Cada noche espera a que vuelva su mujer a las tres o a las cuatro de la madrugada, con olor a tabaco de un hombre y así poder penetrar de inmediato su coño y su culo jugosos y dilatados. Con esta práctica ha llegado a darse cuenta de que si no se sentía cornudo, no se le enderezaba la polla por lo que ha comenzado a estimular a su esposa para que prosiguiera sus encuentros.

Querida Charo, tengo 40 años y me casé con mi mujer a los 37 y que en ese entonces ella tenía 20. Mi mujer tiene un cuerpo espectacular y es la tentación de muchos hombres. A los pocos meses de casado descubrí que me ponía los cuernos con el administrador de la empresa donde ella trabajaba y cuando me lo confesó tras indagarla por detalles que sobresalían, lejos de enojarme, esa noche le eché el polvo más rico de mi vida. Noche tras noche me contaba detalles de los encuentros que había tenido con su amante, lo que me calentaba a tal punto que me la follaba con lujuria y como ella se daba cuenta de que no solo no me molestaba sino que me excitaba, comenzó a salir con el administrador asiduamente aunque no sin antes decirme que esa noche volvería tarde, lo que ya me ponía a mil.
No os imagináis lo que era esperar a que viniera a las 3 ó 4 de la mañana con el olor a tabaco del hombre y penetrar de inmediato ese coño y ese culo jugosos y dilatados. Entonces me di cuenta que si no me sentía cornudo, no se me enderezaba la polla por lo que comencé a estimular a mi esposa para que prosiguiera sus encuentros.

Eran varios en la oficina que requerían sus favores y ella los fue satisfaciendo, relatándome por las noches los apasionados encuentros hasta que una noche, en plena calentura, le pedí que se quedase preñada de alguno de ellos, el que más le gustara.

- Si así lo quieres, cariño te daré ese gusto, hay uno que me gusta muchísimo.
- Bueno - le dije - planéalo con tiempo.
- Sí, pero ¿cómo sabremos que es de él y no tuyo?.
- Pues vete de vacaciones con él una semana y vuelve preñadita - le dije.

Me estampó un beso de lengua y acariciándome la frente me dijo:

- ¡Ay que marido cornudo divino que tengo!. Calculo que en diez días entro en mis días fértiles, ¿así qué me dejas ir?. Él es soltero, es majísimo y tiene casa en la playa, así que si se lo insinúo seguro me lleva.

Caliente como un perro, le eché dos polvos hermosos y ella, imaginándose seguramente en brazos de aquel muchacho, tuvo repetidos orgasmos. Los días siguientes para asegurarme que no quedara preñada de mí, hicimos el sexo oral, aunque no era lo que más me apetecía.
En esa semana que estuvo ausente me llamaba por teléfono para contarme lo bien que la había pasado la noche anterior, lo cual me provocaba ricas pajas. Sorprendido y halagado su amante por no tener que vigilar, la prodigó las atenciones más efusivas, según me contó, y siendo excelente semental la llenaba de leche hasta rebalsar.

Mi mujer vino de esas vacaciones embarazada pues a los pocos días comenzó a sentir las nauseas consabidas, y yo, acariciándole la pancita, era el cornudo más feliz del mundo. El embarazo de ella fue el período más excitante y feliz de nuestro matrimonio, incluso para ella porque se sentía libre y feliz de tener amante y marido consentido. Todos los días su amante la traía de la oficina y frente a mi ventana se prodigaban besos incendiarios, sabedora ella que eso me excitaba. Incluso llegó un momento en que, por razones de trabajo, él venía a nuestra casa y así entablamos cierta amistad. Fue así que una tarde, pretextando una urgencia, los dejé solos diciéndoles que volvería tarde por la noche lo que aprovechó ella para llevarlo al dormitorio y follar apasionadamente.
Al volver él ya no estaba y ella me esperaba envuelta en gasas transparentes y el coño repleto de leche como a mí me gustaba. ¡Te imaginas qué noche!. Las visitas del amante se hicieron habituales y fue así que, en complicidad con ella, una noche me oculté en el armario y pude ver lo que ansiaba ver desde hacía tanto tiempo.

Entraron cogidos de la mano, ella con un picardías y él con el torso desnudo. Sentada en la cama ella le quitó los pantalones y comenzó a chuparle la polla, luego él la montó y la penetró en una forma furiosa comenzando a bombear en forma vertiginosa y ella, mirando hacia el armario me sonreía como diciéndome: ¿te gusta?. Luego le tocó el turno al culo. Ella boca abajo alzó su culo para la embestida del macho que sacaba y ponía, sacaba y ponía y entre estertores y gemidos de ella, el muchacho arrojó en el orificio dos o tres chorros larguísimos que provocaron que el semen cayera por las nalgas hasta empapar las sábanas. Cuando él se retiró yo, en medio de las sábanas mojadas, me la follé ansiosamente. Cuando la panza de mi mujer comenzó a hacerse notoria el joven se hizo habitual pues mi mujer le dijo que el bebé era de él y que yo lo consentía. Varias veces ella lo besó en mi presencia como asegurándole que nada temiera e incluso él besaba la panza de mi mujer mientras ella me miraba. Ni que habla decir como se me ponía la verga.

Una noche después de cenar y tras besarlo delante de mí, ella lo llevó al dormitorio, diciéndome:

- Voy a mostrar a Santiago - así se llamaba - el collar nuevo que me regalaste.

Guiñándome un ojo se lo llevó de la cintura y me hizo shss con un dedo en los labios.

- Id, tranquilos - yo les dije en medio de una calentura como nunca había sentido, por el desparpajo de ambos, pero sobre todo del muchacho que se sentía dueño de mi mujer.

Todo me provocaba una inmensa excitación y no veía la hora de que terminaran para continuar yo la faena. Cuando al cabo bajaron al living, mi mujer lo hizo envuelta en una bata transparente que dejaba casi afuera los senos y el vello púbico trasluciéndose. Ella fue a la cocina para preparar algo sustancioso y Santiago se sentó en un sofá y habiéndose percatado definitivamente que yo consentía sus encuentros me dijo:

- ¡Que mujer tienes!.
- ¿Te gusta? - le dije - Ven entonces cuando quieras, tu le gustas mucho a ella.
- ¿Crees que el bebé sea mío? - me preguntó - Ella me lo ha asegurado.
- Si, le dije, no tuve relaciones durante mucho tiempo con ella ni antes ni después de cuando salisteis esa semana.
- Es increíble, ¿no te molesta?.
- Para nada - le respondí - ella lo quiso y también es mi gusto, pues me ha dicho que lo habéis hecho buscándolo.

Mi mujer vino enseguida trayendo licores y confituras y sentada en medio de los dos nos ponía cosas dulces en la boca y tras eso un beso a cada uno.

- Mis amores - susurró - ¿Estáis contentos?.
- Yo sí - le contesté - porque te veo feliz.
- ¡Siiií...! - exclamó ella - Santiago me vuelve loca.
- A mi me vuelve loco tu mujer - exclamó él.
- Bueno entonces adelante - le dije y añadí algo que los sorprendió - Vente a vivir aquí y ponemos una cama más grande.
- ¿Harías eso. cariño? - preguntó mi mujer, y dirigiéndose a Santiago añadió - ¿A ti te gustaría?
- Yo no tengo problemas - le dijo - soy soltero y sin compromiso, igual sé que eres la mujer de él y estoy consciente que el bebé será de tu marido.
- De ambos - dijo prontamente ella - ¿No es cierto, cariño? - me preguntó.
- Sí, mi amor, lo cuidaremos entre los tres.
- Esperemos que nazca el bebé y luego te instalas, ¿si? - dijo ella al muchacho - De todos modos me vienes a ver, ¿no es cierto mi amor, que lo dejas?.
- Sí - contesté.
- Por ahora - dijo ella, dirigiéndose a mí - separados, pero no te pongas celoso porque te dejaré la cama calentita...

Después que nació el bebé, como al mes, Santiago se instaló en mi casa y se hizo dueño de mi dormitorio. El amamantar al bebé hizo crecer en forma descomunal los pechos de mi mujer para solaz del muchacho que gozaba viéndolos. Él llevaba el bebé junto al lecho donde estaba mi mujer para que lo amamantara y luego de colocarlo en la cunita se entregaban a los brazos uno del otro. Yo, las más de las veces volvía tarde e iba a mi nuevo dormitorio donde ella prontamente me visitaba. Yo le preguntaba si habían hecho el amor y si así era le echaba dos ricos polvos. Si no lo habían hecho no se erguía mi verga. No podía follar a mi mujer si antes no lo había hecho ella con otro. Una noche entrando a mi dormitorio ella me dijo:

- No te quedes allí, ven a compartir la cama, ¿no quieres?.
- De mil amores - le contesté y desde ese día los tres nos acostábamos juntos.

A veces me dormía de inmediato y a los pocos minutos sentía el crujir del colchón y me despertaba en medio de gemidos. Inmediatamente mi verga respondía y cuando él terminaba seguía yo. Otras veces entre ambos lográbamos llevarla al cielo muchísimas veces en la noche.
Al verano siguiente, o sea a principios de 2004, mi mujer aceptó la invitación de su jefe a un crucero por Europa, lo que provocó mi placer, pero no el de Santiago, que hecho una furia se fue de mi casa. El hecho es que no pasó mucho tiempo para satisfacción mía y de ella de que su jefe se convirtiera en su amante. Claro que éste nuevo amante era casado y el viaje por Europa lo harían junto a la mujer de él. Ello no fue obstáculo para que se arreglaran de tal manera que mi mujer volvió nuevamente embarazada del viaje. Esta vez, las visitas del jefe eran junto con su esposa, lo que no nos permitía efusiones de ninguna clase. Pero siempre había motivo para que mi mujer se quedara fuera de hora en la oficina y al volver con su coño dilatado y empapado me llevaba al éxtasis.

Así transcurren actualmente los días. Yo esperando ansioso la llegada tardía de mi esposa, completamente excitado y con ansias de aspirar el perfume de semen que siempre trae. Saludos a los lectores y besos a Charo.

  volver al menú