En un número anterior de la revista publicamos, con el título de "Cita con sorpresa", la primera parte de este testimonio en el que un marido cachondo logró, con cierta maña y gracias a un ordenador, que su esposa follase con otro hombre en su presencia.

Amiga Charo recordarás que somos Eduardo y Dolores, que yo tengo 38 años y ella 31. Llevamos cerca de 5 años de casados y nuestra relación en lo sexual es del todo normal, hasta que compramos una cámara digital y me aficioné a tomarle fotos cuando ella se estaba cambiando o incluso mientras se bañaba. Te conté que por fin hice realidad mi fantasía, conseguí iniciar una relación con Víctor.
En cuanto nos encontramos con él, Dolores estaba muy nerviosa, la conversación era muy agradable, pero ella seguía un poco "cortada", pero al cabo de un rato y cuatro ginebras, ella reía más relajada con las ocurrencias de ambos, así que él comenzó su ofensiva diciéndole de repente:

- Eres una mujer hermosísima y la más deseable que he visto jamás.

Seguimos con el buen humor, cada vez con más halagos y cada vez más calientes hasta que ella, en una ocasión, respondió a un halago con un: "gracias, guapo" y una caricia a la barbilla de Víctor sin bajar la mirada y con una sonrisa. El ambiente se había caldeado, ahora estaba seguro que iba a pasar algo. Al minuto él pidió disculpas para ir al servicio y yo me levanté diciendo:

- Te acompaño.
- ¿Cómo te sientes... como la ves? - me dijo él ya en el servicio.
- ¡De maravilla! - le contesté - Está cachonda, por eso, cuando lleguemos a la mesa y yo la bese, intenta meterle mano en el coño y no lo sueltes aunque ella te quiera quitar la mano.

Él aceptó y salimos del servicio, nos sentamos de nuevo, yo tomé a mi esposa de la cara y le planté un beso apasionado en la boca para continuar con el cuello al tiempo que le susurraba al oído:

- Ya no hay vuelta atrás, vas a dejar que te hagamos lo que queramos.

Ella me miró muy seria y cerró los ojos dándome un beso. En eso estábamos cuando noté un pequeño sobresalto en ella e instintivamente llevó la mano debajo de la mesa y quiso separarse ligeramente de mi boca. Fue cuando yo reaccioné, la apreté más contra mí y la besé apasionadamente y después de unos segundos, que parecieron minutos, ella comenzó a corresponder con igual intensidad a mi beso. Señal inequívoca que había cedido en la lucha de manos por debajo de la mesa. La seguí besando, bajando mi mano para acariciarle un muslo y noté que tenía las piernas totalmente cerradas. Seguramente no le estaba resultando fácil a Víctor pero cuando comencé a subir mi mano para acariciarle el coño, ella me la detuvo y con una cara deliciosa me dijo:

- No, ahora no, ya está ocupado.
- ¿Te están manoseando? - le susurré.

Ella contestó con un sí entrecortado y yo le dije, con mi mano en uno de sus muslos:

- Abre las piernas entonces.

Sin dejar de mirarme y mordiéndose los labios, noté como separaba sus piernas lo más que podía, acto seguido cerró los ojos y se apoyó en mi hombro escondiendo su cabeza. Daba la impresión de estar de espaldas a Víctor, pero la posición de sus piernas seguía como si ella estuviera sentada normalmente. En eso volví a notar un movimiento de ella y como que se levantó un poco para acomodarse, quedando prácticamente de espaldas a Víctor, yo me giré para verlo a él y me percaté que le metía ambas manos desde atrás y parecía que ella estaba sentada en las manos de él. Seguramente le acariciaba el coño y el culo a la vez.

Entonces miré a mí alrededor y vi que todo aquello era muy evidente. Cualquiera de los presentes se podía percatar con seguridad de lo que estaba ocurriendo, si no es que ya lo había hecho, así que con voz ronca por la excitación, les dije que nos fuéramos a la habitación. Ambos asintieron, pedí la cuenta y aunque Víctor quiso pagar, yo opté por firmar con cargo a la habitación. Cuando el ascensor se cerró, ella se apoyó en la pared y nosotros nos pusimos a su lado. Víctor le besaba el cuello y amasaba sus tetas y yo le masajeaba su coño y levantaba su falda. El viaje fue muy corto, los tres queríamos entrar rápidamente en la habitación, batallé para abrir, parte por las prisas parte por los nervios, entramos y ella se quedó parada, con los ojos cerrados, en medio de la habitación. Víctor se sentó en la cama mientras yo iba hacia ella, deslizaba su vestido hasta que cayó al suelo y vaya espectáculo con ese tanga, liguero y tacones altos. Estaba preciosa.

- ¡Que buen polvo tienes! - exclamó Víctor.

Se levantó y se puso él frente a ella y yo detrás, la besábamos y acariciábamos por todas partes, mientras ella nos sobaba la polla por encima del pantalón. Víctor y yo le decíamos muchas cosas calientes.

- ¡Te vamos a follar todos tus agujeros, te vamos a llenar de leche por entero... !

Ella lanzaba ligeras exclamaciones hasta que dijo:

- ¡Folladme toda, soy vuestra.

Acto seguido se arrodilló y comenzó a quitarle el pantalón a Víctor y yo hice lo propio con el mío, y entonces comenzó a mamarle la polla a él aunque de vez en cuando se giraba para mamar un poco la mía. Yo le decía a Víctor:

- ¿A qué la mama bien esta putita?
- ¡De maravilla, se la come toda! - contestaba él.

Ella hacia el esfuerzo de metersela toda, y yo seguí diciéndole a Víctor:

- Pues espera a que veas que bien chupa los huevos...

En aquel mismo momento, ella se lanzó hacia los huevos de Víctor lamiéndolos y chupándolos como nunca lo había visto. Estaba decidida a demostrar que era la mejor hembra. Al final la llevamos a la cama y ella empezó a mamarme los huevos mientras que Víctor, quitándole el tanga, se comía todo su coño para retirarse un instante y exclamar:

- ¡Tenías razón, vaya coño tan grande y mojado tiene esta putita! - después le lamió el culazo y añadía - ¡Qué culo tan apretado y gordo tiene, lo siento pero te lo voy a dejar muy abierto con mi polla!.

Ella solo asentía con gemidos, hasta que empezó a sentir la necesidad de polla porque se movió y se empinó ofreciéndole el panorama de su coño a Víctor. Todo lo hacía sin soltar mi polla. Estando así él se situó detrás de mi esposa y entonces yo le dije:

- Ahora sí, cariño, ofrécelo todo a Víctor.

Como pudo, sin sacarse mi polla de su boca, con sus manos abrió sus nalgas todo lo que pudo. Él apuntó su polla, la cual era como un tronco grueso y retorcido, y mirándome me preguntó:

- ¿Por donde?.

Yo miré a ella, que estaba con mi polla en su boca y le pregunté:

- ¿Por donde quieres que te la meta, mi vida?.

Ella soltó brevemente mi polla solo para decir:

- ¡Por donde sea!.

Casi me corro con su respuesta. Víctor la encaminó hacia su coño y se la ensartó de golpe. Ella lanzó un quejido pero siguió mamando. Víctor la embestía con tantas ganas que yo nunca había oído el chocho de mi mujer hacer tantos ruidos ni tan fuertes, el golpeteo contra sus nalgas parecían aplausos que se oían, seguramente no solo en las habitaciones de al lado, sino en todo el piso del hotel. Creo que para todos era evidente que se estaban follando a alguien. No supe si mi mujer se corrió ni cuantas veces lo hizo pero nunca la había visto así.

Al cabo de un rato que el bombeó se paró, me fijé que se estaba preparando para el banquete principal, encularla. Mi esposa ya solo me chupaba la polla esporádicamente concentrada más en la polla que tenía detrás. Mientras él se preparaba ella entendió que habia llegado el momento de que otro hombre la ensartara por su más íntimo agujero, otra polla se la follaría por su culazo, pero no hizo nada, solo apretó los labios para aguantar el dolor. Ella siempre ha sido muy sensible por ahí.
Víctor empujaba y ella también, pero aquello no entraba y cuando menos pensaba todos estábamos enfocados en una sola tarea, la de que Víctor metiera su polla en el culo de mi mujer. Yo ayudaba abriéndole las nalgas y metiéndole los dedos para relajarla, él se ensalivaba la cabeza de su polla y ella se empinaba más. Después del tercer intento, el esfínter cedió y la cabeza de la polla de Víctor desapareció en medio de quejidos de ella y algo que parecieron ser unos pequeños saltos para apartarse que no fructificaron porque yo la tenia agarrada firmemente de las caderas.

Víctor retrocedió y sacó su polla, la volvió a ensalivar y comenzó a meter su polla en ese culo ya dado y poco a poco la polla fue entrando más y mi mujer empujaba tan excitada que casi me corro en ese momento. Sus quejidos no parecían de placer sino de dolor, un dolor que le causaba mucha excitación. Entonces recordé la cámara, me levanté, fui a por ella y regresé para tomar la foto en el momento exacto en que Víctor la tenía ensartada por el culo hasta los huevos. La verdad es que le tomé varias fotos, inclusive algunas de la cara de mi mujer con los ojos cerrados, el ceño fruncido y mordiéndose los labios. Entonces le dije:

- ¡Ya está mi amor, ya estás bien ensartada por el agujero del culo!.

Pareció que le hubiera dicho una palabra clave porque comenzó a mover lentamente sus caderas hacia atrás y adelante. Víctor entendió el mensaje y comenzó un bombeo que fue agarrando ritmo hasta convertirse en algo envidiable-

- ¿Te gusta que te dé por el culo? - gritaba él.
- Siiiiií... - respondía ella.
- Dilo - decía él - ¡Grita dame por el culo, Víctor!.

Ahí me dio un poco de vergüenza cuando mi mujer gritó de aquella forma. Esta seguro de que todo el mundo oía aquellas palabras:

- ¡Encúlame Víctor, hazme tuya... todo mi cuerpo es tuyo!.

Eso me puso a mil y busqué meterme debajo de ella. Entendieron mis deseos, pararon un poco y me facilitaron colocarme donde yo quería y metérsela por el coño que estaba empapado. Enseguida ella ofreció el culo lo más que pudo y él la volvió a ensartar. Mi polla notaba la presión de la polla de Víctor en el interior del culo de mi mujer y como su cabeza rozaba con la mía tan solo separados por muy poca piel. Ella se movía a como podía y nosotros tratábamos de seguirla, pero en el mayor momento de excitación se me ocurrió una locura y le dije a Víctor:

- Vamos a sacar al pasillo a esta putita y follárnosla los dos allí.

Ella no estuvo muy de acuerdo, pero entre ambos la sacamos, nos apoyamos en una pared a pleno pasillo del hotel y ahí la ensartamos. Ella ahogaba sus quejidos y Víctor le decía:

- ¡Empuja fuerte putita, no tiene nada de malo que sepan que te gustan las pollas!.

Al poco tiempo ella cooperaba y empujaba hasta que, en eso escuchamos el ruido de una puerta y nos volvimos a meter en la habitación, ella se sentó en mi polla y se agachó hacia delante ofreciendo su culo a Víctor y este exclamo, antes de ensartarla:

- ¡Ya te dije que te lo iba a agrandar y la verdad es que ya lo tiene bien abierto!.

Debió ser cierto por que vi que de un solo empujón se lo metió todo. Volvimos a movernos y a decirle cosas obscenas hasta que no pudimos más, siendo yo el primero en correrme y después lo hizo Víctor. Nos quedamos un ratito así, los dos dentro de ella hasta que se fue al baño. Cuando salió iba ya sin las medias y totalmente desnuda, se acostó en medio de ambos con la cara frente a mí. No me dijo nada sus mejillas estaban totalmente coloradas y la cara desmadejada, me lanzó algo que quiso ser una sonrisa y se quedó dormida, los dos la abrazamos y nos dormimos también.

Por la mañana me despertaron unas caricias en mi polla, me giré y debajo de las sábanas estaba ella mamándole la polla a Víctor y acariciando la mía. Pronto nos excitamos y comenzamos de nuevo, nos la follamos y le dimos por el culo al menos dos veces cada uno y volvimos a repetir el bocadillo.
Al acabar, ella se metió en el baño, y luego Víctor, después me metí yo y cuando salí ella le mamaba por última vez la polla al amigo. Él la quería ensartar otra vez pero ella estaba muy dolorida y escocida así que solo le hizo la mamada mientras yo me la meneaba y les tomaba fotos. El se corrió en la boca de mi mujer y ella tragó lo que pudo en agradecimiento a tan estupenda noche.
No lo hemos vuelto a hacer pero el recuerdo de esa noche y las fotos, nos excitan mucho y ella dice con orgullo que es una excelente putita. Saludos y hasta otra.

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