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Este verano, amiga Charo, junto con mi mujer pude comprobar el altísimo erotismo que provocan las distintas ciudades y rincones de Italia, sobretodo su famosísima costa amalfitana, en la que Positano, una ciudad enclavada en sus montañas frente al mediterráneo, es el paraíso ideal para los cachondos y enamorados como lo constata la historia. Y también pude comprobar el por qué tantas mujeres tienen esa debilidad por los hombres italianos. Después de las horas que se necesitan para llegar hasta allí
buscas el extraordinario remedio de un buen masaje, cosa que hago con
frecuencia en mis viajes y que francamente disfruto muchísimo,
aunque no así mi mujer que siempre me ha demostrado que los masajes
no son su fascinación. A ver entrar a Giulliano de inmediato pude presentir que algo pasaría esa tarde, ya que era exactamente el tipo de hombre que sé que le gusta a mi mujer, el típico que parecen más modelo de revista que otra cosa. Instaló su cama de masaje frente a mi cama, me pidió que me recostara boca abajo y empezó su servicio, que debo reconocer que era excelente. Mientras tanto oí que mi mujer entraba al de año y luego, al salir, se recostó sobre la cama a "leer" o a admirar a Giulliano que se había quitado la chaqueta y el suéter y dejaba ver su muy bien formado y atlético cuerpo. Con gran calma y tomándose su tiempo, acabó de darme mi
masaje de una hora y pude ver, mientras lo hacia, a mi mujer recostada
en la cama, en bata y muy poco atenta a las aperturas de la misma que
dejaban ver parte de su estupendo cuerpo. Todo eso me calentó muchísimo
y sabía que en cuanto terminara mi masaje nos pondríamos
a hacer el amor. Al terminar, por puro tramite y sabiendo que no le gustaba,
le pregunté a ella si quería darse un masaje y ante mi asombro
aceptó gustosamente. Eso me calentó, sobre todo al ver que
cuando se recostaba en el camastro estaba totalmente desnuda. Me recosté en la cama en bata a leer un poco, pero entre el morbo
de ver la sobada que le metían a mi mujer y a la vez el gusto de
que lo estuviera disfrutando, me hizo imposible leer más de tres
páginas en la hora que duró el masaje. En más de
dos ocasiones Giulliano me miraba para ver como aceptaba su trabajo lo
cual, obviamente, hice. Obviamente después de las nalgas continuó en la espalda y cabe aclarar que todo esto transcurrió con gran calma y detenimiento en cada parte, pero, no pude evitar que se me levantara la polla y se me saliera de la bata cuando lo vi acariciando el contorno de sus pechos. Ahora yo esperaba el momento de que ella se diera la vuelta y eso no me lo quería perder. Cuando lo hizo el masajista la vio entera y sé que le encantó porque se le marcó claramente la erección en sus tejanos. Me preocupó pensar la clase de miembro que probablemente saliera pronto de allí. Mi mujer estaba como hipnotizada, como dormida gozando de su masaje, en ningún momento abrió los ojos. Se limitó a sentir esto y lo que estaba por venir, masaje de piernas, masaje de brazos y manos que al recargarlas en su musculoso pecho pude ver como ella discretamente acariciaba. Me lo quedé mirando y le señalé los pechos, a lo que él, con cara picarona, me dio a entender que si le daba permiso y con señas le di a entender que adelante. Al retirarle la toalla se veían imponentes sus erectos pezones. Una vez más, con toda la calma, masajeó su busto, cuello, vientre. La excitación de ella se oía en toda la habitación y en ese momento me levanté y le dije al oído que ya estaba acabando, a lo que inmediatamente ella se negó pidiendo más. Eso me dio entrada a sumarme al masaje y empecé a masajear sus pechos, mientras él volvía a masajear sus piernas, después empecé a besar sus pezones y de allí, junto con Giulliano, cada uno le masajeábamos una pierna y al subir por sus muslos podía sentir la temperatura de su delicioso chochito, al cual me iba acercando. Fue increíble sentir ese coño empapado. Quien sabe cuantas veces ya le había acercado los dedos el cabrón este. Él subía y yo bajaba, le metíamos el dedo a veces en el coño y a veces en el ano, lo cual por primera vez le estaba gustando ya que normalmente por ahí no lo acepta. Después de un tiempo de estar masajeando su pubis y como estaba yo en bata, ella me cogió la verga y después de acariciarla algunos instantes, me tiró de ella hacia su boca para hacerme una impresionante mamada. Yo sentía que me corria, pero como quería que eso durara mucho más, me aparté de su boca para seguir el masaje. Yo le acariciaba el chocho y el ano, y Giulliano aprovechó para masajear de nuevo sus pechos aunque, mientras lo hacía, se sacó la polla del pantalón y como lo había previsto, tenía un instrumento de gran tamaño, de esos que solo se ven en películas porno. Le cogió la mano a mi mujer para que se lo agarrara, cosa que ella al principio rechazó como asustada, pero después, se lo cogió con su mano y estoy seguro que en ese instante deseó tener ese monstruo dentro de su coño. Entonces el se la quiso meter en la boca y de nuevo ella no se lo permitió, pero fue el momento que aproveché para empezar a comerme su empapado chocho, que en más de diez años de casado jamás había visto tan mojado. Al rato me volví a acercar para que me la mamara mientras Giulliano aprovechó su turno para comerle el coño. En ese momento decidimos cogerla en brazos y llevarla a la cama para continuar con el juego. Ya en la cama Giulliano le acercó una vez más la polla a la cara y esta vez si se la comió con todas las ganas. Me impactaba ver que esa cosa enorme le cupiera en la boca. De pronto, Giulliano vio una caja de condones en la mesita a de noche, y cogió uno con toda la intención de follarse a mi mujer. En aquel momento, me vino un flash de ellos dos follando y me entraron celos, pero ya puestos, estaba dispuesto a todo, así que volví a hacer que ella me la mamara, mientras, mi nuevo socio se ponía entre sus piernas y se disponía a ponerse el condón, cuando ella notó que estaba a punto de ser penetrada por primera vez por otro, abrió los ojos y me dijo: - No, que no me la meta, es más ya quiero que se vaya quiero estar sola contigo. Eso me encantó y después de hacerle una señal para que parara, él se limitó solo a seguir acariciándola con casi todos sus dedos dentro de su coño, mientras yo le decía que no lo dejara ir sin terminar y entonces mi mujer me preguntó: - ¿Qué quieres que le haga?. Le sugerí terminarlo con la boca y después de unos segundos
de duda, accedió a hacerlo pero con las manos, con lo que Giulliano
se acercó y mientras mi mujer lo masturbaba. Era una experta en
las pajas y el chico ya no aguantó más, un gran torrente
de leche, baño las hermosas tetas de mi mujer. Cuando terminó
le quedó claro que tenía que retirarse y rápidamente
se vistió, dobló su mesa, cogió el dinero que le
había dejado y se retiró. Jamás habíamos hecho
el amor como ese día. Lo que yo quería era estar horas dentro
de ella y después de tanta calentura obviamente quería dejarle
caer toda mi leche. | |||||||||||||||
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