Nunca se habían atrevido a practicar el intercambio de pareja pero a instancia de sus vecinos, con los que les unía una muy buena amistad, acabaron aceptando hacerlo con ellos. La polla de su vecino, Arturo, fue un argumento de peso que les ayudo a decidir. Pasaron un fin de semana inolvidable, y que ha significado un gran cambio para nuestro amigo Antonio.

Somos una pareja joven que vivimos en Castellón y que, después de mucho pesarlo, hemos decidido escribirte para que salga nuestra historia en tu revista, querida Charo.
Me llamo Antonio, tengo 29 años, mido 1,80, peso 85 kg, de buen ver, complexión fuerte y una polla de 14 cm que a partir de ahora la llamaremos "pollita" por lo que más adelante sabrás. Mi mujer, Mª Jesús, tiene 26 años, ojos verdes, mide 1,70, pesa 55 kg y está buena de romper, gasta una talla 100 de sujetador y tiene un culo tipo corazón para morirse de puro vicio.

Ahora paso a contar como nos ha cambiado la vida después de conocer a nuestros vecinos. Ella, Victoria, de 38 años, mide 1,68, pesa unos 50 kg tiene unas tetas pequeñas y es muy fina, delicada y frágil. Arturo, su marido, trabaja de camionero repartiendo pescado con camión propio, mide 1,85, pesa más de 100 kg, tiene unas manos enormes al igual que sus pies, barrigudo y peludo, es más parecido a un orangután que a una persona, pero con una polla tremendamente grande y llena de venas enormes.

Todo empezó cuando mi mujer y yo nos compramos un piso en una nueva urbanización con piscina, pista de tenis y zona de recreo para niños. Nos lo dieron a finales de noviembre del 2002 y empezamos a vivir en febrero del 2003. Ahí fue donde conocimos a Victoria y Arturo, con los que hicimos una buena amistad, tanto que, nos invitaron a pasar unos días en una casita de campo, con piscina, que tienen en un pueblo cercano a Castellón donde no tienen casi vecinos ya que está en medio del campo.
Después de pasar algunos fines de semana con ellos en su casita. A mediados de julio, entre risas, los cuatro decidimos tomar el sol desnudos. La sorpresa fue de mi mujer y mía al ver el pollón de Arturo lleno de venas gigantescas y lo que pasó fue que mi pollita al ver el pollón aquel, de más de 26 cm, se me empalmó.

- ¿Qué te pasa, cariño, que te has empalmado? - dijo mi mujer riéndose - ¡Sí la tuya empalmada es más pequeña que la de Arturo en reposo!.

Menos mal que Victoria salió en mi defensa diciendo que no me preocupara, ya que, no era el primero al que le pasaba eso al ver el pollón, con venas quilométricas, de su marido. Mi mujer y yo le preguntamos que como era eso y a qué se refería y ellos nos contaron que durante un tiempo se dedicaron al intercambio de parejas y en hacer tríos, casi siempre con mujeres ya que la delgada Victoria no podía sola con el pollón de Arturo y luego ella le dijo a mi mujer:

- Si te atreves con el pollón de Arturo, adelante, que yo ya me encargaré de la de tu marido.

Mi mujer y yo nos miramos y les dijimos que de momento no, que estábamos muy bien los dos, nuestra relación no necesitaba ningún tipo de juego sexual y que en nueve años, entre novios y casados, nunca habíamos pensado en el intercambio y mucho menos en que nos gustaran personas del mismo sexo. Pero lo que pasó esta noche fue algo fuera de lo normal. Mi mujer y yo hicimos el amor más de cinco veces sin dejar de pensar en el pollón de Arturo y en el cuerpecito de Victoria y después de mucho follar y hablar esa noche, decidimos decirles que sí, pero, que si no nos gustaba lo dejábamos y seguíamos con nuestra amistad. A mi mujer se la veía con muchas ganas de tener la verga del vecino bien adentro de su coño y yo me moría de ganas de ver como mi mujer era follada por una polla enorme.

A la hora de desayunar, yo me quedé con Arturo y su pollón lleno de venas y con mi pollita empalmada hablando de todo un poco. Victoria y mi mujer estaban en la cocina preparando el desayuno y hablando, por lo que luego supe, de nuestra noche de jodienda y de que, sin malos rollos, podríamos llevar a cabo el intercambio de parejas. Entonces salieron las dos de la cocina y Victoria le dijo a su marido que estábamos dispuestos a practicar el intercambio con ellos.
También nos dijo Victoria que su marido podía estar jodiendo un buen rato sin correrse y cuando se corre puede seguir empalmado y que, como en toda la noche habían estado haciendo el amor, tenía los enormes huevazos llenos de leche. Luego añadió, al ver que mi pollita seguía empalmada, que me haría una mamada mientras su marido se encargaría de Mª Jesús.

Arturo se levantó y tras pedirme permiso para meter su pollón en Mª Jesús, permiso que yo le di, lo aprovechó Victoria para coger con su delicada y fina mano el pollón de su marido y diciéndole a mi mujer que era todo suyo, le pegó un morreo con lengua empezando a tocarle las tetas y meterle mano por todo el cuerpo. Mª Jesús ya estaba chorreando cuando Arturo, con sus manazas, la cogió, le dio la vuelta, la apoyó contra la mesa y comenzó a comerle el coño y a meterle en él los dedazos que tiene, que son más grandes que mi pollita. Yo estaba allí meneándomela como un mono viendo como Victoria y Arturo se comían entero el cuerpazo de mi mujer. El pollón de Arturo ya estaba tieso y parecía una barra de acero de lo hermoso y duro que lo tenía.

Mª Jesús con su mano no la abarcaba y ya se había corrido un par de veces con los tocamientos de nuestros vecinos. Yo no había visto forma igual de correrse una mujer y entonces Arturo, con la ayuda de la manita de Victoria apoyó el pollón en el coño de mi mujer y se lo fue introduciendo poco a poco. Mi mujer gritaba de dolor y de placer sin dejar de correrse, al igual que yo, que ya me había corrido meneándomela un par de veces. Mª Jesús, entre el pollón que no dejaba de entrar y salir y las caricias de Victoria, llegó a perder la conciencia de las veces que se corrió.

Esa enorme verga estuvo más de veinticinco minutos entrando y saliendo del coño de mi esposa hasta que Arturo la cogió, la puso de rodillas ante él y le metió el pollón en la boca, aunque casi no le entraba por lo que ella, se limitó a pasarle la lengua por todo el tronco hasta que soltó tal cantidad de leche que llenó la boca y cara de mi mujer y de Victoria. Yo estaba alucinado no solo porque una súper polla se había follado a mi mujer sino porque yo me había enamorado de ella, de ese falo gigantesco.
Después de desayunar y bañarnos, nos dedicamos todo el día a follar. Mª Jesús nos se separaba del pollón de Arturo y yo, cada vez que me follaba a Victoria, parecía que la metía en un pozo sin fondo, pues estaba súper abierta, igual que la verga de Arturo iba a dejar el coño de mi esposa. Fue un fin de semana en que, tanto Arturo como Victoria, no dejaran de darle placer a mi mujer.

Pero lo mejor de todo para mi fue un jueves que venía de correr por la noche y me encontré, como muchos días, a Victoria y Arturo follándose a mi mujer. Yo, diciéndoles que luego me unía ellos para follarme a Victoria, me fui a la ducha. Cuando ya estaba bajo el chorro de agua, se abrió la puerta del cuarto de baño y apareció Arturo con su pollón flácido pero enorme, diciendo que se duchaba conmigo. Al cerrar la puerta de la ducha y el estar allí encerrado con él, mi pollita se puso toda tiesa y Arturo, riéndose, bajó su manaza, me la cogió y empezó a meneármela mientras que con la otra mano me agarraba del culo y me atraía hacia él.

Cuando yo estaba a punto de correrme como un colegial él, con un dedazo de su mano derecha empezó a hurgar en el agujero de mi culo y entonces vi como su pollón crecía de manera inhumana, momento en que metió todo el dedo en mi tierno culo virgen haciéndome pegar un grito de dolor que debió oírse en todo Castellón y me corrí como un chaval.
Entonces él me cogió por los hombros y me agachó, dejándome a la altura de su verga y al cogérsela con las manos y ponerla en mi boca supe porque la delicada y fina Victoria adoraba a Arturo y porque el cuerpazo de mi mujer quería ser penetrada siempre por el pollón del vecino. Parecía que tuviera vida propia con sus venas grandiosas. Yo nunca había pensado que me fueran los tíos pero en aquellos momentos quería ser penetrado por ese pollón que Arturo tenía.
Al oírme gritar Mª Jesús y Victoria se habían acercado y cuando vieron la escena se echaron a reír mientras mi mujer me preguntaba:

- ¿Es que te gusta el pollón de Arturo?.

No le contesté nada porque Arturo, girando mi cuerpo y separándome las nalgas, estaba intentando romperme el culo con su pollón y allí mismo, con la ayuda de Victoria y mi mujer, me penetró haciéndome un daño horrible, pero al mismo tiempo el hombre más feliz del mundo. Mª Jesús y Victoria no dejaron de chupar mi pollita hasta que me corrí y Arturo me llenó el culo de leche dejándome hecho polvo, pero feliz.
A partir de ese momento somos tres mujeres para el pollón de Arturo, aunque yo siempre que puedo le hago el amor a Victoria pues me encanta su cuerpo, su fragilidad y su delicadeza que me vuelven loco.
Saludos y ya os seguiré contando lo que ocurra a partir de ahora.

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