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Querida Charo, tengo una empresa de limpieza y mantenimiento de oficinas
y en una ocasión, hace ya tres años, encontré a Hugo,
un primo mío que hacía años que no veía y
lo invité a trabajar conmigo pues me contó que en aquellas
fechas se había quedado sin trabajo. Le ofrecí el puesto
de supervisor, a lo que él pronto aceptó. En aquel entonces,
él era un tipo de 37 años y me contó que llevaba
5 años de casado y tenía un hijo. Pronto empezó a
ganarse mi confianza y se convirtió en mi brazo derecho. Como a los tres meses de esa fiesta mi secretaria consiguió un mejor trabajo y me avisó que se iría de la empresa. Mi primo, al enterarse, me pidió apoyo para que Viviana entrara a cubrir el puesto, pero yo le pedí que me diera un tiempo para pensar si realmente necesitaba cubrir ese puesto o lo dejaba vacante por un tiempo pues la situación de la empresa no era muy buena en aquel momento, pero más que nada le dije esto únicamente para disimular, pues su idea me agradó muchísimo ya que en las pocas fiestas familiares en las que habíamos coincidido, cada vez más llamaba mi atención aquella bella mujer y me agradó la idea de tenerla en la oficina, pues aunque mi antigua secretaria no estaba mal, Viviana era mil veces más atractiva. Le pedí a mi primo que la citara a la siguiente semana para entrevistarla,
pero también programé una cita para él en el mismo
horario para estar solo con ella y poder hablar a gusto, además,
realmente quería ver su preparación, pues Hugo me había
dicho que tenía estudios de administración de Empresas,
pero que desde que nació su hijo no trabajaba, y realmente el puesto
necesitaba a una persona capaz. Pasó un año y la verdad se fue ganando mi confianza ya que su trabajo lo confirmaba e incluso le delegué muchísimas cosas más, por lo que, a mi me empezó a quedar mucho tiempo libre, y pude dedicarme a la expansión de la empresa. Para ese entonces Hugo ya era mi gerente de ventas y me apoyé mucho en él para viajar juntos e investigar el mercado del interior y en algunas ocasiones viajábamos cada cual por nuestro lado, así abrimos 3 oficinas, a una de las cuales él se iría como responsable y obviamente se llevaría a su mujer. Siempre había notado que Viviana se intimidaba un poco en mi presencia y no sabía si era por respeto o por otra cosa, pues también ya había notado que continuamente rondaba por mi oficina y por supuesto que cuando coincidían nuestras miradas nos reíamos o yo le guiñaba el ojo, pues soy bastante coqueto, así que en una ocasión que Hugo salió de viaje, la llamé y en mi oficina le empecé a preguntar que porque siempre estaba nerviosa a lo que, por supuesto, me dijo que no lo notaba y que actuaba normalmente, sin embargo yo insistí y entre broma y broma le empecé a tomar un poco el pelo. Ante esto ella, sin pensarlo, me respondió que si, que la intimidaba mucho, pero sus ojos decían más que eso, así que le seguí preguntando cosas, pero ella con su mirada me decía que no estaba a gusto en mi oficina, así que le dije que entonces fuéramos a hablar a otro lado para que se sintiera a gusto y me contara el porqué de su desconfianza hacia mi. - No, no es desconfianza, pero sí, vamos a otro lugar - me dijo. La invité a comer y ya en el coche, le seguí insistiendo, pero ella solo me miraba con ojos de pena y no me decía nada, hasta que por fin ya casi cuando llegábamos al restaurante me dijo lo que le pasaba: - Es que no se como decirlo, me da pena y no sé que vas a pensar
de mi. Al oír esto solo le dije que estaba loca, que era mi prima, pero ella solo contestó: - ¿Yo no te gusto?. He visto cómo me miras y sé
que por lo menos llamo tu atención. En fin, pasamos un rato muy cachondo hablando de lo que nos atraía
de cada uno y de vez en cuando en mi oficina le preguntaba que si ya se
le había bajado la calentura, a lo que siempre me contestaba que
no, que ahora sentía más deseos de estar conmigo. Pero lo
que a mi me detenía era mi primo. ¿Como le iba a hacer algo
así?. Aunque os aseguro que por su mujer bien valía la pena
arriesgarse. En ese momentos las palabras entre nosotros eran bastante cachondas y de vez en cuando yo le acariciaba la cintura y ponía mi mano en su espalda, así que ahora que estábamos completamente solos y que así estaríamos por muchas horas más, le dije al oído: - Te voy a dar tu despedida. Ella se giró y sin pensarlo nos empezamos a besar apasionadamente. Así estuvimos por un buen rato y además de acariciarnos, yo solo le decía: - De verdad que si Hugo no fuera mi primo, en este mismo momento te hacía
el amor. Pero mi lealtad hacia él me detenía, así que ella tomó la iniciativa y me dijo: - Si te preocupa hacerlo, entonces solo déjame hacerte pasar un buen rato. Se arrodilló ante mi, bajó el cierre de mi pantalón y sacó mi polla, que para entonces ya estaba muy dura, y dijo: - No es mentira lo que dicen de ti, estás muy bien dotado. Ella había hecho amistad con una amiga cariñosa que me
frecuentaba mucho antes de casarme y que seguramente le habló de
nuestras aventura. Viviana me hizo la mejor mamada que jamás me
hubieran hecho y la verdad es que disfruté mucho aquellos momentos
pues mi "primita" resultó toda una experta. Lamentablemente
no pasó nada más en aquella ocasión pues mi lealtad
a mi primo me detenía y aún más, mis pocos meses
de casado, me impedían engañar a mi esposa en tan poco tiempo. De vez en cuando yo viajaba para allá, pero siempre estaba Hugo
ahí, así que empecé a planear como hacerlo para poder
estar con ella y enviarlo a él a otro lugar. Al final organicé
unas juntas bimestrales con los gerentes de ventas de cada sucursal para
que asistieran mis cuatro gerentes, con la intención de que Viviana
se quedara sola en su agencia para poderla visitar. Llegamos al hotel y en cuanto pasamos a nuestra habitación empezamos a besarnos y a quitarnos toda la ropa pues teníamos muchos deseos reprimidos durante meses para poder estar juntos y esa era la ocasión. Me volvió a hacer una gran mamada, chupándome toda la polla y los huevos. Con una mano me agarraba la base del pene y me masturbaba con movimientos lentos y rápidos de arriba hacia abajo, de molinillo, mientras la otra me acariciaba los huevos y con su boca y su lengua jugaba con la punta de mi polla y se comía todo lo que de ella salía. Logró mi primera eyaculación y se la tragó entera y cuando terminó, fue mi turno. Me arrodillé ante ella, que estaba ya acostada boca arriba, y
empecé a darle su merecido. Nunca había oído a una
mujer gemir y gritar tanto de placer, moverse y en general disfrutar tanto
como ella en ese momento. Pero sus gemidos y gritos solo lograban excitarme
más, de modo que no paré hasta lograr su primer orgasmo
y en ese momento ella me pidió que la penetrara, que la hiciera
suya y que le diera muy duro, así que le introduje de un solo empujón
toda mi verga, arrancándole un tremendo grito que seguramente escuchó
todo el hotel. Ella, inmediatamente, se giró y empezó a limpiar mi verga
logrando que no se desinflara y después de haber conseguido otra
gran erección, me acostó boca arriba y me montó dirigiendo
mi polla con sus manos para que lo introdujera nuevamente en ella. En
esta ocasión ella hizo todo el trabajo y vaya que si se sabía
mover, pues me hizo disfrutar como nunca antes mujer alguna lo había
hecho. - Que cara llevas, habrás ligado con una chavala bien fogosa. Con una mirada de afirmación, solo le dije que si, pensando entre dientes, las chavalas sí, pero tu mujer no se les compara en nada. Saludos a los lectores y muchos besos para ti, Charo. | |||||||||||||||