![]() |
|||||||||||||||
Amiga Charo, deseaba volver a ver a Leticia. Unos días antes, en el restaurante donde trabaja, ya me había regalado una mamada. Me dirigí hasta la playa, y entré en el restaurante. Allí estaba ella. Con su sonrisa infantil y su mirada de ingenua. Me vio pero no dijo nada. Malo, pensé. ¿Habrá quedado con alguien... no se acordará de mí?. Lo que tenía claro es que fuera lo que fuera yo de allí no me movía hasta no estar seguro de que no iba a follar con ella. Me senté en la barra y pedí una copa. Había una puerta que daba acceso a la zona de restaurante y siempre estaba abierta. Perdí la mirada por aquella puerta Leticia pasaba constantemente por delante moviendo su hermoso culo de forma muy sensual. Me miraba pero cuando se percataba de que yo la miraba se hacía la despistada. Quedaba muy poca gente cenando así que pronto descubriría
si iba a tener éxito en mis deseos, o no. - Creías que no te iba a hacer caso, ¿eh? - me dijo su
voz. Me cogió de la mano y pasamos dos o tres manzanas hasta que sacó una llave y abrió un portal acristalado. - No hay ascensor y vivo en el último - me dijo. Ella iba abriendo el camino y yo detrás como hipnotizado mirando ese culo que me gustaba tanto y que estaba siendo violado por sus pantalones vaqueros sumamente ajustados. Su camiseta de tirantes también ajustada dejaba al descubierto los tirantes de un sujetador azul. Por fin llegamos. Habíamos subido siete pisos por una escalera bastante antigua. Entramos y me indicó donde estaba la sala diciéndome: - Ponte todo lo cómodo que quieras. Tienes para prepararte una copa si quieres, pon música si te apetece, o la tele. Si quieres estimularte o hacerte una paja hay alguna peli porno encima de la tele. Yo voy a ducharme. Hacía mucho calor así que me quité la camiseta quedándome solo con los calzoncillos. Encendí la cadena de música y me puse una copa. Mientras tarareaba la canción que sonaba y que era el éxito del verano, miré entre las películas porno que Leticia me había dicho. Por supuesto no con idea de masturbarme, sino por simple curiosidad. Tenía la carátula de una en la mano cuando Leticia entró y al ver la película me dijo: - Esa está muy bien. Hay una tía que se folla a un tío
por el culo con uno de esos cinturones que tienen una polla de látex.
¿Te han follado alguna vez ese culito precioso?. Leticia estaba de pie junto a mí, con tan solo una camiseta amplia puesta. La ducha había dejado sus pezones duros y se le marcaban. La prenda tapaba su zona púbica y no alcanzaba distinguir si llevaba algún tipo de bragas o no. Tenía su pelo rubio natural mojado y peinado hacia atrás. Hablando de su fantasía se había puesto caliente y estaba acariciándose en interior de los muslos. La conversación y la estampa me estaban poniendo muy cachondo. Tenía la polla tiesa y se notaba un bulto en mis cortos calzoncillos. - Veo que te ha gustado mi fantasía - dijo mirándome ese bulto. De pronto agarró mis calzoncillos y me los bajó hasta el suelo. - Parecía que se te iba a estrangular, así está mucho mejor - dijo - Ponme una copa como la tuya. Fui desnudo hasta la mesita y se la preparé pero cuando me di la vuelta para llevársela, la vi sentada, casi tirada en el sillón con las piernas muy abiertas, la camiseta subida hasta el ombligo y masturbándose. Hacía círculos acariciándose el clítoris y se metía los dedos en su coñito rapado, despacio, muy despacio. Los sacaba y volvía a frotarse el clítoris. Yo me quedé parado viendo la estampa. Mi polla estaba muy dura. Me acerqué, me arrodillé entre sus piernas y mientras ella seguía acariciándose por fuera, yo lamí entre sus labios, abriéndolos con mi mano y chupando dentro de la húmeda raja. Entonces se levantó la camiseta por encima de sus tetas. Tenía los pezones muy duros que se masajeaba y pellizcaba, dejando su sexo solo para mí. Gemía de placer mientras se retorcía sin quitar su coño de mi boca ni un instante. Seguí follándola con mi lengua. Su flujo era tremendo y se mezclaba con mi saliva. Sus gemidos ganaron en intensidad, su respiración era agitada y noté que se estaba corriendo. Se convulsionaba y estiraba de sus pezones que parecía que se los iba a arrancar. - ¡No pares o te mato! - gritaba - ¡Sigue... sigue... sigue...!. Su corrida me inundó y ella se quedó quieta como si le hubieran quitado las pilas y gemía mientras recuperaba su ritmo normal de respiración. Al rato me cogió de la barbilla y apartó mi cara de su coño. Se levantó, y vi que estaba sudada como si hubiera corrido una maratón. Caminaba hacia la puerta cuando se quitó la camiseta. Yo la seguí agarrándome la polla que estaba durísima. Me pegué a su espalda y le daba besos en el cuello mientras mis manos abarcaban y sobaban sus tetas. En un momento ella se inclinó hacia atrás agarrándome de la nuca y dejándose hacer. De esta manera mi polla estaba introducida en la raja de su culo. Salimos del salón y fuimos a su habitación. Tenía una luz en la mesilla de noche encendida con una tela roja por encima y muchas velas prendidas. Me hizo tumbar en la cama y ella se puso encima, pero fuera del alcance de mi polla. Su coño aún tenía los líquidos de su anterior corrida. Le agarré de las nalgas y se las amasé, pero ella me cogió las manos separándolas del culo y llevándolas junto a mi cara. Se inclinó hacia la mesilla. Yo estaba como loco. Intentaba sobar, besar y lamer todo lo que podía, pero ella hacía fuerza con sus piernas y yo podía moverme. Sacó de un cajón un pañuelo grande y entendí que me iba a atar, pues esa era otra fantasía. - Estate quieto que ya sabes lo que va a ocurrir. Y te va a gustar. Pero no te corras antes de que yo te monte, ¿eh?. Que igual te estás excitando demasiado - dijo. Me ató a los barrotes de la cama a lo que yo no puse ninguna objeción. Pasaba sus tetas muy cerca de mi cara pero, por mucho que yo lo intentara, no podía chupárselas. Lo que si me dejó fue lamerle el ombligo. Al final ella se recostó sobre el cabezal mientras se volvía a masajear las tetas y se las llevaba a la boca ella misma, vi que disfrutaba de ver como me iba excitando con esa visión. Hacía movimientos pélvicos de tal forma que su sexo estaba llenándome de flujo a la altura de mis pezones hasta que se bajó sin dejarme chupar sus tetas pero, entonces, me lamió entero, desde la cara hasta mi estómago, pasando por los pezones. Cuando llegó a la zona pélvica, pasó por la cadera, lamió mis muslos y dándose la vuelta puso su sexo a la altura de mi cuello pero tampoco pude llegar a lamerlo por mucho que estiré la lengua. Pero podía olerlo. Entonces me ató también los pies, de forma que no podía cerrar las piernas. Me acarició el interior de mis muslos, siempre olvidándose de mi polla. Llegaba hasta mis nalgas, y me tocaba el ano, y siguió acariciándolo haciéndome agitar un poco más por defender mi masculinidad, que porque no me gustara. No quería que Leticia pensara que era gay. - ¡Quieto! - me ordenó - No tienes que demostrar nada, solo disfrutar del sexo. Esto te va a gustar. Tienes que probarlo de todo. Y volvió a los menesteres que había empezado. Y a mí me gustaba. - Buen chico y como veo que te estás portando bien te voy a dar una recompensa. Manteniendo un dedo dentro de mi ojete, con la otra me masturbaba, a la vez que me chupaba el capullo y así consiguió introducir otro dedo en mi ano. - ¿Ves como te gusta? - dijo sonriendo. Se echó un poquito para atrás dejando de nuevo su coño a la altura de mi boca y como era lo único que podía hacer para darle placer, se lo lamí lo que pude. Estuvimos así un rato pero cuando me iba a correr ella se dio cuenta y paró. Para entonces tenía tres dedos en mi ano. Volvió hacia la mesilla y sacando unas bolas chicas, me miró con su sonrisa de pícara cachonda. - ¡No, no me metas eso por el culo! - supliqué. La situación realmente era excitante. El miedo a lo desconocido, junto con la sensualidad con la que Leticia llevaba la operación a cabo, me estaba haciendo desear que me metiera lo que quisiera por donde quisiera. Se volvió a poner sobre mí introduciéndome las bolas por el ano y, de espaldas a mi, agarró mi polla y se la clavó de un golpe en su coño, lubricado por sus flujos y mi saliva, empezando a moverse despacito. Mis sensaciones se centraban en mi polla, aunque con el movimiento también sentía placer en mi ano. Ella se movía como los ángeles. Su coño estaba caliente como el fuego y húmedo como el vapor. Lo estaba haciendo muy despacio, moviendo su culo en círculos para que el placer de ambos fuera mayor. De pronto se salía y se masajeaba la entrada de su chocho con la punta de mi polla y volvía a introducirla de golpe. Noté como su respiración volvió a cambiar y soltó la atadura de mis pies. Siguió montándome cada vez más rápido, sus tetas se movían al compás que sus espasmos marcaban y entonces doblé mis rodillas dejando el culo más en exposición. - ¡Vamos a corrernos juntos, vamos, vamos...! - gritó, ya
a punto. Al ver que me estaba corriendo ella me sacó las bolas chinas muy despacito, una a una, a la vez que nos corríamos los dos. El orgasmo fue intenso, como nunca en mi vida lo había sentido y me corrí dentro del coño de Leticia. Ella siguió moviéndose, recuperando la respiración, con mi polla dentro y notando como se relajaba mi cuerpo. Cuando salió, me soltó, dejando mi cuerpo relajado y boca arriba. - ¿Te importa que me duche? - le pregunté. Cuando salí de la ducha ella se había dormido. Me tumbé
pensando en lo que había pasado. Y estuve como una hora reviviendo
el momento. Había tenido dos sesiones de sexo con Leticia muy especiales
y veía que si teníamos otra me volvería a sorprender.
Eso me gustaba y me fiaba de ella al cien por cien. | |||||||||||||||
![]() |