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Antes de relatar esta experiencia, amiga Charo, me voy a describir un
poco. Vivo en Valencia, soy rubio, 1,70, 70 kg., 33 años, licenciado
en administración de empresas y trabajo en un hospital. Ella haría el papel de hombre y yo el de mujer. En el fondo lo que quería era penetrarme con un arnés. Quedé en responderle lo antes posible. Consultando discretamente con amigos de confianza, me di cuenta que no era una idea descabellada, al fin y al cabo era mi pareja y la idea comenzó a excitarme. Esa noche al llegar le dije que su propuesta me excitaba mucho y que estaba dispuesto a hacerlo. Rápidamente planeó todo. El sábado me depiló todo el cuerpo, no me dejó un solo pelo. Al día siguiente me pidió que le preparase ropa mía para que ella la utilizara al vestirse de hombre, mientras que ella, por su parte, me daría un juego de ropa femenina. Yo dejé las prendas en una habitación y ella en otra para vestirnos por separado y sorprendernos mutuamente. Cuando entré en la habitación que me correspondía encontré un justo y apretado vestido negro, medias al muslo y tanga haciendo juego, junto a la ropa había un pecho artificial femenino con dos grandes tetas acabadas en enormes pezones rojos, que debía colocarme sujetándolo por los hombros. Me coloqué ese pecho con cuidado. Las tetas parecían reales y se me veían muy bien. Las medias mejoraron mi aspecto femenino pero el tanga era tan diminuto que apenas me cubría la polla, que ya tenía súper dura de la calentura. Me puse el vestido que me quedaba muy bien y bajo las ropas encontré una peluca rubia, que me coloqué lo mejor que pude. Me miré al espejo y me encontré muy sexy y femenina. Salí de la habitación y encontré a Sandra que llevaba una peluca de hombre, muy corta y sus grandes tetas parecían haber desaparecido. La ropa que le dejé le quedaba como a la medida. Me tomó de la mano, me llevó al baño y me maquilló detenidamente. Ahora sí era una mujer y muy sexy. Tras mirarnos larga y detenidamente, para ver como habíamos cambiado, y fuimos al dormitorio. Coloqué detenidamente mis manos sobre sus nalgas sobándole descaradamente el culo pero ella, me miró sorprendida y me dijo: - ¿Qué haces, putita?. Tus manos han de ir aquí... Puso mi mano derecha sobre su entrepierna y palpé un bulto enorme y duro. Ella puso sus manos sobre mis nalgas acariciándome suavemente el culo. - ¿Has olvidado de quien es el macho? - me dijo - El culo te lo manoseo yo. Para eso eres mi hembra. Intenté no olvidarme de que yo era la mujer y empecé a comportarme como tal. Me empujó sobre la cama y me besó con ganas mientras me acariciaba todo el cuerpo. Se notaba que estaba muy caliente, pero yo lo estaba más que ella. - Ahora soy tu macho y voy a hacerte mi mujer - me dijo - ¿Quieres
que tu hombre te rompa el culo, puta? Eso la puso más caliente todavía. Me sacó el vestido y se prendió con la boca a mis pezones artificiales. - ¡Que buenas tetas tienes! - exclamó. Se colocó junto a la cama y se quitó la camisa que llevaba. Se había colocado un corsé alrededor de sus grandes tetas y su pecho aparecía tan plano como el de un varón. Se quitó los pantalones y el calzoncillo que le di le daba un aspecto imponente, pero me ordenó que fuera yo quien le quitara el calzoncillo. Apenas lo deslicé hacia abajo por sus piernas que saltó, libre de su encierro, una verga artificial mucho más grande que la mía, sostenida a su cintura por un arnés de cuero. La verga, perfecta imitación de una real se mantenía totalmente erecta entre sus piernas. Así sin tetas, con peluca de varón y con esa enorme verga en su entrepierna, Sandra realmente parecía un macho dispuesto a poseer a su hembra. Entonces se tiró sobre mí, me besó y acarició apasionadamente, y fue bajando, mientras me daba pequeños besos en el pecho y estómago hasta llegar al tanga. Me miró con malicia y me lo arrancó con los dientes, me hizo dar vuelta en la cama, y me susurró al oído: - Voy a hacerte mía, te voy a poseer como un macho posee a la hembra que desea. Sus dedos comenzaron a recorrer mi canal, e intentaban introducirse en mi orificio virgen. Tras no lograrlo a los primeros intentos sentí como desparramaba un líquido frío y lubricante para abrirlo. - ¡Que estrecha que estás putita, voy a partirte el culo
por la mitad! - exclamó. Me aplicó una dura palmada en las nalgas, al mismo tiempo empujó con tal ímpetu que me hizo tragar las palabras. Mi cerrado agujerito cedió y colocó dos dedos en mi interior diciendo: - Silencio puta, esperé mucho este momento y voy a hacerte mía aunque te rompa en pedazos. Estas palabras me dieron un poco de temor, pensé que se estaba vengando por todas las veces que le rompí el culo a ella. Lentamente me fue dilatando hasta que logró meter cuatro dedos en mi culo. Los retiró con delicadeza y entonces sentí la gran cabeza de su verga presionando mi culito. - Nota como tu hombre entra en ti, putita - me dijo. Ya totalmente entregado y asustado pero al mismo tiempo muy excitado le respondí: - Sí, amor, dámela toda. Apoyándose en mis caderas empujó con fuerza y sentí la cabeza abriendo mi esfínter. Un dolor agudo me recorrió, tan agudo que casi se me escapan algunas lágrimas. Quise apartarme pero me sujetó por las caderas y con otro fuerte empujón mi culito desgarrado cedió y la cabeza entró toda. - Ya pasó lo peor, ahora se va ir deslizando solita hasta los huevos y el dolor va a ir desapareciendo - me anunció. Mientras me decía esto me empujó por los hombros hacia abajo, con este movimiento mi culo quedó empinado y a su entera disposición. Tal como dijo sentía la verga deslizarse lentamente hacia mi interior. Cuando le pareció apropiado avanzó con sus caderas con fuerza y sentí sus huevos golpeando la entrada de mí ya roto culo. - Ahora eres mi mujer - exclamó. Tras aguardar unos minutos comenzó a sacar y meter la polla. No lo hacía bruscamente sino muy despacio. Sacaba una pequeña parte y la metía. En cada embestida iba alargando la porción que salidas de forma que siempre cada vez más centímetros recorrían mi interior. Esta delicada forma de actuar hizo que el dolor desapareciera rápido y lo comenzara a disfrutar. El movimiento de vaivén en mi culo me hacía ver las estrellas de placer. - Me gusta mucho tu polla, quiero más - se me escapó decirle. Tras unos minutos de verdadero placer sentí como una corriente eléctrica que me recorrió la columna vertebral hasta la cabeza y caí como desmayado de tanto placer. Sandra me retiró la polla y me hizo dar vuelta. - Me alegro que hayas gozado tanto, ahora déjame metértela de frente para verte la cara mientras te doy por el culo - me dijo. Colocó mis piernas sobre sus hombros. En esta posición
la penetración era mucho más profunda. Más centímetros
me penetraban y encontraba especial placer cuando su verga chocaba con
el fondo de mi culo. Tras unos minutos, no pudiendo contenerme eyaculé
como nunca en mi vida. La cantidad de semen superaba mucho la que comúnmente
eyaculaba. Nunca había gozado tanto. Me sentía ampliamente
satisfecho, lleno de placer, como si no fuera a necesitar sexo en mucho
tiempo. Está claro que después de esto lo repetimos muchas veces,
pero, en este momento por cuestiones que nada tienen que ver con lo sexual,
estamos separados. Si alguna mujer tiene experiencia en follarse a un
hombre con un arnés o tiene la fantasía de hacerlo, que
contacte conmigo, para intercambiar experiencias, aprender mutuamente
y excitarnos juntos. Por favor no escriban chicos, ya que sin querer faltarle
el respeto a nadie ni a ninguna tendencia sexual no me excitan para nada.
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