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Amiga Charo, nací en el seno de una familia muy humilde, mi madre falleció siendo yo muy pequeñita y mi padre se juntó con una mujer que es mi madrastra.Mi padre es serio y muy dominante pero mi madrastra es un encanto, muy liberal y progresista. Yo he sido siempre un petardo, en el sentido de que, desde muy joven mi madrastra me iba indicando los pasos a seguir para sentirme muy mujer. Ella fue la que me arreglaba las cejas, me enseñaba a pintarme, me compraba tangas y sujetadores muy provocativos, ropa ajustada, etc, y cuando yo llegaba del instituto con algún compañero, me decía: - Cuando sea la hora ya llamaré a la puerta para que tu padre no os pille. Así me fui introduciendo en las artes del sexo. Hacía tiempo que las cosas en casa no funcionaban bien y mi madrastra un día, comentando los apuros económicos de papá, me dijo que yo debería buscar trabajo. Le dije que estaba de acuerdo y que empezaría por una empresa de colocación, pero ella me dijo: - Mira, niña, tú si quieres tienes tu propio negocio entre las piernas. Estuvimos hablando del tema, de lo que diría mi padre si se enteraba, etc. Así pasaron unos días y mientras estábamos cenando, mi madrastra se dirigió a papá y le dijo: - Mira, Paco, he encontrado una casa que necesitan una asistenta durante todo el día y yo había pensado que tu hija podría ganar un buen dinero. El no contestó de inmediato, quedó pensativo y al rato, dijo: - Bueno, no estaría mal, pero quiero que tú la acompañes para ver que clase de casa es. Al día siguiente las dos fuimos a la dirección, llamamos al timbre y nos hicieron subir. A mí me temblaban las piernas. Llegamos delante de una puerta y una señora muy elegante y educada nos recibió, e inmediatamente, me cogió de la mano y le dijo a mi madrastra que se esperase en el salón. A mi me llevó a una habitación llena de espejos por todas partes, una ancha cama, un baño, mueble bar... yo nunca había visto tanto lujo, y me dijo: - Esta será tu habitación. A continuación me hizo abrir el armario e indicándome un
traje de sirvienta me hizo desnudar y mientras lo hacía, ella iba
elogiando lo bonita que yo era. Me tocaba los pechos, me acariciaba el
cuerpo e incluso me besó en la boca. - Ven, ahora quiero que me comas el coño. Levantándose la falda se sacó las bragas, luego se sentó en la cama y con un dedo me señaló su coño. Entonces yo, como un autómata, me arrodillé entre sus piernas e hice lo que me pedía hasta que, entre convulsiones, se corrió en mi boca lanzándome todos sus jugos que, en parte, tragué. Tengo que decir que disfruté haciéndolo. A continuación me hizo poner el uniforme y me dijo que la siguiera, cogió unos papeles y nos presentamos delante de mi madrastra, yo con el uniforme más sexy que os podáis imaginar. La faldita era tan corta que por detrás se me veía prácticamente todo el culete, por delante nada se ocultaba de mi coño y escote, o mejor dicho, no había escote ya que mis dos tetas quedaban completamente al aire. - Bien, creo que valdrá - le dijo la señora a mi madrastra - Podéis firmar el contrato y no te preocupes que ganará como para que dentro de poco podáis cambiar de casa. Firmamos las dos, mi madrastra y yo y ella, tras darme un beso, me dijo: - A las nueve te vengo a recoger. Al momento mi señora me dijo que era norma que antes de empezar la jornada debería hacer la limpieza del piso. Limpié el baño, el pasillo, la sala de reunión, etc. y en una de estas me encontré frente a frente con un joven que inmediatamente llamó a la señora, de quien era hijo, y le preguntó: - ¿Me la dejas?. Yo estaba muy colorada y el chico, sin decir nada más, me cogió del brazo y se me llevó a su habitación y nada más entrar, se bajó la cremallera del pantalón y me ordenó: - ¡Chúpamela!. Sumisamente me arrodillé ante él, le cogí la polla con una mano y tras lamerle la punta varias veces, me la tragué para empezar a mamársela. Procuré esmerarme y debí hacerlo muy bien porque a los pocos minutos empezó a derramar semen en el interior de mi boca. Me lo tragué, pues ya estaba acostumbrada a hacerlo.Pero el chico era un portento ya que, después de su fenomenal corrida su polla seguía tiesa y bien dura por lo que me llevó a la cama, me tendió de espaldas en ella y abriéndome las piernas me metió toda la polla en el coño pegándome un polvo maravilloso. Al acabar me duché y arreglé para empezar la jornada. Cuando me llamaron para mi primer cliente, me presenté y me quedé helada al encontrarme delante de un viejo de unos 70 años al que, pasado mi estupor, llevé a mi habitación. Nada más entrar, me cogió la cara con las dos manos y me dijo: - Tanto tú como yo sabemos perfectamente lo que eres, ¿no, puta?. ¡Ahora arrodíllate, sácame la polla y chupa, guarra!. Así lo hice. Y cuando había terminado, me dijo: - Ponte en este rincón de rodillas. Así lo hice y entonces, sin yo esperarlo, se me meó encima. Al finalizar la jornada se me habían cepillado ocho clientes, más la señora. Cuando llegó mi madrastra, me dio un beso y me pidióque fuera a ducharme, así lo hice y cuando salí, mi señora le dio un sobre y nos despedimos con un: - Hasta mañana. En el sobre había dos mil euros, nos abrazamos y nos fuimos para
casa riendo. | |||||||||||||||
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