![]() |
|||||||||||||||
Amiga Charo, Laura y Javier son amigos nuestros. Nos conocimos por internet y puede decirse que los iniciamos en el nudismo, un año después de que nosotros empezáramos. Nos reunimos de vez en cuando para comer y hablar, pero nunca habíamos hecho nudismo juntos, siempre nos habíamos visto vestidos. Pero el sábado pasado las cosas cambiaron. Nos invitaron a su casa para una comida en el jardín. El clima era tibio, el sol radiante y tal vez eso hizo que Laura sugiriera hacer una jornada nudista, por primera vez juntos los cuatro amigos. - Es el colmo - dijo - que habiéndonos conocido por el nudismo,
nunca lo hayamos practicado juntos. Cinco minutos más tarde estábamos de vuelta en el jardín con nada más que la piel por vestimenta. Debo confesar que Laura siempre me atrajo. Es una mujer joven, de la misma edad que Adriana, mi mujer, con una mata de cabello impresionante y un cuerpo en el que destacan sus pechos, grandes y firmes. Javier, por su parte, luce mejor desnudo que vestido, ya que a sus cuarenta y tantos mantiene un cuerpo fuerte, con barriga moderada y bastante bien dotado. Adriana es delgada con un cuerpo muy atractivo, de pechos pequeños, nalgas redonditas y piernas firmes y deliciosas. A mí me ayuda mi estatura y aunque hago poco ejercicio tengo una estética aceptable a la vista. Antes que nada Laura nos proveyó de loción bronceadora para protegernos del sol, que de inmediato procedí a untar en la espalda de Adriana, mientras Laura hacía lo mismo con Javier. Al cambiar los papeles, mientras mi esposa me aplicaba la loción y Javier hacía lo propio con su pareja, Laura me comentó con la mayor naturalidad: - No sabía que estabas completamente rasurado en tus genitales... se te ven muy bien. Siempre he querido que Javier se rasure, pero él se resiste, dice que tal vez sea incómodo. ¿Cómo te sientes tú así?. Sentí un calorcito en todo el cuerpo y no pude evitar una erección parcial que traté de ocultar girándome hacia Adriana, que me comenzó a aplicar la loción en el pecho y vientre, para constatar mi estado de excitación, que se incrementó cuando me aplicó el bronceador en la polla y testículos, mientras, contestaba pícaramente: - A Germán le gusta, pero me gusta más a mí, tiene sus ventajas, es higiénico, fresco y no corro el riesgo de tragarme un pelo, ¿verdad, vida? - y cogiéndome de los hombros me giró hacia Javier y Laura, para continuar - Además, hace que se vea más grande, mirad. Yo, que ya tenía la polla completamente tiesa, no tuve otra solución que tomarlo a broma y la tensión desapareció tan rápidamente como vino, aunque Laura retomó el tema: - ¿Desde cuanto vas así?. Bueno, vais, porque esa franjita
de Adriana no deja casi nada cubierto. Comimos y terminado el postre, Laura se volvió hacia Adriana. - ¿Qué necesitamos para el salón de belleza? - preguntó.
Adriana le pidió a Javier que se recostara en una cama, dejando sus pies en el suelo y las piernas entreabiertas. Luego, con movimientos certeros y profesionales, comenzó a recortar los pelos hasta dejarlos de menos de un centímetro de longitud. De vez en cuando, maniobraba con precisión los genitales de Javier, cuya polla ganaba rápidamente tamaño y dureza. - Ayúdame un poco, Laura, moja esta toallita con agua tibia y aplícasela a Javier para suavizar sus pelos, que ahora vuelvo. Adriana se fue hacia el baño y discretamente me pidió que la siguiera y ya adentro, cerró la puerta y me preguntó en voz baja: - ¿Hasta dónde quieres que lleguemos?. Lo último
que deseo es que te molestes, pero si he de serte sincera, me estoy excitando.
¡Mira, tócame! - dijo mientras llevaba mi mano a su coño,
cuya humedad y tibieza confirmaba su excitación. Regresamos al jardín hallando a Laura concentrada en humedecer pubis y genitales de su esposo. - ¿Cómo lo ves, ya está listo? - preguntó
Adriana. Las mujeres intercambiaron lugares y mi esposa comenzó a untar la zona con la espuma de afeitar con movimientos delicados que de inmediato excitaron a Javier. - ¿Ves? - dijo - Así está mejor. Tomando la maquinilla comenzó el afeitado mezclando el proceso con caricias casuales y bromas que nos tenían a los cuatro expectantes y divertidos. Juro que Javier casi no hablaba por no poder articular palabra, solo reía nervioso y contestaba con monosílabos o suspiros. - ¡Has quedado guapísimo, amor, gracias Adriana! - dijo Laura. Entonces Adriana le preguntó a Javier si tenía algún licor. - Claro, ¿lo prefieres en un vaso con hielos o en una copa, solo
- contestó él. Javier entró a la casa y volvió con la botella y unos hielos, acompañado por Laura, que con su piel aún húmeda se veía muy sensual. - ¿Os parece si brindamos por vuestros nuevos looks? - propuso
Adriana, y sin esperar respuesta preguntó - ¿Primero tú,
Laura?. Arrodillada comenzó a verter un finísimo hilo del licor sobre el vientre de Laura, que lentamente escurría hacia su coño, en donde Javier lamía con suavidad la bebida, poniendo a su esposa en un estado de excitación que me calentó de inmediato. Con gestos, Adriana me indicó que tomara un par de hielos y los aplicara sobre los pechos de Laura quien, con los ojos cerrados disfrutaba del momento respirando agitadamente. Me arrodillé junto a ella, del lado opuesto al que estaba Adriana y comencé a frotar los helados cubitos en movimientos espirales desde fuera hacia dentro, culminando en sus pezones. Cuando sintió el frío contra su piel, la excitación de Laura aumentó aún más y comenzó a acariciarse a sí misma, luego se le ocurrió buscar algo donde cogerse y encontró mi polla totalmente tiesa y dura. No se lo pensó, la cogió con firmeza pero sin atreverse a masturbarla, solo la agarraba con su mano. Adriana, dirigiendo magistralmente la escena, me hizo la seña de retirar los hielos, luego vertió pequeñas cantidades de licor en cada uno de los pezones, y lo extendió con su mano por ambos senos. - ¿Le invitas a un traguito a Germán, Laura? - y sin esperar respuesta se levantó y me situó inclinado a la cabeza de ésta. Comencé primero a lamer y luego a mamar ese par de portentos que durante tanto tiempo ansié ver desnudos y hoy no solo los había visto, sino que los tenía en mi boca con el consentimiento de mi esposa. Laura estalló en un orgasmo intenso y breve, tras el cual Adriana y yo nos retiramos discretamente para permitirle a Javier beber los fluidos corporales de su pareja. Pasado el trance, nos sentamos en la hierba y la pregunta generalizada fue, ¿quién sigue?. Más, por cortesía, sugerí que fuera Javier quien tomara el turno, aunque yo estaba ávido de recibir una buena mamada. Así que nuestro anfitrión se recostó y cerró los ojos pero para asegurarme que no vería nada, le coloqué en la cara una toalla y le pedí que no se la retirara. Comencé a verter el líquido en su vientre con el objeto de que Laura lo bebiera, pero las mujeres tenían su propio plan, pues fue Adriana quien se colocó entre las piernas de nuestro amigo y empezó a lamer el licor que escurría por las ingles. Javier, creo, estaba convencido que era su esposa quien estaba en esa posición, hasta que, su mujer, se arrodilló, tomó su polla y llevándosela a la boca, la chupó con fruición. Yo, aprovechando la posición que me presentaba Adriana, me coloqué tras sus nalgas y con mi miembro acaricié su clítoris y vulva mientras ella seguía en su labor de beber del cuerpo de Javier. Este intentaba levantar su cabeza para enterarse de qué estaba sucediendo, pero yo le decía: - Mantente quieto, no veas, solo disfruta amigo. Cuando las mujeres calcularon que era suficiente se retiraron a un tiempo, quitaron la toalla que cubría el rostro de Javier y le preguntaron retadoras: - ¿A ver, quién hacía qué?. Javier se quedó sin palabras, a lo que Adriana siguió: - Nunca lo vas a saber, siempre será una incógnita para
ti. ¿Puedo tomar una ducha rápida, Laura?. Adriana volvió pronto del baño, radiante, con las mejillas encendidas y una sonrisa invitante en el rostro. - ¿Quién va a querer más licor? - preguntó retadora. Javier y yo nos miramos a los ojos, dudando, hasta que él se atrevió: - ¿De veras no hay enfado, Germán?. Mi esposa se colocó frente a la pared, con las piernas bien abiertas, el torso inclinado hacia delante y las palmas de las manos apoyadas en el muro. Su espalda arqueada hacia dentro terminaba en sus nalgas más prominentes por la posición forzada. - Acuéstate entre mis pies, Javier, boca arriba. Germán, ¿puedes verter el licor en la mitad de mi espalda, por favor? Y Laura, tú ya sabrás que hacer llegado el momento - fueron las indicaciones que no admitían discusión. Javier tenía ante sus ojos el mejor panorama imaginable: el coño abierto de mi esposa directamente sobre él. El líquido comenzó a fluir en su espalda, bajando justo hacia el centro y cayendo en un fino goteo que nuestro amigo buscaba con su boca, lo que logró después de unos segundos de vacilación en los que el licor caía sobre su rostro. Luego Adriana llevó una mano hacia su coño y comenzó a masajear su clítoris. La esposa de Javier se montó en sus piernas y comenzó a mamarle la tranca dura, turgente, mientras, Adriana flexionaba sus piernas para colocar su coño directamente sobre la boca de Javier quien, sin desaprovechar la oportunidad, lamía labios y clítoris con pasión. Yo dejé de lado la botella y me fui a situar entre la pared y mi esposa, ofreciéndole mi polla, que parecía estallar. Adriana lo tomó en sus manos y boca, chupando, besando, lamiendo y gritando como pocas veces la había visto en mi vida. De pronto, Adriana estalló en un orgasmo salvaje que la obligó a sacarse mi polla de la boca. Cuando nuestros corazones recuperaron el ritmo normal nos acercamos a los dueños de la casa. - ¿Faltó algo? - preguntó Laura. Me tendí de espaldas y le dije: - Aquí... pónmelo aquí - y la invité con mi lengua. Se puso a horcajadas sobre mi cara y bajó su coñito, húmedo después de tanta excitación. Comencé a besarlo suavemente, luego a lamer los labios mayores que yo mismo había dejado tersos. Con delicadeza los abrí y con largos y lentos lengüetazos fui acercándome al clítoris, que respondió al instante poniéndose duro y saltando de su capuchón. No necesité mirar para saber que la tibieza y humedad que envolvían mi cipote erecto provenían de la vagina de Adriana que cabalgaba a paso lento sobre mí, justo antes de dispararse tres orgasmos simultáneos: los de dos hermosas y ardientes mujeres y el del afortunado que esto narra. Nos tiramos exhaustos sobre el césped. Adriana y yo abrazados y nos quedamos dormidos. Al despertarnos, una hora más tarde vimos venir a Javier desde la casa. No me había percatado de su ausencia durante nuestro "menage a trois" y mucho menos durante la siesta. - El baño está listo - nos informó. Fuimos al baño de su habitación y nos metimos los cuatro
un poco apretujados, en el jacuzzi lleno de agua tibia. Cada uno frotó,
acarició y besó a su pareja, ya sin la lujuria y la pasión
de momentos antes, más bien con ternura y paciencia. Besos y hasta
otra. | |||||||||||||||