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Somos una pareja joven que vivimos en Castellón y que, después
de mucho pesarlo, hemos decidido escribirte para que salga nuestra historia
en tu revista, querida Charo. Ahora paso a contar como nos ha cambiado la vida después de conocer a nuestros vecinos. Ella, Victoria, de 38 años, mide 1,68, pesa unos 50 kg tiene unas tetas pequeñas y es muy fina, delicada y frágil. Arturo, su marido, trabaja de camionero repartiendo pescado con camión propio, mide 1,85, pesa más de 100 kg, tiene unas manos enormes al igual que sus pies, barrigudo y peludo, es más parecido a un orangután que a una persona, pero con una polla tremendamente grande y llena de venas enormes. Todo empezó cuando mi mujer y yo nos compramos un piso en una
nueva urbanización con piscina, pista de tenis y zona de recreo
para niños. Nos lo dieron a finales de noviembre del 2002 y empezamos
a vivir en febrero del 2003. Ahí fue donde conocimos a Victoria
y Arturo, con los que hicimos una buena amistad, tanto que, nos invitaron
a pasar unos días en una casita de campo, con piscina, que tienen
en un pueblo cercano a Castellón donde no tienen casi vecinos ya
que está en medio del campo. - ¿Qué te pasa, cariño, que te has empalmado? - dijo mi mujer riéndose - ¡Sí la tuya empalmada es más pequeña que la de Arturo en reposo!. Menos mal que Victoria salió en mi defensa diciendo que no me preocupara, ya que, no era el primero al que le pasaba eso al ver el pollón, con venas quilométricas, de su marido. Mi mujer y yo le preguntamos que como era eso y a qué se refería y ellos nos contaron que durante un tiempo se dedicaron al intercambio de parejas y en hacer tríos, casi siempre con mujeres ya que la delgada Victoria no podía sola con el pollón de Arturo y luego ella le dijo a mi mujer: - Si te atreves con el pollón de Arturo, adelante, que yo ya me encargaré de la de tu marido. Mi mujer y yo nos miramos y les dijimos que de momento no, que estábamos muy bien los dos, nuestra relación no necesitaba ningún tipo de juego sexual y que en nueve años, entre novios y casados, nunca habíamos pensado en el intercambio y mucho menos en que nos gustaran personas del mismo sexo. Pero lo que pasó esta noche fue algo fuera de lo normal. Mi mujer y yo hicimos el amor más de cinco veces sin dejar de pensar en el pollón de Arturo y en el cuerpecito de Victoria y después de mucho follar y hablar esa noche, decidimos decirles que sí, pero, que si no nos gustaba lo dejábamos y seguíamos con nuestra amistad. A mi mujer se la veía con muchas ganas de tener la verga del vecino bien adentro de su coño y yo me moría de ganas de ver como mi mujer era follada por una polla enorme. A la hora de desayunar, yo me quedé con Arturo y su pollón
lleno de venas y con mi pollita empalmada hablando de todo un poco. Victoria
y mi mujer estaban en la cocina preparando el desayuno y hablando, por
lo que luego supe, de nuestra noche de jodienda y de que, sin malos rollos,
podríamos llevar a cabo el intercambio de parejas. Entonces salieron
las dos de la cocina y Victoria le dijo a su marido que estábamos
dispuestos a practicar el intercambio con ellos. Arturo se levantó y tras pedirme permiso para meter su pollón en Mª Jesús, permiso que yo le di, lo aprovechó Victoria para coger con su delicada y fina mano el pollón de su marido y diciéndole a mi mujer que era todo suyo, le pegó un morreo con lengua empezando a tocarle las tetas y meterle mano por todo el cuerpo. Mª Jesús ya estaba chorreando cuando Arturo, con sus manazas, la cogió, le dio la vuelta, la apoyó contra la mesa y comenzó a comerle el coño y a meterle en él los dedazos que tiene, que son más grandes que mi pollita. Yo estaba allí meneándomela como un mono viendo como Victoria y Arturo se comían entero el cuerpazo de mi mujer. El pollón de Arturo ya estaba tieso y parecía una barra de acero de lo hermoso y duro que lo tenía. Mª Jesús con su mano no la abarcaba y ya se había corrido un par de veces con los tocamientos de nuestros vecinos. Yo no había visto forma igual de correrse una mujer y entonces Arturo, con la ayuda de la manita de Victoria apoyó el pollón en el coño de mi mujer y se lo fue introduciendo poco a poco. Mi mujer gritaba de dolor y de placer sin dejar de correrse, al igual que yo, que ya me había corrido meneándomela un par de veces. Mª Jesús, entre el pollón que no dejaba de entrar y salir y las caricias de Victoria, llegó a perder la conciencia de las veces que se corrió. Esa enorme verga estuvo más de veinticinco minutos entrando y
saliendo del coño de mi esposa hasta que Arturo la cogió,
la puso de rodillas ante él y le metió el pollón
en la boca, aunque casi no le entraba por lo que ella, se limitó
a pasarle la lengua por todo el tronco hasta que soltó tal cantidad
de leche que llenó la boca y cara de mi mujer y de Victoria. Yo
estaba alucinado no solo porque una súper polla se había
follado a mi mujer sino porque yo me había enamorado de ella, de
ese falo gigantesco. Pero lo mejor de todo para mi fue un jueves que venía de correr por la noche y me encontré, como muchos días, a Victoria y Arturo follándose a mi mujer. Yo, diciéndoles que luego me unía ellos para follarme a Victoria, me fui a la ducha. Cuando ya estaba bajo el chorro de agua, se abrió la puerta del cuarto de baño y apareció Arturo con su pollón flácido pero enorme, diciendo que se duchaba conmigo. Al cerrar la puerta de la ducha y el estar allí encerrado con él, mi pollita se puso toda tiesa y Arturo, riéndose, bajó su manaza, me la cogió y empezó a meneármela mientras que con la otra mano me agarraba del culo y me atraía hacia él. Cuando yo estaba a punto de correrme como un colegial él, con
un dedazo de su mano derecha empezó a hurgar en el agujero de mi
culo y entonces vi como su pollón crecía de manera inhumana,
momento en que metió todo el dedo en mi tierno culo virgen haciéndome
pegar un grito de dolor que debió oírse en todo Castellón
y me corrí como un chaval. - ¿Es que te gusta el pollón de Arturo?. No le contesté nada porque Arturo, girando mi cuerpo y separándome
las nalgas, estaba intentando romperme el culo con su pollón y
allí mismo, con la ayuda de Victoria y mi mujer, me penetró
haciéndome un daño horrible, pero al mismo tiempo el hombre
más feliz del mundo. Mª Jesús y Victoria no dejaron
de chupar mi pollita hasta que me corrí y Arturo me llenó
el culo de leche dejándome hecho polvo, pero feliz. | |||||||||||||||
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