbordaban los carnosos labios que la conformaban.

Terminaba mi anterior relato diciendo que poco a poco y pausadamente Luis se fue meneando de adentro hacia fuera y cada envestida, cada sacudida dentro de mí era como vivir y morirme un poco, ese tierno y acalorado viaje me estaba volviendo loca. Rodeé con mis piernas su cintura, abrazándole con mis pies por su duro culo y me aferré al colchón para evitar ser despegada del lecho amatorio por sus empujones, mientras él, me sujetaba de las caderas, ayudándose para hacer más firme cada uno de los movimiento de sus caderas que impulsaban su taladro dentro de mí.
Traté de extraer la mayor cantidad posible de sensaciones positivas de la situación, ya no había vuelta atrás, el borrón y cuenta nueva no era una posibilidad para mí ya desgarrado himen, deseosa de sentir su verga todo lo más que pudiera, deseosa de sentir el mismo placer que anteriormente me había proporcionado la lengua de Luis, le apreté su polla dentro de mi coño todo lo que pude multiplicando su roce en mi interior.

Me admiraba su gran resistencia, su respiración no se alteraba en lo más mínimo mientras continuaba empujando su barrena dentro de mi cuerpo. Estuve a punto de dar un pequeño grito de dolor al penetrarme más hondamente, pero él, ducho en estos menesteres, debió notarlo y me agarró el clítoris delicadamente entre sus dedos, frotándolo con suavidad, casi con cariño, haciendo que mi dolor se fuera fundiendo en un pequeño gemido de gozo. Buscando un punto de apoyo me abracé fuertemente, con los brazos alrededor de su cuello, que parecía el de un toro de lo ancho y musculoso que era. En eso no tardé en sentir sus bolas golpeando mi chocho y sus piernas golpear contra mis nalgas, una nueva embestida y aquellos 24 centímetros de polla quedaron alojados completamente en el interior de mis entrañas. Estaba casi como ensartada y yo con un orgasmo prácticamente ya en el estomago a punto de bajar hasta mi coño.

Me besaba y acariciaba todo el cuerpo mientras me perforaba una y otra vez, acomodándose, me besaba el cuello y chupaba mis tetas, lamía mis pezones pero siempre sin dejar de penetrarme. Sus fuertes manos me tenían atrapada por las nalgas y a cada embestida me empujaba hacia su cuerpo atrayéndome hacia su clavo y me las apretaba con fuerza haciendo mas profunda la invasión de su polla en mis entrañas, una polla que me llegaba tan adentro que me parecía que me iba a partir en dos. Jadeaba indefensa intentando disfrutar de su placentero acoso, mientras, él comenzó a bombear más fuertemente. Yo estaba toda sudorosa y acoplada a su ritmo continúo:

- ¡Que dolor, me estás destrozando, cabrón! - alcancé a decirle.

Su tronco estimulaba mi clítoris al entrar y al salir me jodía la parte anterior de mi vagina. Comenzó a moverse endemoniadamente, como si estuviera poseído, mientras que su polla, como un pistón, se deslizaba hasta el fondo de mis entrañas. Entró hasta el fondo mismo de mi ser puesto que la excitación me dejaba toda lubricada, empezó a moverse muy rápidamente, a golpear fuerte mi entrepierna con su cuerpo, notaba su sudor, me estaba llenando de dolor y placer a la vez, yo lloraba y le pedía que terminara de una vez.

Me follaba intensamente, entrando y sacando su miembro con gran profundidad, me sacaba todo su ariete para hundírmela en el fondo de mi vagina hasta los huevos. Me sentí ultrajada, lastimada, violada, pero al mismo tiempo me invadió una oleada de gusto y de placer hasta que alcancé un orgasmo colosal. Parecía haberse infiltrado en la misma textura de mi ser impregnándome, una calma llena de fatalismo se había adueñado de mi, en parte fatiga y en parte resignada aceptación del movimiento de los engranajes del universo. Después de mi magnífico orgasmo yo parecía contemplar la escena desde un punto de vista muy distinto, observaba los acontecimientos como si mi alma se hubiera desprendido de mi cuerpo y flotara sobre el ambiente captando cualquier movimiento en la estancia.

Luis iba aumentando la velocidad de sus acometidas alternándolas con suaves movimientos circulares sacándomela de vez en cuando y volviéndome a penetrar con fuerza. Yo me sentía en un trance de placer inmenso, ya no quedaban huellas del dolor. Mientras yo disfrutaba perdiéndome en la extraña sensación de tener un hombre en mi interior, dentro de mi cuerpo, por vez primera, el placer que me causaba su gran miembro y sus manos, una en mi clítoris y otra acariciando mi monte de Venus sin descanso. Sus manos jugaban con todo mi cuerpo, bajaron por mi cintura y agarraron con fuerza mis nalgas. Su mano derecha bajó más profundamente, hasta llegar de nuevo a mi coñito, chorreante de placer. Sus labios seguían sin desprenderse de mi boca, me acarició la entrada de mi cueva, haciendo que una descarga eléctrica de placer recorriese toda mi columna vertebral en un segundo.

Luis comenzó a frotar más enérgicamente mi clítoris con sus poderosas manos, al tiempo que aceleró ligeramente el movimiento de sus caderas sacando y metiendo su polla de mi chocho más rápidamente.
De repente experimenté una nueva sensación hasta ahora desconocida, una que nació en mi ingle y subió hasta dejar atrás la cima de su columna vertebral para llegar todavía más arriba, directamente hasta mi cerebro recorriendo todos y cada uno de los músculos de mi cuerpo, un orgasmo que había nacido en el centro mismo de mi ser. Levanté los miembros temblorosos bajo la impresionante corriente eléctrica de aquella inesperada aportación sensorial y gemí. Y lloré de felicidad, de auténtica felicidad. Incentivado por mi apasionante corrida, el bruto enfebrecido en el cual se había transformado Luis, me entraba más duro, más rápido, enérgicamente, se acomodó de nuevo y me aplastó con su pesado cuerpo haciéndome abrir mis muslos al máximo, entregándole la virginidad de mis más ocultos rincones vaginales.

La fatiga fue ascendiendo lentamente por mi tensa columna vertebral y bajó por mis extremidades convirtiéndolas en pesas de plomo, dejándolas sin voluntad de movimiento. De repente me quedé tiesa, todo mí cuerpo en absoluta tensión mientras mi esfínter anal y mi vagina se contraían y dilataban en una descarga brutal de placer que iba in crescendo y me sumieron en un delirio, en un éxtasis que tan sólo con el sexo se puede lograr. El placer se apoderó de mí con demasiada fuerza para poder expresarme de modo coherente:

- ¡Aaaaah... aaaah... siiií... aaaah...! - fueron los únicos sonidos que logré articular mientras mi vista se nublaba, mis oídos dejaron de percibir sonido alguno y todos mis sentidos quedaron anulados por la infinita sensación de placer que me invadió.

Jamás había sentido nada igual, estuve al borde del desmayo sensorial. Aquello fue como un terremoto que desvelo un volcán saturado de actividad, reventando en una erupción de liquido ardiente, calor, fuego y placer. De un momento a otro, pequeños orgasmos comenzaron a llegarme, como las replicas que siguen a los grandes seísmos. Continuamos mucho rato así hasta que él me sujetó las caderas fuertemente y su cuerpo comenzó a temblar. Sus gemidos indicaban que la descarga era inminente.

- ¡Te voy a regar el coño, guarra! - gritó.

Su voz, sus gemidos, me llegaban ya como de muy lejos, desde un mundo al cual yo ya no podría regresar. Su salvaje grito me animó y exterioricé mi fabulosa cadena de orgasmos con toda la fuerza de la que eran capaces mis exhaustos pulmones. El placer era inenarrable y los gritos que di parecían multiplicarlos. Luis se corrió a los pocos segundos, su cuerpo sufría unos fuertes espasmos que estaban siendo transmitidos a todo mi cuerpo a través del vástago de 24 centímetros que se encontraba insertado en mi cuerpo hasta la mismísima entrada de mi útero, mis entrañas también se contraían bajo la violenta sacudida de Luis, esos espasmos iban seguidos de unos tremendos trallazos de semen y sintió la tibieza de sus chorros en mis entrañas, el caliente esperma inundaba mi coño, su copiosa corrida estaba inundándome por dentro.

Luis se deshizo en gemidos, aun con los ojos entrecerrados por el placer alcanzado y una sonrisa de triunfo en la cara, entonces relajé todos mis músculos, aflojé por completo la tensión a la que había sometido a los músculos de mi vagina y pude sentir como lentamente su polla se escurría de mi interior, abandonando mi coñito empapado, provocándome un delicioso cosquilleo en mi sexo y una increíble sensación de vacío, como si mi vagina su hubiese convertido en un inmenso boquete. Un hilillo de semen se escurrió suavemente por entre mis piernas.

Quedó tumbado encima de mí, besándome la oreja, abrazado, con sus manos aun apretando mis tetas, mientras yo me encontraba con los ojos cerrados. Tan solo una lágrima es captar de reflejar tanta pasión, tanto dolor, tanto sufrimiento y tanto placer. Aun estaba pensando lo que me había ocurrido cuando Luis me agarró la cara con sus sensuales manos y juntando sus labios con los míos me dio el más tierno y dulce beso que jamás me hayan dado mientras me acariciaba el rostro. Así estuvimos unidos unos momentos hasta que se levantó.

- ¿Cómo te sientes Laurita? - me preguntó Luis.

La voz del hombre llegó hasta ella como a través de un sueño apenas entrevisto. Yo aun jadeaba en una desesperada búsqueda de oxigeno, sin recuperar totalmente la respiración, aún sentía el latido de su sangre en mi sangre, aun sentía mi cuerpo recorrido por sus manos y el almibarado sabor de sus besos. Había sido desvirgada y no era nada fácil hablar después de sentir un gran miembro en mi interior, tan solo fui capaz de esbozar una pequeña sonrisa de satisfacción. Besos, querida Charo y hasta otra, si es que tengo algo nuevo que contar.

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