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Querida Charo, quiero contaros a ti y a todos tus lectores algo que me ocurrió recientemente. Me encontraba almorzando solo, en un concurrido restaurante. Por casualidad mi mesa quedó, justo al lado de un par de mujeres, una bastante más joven que la otra, pero ambas de muy buen ver. Nos encontrábamos separados por un delgado tabique de madera finamente pintada. Al principio no les prestaba atención, hasta que oí a una de ellas, a la más joven, decirle a la otra, más o menos lo siguiente. - ¡Es que no sé con cual de los dos quedarme!. No sé, pero quizás la manera en que lo dijo fue lo que hizo que le pusiera una mayor atención a su conversación la que, en términos generales siguió así. "La verdad es que me estoy volviendo loca, por una parte está Luis, que es un desgraciado mentiroso, mujeriego, borrachín, desconsiderado, pero que me hace sentir toda una mujer en la cama cada vez que me encuentra. Por otra parte está Antonio mi esposo, no creo que haya mejor marido ni padre en el mundo que él, excepto por un detalle. Es toda una porquería en la cama, no ha terminado de metérmela, cuando ya se ha corrido. El pobre, desde que nos casamos ha tratado de hacer todo lo posible por aguantarse un poco, pero apenas me lo comienza a introducir, se corre. " Por lo visto, le dijo la otra mujer, ya te encuentras en aguas profundas, así que no te voy a venir con el cuento de que dedícate a tu marido, que el pobre de seguro esta pasando por un mal momento, no, está bien claro que lo que tienes con Luis es algo diferente, que no es amor, sencillamente es satisfacción. Satisfacción que no te da Antonio. Así que lo mejor que puedes hacer es seguir acostándote con Luis, hasta que te canses de él o que él se canse de ti. Que, por lo que me has dicho, eso es lo más probable que pase, pero por el momento sigue disfrutándolo. De paso, cuéntame como te casaste con un tipo tan desgraciado, como ese. Por un corto momento la más joven no dijo palabra alguna hasta
que, me imagino que después de tomar un poco de agua, continuó
hablando. Durante parte del camino, él no hacía otra cosa que mirarme
las piernas y fue cuando se me ocurrió vacilarlo un poco y comencé
a coquetear. Mi intención era calentarlo un poco y luego cortarlo
fríamente, por lo que dejé que la falda se me subiera un
poco, lo suficiente como para que me viera los muslos y quien sabe, quizás
parte de mis bragas, mientras que yo, como estaba aún bastante
molesta con Antonio, mentalmente incluso me imaginé que cosas pudiera
hacerme el bruto ese sí lo dejaba. En esos momentos yo fui la más sorprendida, no podía creerme
como estaba actuando. A medida que Luis metía y sacaba su polla
de mi coño, yo comencé a moverme bajo su peso disfrutando
todas y cada una de sus fuertes y largas embestidas. Fue la primera vez
en mucho tiempo que alcancé un satisfactorio orgasmo, sin que tuviera
que provocármelo yo con mis dedos. - Levántate, que ya estamos llegando. De inmediato puso en marcha la grúa y continuó conduciendo como si nada. Yo apenas tuve tiempo de arreglarme, auque no pude encontrar mis bragas. Después de dejar mi coche en el taller, se me acercó y me entregó la factura. Tras pagarle, me dio una tarjeta con su número de teléfono, y me dijo que cuando quisiera que él me remolcase que simplemente lo llamase. Se marchó como si nada hubiera pasado entre nosotros dos. Ese día no fui a trabajar, al llegar a casa me di una ducha y mientras me lavaba, comencé a acordarme de todo lo que había pasado entre ese bruto y yo por lo que, de manera inconsciente mientras me enjabonaba el coño, me comencé a acariciar y nuevamente alcancé otro divino orgasmo, pero no como los que tengo cuando Antonio me deja mirando el techo de nuestro cuarto. Luego me puse a pensar en lo que había hecho. Había engañado a mi marido, le había sido infiel con un perfecto extraño. El resto del día estuve debatiéndome en si se lo decía o no, pero finalmente no se lo dije y me juré a mi misma que eso no me volvería a suceder. Por la noche Antonio llegó bastante agotado y cuando me estaba contando como le había ido en la reunión de negocios, se quedó dormido. Por la mañana, como casi siempre, trató de hacerme el amor, pero como al igual que el resto de las veces anteriores, sencillamente me dejó el coño lleno de su leche mientras que yo me quedaba mirando el techo. Pero ya no me lo pensé y después de que Antonio se fue al trabajo, llamé a Luis el cual, en menos de media hora llegaba a mi casa. Yo terminaba de darme un buen baño y de asearme cuando lo oí llegar conduciendo una ruidosa motocicleta. Nada más entrar, se me tiró encima y sin contemplación alguna me arrancó la toalla en la que me envolví para abrirle la puerta. Yo pensaba decirle algunas cosas, como que no pensara mal de mí, que yo amaba a mi marido pero que el pobre no me satisfacía, pero la verdad es que ni me dio tiempo a decirle nada. Me tiró sobre el sofá y de inmediato me separó las piernas y de manera inusitada, mientras yo comenzaba a protestar, comenzó a meter su lengua dentro de mi coño. Apenas la sentí, te juro que me quedé callada y todas las cosas que pensaba decirle se me olvidaron. Luis me estaba haciendo algo que jamás Antonio creo que se le había ocurrido pensar. Por un largo rato me estuvo haciendo la mujer más feliz del mundo con su salvaje lengua, hasta que nuevamente me hizo disfrutar de otro estupendo orgasmo. Después de eso se incorporó y con toda calma se desnudó
completamente en medio de la sala, como que no le importaba si había
o no otras personas en la casa. Yo aún me encontraba con las piernas
bien abiertas, acostada en el sofá, cuando me tomó por los
tobillos, me levantó las piernas y las colocó sobre sus
hombros. Después dirigió su polla directamente a mi coño
que comenzó a penetrar de inmediato. Después de eso, sus visitas o nuestros encuentros eran casi a diario, por lo general en mi propia cama cuando nos daba tiempo, sino lo hacíamos en cualquier parte de la casa, en las escaleras, el comedor y hasta en la cocina. Fue precisamente en la cocina cuando me dio por el culo por primera vez. Mientras me besaba me fue llevando a la cocina, donde por un corto momento dejó de besarme, abrió la nevera, sacó la margarina, se embadurnó los dedos con ella, y sobre la mesa de la cocina me recostó boca abajo. Cuando comencé a sentir sus dedos tocándome el hueco del culo, me asusté y comencé a protestar y decirle que no, pero a los pocos segundos me estaba metiendo su rabo por el ano. Me dolió bastante pero Luis no dejaba de meter y sacar su polla de mi cuerpo y al poco rato cuando mi culo se adaptó, fue cuando lo comencé a disfrutar. - Mueve ese culo puta, yo sabía que te iba a gustar que te diera por el culo, perra. - me iba susurrando al oído. Me he convertido en una adicta a su sexo y hace lo que quiere conmigo. Después de eso, la joven se quedó callada, en silencio. La otra mujer no decía nada cuando oí la voz de un hombre saludando a las dos mujeres. El recién llegado resultó ser el pobre Antonio, el marido de la que le había estado contando todo lo sucedido a su amiga. Después del saludo le oí decir: - Amor, estoy algo molesto con la empresa, incluso tengo ganas de renunciar. Cuando la joven escuchó eso le preguntó la razón y el tal Antonio le respondió: - Es que me mandan por un tiempo indefinido, para que me encargue de
la sucursal que tenemos en Sevilla, ya que como su gerente falleció,
necesitan que se reorganice todo. Eso significa que aunque te lleve a
ti y a las niñas conmigo, no podré descansar ni los fines
de semana, ya que hay un desorden tal que es necesario que organice todo
y tú sabes como soy yo, no me agrada dejar las cosas pendientes.
De inmediato, tras darle un beso a su mujer, se retiró despidiéndose de la otra mujer también la cual, al marcharse Antonio, le preguntó a la joven: - ¿Pero no te preocupa que te sea infiel estando allá?. - Ojalá encuentre una que soporte lo que yo he tenido que soportar
en la cama con él, tú no sabes lo que es quedarse viendo
el techo después de que eyacula en cosa de segundos. El pobre jura
que es todo un semental, pero la verdad es que me va hacer un gran favor.
Esta "indiscreción", consiguió ponerme cachondo,
y pensé que a lo mejor, tenia la suerte de encontrarme algún
día con la casada insatisfecha. Hasta otra. | |||||||||||||||
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