Después de muchos años, se reencontró con el hijo de su hermana. Habia acabado sus estudios y estaba preparando un viaje a Cuba. Le pidió que lo acompañara y así podrían conocerse mejor. Fueron unos días maravillosos y "diferentes" de lo que habia pensado.

Amiga Charo, soy Rosa, una mujer viuda de 39 años, muy caliente y con un cuerpo que es una tentación pues mis medidas son 95-70-90 lo cual causa estragos en los hombres.
Lo que quiero contarte comenzó cuando yo tenía 18 años y salía siempre con mi hermana gemela, éramos idénticas y las dos teníamos novio con los cuales nos poníamos moradas De follar y el resultado fue que mi hermana quedó preñada.
Para seguir con la historia sin entrar en detalles más o menos tristes, diré que, al cabo de unos años, me reencontré con el hijo de mi hermana, Saul.
Habia terminado sus estudios y se iba a Cuba de viaje, me dijo si quería acompañarle. Pero ahora es Saúl quien quiere seguir contando esta vivencia, así que le cedo la palabra.

Tres días antes del viaje, Rosa me mostró los trajes de baño que se había comprado y uno de ellos, un dos piezas, era una gozada para la vista pues su redondo culo se le marcaba a la perfección y sus dos preciosas tetas se le salían del sostén. Después del desfile, se sentó a mi lado y le dije que en las playas de Cuba, por lo que había vito en los folletos, todas las mujeres hacían topless.

- Ya, cariño - me contestó - pero serán las jóvenes, que aún tienen los pechos firmes.
- Pues los tuyos seguro que no tienen nada que envidiar pues se ven perfectos - le dije.
- No sé, cariño, seguro que me moriría de vergüenza - siguió ella,
- Tú no tienes nada que envidiar, eres un monumento - afirmé.
- Dices eso porque me quieres - dijo sonriendo.
- Mira, ya estoy disfrutando con lo que puedo ver así que si las viera todas... - me atreví a decirle.

Rosa se puso colorada y me sonrió, por lo que añadí:

- Anímate y déjame ver tus pechos, te prometo que te diré la verdad.
- Cariño, es que me da un poco de vergüenza estar desnuda delante de ti.
- Vamos, anímate - insistí.
- Está bien, ya que te veo tan entusiasmado voy a mi habitación, me quito el sujetador y si no me veo mal, vengo como si estuviera en la playa - aceptó.

A los pocos minutos salió como una diosa con su pequeño bikini y sus pechos firmes al aire. Al ver que me había quedado una cara de idiota tremenda, me preguntó:

- ¿Qué pasa, no te gustan?.
- ¡Claro que sí, están muy bien, nunca imaginé que fueran tan apetecibles, se ven duros y... tienes unos pezones enormes - confesé.
- Cariño, ten cuidado con lo que dices. ¿Es que nunca viste una mujer desnuda? - me preguntó.
- Ninguna con unos pechos como los tuyos - respondí sinceramente.

Yo ya no podía más y le pedí que me dejara tocárselas. Se sonrojó nuevamente pero aceptando, se acercó a mí. Yo le pasé la mano suavemente por una teta y como me sonrió de nuevo, con su aceptación empecé a magreársela notando como el pezón se ponía duro.

- Déjalo, mi amor, me estás poniendo... - me dijo entonces - Hace mucho tiempo que un hombre no me toca:

Esto me animó, la abracé y me metí el pezón en la boca. Ella empezó a suspirar y apretando mi cabeza, con sus dos manos contra su pecho, me dijo:

- ¡Sigue, mi amor!.

Mientras me comía su pecho, la rodeé con mis brazos y le sobé todo el cuerpo al tiempo que ella me cogía la polla con una mano y me la apretaba fuertemente y al poco rato me la sacó fuera del pantalón exclamando:

- ¡Cariño, que grande es y que dura la tienes!.

Cuando le puse la mano en la cabeza, ella entendió lo que yo quería pero me dijo.

- Esto no está bien, mi amor.
- Chúpamela - la corté - Sé que lo deseas, somos un hombre y una mujer que desean disfrutar de sus cuerpos.

Se puso de rodillas y lentamente me besó la polla para a continuación metérsela en la boca y hacerme la mejor mamada del mundo. No podía creer como lo hacía. Se la metía entera, chupaba como si fuera lo último en su vida hasta que, en un momento dado, se la sacó y me preguntó:

- ¿Te gusta?. Quiero que lo goces tanto como yo, pero avisa cuando te corras.

No tardé mucho, aunque quería seguir sintiendo el calor de su boca en mi polla, pero también quería soltar mi placer.

- ¡Ya no puedo más, me corro! - le grité.

Ella metió un dedo en su boca, lo ensalivó y me lo metió en el culo. Fue instintivamente, solté toda mi leche en su boca y ella se la tragó diciéndome luego:

- Cariño, vamos a mi cama que yo también necesito correrme, estoy ardiendo y tengo el coño empapado. Espero que sepas satisfacerme pues cuando me caliento necesito un verdadero macho para calmarme.

Ya en su cama, se tiró de espaldas y con las piernas abiertas, me dijo:

- Ven, mi macho, fóllame.

Me puse encima de ella, le comí la boca, bajé a sus pechos y llegando a su coño, le pasé la lengua por toda la raja y luego se la metí hasta lo más profundo mientras ella gemía de placer y con sus dos manos apretaba mi cabeza contra su coño soltándome en la boca un río de jugos. Se había corrido.

- Ahora te quiero dentro de mí, quiero que me metas todo el rabo, me folles y calmes mis ansias de ti - me dijo.

No me hice de rogar. Me metí entre sus gruesos muslos, uno a cada lado de mi cuerpo y no hizo falta que me cogiera la polla pues entró sola en su ardiente coño. Penetrándola, me la follé suavemente, recreándome en cada penetración, pero a medida que me la follaba mi calentura aumentó y se la metía con todas mis fuerzas haciendo que ella me dijera:

- ¡Así, mi amor, más, dame más fuerte, quiero sentirte en lo más profundo!.

En mi polla, sentía la contracción de su coño. Se estaba corriendo de nuevo. Entonces le di dos envestidas y le solté todo mi semen en sus entrañas. Fue un orgasmo simultáneo, largo e intenso.
Me quedé dentro de ella y como mi polla seguía dura, cuando quise salir, ella me rodeó con sus piernas y me dijo:

- No, mi amor, no me la saques, déjame sentirte dentro de mí.
- Lo que tú quieras - le contesté - tu coño es muy acogedor y por mi no te la sacaría nunca.
- Me tendrás cuando lo desees - me dijo entonces - soy tuya y puedes montarme las veces que quieras.
- Te deseo desde hace mucho tiempo - le confesé - ¿No sientes dentro de ti como te deseo?.
- Sí, hazme feliz otra vez - me pidió.

Girando su cuerpo se puso encima de mi, con mi polla aún dentro de ella, colocó sus manos en la cama y estiró los brazos dejando sus tetas en mi cara diciéndome:

- ¿Te gustan?. Mira como tengo los pezones, están duros de la calentura que tengo.

Entonces le pedí que se diese la vuelta pues quería ver sus preciosas nalgas mientras la follaba. Se levantó y pude ver como le salía mi leche de su coño, se puso en posición y cogiendo mi polla la colocó a la entrada de su coño, se la clavó, y como yo podía ver su ano, mojando un dedo, se lo metí en el culo acompañando su ritmo.

- ¡Así, mi amor que gusto! - exclamó.
- ¿Te gustaría hacerlo por este agujero? - le pregunté.
- Todo lo que tú quieras - dijo girando la cabeza y sonriendo - Ya te dije que soy tu hembra y tu putita.

Se salió de mi y se puso a cuatro patas con las piernas separadas, me puse detrás, frente a sus nalgas, la tomé por las caderas y con mis pulgares le separé las nalgas.

- Despacio, mi amor, serás el primer hombre que me dé por el culo - me dijo.

Pasé mi polla por su coño recogiendo el semen que le salía, le lubriqué el ano y lentamente le metí mi capullo hinchado.

- ¿No te duele? - pregunté.
- No cariño, es buenísimo... dámela toda.

La cogí bien por las caderas y con suavidad le metí toda mi polla en el estrecho agujero de su culo desvirgándoselo. Entonces me incliné y me apoderé de sus firmes tetas acariciando sus duros pezones y así me la tiré por el culo. En cada metida ella gritaba de gusto hasta que clavando sus dedos en las sábanas, me gritó:

- ¡Me corro mi amor... que placer... lléname, quiero sentir tu leche en mi culo!.

Noté una fuerte contracción en su ano y le solté todo mi semen en sus entrañas. Esa noche dormimos juntos y nuestro viaje a Cuba se convertiría en nuestra luna de miel donde realizamos todas nuestras fantasías, trío incluido. Besos, Charo, de los dos.

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