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Mi nombre es Andrés, amiga Charo, tengo 40 años, estoy
casado y lo que os voy a contar pasó hará unos años,
durante el mes de Julio, que es cuando cojo las vacaciones. Hace algunas semanas, sin embargo, volvimos a vernos en este chalet y
mientras estuvo cocinando le pedí amablemente que se apartara un
poquito para poder coger unos cubiertos, al hacerlo puse ambas manos sobre
su cadera y la empujé muy suavemente a un lado, ella me sonrió
y me guiñó un ojo, lo cual me hizo recordar aquellos roces
de hacía tanto tiempo. Ese día se había puesto un
vestido playero muy mono, "para estar fresquita", decía
ella, yo la veía impresionante con ese trozo de tela. - Estabas guapísima el otro día con ese vestido para estar
más fresquita, se te veía fantástica - le dije. La conversación siguió con otras tonterías tópicas
y típicas hasta que llegamos a su casa, donde estaba uno de sus
hijos, a quien saludé con toda naturalidad, y luego me fui. Al cabo de un ratito de estar allí, Rosa, que así se llama
la tía de mi mujer, dijo que iba a ponerse fresquita, guiñándome
un ojo disimuladamente. Juro que el corazón me dio un vuelco y
efectivamente, al cabo de un ratito apareció con el vestidito de
marras, ese vestido que me pone tanto. Le devolví el guiño
a lo que ella me respondió con una sonrisa. Yo estaba empezando
a ver las cosas claras. Me encantó sentir sus carnes. Ella echó la cabeza hacia detrás y noté su tensión pero no supe si podría hacer algo más aunque, como se suele decir, "de perdidos al río", cuando ya había cogido los cubiertos la abracé por detrás a la altura de la barriga, me apreté contra ella y le dije suavemente al oído: - Gracias por el vestidito... La cara con la que me miró me puso cachondo y ya no podía
disimular la erección. Cada vez que tenía que entrar o salir
de la cocina le rozaba el culo, pero esta vez con ganas, con toda la palma
de la mano. Ella me cogía de la cabeza metiendo los dedos entre mi pelo. Entonces le bajé un tirantito del vestido y un pecho fantástico apareció ante mí. Lo toqué y me pareció maravillosamente suave. Acerqué mi boca y empecé a chupar la aureola y el pezón con destreza, pero como ella empezó a gemir demasiado fuerte, le dije que no hiciera ruido. - ¡No puedo, que me tienes a mil! - respondió. Pero como vi que iba a ser demasiado escandalosa la dejé de momento,
además, los demás estaban bastante cerca como para oírnos
si hacía demasiado ruido, la volví a acercar a mi abrazándola
por detrás apretando y magreando su bonito culo, y de momento lo
dejamos así, cosa que no le gustó mucho, pero no quedaba
más remedio. Y además había que hacer el café. - Voy al lavabo, ahora vengo - dije. Entré por la cocina y lo primero que hice fue levantar aquel vestido. Le toqué el culo con toda la pasión del mundo y empecé a amasar aquellos pechos tan fantásticos. Oíamos los comentarios del dominó, pero estábamos en nuestro mundo de placer desenfrenado. Ella se giró, dobló sus rodillas y sacó mi miembro que ya estaba a mil. De hecho, llevaba así toda la tarde. Primero fueron unos simples lengüetazos, pero enseguida se la tragó entera. - ¡Ooooh que postre más maravilloso! - exclamó. Yo estaba a punto de reventar y ella seguía con la maravillosa
mamada, yo no quería correrme en su boca, al menos no la primera
vez, pero no pude contenerme. Le dije que me iba, pero ella, en vez de
apartarse, se aferró más a mis nalgas y me dejé llevar,
corriéndome en su boca abundantemente, sin que ella dejase escapar
nada. Cuando acabó de limpiarme me dijo que se tenía que
ir al lavabo y allí quedé yo, pasmado, con mi sexo limpio,
flácido y temblando por lo que acababa de pasar. Dejó escapar un grito ahogado y me empezó a apretar fuertemente
una nalga y a cada embestida mía apretaba un poco más fuerte.
Al poco se puso de cara a la ventana hacia fuera, con lo que podríamos
ver si venía alguien, y seguí bombeando notando como ella
iba haciendo más fuerza con sus movimientos, y también como
su espalda se iba arqueando, señal de que faltaba muy poco para
el orgasmo. Mis manos no dejaban de amasar aquellos maravillosos pechos
y aquella cadera que tanto adoraba. Ella abría sus carnes con una
mano mientras con la otra volvía a apretarme una nalga fuertemente.
Me estaba dejando marcadas las uñas, pero me volvía loco
esa sensación. Era maravillosa. Le besaba el cuello, le pasaba
las manos por el pelo y luego volví a sus pezones. Cada vez que
tocaba su clítoris notaba cómo se estremecían sus
piernas y brazos. Finalmente, no aguanté más y descargué
por completo dentro de ella. Cuando lo hice noté como ella también
llegaba al clímax por sus tremendas convulsiones. Percibí
cómo su piel se erizaba y sus pezones se volvían más
duros si cabe. De pronto notamos como se enfadaban los jugadores de dominó y como uno de ellos se levantaba. Ella miró de reojo por la ventana, me dio un beso en la boca y me dijo: - ¡Corre, vete al lavabo!. Yo fui corriendo al lavabo y me adecenté un poco. Cuando bajé todo estaba en orden. No había pasado nada, pero la semana siguiente volvimos a ir todos a la casa y fue mejor aún. Saludos. | |||||||||||||||
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