Con el título de "Una larga historia", publicamos la cuarta parte de este largo y cachondo testimonio de un lector que, gracias a albergar en su casa a su sobrina y a la amistad que esta hizo con una hermosa muchacha acabó encontrando el máximo placer con esta amiga e incluso otras sorpresas no menos inesperadas.

Amiga Charo, acabé mi historia cuando, tras follarme a Sophie, decidí llevar las cosas aún más lejos, ver hasta que punto estaba dispuesta a seguir mis instrucciones y una vez más le dije que abriera la boca y le hice lamer sus bragas. Ella hizo una expresión de asombro pero no se atrevió a protestar, había entrado a mi habitación en plan de tigresa y lo único que conseguiría sería una follada inolvidable.
La tomé por los hombros, la hice girar sobre sus pies y la llevé hacia la puerta, hice que apoyara sobre la puerta, le levanté la pierna izquierda y conseguí que su coño y ano estuvieran totalmente expuestos para mí. Coloqué mi otra mano sobre su cintura, puse mi verga en contacto con su coño y empecé a moverla por toda su rajita, recubriéndola con los fluidos que manaban de su chocho. A los pocos segundos, tenia la polla completamente lubricada para iniciar la follada.

Dirigí mi capullo hacia su coñito y se la fui metiendo muy lentamente, se la dejé dentro varios segundos, en los que permanecí inmóvil, y luego empecé a sacarla poco a poco hasta dejar solo la cabeza dentro de su chocho. Repetí esta operación varias veces y noté que quería "movimiento" y empezó a mover la cadera arriba y abajo tratando de empalarse ella sola. Entonces la embestí con fuerza y no pare de follarla hasta que me pidió que parara que se estaba corriendo.
La dejé descansar unos segundos y centré mi atención en su ano, dejé salir de mi boca un hilo de saliva que le cayó en el centro del culo, le estimulé el esfínter con el pulgar derecho y ella volvió a emitir un suspiro apagado, yo seguía sin sacar la verga de su vagina pero ella intentaba una vez más mover la cadera aunque ahora le costaba más esfuerzo, su ano palpitaba al sentir el contacto de mi dedo, le puse el índice en el centro del ano y empecé a empujar firmemente hacia abajo, ella apretó el esfínter y le dije:

- Si relajas el esfínter te resultará menos doloroso.

Sophie por su parte no pudo mantener el esfínter apretado por más tiempo y en un instante de distensión le metí el dedo hasta el fondo. Una vez más esto fue suficiente para llevarla al clímax, su espalda se arqueó y una serie de espasmos le recorrieron todo el cuerpo al tiempo que dejaba escapar una serie de sonidos guturales. Una vez que los espasmos pasaron dejé que apoyara completamente el pie derecho en el suelo y empezó a mover la cadera de manera frenética. Ella se movía arriba y abajo mientras yo metía y sacaba el índice de su orificio anal cada vez con más rapidez y cuando sentí que mi corrida estaba cercana, decidí agregar un dedo más, le saqué el dedo del culo y lo junté con el medio, esta vez le escupí directamente en el ano y con ambos dedos, el medio encima del índice, empecé a presionar en el centro del botoncito. El esfínter se resistía a aceptar una invasión más, empujé con mas fuerza Sophie emitió un quejido y de nuevo aproveché una leve distensión para clavarle ambos dedos hasta el fondo, y empezó a gemir sin parar. Le anuncié lo que había sucedido para que supiera de lo que era capaz de aceptar en su vicioso culo:

- Nena, ahora tienes dos dedos dentro del culo.

Soltó un suspiro prolongado y un nuevo clímax arrasó su cuerpo. Estaba agotada, aquella posición con la pierna levantada y con la cara pegada a la puerta, la estaba agotando. Solté su pierna izquierda para que pudiera apoyarse mejor y empecé a penetrarla a fondo con golpes rápidos, estaba apunto de correrme y me di cuenta de que llevaba condón, por lo tanto, saque la polla de su coño y empecé a masturbarme. Sus piernas se doblaron pero se recuperó y cuando sentí que la corrida era inminente, le saqué los dedos del ano y entonces me corrí sobre su espalda. El primer chorro de semen cayó sobre la blusa, el segundó aterrizó en su espalda desnuda y se extendió hasta la nuca, los restantes los envié sobre sus nalgas. Me sentía exhausto, me recliné sobre ella que seguía apoyada sobre la puerta y sentí que mi propio semen se me pegaba al pecho, tomé sus tetas en mis manos y las estruje, pellizqué y estiré sus pezones, me enderecé y me limpie el capullo con su minifalda, y le dije:

- Ya te puedes retirar.

Di media vuelta, me dirigí al baño de mi habitación y oí cuando cerró la puerta. Mientras me duchaba me imaginada a Sophie saliendo de mi cuarto con la minifalda y la blusa llenas de leche, sus fluidos vaginales bajando por sus muslos hasta los tobillos, los pezones erguidos, el ano y el coño doloridos, las bragas empapadas de saliva en una mano y el sujetador en la otra. De solo imaginármelo volví a tener una erección así que me masturbé de nuevo bajo el agua tibia de la ducha y al salir del cuarto de baño vi que se había olvidado el sujetador.

Durante los días posteriores al encuentro con Sophie en mi habitación, fue casi imposible para mí estar a solas con ella. De algún modo u otro Ana se las arreglaba para estar con ella, tal vez sintiéndose un poco celosa de compartir conmigo a su hermosa compañera de juegos, solo pude encontrarme con Sophie un martes cuando faltaban tres días para mi cumpleaños.
Nos vimos en un café de un centro comercial, por suerte Ana no estaba presente ya que ese día todos los alumnos extranjeros del colegio debían presentar exámenes de varias asignaturas lo cual la mantendría en el colegio hasta bien entrada la tarde.
Me acerqué a la mesa donde estaba sentada Sophie, ella se levantó y nos besamos, como siempre ella me puso los brazos en el cuello yo puse mi mano derecha sobre su pecho y lo apreté suavemente al tiempo que con la otra mano apretaba una de sus nalgas. Me di cuenta de que un camarero me miraba con envidia, casi con odio, no sentamos y lo primero que le dije fue:

- Ese día te olvidaste el sujetador... ¿cuando irás a buscarlo?.
- No sé, tal vez te lo deje de regalo - me dijo y sonrió.
- El viernes es mi cumpleaños y pensaba recibir algo mucho mejor.
- El sujetador es el regalo por lo de esa noche, para el viernes estoy pensando en algo mucho mejor y espero que la sorpresa sea de tu agrado.

Dibujó una sonrisa pícara y por debajo de la mesa me tocó la pierna con su pie descalzo. Le dije que estaba seguro de que así sería y le pregunté algo que estaba en mi cabeza desde hacía varios días:

- Esa noche cuando saliste de mi habitación, ¿qué sucedió?.

Sophie se sonrojó un poco y empezó a darme detalles. Me dijo que permaneció unos segundos medio mareada, y que las piernas le temblaban, después se dejó caer al suelo y descansó un momento. Se colocó la mini falda, se quitó la blusa y salió al pasillo. Ana ya la esperaba en su habitación. Sophie me contó que cuando entró al cuarto encontró a Ana sentada en medio de la cama mirando en dirección a la puerta, llevaba tan solo unas bragas rosas, tenía una mano metida en la parte delantera y se estaba masturbando.

Sophie se acercó a ella, subió a la cama, se besaron y le pidió a Ana que preparará la bañera por que quería darse una baño tibio de burbujas y sales. Entonces la interrumpí preguntándole si Ana siempre hacía caso de sus órdenes y ella me contestó que sí, que Ana era una chica siempre dispuesta a complacer a sus amigas y que en este caso ella era su única amiga. Siguió contándome que ambas se metieron en la bañera y allí permanecieron largo rato besándose y masturbándose.
Se pusieron cachondas a tope, pusieron el pequeño vibrador de Ana dentro de un condón, para asegurarse que no le entrara agua, y se lo insertó Ana en el culo. Me dijo que mientras se lo sacaba y metía ella le susurraba al oído todo lo que había pasado en mi habitación. Le contó como había llegado al clímax cada vez que le introducía los dedos en el culo, de como se sintió usada y abusada. Me dijo que cuando Ana estuvo al borde del orgasmo le insertó por completo el vibrador en el culo quedando solo el nudo del condón fuera y así lo dejó por varios minutos, vibrando a su máxima velocidad, mientras Ana se retorcía de placer como un pececillo sacado del agua. Cuando el orgasmo de Ana acabó, ella misma se sacó el artefacto que le taladraba el culo e intentó insertarlo en el coño de su amiga, pero Sophie se lo impidió diciéndole que todavía estaba dolorida. Me contó que permanecieron en la bañera varios minutos más besándose sin hablar, después salieron, cada una secó a la otra y se fueron a dormir desnudas.

Después de escuchar eso me sentí muy excitado y quise desahogarme en ese mismo momento, saqué dinero de mi billetera y dejé un billete sobre la mesa, me puse de pie y tome a Sophie por la muñeca y llevándola casi a rastras salimos del café. Una vez fuera Sophie pudo acelerar el paso y se puso a mi lado, bajamos por las escaleras eléctricas hacía el aparcamiento, que en ese momento, ya estaba bastante lleno. La gente se giraba a vernos, tal vez pensando que el padre estaba molesto con su bellísima hija. Por cierto, esta vez Sophie vestía un vestido de lino ligerísimo, que apenas le llegaba hasta la mitad de sus muslos blancos y bien torneados.

Llegamos a un rincón apartado donde estaba estacionado mi coche, le abrí la puerta del pasajero y le ayudé a entrar, rodeé el coche y me senté del lado del conductor. Le dije que se quitara las bragas y las metiera en la guantera. Ella levantó las nalgas del asiento para poder quitárselas y estaba empezando a hacerlo cuando, un muchacho joven salido de no sé dónde, pasó delante del coche, se giró y al vernos aminoró el paso y miró con más atención intentando entender qué hacíamos. Sophie se quedó congelada, a medio movimiento sin saber que hacer y yo, con voz severa le grité:

- ¡¿Qué esperas?!.

Ella me miró un poco asustada y terminó de sacarse las bragas, el joven que para ese momento ya estaba totalmente parado delante de nosotros sonrió con malicia al comprender lo que sucedía, miró fijamente a Sophie y levantó su mano izquierda, hizo un circulo con sus dedos índice y pulgar y empezó a atravesar ese circulo con el dedo medio de la otra mano simulando una penetración. Las mejillas de Sophie se pusieron al rojo vivo y tuvo que bajar la mirada debido a la vergüenza, el mozalbete me miró y le hice señas de que se alejara, me sonrió, levantó ambos pulgares y se retiró.

Entonces me bajé la cremallera y me saqué la polla, que ya estaba totalmente dura como una roca, recliné el respaldo y miré a Sophie. No tuve que decir ni una palabra, se inclinó sobre mí, besó la punta de mi polla, como sabía hacerlo, pasó su lengua por toda la longitud del tronco hacia abajo y luego hacia arriba, luego la pasó por todo el contorno del inflamado glande y entonces abrió la boca y procedió a engullirla por completo lentamente como era su costumbre. Una vez que la tuvo completamente dentro empezó a mover su lengua sintiendo las hinchadas venas del tronco que palpitaba en el calor húmedo de su boca, pero, cuando intentó levantar la cabeza le puse la mano izquierda en la nuca y se lo impedí, obligándola a permanecer así por varios segundos. Sus fosas nasales se hinchaban tratando de aspirar suficiente aire y cuando se llevó la mano derecha a la entrepierna para masturbarse, yo se la quité de allí y le dije:

- Hoy no tienes permiso de masturbarte.

Aquí terminó otra jornada de sexo con esta bella, caliente y sumisa muchacha, pero como hay mucho más, ya os lo contaré en una próxima carta. Saludos.

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