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Dejé mi relato, amiga Charo, cuando Sophie me contó como el novio había dado por el culo a Ana. Esta le dijo que al final le había gustado lo que sintió pero que le había dolido. A continuación Sophie me dijo que le había regalado a Ana un vibrador, cosa que yo ya sabía y que después de masturbar a Ana, esta se dio la vuelta en la cama quedando boca abajo, abrió las piernas y le pidió que se lo insertara en el ano. Sophie dejó caer una buena cantidad de saliva sobre el artefacto y procedió a penetrar el culo de su amiga. Me quedé pensando en todo lo que Ana estaba haciendo con tal que los hombres no obtuvieran lo que buscaban. Primero una relación anal con el novio para no perder la virginidad y luego una amistad con una chica lesbiana según sus compañeros pero bisexual según yo había comprobado. ¿Hasta dónde podría llegar esa chica?. Lo que había oído en los últimos minutos me produjo una nueva erección. Sophie se movió en la cama de modo que su cara quedó a unos centímetros del miembro, le dio un beso en la punta y pasó su lengua por todo el glande, después la engulló poco a poco pero hasta el fondo como le gustaba a hacer y esta vez su nariz casi rozaba la base de mis huevos. Le dije que se detuviera para que pudiéramos acomodarnos mejor. Yo estaba pensando en un 69. Una vez listos mi cabeza estaba en medio de sus rodillas, su coño justo encima de mi cara, le dije que bajara un poco la cadera y al empezar a lamer sus labios ella comenzó a mamarme la polla, mientras que con una mano me masajeaba lentamente los huevos. Yo separé sus labios y comencé a meter mi lengua en su vagina, sintiendo el enervante olor de su sexo llenándome las fosas nasales y saboreando sus fluidos. Saqué la lengua y empecé a moverla por toda la longitud de sus pliegues y mientras con el dedo pulgar le masajeaba el clítoris, por detrás, inserté el pulgar de la otra mano en su vagina y lo humedecí con la mezcla de sus secreciones y mi saliva. Luego lo saqué y lo llevé hasta la entrada de su ano, con movimiento circular le estimulé el esfínter el cual respondió palpitando, presioné el dedo con fuerza en el centro y en el momento en que su esfínter se distendió, el pulgar entró hasta el fondo. Ella emitió un sonido gutural debido a que la mayor parte de mi polla le llenaba la boca, y su saliva caliente escurrirme por la sensible piel de mis testículos. Entonces ella empezó a mover su cadera adelante y atrás restregándome su coño por toda la cara, humedecí el dedo medio con los líquidos que escapaban de su vagina y con un movimiento rápido le saqué el pulgar del ano y lo sustituí por el dedo medio recién humedecido, el cual una vez dentro empecé a mover en todas direcciones. Ella gimió y levantó la cabeza, pensé que protestaría pero lo que hizo fue que dejó caer la cabeza súbitamente tragándose toda la polla. Un chasquido húmedo llenó la habitación. Repitió el movimiento una vez más y yo separé mi cara de su coño, le inserté el dedo medio de la otra mano en la vagina y con movimientos alternados empecé a meter y sacar los dedos de ambos orificios. Ella empezó a temblar y a mover su cadera como si tuviera espasmos, estaba teniendo un orgasmo y yo por mi parte no tardaría en correrme. Cada vez que ella levantaba la cabeza yo observaba mi polla completamente
recubierta por una gruesa capa de saliva que le escurría no solo
de la boca sino también de la barbilla y la nariz. Ver esto me
puso al borde de la eyaculación, sentí mis huevos endurecerse
y cuando la corrida era inminente, levanté mi cadera al tiempo
que ella bajaba su cabeza. Ella se arqueó y levantó su cabeza
de inmediato tratando de aliviar un poco el dolor que debió haber
sentido, con una mano se limpió la saliva que le cubría
la boca y la barbilla y en ese momento el primer chorro de semen se estrelló
en su labio inferior. Le dije que se metiera a la ducha y se bañara. Ella se levantó
de la cama con pereza, se metió al baño y cuando oí
el agua correr, comencé a vestirme, tomé sus bragas y su
sujetador, me los metí en el bolsillo del pantalón, y acto
seguido abandoné la habitación del hotel dejando la puerta
entreabierta. - Hola, ¿cómo estás? - le pregunté. Me disponía a contestarle cuando vi que Ana se acercaba bajando la escalera así que ignoré su pregunta y le dije: - Te paso a Ana que está aquí. Le pasé el teléfono a Ana y salí de casa. Mientras
conducía tenía una total erección, me resultaba estimulante
sentirme superior a Sophie. Darle ordenes y forzarla a hacer cosas, no
sabía bien a que se debía esto, pero así era, tal
vez por que al ser una chica joven y sumamente bella tenía el poder
de escoger a quien ella quisiera como pareja y el hecho de saber que yo
tenía cierta ascendencia sobre ella me resultaba sumamente estimulante. Sophie, por su parte, vestía una minifalda negra, una blusa blanca
de un material muy ligero, tampoco llevaba sujetador y tenía los
dos primeros botones sueltos, sus pechos se abrían hacia los lados
y apenas se cubrían con la blusa, los pezones erectos también
sobresalían, llevaba unas sandalias doradas muy bajas que resaltaban
la perfección de sus pies. Le di un beso a cada una y me retiré
a mi habitación pero al cerrase la puerta de la cocina las oí
reír, era una risa nerviosa. Pensé que las chicas estaban
planeando algo o que yo había estado a punto de sorprenderlas haciendo
algo. Al cabo de media hora oí que llamaban a la puerta de mi habitación y al abrirla vi a Sophie sonriente. Yo estaba descalzo y en ropa interior. Le pregunté que si se le ofrecía algo. Me dijo con cierta malicia en el rostro que venía a buscar algo que le pertenecía y que yo había tomado sin pedírselo, semejante desplante de su parte me divirtió y le dije que esperara un momento, me dirigí al lavabo para ir a buscar sus prendas intimas y cuando me di la vuelta me topé con ella de frente. Había cerrado la puerta y entrado en mi habitación, me di cuenta de que no estábamos completamente solos pues por debajo de la rendija de la puerta entraba la luz del pasillo y claramente podía ver la sombra que proyectaban los pies de Ana, así que eso era lo que planeaban. Sophie entraría en mi cuarto y Ana escucharía detrás de la puerta, ¿Qué le había contado Sophie a Ana?. ¿Habían notado que yo también las espié detrás de la puerta en otras ocasiones?. Así que allí estaba yo frente a Sophie con su sujetador y sus bragas en la mano. - Mira como he ido todo el día - me dijo, con una expresión pícara en el rostro mientras se levantaba la minifalda y la dejaba enrollada en su cintura. Luego se desabrochó los botones que quedaban y se abrió completamente la blusa dejando a la vista sus espléndidas tetas. - Pues aquí tienes las tienes - le dije y le extendí la mano con sus prendas. Ella las cogió y las tiró al suelo, se acercó a mí, me echó los brazos al cuello y nos besamos. Le di suaves mordiscos en ambos labios antes de meter mi lengua en su boca, tomé sus nalgas con ambas manos y las estrujé unos momentos, separé mis labios de los suyos y le dije en voz alta esperando que Ana lo oyera: - ¡De rodillas!. Volví a ver esa expresión de sumisión en su rostro mientras ella empezaba a adoptar la posición y una vez que estuvo arrodillada no necesitó mas indicaciones, me bajó los calzoncillos hasta los tobillos, yo di un paso para sacármelos completamente y quedé a escasos centímetros de su cara. - Cruza las manos detrás de la espalda. Ella obedeció y la blusa ya de por sí abierta, resbaló de sus hombros deteniéndose sobre sus antebrazos. - ¡Abre la boca... más... más... eso es...!. Su rostro reflejaba ansiedad, puse mis manos detrás de su cabeza, le restregué la punta de la polla por los labios, le dije: - ¡Saca la lengua!. Le apoyé la polla sobre la lengua y sin mediar más palabras se la metí hasta el fondo con un movimiento de cadera hacia delante, al tiempo que, con las manos movía su cabeza follándole la boca. El chasquido húmedo que estos empellones producían me fascinaba y mantuve su cabeza apretada contra mi entrepierna por varios segundos cuando por fin aflojé la presión sobre su cabeza ella tuvo una arcada, respiró profundamente, tosió y dejó caer un grueso hilo de saliva que fue a dar sobre su muslo derecho, levantó el rostro y una vez más sus ojos húmedos se encontraron con los míos, repetí de nuevo las instrucciones, abrir la boca y sacar la lengua, empujé violentamente una vez más, se oyó el chasquido esta vez más sonoro, esto se repitió varias veces más y cuando sentí que estaba apunto de correrme, le ordené que se pusiera de pie y que me diera las bragas que había tirado al suelo, con ellas me quité el exceso de saliva que me recubría la polla y también le limpié la saliva de la parte inferior del rostro y el cuello, después se las pasé por la entrepierna para limpiar la humedad que se estaba acumulando en su chocho. Decidí llevar las cosas aún más lejos, ver hasta
que punto estaba dispuesta a seguir mis instrucciones y una vez más
le dije que abriera la boca, le metí la polla en la boca y le dije
que no parara. Con una mano masajeaba mis huevos y con la otra me hacia
una paja rápida. Sin avisarla, le solté toda la leche hasta
el fondo de la garganta. Era una lástima que Ana no supiera lo
que estaba pasando en esos momentos pero por otra parte estaba seguro
que Sophie se encargaría de contarle todo. |
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