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Querida Charo, terminé mi relato tras haber gozado los dos a tope
pero diciéndole a mi amiga que había deseos y peticiones
de carácter sexual que durante muchos meses nos habíamos
formulado y teníamos que satisfacernos recíprocamente. Algunas
ya habían sido cumplidas. Ella por fin había probado el
sexo anal que tanto le picaba la curiosidad y además en la bañera.
Por mi parte, yo había conseguido hacerle el amor, intentando demostrarle
que realmente la quería, a mi manera. Salimos de la ducha y nos secamos el uno al otro rápidamente, Cuando terminamos la cogí en brazos y regresamos a la habitación. La acosté sobre la cama y tras besarla me acerqué a la mesilla y abrí el cajón del que saqué unas vendas. Con ellas até sus muñecas a la cabecera de la cama manteniendo sus brazos separados por encima de su cabeza. Cuando hube terminado de atarla me quedé contemplándola. Sus piernas cruzadas ocultaban su rajita y su espalda arqueada hacía resaltar sus duras tetas. Entonces saqué una ancha cinta negra y antes de que pudiese rechistar le vendé los ojos. Insistió en sus protestas intentando revolverse en la cama a pesar de las ataduras. Entonces me incliné y la besé introduciéndole la lengua hasta la garganta a la vez que pasaba mis dedos sobre su monte de Venus, hasta que poco a poco fue serenándose. Cuando se hubo relajado fui besándola el cuello, el pecho, el vientre. Instintivamente Cristina se abrió de piernas para que le comiese el coñito pero me incorporé y me situé de rodillas a su lado. Entonces me agarré la polla con la mano izquierda, procurando que ninguna otra parte de mi cuerpo entrase en contacto con el suyo, y empecé a restregar la punta del glande sobre los pezones de mi joven amiga. Por el movimiento de sus cejas me di cuenta de que no sabía que era aquello que tocaba su piel. Lentamente fui guiando la cabeza de mi pene sobre su pecho desplazándola poco a poco sobre su cuello hasta llegar a su boca. Cuando la situé sobre sus labios estos se entreabrieron y su lengua emergió entre ellos para lamerme la punta. Entonces volví a mover mi polla restregándola esta vez por su mejilla mientras mi amiga giraba la cabeza buscando anhelante con su boca. Permanecí jugando a aquel juego durante un breve rato hasta ponerla caliente. Entonces me desplacé hasta situarme entre sus piernas. Una vez allí le levanté las piernas hasta que estas descansaron abiertas y dobladas sobre su pecho y entonces sin decir media palabra le metí la polla hasta lo más profundo del coño. Cristina ahogó un grito en el instante en que mi tieso miembro entró como un ariete en su chochito. Prácticamente tumbado sobre ella empecé a follarla lentamente
intentando llegar hasta lo más profundo de su cueva para sacarla
seguidamente casi del todo. Mientras la follaba observaba como sus labios
vaginales se replegaban o se abrían permaneciendo completamente
abiertos al sacársela, como si anhelaran el regreso de mi enhiesta
polla al interior de aquel suave y delicioso coñito. Moviendo la pierna estirada hacia la otra invité a que Cristina
finalmente descansase sobre un costado izquierdo con las piernas ligeramente
dobladas como si estuviese sentada, aunque con los brazos alzados debido
a las ligaduras. Entonces me situé también de rodillas frente
a su húmeda entrepierna y tras restregarle unas cuantas veces la
polla desde ahí hasta el trasero, se la metí en el coño
jodiéndoselo lentamente mientras me apoyaba erguido con ambas manos
sobre su cadera sin dejar de mirar como se bamboleaban sus tetas. Después
de tantos años, aún no sé porque me gusta tanto esa
postura. Bueno, en realidad, esa y alguna otra en la que la polla entre
ladeada en el coño. A partir de ahí perdí la percepción visual de lo que aconteció a continuación pero noté que mi joven amante se situaba entre mis piernas y me asía el miembro con una mano. La siguiente sensación me hizo intuir indiscutiblemente que la palma de su mano derecha acariciaba mi glande como había hecho un rato antes en la bañera. El resultado fue asimismo idéntico. Mi empalmado nabo empezó a latir de placer y mi cuerpo empezó a agitarse sin poder contenerme. Momentos más tarde sus dos manos aferraron mi pene y una inconfundible húmeda lengua se deslizó a lo largo de él desde la punta hasta los testículos. Luego, de repente, aquella húmeda caricia cesó. Durante un breve lapso de tiempo no ocurrió nada. Luego sentí que mi amiga se movía por la cama e inmediatamente después se sentaba sobre mi vientre. También noté que sus pies se situaban a ambos lados de mis muslos y sus manos lo hacían a ambos lados de mi pecho. Me di cuenta entonces de que se encontraba sentada mirando hacia mis pies. Poco a poco Cristina fue deslizando su trasero sobre mi vientre hasta que mi polla apuntó directamente hacia su entrepierna. Entonces la aferró con una mano y la guió hasta su coñito empalándose con ella. A continuación volvió a apoyarse sobre ambas manos y tras reclinarse hacia atrás empezó a follarme lentamente. Aquello era impresionante. Hubiera dado cualquier cosa por tener un espejo
a los pies de la cama y poder contemplar reflejada en él a Cristina
empalada en mi polla, observando cómo su depilado coñito
la engullía literalmente. Era otra postura que me ponía
cachondísimo. Más caliente aún me puse minutos más
tarde cuando noté que con una mano se acariciaba el clítoris
mientras me cabalgaba con auténtico frenesí. Disfruté
durante un buen rato mientras intentaba con todas mis fuerzas no correrme.
Cuando no vi que no podría aguantar más le pedí que
se saliese. Contemplé ensimismado aquellos labios enrojecidos por el roce de mi polla y noté también el calor producido por ese mismo roce, así que inmediatamente procedí a aliviarle de aquel calor con la humedad de mi lengua. En cuanto empecé a magrearle el clítoris con ella, Cristina engulló mi polla y empezó a mamármela lentamente. Ya no podría decir nunca más que mi joven amiga era una inexperta porque me estaba haciendo la mejor mamada de mi vida. Había momentos en que no podía comerle el coño debido al intenso placer que su boca me proporcionaba, aunque enseguida volvía a mi tarea para no defraudarla. Después de un buen rato de comérmela sin apenas utilizar las manos, procedió a meneármela con autentica furia al tiempo que me pedía que me corriera. Le contesté entre jadeos que quería correrme con ella. Ella me anunció que estaba a punto. A modo de respuesta le comí la almeja como un poseso, mientras mi cuerpo temblaba anunciando el inminente orgasmo. Cristina me volvió a animar, aunque yo ya no lo necesitaba, diciéndome que quería ver saltar el semen a su cara. Aquello ya me puso a cinco mil por hora y cuando me llegó el orgasmo me contuve durante un momento, mientras se lo anunciaba a mi amiga. A continuación dejé de contener lo incontenible y un estupendo chorro de tibio esperma broto de mi polla hacia el rostro de Cristina que inmediatamente después volvió a engullir mi polla para chupar el resto del semen. Cuando terminó con la última gota se volvió hacia mí para enseñarme su cara salpicada de mi blanca leche. A continuación se tumbo a mi lado para descansar abrazada a mí. Tras fumar un cigarrito juntos me anunció que tenía que volver al camping. Nos vestimos y me ofrecí a acompañarla. Caminamos de la mano por la playa que estaba preciosa por la noche, casi mágica. Cuando me preguntó de repente si había visto cumplidos mis dos deseos le dije que efectivamente así había sido. Pero añadí que todavía faltaba uno por ver cumplido y que ese no era mío exclusivamente sino de los dos. Intrigada, me preguntó qué deseo era aquel. Yo le pregunté si se acordaba de cuando nos conocimos. Tras pensar unos segundos sonrió: - ¿En la playa? - preguntó. - ¿Qué te parece mañana por la noche? - le pregunté
yo entonces. Pero eso lo dejo para el próximo relato. Saludos y hasta pronto. | |||||||||||||||
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