Se habia quedado viuda hacia mucho tiempo y necesitaba un hombre que calmara sus deseos sexuales. Una conversación captada entre su sobrino y un amigo, la puso muy caliente y empezó a pensar la forma de poder satisfacer sus ganas de macho.

Hola Charo, me llamo Julia, tengo 40 años, viuda y vivo con un sobrino al que por circunstancias de la vida amamanté y crié. Tiene 18 años y se llama Raúl. Soy una mujer muy exuberante, ardiente y liberal, siempre voy por casa muy ligera de ropa y un día descubrí que, sin yo quererlo, había provocado en mi sobrino el deseo sexual.

Empecé a notar las miradas de mi sobrino de una forma diferente, las sentía en mis grandes pechos, en mi redondo culo, en mis gordos muslos y un día me desaparecieron unas braguitas que encontré entre la ropa de mi sobrino todas llenas de manchas. Estaba claro que se había corrido sobre ellas. Esto me excitó sobre manera y me tuve que masturbar. Pero lo definitivo fue un día que escuché una conversación entre mi sobrino y un amigo suyo llamado José. José le decía a mi sobrino:

- Joder, no me extraña que tengas problemas con las tías y no quieran follar contigo con el pedazo de polla que tienes, las partes en dos y para una que se la traga se la quieres clavar por el culo. Déjate de niñas pijas, lo que tú necesitas es una hembra madura, una casada o una viuda y te aseguro que hay muchas mal folladas y necesitadas de una buena polla.

Aquello me dejó pensando en qué tamaño de polla tendría mi sobrino y no podía quitármelo de la cabeza.

Un día llegué a casa antes de lo previsto, entré sin hacer ruido y vi la luz de su habitación encendida, me asomé y allí estaba mi sobrino con una de mis bragas en la nariz y haciéndose una tremenda paja a mi salud. ¡Y que polla tenía!. Era enorme, dura como el hierro. En el acto noté que se me mojaba el coño y las piernas me temblaban así que me fui a mi habitación y me desnudé sin poder quitarme de la cabeza esa enorme polla. Volví a su puerta, él seguía con su paja y mi chocho era un río. Metí las manos en mis braguitas y me acaricié la almeja justo en el momento en que su polla lanzó un potente chorro de semen sobre su pecho y otro y otro, aquello parecía una manguera. ¡Que cantidad de semen soltó y con que fuerza!. Se limpió con mis bragas y fue al servicio. Tenía un cuerpo espléndido con su badajo colgando entre sus piernas que, aún teniéndolo flácido era enorme, con un gran capullo al descubierto y unos enormes cojones.

Me fui a mi habitación y con la imagen de mi sobrino en mi mente, metí mis dedos en el coño mientras con la otra mano me apretaba los pezones. Pero me sentía vacía así que saqué un consolador y pensando que era la polla de mi sobrino, me follé con violencia teniendo una gran corrida que me tranquilizó.
Desde este día todos mis pensamientos estaban en descubrir la manera de meter a mi sobrino en mi cama y que él metiese toda su polla en mi coño y culo. Pero no encontraba la forma y día tras día me masturbaba sin cesar. Tenía el coño lleno de caldos y escocido de tanto meterme consoladores, los pezones doloridos e incluso me desvirgué el ano, primero con los dedos y luego con el consolador. Estaba en celo constante, necesitaba ser poseída por un buen macho. Y este lo tenía en casa.
Era sábado y durante la cena mi sobrino se mostraba muy contento, había estado tomando copas con los amigos y se encontraba un poco alegre. Pensé que podía ser el momento de animarle un poco más y llevármelo a mi cama así que saqué una botella de buen vino y Raúl se fue animando.

Después de la cena serví café y un licor, puse música, fui a mi habitación, me puse mi más fina lencería, medias negras con liguero y unas minúsculas braguitas que dejaban ver los pelos de mi coño, me perfumé todo el cuerpo y encima una bata de seda azul. Así empezó el preludio de acercamiento de una caliente hembra hacia el macho que tenía que cubrirla. Me senté frente a mi sobrino en un sillón, crucé y mis muslazos quedaron al descubierto y cuando me agachaba a coger el vaso se me veían gran parte de mis abundantes tetas. Raúl no quitaba ojo de todo lo que su tía le estaba enseñando. Al terminar el disco me levante para poner otro y le invité a bailar. Raúl dijo que no sabía y yo le contesté:

- Pues ya es hora de que te enseñe.

Le agarré de las manos para que se levantase y en ese momento mis pechos quedaron al descubierto. Al empezar estábamos separados, pero me fui arrimando al cuerpo de mi sobrino con toda la delicadeza que mi calentura de hembra en celo me permitía, y después de varios minutos bailábamos totalmente abrazados y muy juntos. Yo había desplegado todas mis armas de mujer. Le tenía clavadas mis tetas en su pecho y metía mi pierna entre las suyas sintiendo en mis calientes muslos el palpitar de su verga que aumentaba de tamaño por segundos.

Al final le besé en la boca y le metí la lengua en lo más profundo y él, animado, me sacó los pechos y sus labios buscaron mis pezones que tenía erectos de lo caliente que estaba. A continuación y con sus manos, me quitó la bata, dejándome completamente desnuda. Yo le quité la camisa y los pantalones, después le quité los calzoncillos dejando al descubierto la mayor polla que yo había tenido nunca en mis manos.

Mi sobrino seguía mamando mis pezones hasta que yo me arrodillé contemplando la enorme polla que tanto deseaba tener dentro de mi, le saqué el capullo y con la lengua le di una lamida a todo alrededor siguiendo por todo el tronco hasta llegar a sus tremendos cojones. Me metí uno en la boca y le di pequeños mordiscos, ascendí con mis lamidas, me metí el capullo en la boca y fui tragando la enorme verga hasta que el capullo tocó mi garganta. Yo estaba completamente mojada, mis caldos me resbalaban por los muslos, parecía un río y mi sobrino me decía:

- Chupa tía, chupa gran puta, ¿cuántas te habrás tragado para hacerlo de esta manera?. Sigue, mama, sigue que me corro...

En el acto saqué la polla de mi boca, le llevé a mi cama y le dije que se tendiese. Raúl quería metérmela en el coño pero yo le dije que me dejase hacer para así poder gozar y disfrutar más ya que teníamos todo el tiempo del mundo. Nos colocamos en la posición del 69, Raúl no paraba de comerme el coño, metiéndome la lengua en lo más profundo de mi vagina, mientras yo le hacía una mamada a fondo.
Mi sobrino ya no aguantaba más, se incorporó y abriéndose de piernas me montó metiendo de un solo golpe toda su enorme polla en mi caliente coño. Relajé los músculos de mi vagina para que aguantase y corrernos juntos y así me folló con fuerza y cuando vi que se ponía rígido le presioné la polla con mi coño y empecé a sentir una riada de leche que me quemaba las entrañas, teniendo uno de los mejores orgasmos de mi vida

- No la saques, mi amor - le dije - déjala dentro que no quiero sentir el vacío que dejarás al sacarla.
- Sí, tía, te la dejaré dentro todo lo que quieras, tu coño está muy calentito - contestó.

Cuando me la sacó la tenía toda pringosa de mis jugos y su semen y con mi lengua le hice una limpieza a fondo. Durante el resto de la noche. Mi sobrino me cubrió entres ocasiones más. Fue maravilloso cuando me tomó a estilo perro agarrado a mis pechos y sintiendo sus cojones golpearme las nalgas. Solo dormimos dos horas y cuando me levanté me salía leche del coño tan abundante que me corría por los muslos.

Momentos después me encontraba en la cocina preparando el desayuno. Estaba desnuda, solo tenía puesto un picardías que me cubría hasta la mitad en mis nalgas, cuando vi que mi sobrino entraba en la cocina. Iba completamente desnudo y con la polla como una lanza. Raúl se arrimó a mi por detrás y me hizo sentir entre sus muslos su enorme verga, metió la mano por debajo del picardías y me dijo:

- Abre las piernas que te la voy a meter hasta los huevos.
- Vamos a la cama, cariño - le dije.
- No - me contestó - quiero poseerte aquí y en esta posición.

Noté el capullo entre los labios de mi sexo y como lenta pero firmemente iba tomando posesión de mi coño.

- ¡Que buena estás, como gozo follándote! - me decía - ¡Que gustazo tener clavada a una tía tan buena como tú... toma polla, goza de tu macho, córrete puta y recibe mi caliente leche!.

Vaya si la recibí. Que polvazo me metió en mi cuerpo, me dejó rendida y plenamente satisfecha pues me había provocado tres orgasmos. Pasamos todo el día desnudos por casa y en un estado de calentura constante, nos abrazábamos, me restregaba la polla por todo el cuerpo y se la mamé, pero no jodimos hasta la siesta, en la cual fui cubierta nuevamente en dos ocasiones.

Por la noche y como era de esperar, entregué mi culito a mi sobrino, que ya había intentado penetrarme en otras ocasiones, la primera penetración me produjo dolor pero pronto se transformó en placer al sentir como mi culito se abría a medida que su verga me iba penetrando y cuando sentí sus huevos golpearme en las nalgas, me llegó el orgasmo. Me convertí en la amante de mi sobrino, en su puta particular, me cubría a cada momento, en casa siempre tenía que estar con ropa muy golfa, la mayor parte de las veces en tanga y medias pues esas prendas le volvían loco y era raro el día que mi sobrino no me hacía tres o cuatro montas. Me tenía encelada. Espero poder seguir contándote más cosas, Charo, y ahora recibe un beso de esta feliz pareja.

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