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Amiga Charo, acabé mi historia cuando, tras follarme a Sophie,
decidí llevar las cosas aún más lejos, ver hasta
que punto estaba dispuesta a seguir mis instrucciones y una vez más
le dije que abriera la boca y le hice lamer sus bragas. Ella hizo una
expresión de asombro pero no se atrevió a protestar, había
entrado a mi habitación en plan de tigresa y lo único que
conseguiría sería una follada inolvidable. Dirigí mi capullo hacia su coñito y se la fui metiendo
muy lentamente, se la dejé dentro varios segundos, en los que permanecí
inmóvil, y luego empecé a sacarla poco a poco hasta dejar
solo la cabeza dentro de su chocho. Repetí esta operación
varias veces y noté que quería "movimiento" y
empezó a mover la cadera arriba y abajo tratando de empalarse ella
sola. Entonces la embestí con fuerza y no pare de follarla hasta
que me pidió que parara que se estaba corriendo. - Si relajas el esfínter te resultará menos doloroso. Sophie por su parte no pudo mantener el esfínter apretado por más tiempo y en un instante de distensión le metí el dedo hasta el fondo. Una vez más esto fue suficiente para llevarla al clímax, su espalda se arqueó y una serie de espasmos le recorrieron todo el cuerpo al tiempo que dejaba escapar una serie de sonidos guturales. Una vez que los espasmos pasaron dejé que apoyara completamente el pie derecho en el suelo y empezó a mover la cadera de manera frenética. Ella se movía arriba y abajo mientras yo metía y sacaba el índice de su orificio anal cada vez con más rapidez y cuando sentí que mi corrida estaba cercana, decidí agregar un dedo más, le saqué el dedo del culo y lo junté con el medio, esta vez le escupí directamente en el ano y con ambos dedos, el medio encima del índice, empecé a presionar en el centro del botoncito. El esfínter se resistía a aceptar una invasión más, empujé con mas fuerza Sophie emitió un quejido y de nuevo aproveché una leve distensión para clavarle ambos dedos hasta el fondo, y empezó a gemir sin parar. Le anuncié lo que había sucedido para que supiera de lo que era capaz de aceptar en su vicioso culo: - Nena, ahora tienes dos dedos dentro del culo. Soltó un suspiro prolongado y un nuevo clímax arrasó su cuerpo. Estaba agotada, aquella posición con la pierna levantada y con la cara pegada a la puerta, la estaba agotando. Solté su pierna izquierda para que pudiera apoyarse mejor y empecé a penetrarla a fondo con golpes rápidos, estaba apunto de correrme y me di cuenta de que llevaba condón, por lo tanto, saque la polla de su coño y empecé a masturbarme. Sus piernas se doblaron pero se recuperó y cuando sentí que la corrida era inminente, le saqué los dedos del ano y entonces me corrí sobre su espalda. El primer chorro de semen cayó sobre la blusa, el segundó aterrizó en su espalda desnuda y se extendió hasta la nuca, los restantes los envié sobre sus nalgas. Me sentía exhausto, me recliné sobre ella que seguía apoyada sobre la puerta y sentí que mi propio semen se me pegaba al pecho, tomé sus tetas en mis manos y las estruje, pellizqué y estiré sus pezones, me enderecé y me limpie el capullo con su minifalda, y le dije: - Ya te puedes retirar. Di media vuelta, me dirigí al baño de mi habitación y oí cuando cerró la puerta. Mientras me duchaba me imaginada a Sophie saliendo de mi cuarto con la minifalda y la blusa llenas de leche, sus fluidos vaginales bajando por sus muslos hasta los tobillos, los pezones erguidos, el ano y el coño doloridos, las bragas empapadas de saliva en una mano y el sujetador en la otra. De solo imaginármelo volví a tener una erección así que me masturbé de nuevo bajo el agua tibia de la ducha y al salir del cuarto de baño vi que se había olvidado el sujetador. Durante los días posteriores al encuentro con Sophie en mi habitación,
fue casi imposible para mí estar a solas con ella. De algún
modo u otro Ana se las arreglaba para estar con ella, tal vez sintiéndose
un poco celosa de compartir conmigo a su hermosa compañera de juegos,
solo pude encontrarme con Sophie un martes cuando faltaban tres días
para mi cumpleaños. - Ese día te olvidaste el sujetador... ¿cuando irás
a buscarlo?. Dibujó una sonrisa pícara y por debajo de la mesa me tocó la pierna con su pie descalzo. Le dije que estaba seguro de que así sería y le pregunté algo que estaba en mi cabeza desde hacía varios días: - Esa noche cuando saliste de mi habitación, ¿qué sucedió?. Sophie se sonrojó un poco y empezó a darme detalles. Me dijo que permaneció unos segundos medio mareada, y que las piernas le temblaban, después se dejó caer al suelo y descansó un momento. Se colocó la mini falda, se quitó la blusa y salió al pasillo. Ana ya la esperaba en su habitación. Sophie me contó que cuando entró al cuarto encontró a Ana sentada en medio de la cama mirando en dirección a la puerta, llevaba tan solo unas bragas rosas, tenía una mano metida en la parte delantera y se estaba masturbando. Sophie se acercó a ella, subió a la cama, se besaron y
le pidió a Ana que preparará la bañera por que quería
darse una baño tibio de burbujas y sales. Entonces la interrumpí
preguntándole si Ana siempre hacía caso de sus órdenes
y ella me contestó que sí, que Ana era una chica siempre
dispuesta a complacer a sus amigas y que en este caso ella era su única
amiga. Siguió contándome que ambas se metieron en la bañera
y allí permanecieron largo rato besándose y masturbándose. Después de escuchar eso me sentí muy excitado y quise desahogarme en ese mismo momento, saqué dinero de mi billetera y dejé un billete sobre la mesa, me puse de pie y tome a Sophie por la muñeca y llevándola casi a rastras salimos del café. Una vez fuera Sophie pudo acelerar el paso y se puso a mi lado, bajamos por las escaleras eléctricas hacía el aparcamiento, que en ese momento, ya estaba bastante lleno. La gente se giraba a vernos, tal vez pensando que el padre estaba molesto con su bellísima hija. Por cierto, esta vez Sophie vestía un vestido de lino ligerísimo, que apenas le llegaba hasta la mitad de sus muslos blancos y bien torneados. Llegamos a un rincón apartado donde estaba estacionado mi coche, le abrí la puerta del pasajero y le ayudé a entrar, rodeé el coche y me senté del lado del conductor. Le dije que se quitara las bragas y las metiera en la guantera. Ella levantó las nalgas del asiento para poder quitárselas y estaba empezando a hacerlo cuando, un muchacho joven salido de no sé dónde, pasó delante del coche, se giró y al vernos aminoró el paso y miró con más atención intentando entender qué hacíamos. Sophie se quedó congelada, a medio movimiento sin saber que hacer y yo, con voz severa le grité: - ¡¿Qué esperas?!. Ella me miró un poco asustada y terminó de sacarse las bragas, el joven que para ese momento ya estaba totalmente parado delante de nosotros sonrió con malicia al comprender lo que sucedía, miró fijamente a Sophie y levantó su mano izquierda, hizo un circulo con sus dedos índice y pulgar y empezó a atravesar ese circulo con el dedo medio de la otra mano simulando una penetración. Las mejillas de Sophie se pusieron al rojo vivo y tuvo que bajar la mirada debido a la vergüenza, el mozalbete me miró y le hice señas de que se alejara, me sonrió, levantó ambos pulgares y se retiró. Entonces me bajé la cremallera y me saqué la polla, que ya estaba totalmente dura como una roca, recliné el respaldo y miré a Sophie. No tuve que decir ni una palabra, se inclinó sobre mí, besó la punta de mi polla, como sabía hacerlo, pasó su lengua por toda la longitud del tronco hacia abajo y luego hacia arriba, luego la pasó por todo el contorno del inflamado glande y entonces abrió la boca y procedió a engullirla por completo lentamente como era su costumbre. Una vez que la tuvo completamente dentro empezó a mover su lengua sintiendo las hinchadas venas del tronco que palpitaba en el calor húmedo de su boca, pero, cuando intentó levantar la cabeza le puse la mano izquierda en la nuca y se lo impedí, obligándola a permanecer así por varios segundos. Sus fosas nasales se hinchaban tratando de aspirar suficiente aire y cuando se llevó la mano derecha a la entrepierna para masturbarse, yo se la quité de allí y le dije: - Hoy no tienes permiso de masturbarte. Aquí terminó otra jornada de sexo con esta bella, caliente
y sumisa muchacha, pero como hay mucho más, ya os lo contaré
en una próxima carta. Saludos. | |||||||||||||||
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