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Era un miércoles como cualquier otro pero ese día, amiga Charo, decidí tomar una decisión. ¿Aceptaría ir a comer con él?. Debo reconocer que conversar con él era sumamente agradable. Es un hombre maduro, 42 años, divorciado, con carrera universitaria, postgrados, diplomados y también está iniciando el doctorado, no recuerdo en qué, pero a veces me da la impresión de que lo sabe todo. Olvidaba decir que lo había conocido por correo electrónico. La semana pasada me envío su foto junto con la invitación
a pasar el fin de semana juntos en su casa de descanso. Obviamente aunque
hubiera querido no podría aceptar ausentarme tanto tiempo de mi
casa, de mi hogar. El viernes pasado me sugirió salir a comer,
conocernos un poco y quizá si lo encontraba lo suficientemente,
agradable concertar una cita para una sesión de sexo y dar rienda
suelta a nuestras fantasías aunque la suya es muy simple, quiere
que le haga el sexo oral y a mi me encanta hacerlo, claro que no se lo
dije, ni se lo diré, prefiero demostrárselo a su debido
tiempo. Me había prometido a mi misma portarme bien y tratar de recuperar
la pasión perdida con mi marido, sin hacer más travesuras
pero, ¿cómo puedo recuperar lo que no sé como perdí?.
Después de todo una pareja, y valga la redundancia, es de dos,
así que somos los dos los que tenemos el problema y en lugar de
caricias todo lo que hacemos es discutir. Lo que daría por un beso
bien dado. - Has llegado tarde - me dijo - Tu jefe te va a despedir un día
de estos y ¡dejaste la cafetera encendida!, la he tenido que apagar. Tras colgar busqué en mi agenda el teléfono de Manuel, el hombre culto y maduro que esperaba mi respuesta. - Sí soy yo - dije al reconocer su voz - acepto, ¿hoy mismo?.
Me parece bien, te espero entonces a las dos y por cierto, me lastimé
el tobillo el fin de semana, ¿no te importa que lleve muletas? Entre reuniones y llamadas pasó el tiempo, estaba nerviosa, mis manos temblaban y me cayó la pluma no sé cuantas veces, quería detener el tiempo, pero no era posible, y dar marcha atrás no me atrevía. Cuando miré el reloj por enésima vez eran casi las 2, y en eso que sonó suena mi móvil. Era él, es Manuel. - Nena, ya estoy aquí, te espero fuera del edificio. Llegué al ascensor, sin saber qué esperar de todo esto.
Había pasado tanto tiempo desde mi última travesura. Cuando
me aburro en las juntas y reuniones de trabajo a veces cierro los ojos
y recuerdo mi odisea en la sala de juntas de mi empleo anterior. Tuvo
que ser una aventura de una vez, el tipo se me estaba poniendo difícil,
comenzó a excitarse en exceso y a pedirme exclusividad e incluso
matrimonio. Esperaba que esta vez no sea al revés y sea Manuel
el que tenga que salir corriendo. - ¿A dónde deseas ir a comer?. El abrió los ojos como platos, y me respondió muy cortésmente: - ¿Estás segura?. Buscamos un hotel cercano y por el camino, posé mi mano en su
pierna. Honestamente no sé quien temblaba más si mi mano
o su pierna o las dos cosas, pero él me miraba de una forma que
me comía con los ojos. En un semáforo se atrevió
a pasar sus manos por mis pechos, como sopesándolos, comprobando
que son de buen tamaño, ni muy chicos, ni muy grandes. El seguía vestido, abrazarlo así yo desnuda con mi férula y él con ropa tocándome por todos lados, me hacia sentir muy deseada y vulnerable. Yo todavía no dejaba de temblar, solo que ahora no sabía si era de deseo o si seguía nerviosa. Finalmente posó sus dedos en mi clítoris y sentí un delicioso escalofrío que me hizo arquear la espalda y gemir. ¡Necesitaba tanto sentirme deseada y más aún ser tocada!. Mi cuerpo estaba recobrando vida ante las caricias de Manuel, y no pude más desear sentirlo en mi boca aunque más que querer lo necesitaba, sentir su miembro calientito duro, ansioso como yo, y lleno de leche caliente para mi, en mi boca. Excitada, traté de desnudarlo y debo reconocer que soy muy torpe
con las corbatas, cosa que le hizo mucha gracia a Manuel, y me ayudó
con eso pero me dejó quitarle lo demás porque yo insistí,
pues me resulta muy agradable a la vista ver salir de su prisión
a un miembro erecto. Manuel introdujo sus dedos dentro de mi vagina una vez más y como yo estaba tan mojada, sacó sus dedos, los metió en su boca y los saboreó como si se tratara de rica miel. Entonces me dijo: - ¿Te gustaría probarte... quieres saber que sabrosa estás...?.
Metió nuevamente sus dedos en mi coño y los puso en mi
boca. Era la primera vez que probaba mis propios jugos y en efecto son
dulces, bueno tienen un gusto un poco ácido al final pero soy dulce. - ¡Me encanta, así... así... maaás! - gemía
yo. Finalmente sentí que su orgasmo estaba cerca y oí a él preguntarme: - ¿Donde lo quieres, nena?. Abrí mi boca, me lo introduje lo más que pude y sentí
su leche salir tan abundante que no quise desperdiciar ni una gota. Me
lo comí todo gustosamente. | |||||||||||||||
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