A el le ponia caliente pensar que a su mujer se la tiraban otros hombres. A veces mientras follaban, él le contaba sus fantasías y ella se excitaba mucho. Aquel fin de semana y sin planearlo, a nuestro amigo Paco, le salieron las cosas tal y como él quería.

A mi esposa y a mí nos encanta practicar el nudismo en las playas cercanas a Santander. Araceli, mi esposa es una mujer de 41 años, con cara de niña y un cuerpo de locura 1,65, 60 Kg, 95-56-98 de medidas y muy caliente en la cama. Yo, de 43 años tengo un tesoro, como dice ella, entre las piernas.
El día 2 de abril pasamos un fin de semana estupendo en Santander que os voy a relatar.
Nos hospedamos en un hotel de la ciudad y a las 12 nos fuimos a Liencres, una población cercana a la capital cántabra, hicimos unos bocadillos y nos fuimos allí. Este fin de semana, el acuerdo con mi esposa es, que ella aceptaría hacer todo lo que yo quisiera, la volvía loca con mis fantasías y un poco cansada de mí, aceptó, pero yo era consciente de que ella sentía mucho morbo cuando se las contaba mientras hacíamos el amor.

Llegamos enseguida a la playa, dejamos el coche en los aparcamientos y nos adentramos con las mochilas en la playa. Cuando habíamos caminado por las dunas unos cinco minutos le dije que se quitara el bañador, ella dijo asombrada:

- ¿Pero si aún no hemos llegado a la línea de playa?. Si me desnudo en el camino pueden vernos varias personas, aunque... ¿eso es lo que quieres?.

Yo le dije que no rechistara y obedeciera, que iba a ser un día fenómeno. Se desnudó dejando al aire sus hermosos pechos, pero la braga no quería quitársela. Yo la obligué a ello diciéndole que me lo había prometido. Al fin se la quitó y su coño, estupendo y peludito, quedó al aire. Se la veía estupenda. Entonces le di la mano y seguimos por el camino hasta la zona de los pinares.

Por el camino nos encontramos a un chico de unos 23 años que se quedó con la boca abierta, más tarde a un hombre y una mujer de unos 50 años con un perrito, él se quedó mirando a mi chica, la mujer le recriminó y se fueron discutiendo. Araceli se puso colorada pero estaba empezando a disfrutar.
Al llegar a un claro, antes de la playa, me percaté que el joven había dado la vuelta y nos seguía escondido entre los pinos. Entonces le dije a Araceli que parase y extendí la toalla, pero ella me dijo:

- Pero si aún no hemos llegado a la zona de playa... estás de un raro... - pero accedió añadiendo - ¿Ahora qué hacemos?. A ver si alguien pasa por aquí y nos ve… no me parece bien, es mejor ir a una zona entre los pinos.

Yo me quité el bañador y ella viendo mi tremenda erección, que alcanza 21 cm y es muy gruesa exclamó:

- Vaya, si que estás contento…

Saque de la mochila la bola vibradora que usamos a veces en nuestras relaciones y se la puse sobre el clítoris, ella dio un respingo y comenzó a gemir mientras se masturbaba. Yo sabía que si lograba excitarla ya no pararía y la tendría en mis manos. Así fue.

- Mientras te masturbas un poquito voy a vigilar los alrededores - le dije.
- No te alejes - contestó entre suspiros.

No me equivocaba, di un rodeo y entre los pinos vi a nuestro joven admirador masturbándose con una enorme erección mientras miraba a mi mujer y a unos cinco metros un hombre de unos 65 años hacía lo mismo. Tenía una barriga considerable y un rabo gigantesco. Pase delante del joven y le di un susto de muerte, tenía su rabo cogido con ambas manos y de repente cayó sobre la arena.

- Tranquilo - le dije - disfruta todo lo que puedas, cuando la esté follando te acercas un poquito y te masturbas cerca de ella, ¿vale?.

El solo asintió pálido. Cuando llegué junto a Araceli, estaba con su bolita, con las piernas abiertas.

- Tenemos admiradores - le dije.
- ¡Como en tus fantasías! - contestó ella cerrando las piernas.
- Obedece, es mi día - dije yo.

Ella sonrió, estaba llena de jugos vaginales y contestó:

- Pues si es tu día, fóllame que intentaré disfrutar también.

Abrió las piernas totalmente mientras se masturbaba y metió mi polla en la boca iniciando una mamada de campeonato. Ya la tenía totalmente salida, sabia que no había retorno. Se puso de lado y me hizo penetrarla, sujeté una de sus piernas para penetrarla bien. Nuestro amiguito se hizo ver, primero estudio la reacción de Araceli pero al ver que le miraba y seguía jadeando, se sentó a unos 2 metros y se masturbó mientras Araceli, que estaba ahora totalmente salida, decía palabras obscenas como:

- ¡Fóllame bien, mira este cabrón como disfruta...!. ¿Te gusta mi coñazo...?.

Yo estaba salido y me movía como cabalgándola mientras. Ella me decía entre sollozos que estaba muy caliente, que quería agarrar la polla del chaval. Araceli nunca había tenido otras relaciones y no había tocado otra polla que no fuese la mía, pero, se volvió y me dijo:

- Por favor, que esto lo has iniciado tú, no me jodas ahora…

Asentí y le hice un gesto al joven para que se acercara, Araceli le puso un preservativo y le comenzó a mamar la polla mientras yo la penetraba con furia. No sé qué me pasaba pero disfrutaba de esto como en mis fantasías y no me importaba ver que tenia otra polla en la boca y en las manos disfrutaba viéndolo y viendo disfrutar a Araceli como nunca Así se corrió jadeando como una posesa aunque pidiendo más y más. Nuestro joven amigo se corrió rápidamente y Araceli lamía con cuidado todo su pene y sus huevos. Mientras él se contorsionaba ella exclamó:

- ¡Que gustazo de polla jovencita y larga tienes!.

El joven se retiro, se quitó el preservativo y se echó un poco hacia atrás para recuperarse. Yo no tardé en correrme también y llené todo el coño de mi querida esposa de leche. Ella seguía caliente y aunque cuando salí de ella había tenido dos o tres orgasmos, quería más marcha pero ni el joven ni yo estábamos preparados. Ella tomó la mano del chaval y se la metió entre las piernas, hasta que este acabó comiéndole el coño, pero cuando empezó a liberar parte de mi semen entre sus jugos, se retiró.
Ella sonrió, se limpió el coño con una toalla húmeda y a continuación me tomó a mí que seguí con la tarea. A los cinco minutos tenia al joven con su polla bien tiesa en la boca de mi esposa y cuando le ofrecí cambiar ahora sí que lo aceptó, se colocó entre las piernas de mi mujer y le lamía el coño como un poseso. Araceli, tomándome de la mano y dándome las gracias, me dijo:

- ¡Como disfruto con dos rabos!.

Cuando decía esto se dio cuenta que a unos cinco metros estaba nuestro orondo admirador. Ella me miró preocupada pero yo sonreí, ella se relajó y me preguntó:

- ¿Estás seguro?.

Asentí, el hombre se levantó y Araceli abrió los ojos alarmada al verlo avanzar hacia nosotros.

- Paco, ¿has visto lo que tiene este tío entre las piernas?.

El hombre no tenía una erección muy fuerte pero calzaba una polla de unos 23 ó 24 cm, gorda, sin un pelo en ella y que le colgaba entre las piernas al andar. Me miró y me pidió permiso diciendo:

- ¿Puedo entrar en el juego?.
- Desde luego - le dije - únete a nuestra orgía.

El hombre apartó al joven, que estaba lamiendo a Araceli, y se colocó el preservativo que le di, aunque le costó mucho metérselo. Araceli le miraba nerviosa y cuando comenzó a colocar su capullo entre sus labios, dio un pequeño salto atrás con las caderas.

- Me va a reventar - me dijo.

El dulcemente le dijo que se tranquilizara, que su mujer era muy estrechita de coño y nunca le hacía daño. Ella, atónita, aceptó, se relajó y empezó a ser penetrada suavemente y muy despacio. Los labios de su coño se dilataron enormemente mientras el joven y yo mirábamos anonadados. Ella fue acomodándose y comenzó a mover sus caderas despacio mientras este hombre la follaba, pero como gemía como una loca, yo empecé a pedirle que bajase el tono, que nos oiría media Santander. Tampoco era cuestión de organizar un espectáculo.

- Ahora no me cortes - me dijo - déjame disfrutar…

Tomó mi polla y la de nuestro jovencito en la mano y se las llevó a la boca chupándolas alternativamente y a la vez.

- ¡Comedme las tetas! - nos dijo.

Lo hacíamos inmediatamente mientras nos mordía las pollas hasta hacernos casi daño. De repente puso los ojos en blanco, dio un jadeo y luego un gritito. Se estaba corriendo como nunca, con un orgasmo largo. Su cara estaba congestionada y el hombre que la penetraba seguía haciéndolo mientras jadeaba como un toro sin importarle que Araceli estuviera como inconsciente. Siguió fallándola durante más de diez minutos mientras el muchacho y yo acariciábamos su cuerpo y nos pajeábamos. Ella estaba con los ojos abiertos pero no decía nada, solo tenía una sonrisita en su cara pero estaba con los músculos relajados. Finalmente este hombre acabó por correrse, saliendo de ella y viendo como una enorme cantidad de leche llenaba el preservativo, a punto de estallar.

Miguel me dijo que se marchaba, así se llamaba este hombre mayor que había roto totalmente de placer a mi mujer, me dio su teléfono y me dijo que le llamásemos por la tarde, y el joven también se marchó después de correrse sobre las tetas de mi esposa. Al cabo de unos minutos allí no había nadie, lavé con las toallitas húmedas a Araceli, la vestí y ella se dejaba hacer como atontada, pero estaba consciente. Cuando se recuperó casi no podía caminar, le dolía el chocho y andaba con las piernas abiertas. Fuimos despacio al coche y marchamos al Hotel, se metió en el baño y no salió en una hora.
Cuando apareció me dio un beso largo y agradecido, diciéndome:

- Ha sido el mejor regalo, cariño, he disfrutado como nunca y he tenido infinidad de orgasmos mientras era observada por tantos tíos... pero no me quitoesa enorme polla de la cabeza, ¿No te importa que le llamemos y que me folle al menos una vez más.

Así lo hicimos, se puso al teléfono y quedamos para el día siguiente. Pero eso ya os lo contaré en una próxima carta. Besos de los dos.

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