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Hola a todos, esta carta testimonio está escrita por mí, Nieves con 48 años muy bien conservados, vamos que soy una buena hembra, macizorra y bien plantada. Estoy casada con Luis ya en los 50, que me tiene bastante desatendida en el tema de la jodienda pues desde hace un par de años con motivo de un importante ascenso laboral ha de dedicar mucho más tiempo y esfuerzos a su trabajo lo que ha hecho que se resienta nuestra relación de pareja. Pero esta carta también está escrita por Antonio, nuestro vecino, que es viudo. Antonio está prejubilado de una entidad bancaria por lo que lleva una vida de total relajación y con todo el tiempo del mundo para dedicárselo a la casa, a él mismo y un poco a sus hijos que casi siempre están fuera aunque de hecho dos de ellos ya no viven con él. Nosotros tenemos las llaves del piso de Antonio, como también él tiene la de nuestra casa, y esto desde hace muchos años pues con su mujer teníamos muchísima confianza y cuando uno de los dos matrimonios iba de vacaciones el otro cuidaba la casa del vecino. Ahora y pese a que Antonio se las arregla bastante bien, todavía paso a ayudarle en algunas cosas a las que él no llega. Sobre todo con la plancha, pues es una cosa que se me da muy bien y Antonio no hay manera, además como es bastante presumido, lo lleva mal. Por eso suelo pasar algunas tardes, después de comer, a planchar a su piso y allí Antonio me da conversación y muchas veces acabamos tocando el tema del sexo. Por confidencias de su mujer yo sabía que estaba muy bien dotado y que era bastante fogoso en la cama. Por sus comentarios sé que echa mucho de menos a su mujer como hembra y que lleva mal su falta en la cama. Me reconoció que sobre todos se dedica a la masturbación y aunque se planteó ir a algún local para encontrar un desahogo sus escrúpulos morales no se lo han permitido. Estos comentarios hechos en las tardes de plancha conseguían que yo me pusiera también caliente. De hecho alguna que otra vez me lanzó algún piropo diciendo lo guapa que estaba y lo contento que tendría que estar Luis con una mujer como yo en la cama. Estos comentarios se los hacía saber a mi marido que nunca les dio la más mínima importancia, en parte por la confianza y en parte porque según él era normal que estuviese "necesitado" de mujer y claro, teniéndome cerca era lógico que se acelerase. A mi marido yo también le recriminaba que cada vez lo hacíamos menos, a lo que él contestaba que realmente no podía más pues estaba agotado y que no podía dar más de sí. En su descargo diré que los fines de semana y puentes, vacaciones, etc, me hacía sentir como una reina y se ocupaba de cuidarme, llenarme de caprichos y por supuesto de hacerme rabiar en la cama. Nosotros como pareja lo hemos probado todo e incluso tenemos un par de vibradores que son los que me han ido ayudando a calmar mis ansias cuando Luis ya no puede más. También tengo una más que completa y cuidada colección de lencería súper erótica. A causa de esta ropa es como empezó mi nueva vida sexual. Os lo voy a explicar. Un día que se rompió nuestra lavadora, y como el técnico no vino a arreglarla hasta pasada casi una semana, necesité pasar toda mi colada a casa de Antonio. Puse toda mi ropa a lavar, aunque para ello necesité varias coladas. Yo pasaba, ponía los programas en la lavadora y cuando acababa me avisaba Antonio para que volviese a por la ropa. En la última colada, con toda la ropa más delicada, iba un juego precioso de lencería muy morbosa, con un tanga abierto por la entrepierna que a Luis le pone muy nervioso y que gracias a él consigo unas folladas de impresión. No me había dado cuenta de que iba con el resto de mi ropa pero como además y después de varias coladas no tenía sitio en mi terraza para colgarla, le pedí a Antonio permiso para colgarla en el suyo así que, cuando acabó, lo que hizo él fue directamente a ponerse a colgar mi ropa. Creo que cuando vio el lote completo de sostén y tanga casi le da un infarto, pues cuando pasé a su casa me dijo muy serio: - Estoy muy molesto contigo, pues sabes de mis problemas y encima lo que haces es excitarme aún más y hacérmelas pasar canutas hasta el punto en que no puedo apartarte de mi cabeza y estoy dispuesto a hacer una locura, como violarte pase lo que pase luego. Me lo dijo muy serio y yo me quedé parada. Antonio iba con su albornoz y nada más debajo y enseguida se le empezó a poner la "tienda de campaña" marcando un terrible bulto. Yo iba con los pantalones del chandal y una camiseta blanca pegada que marca mucho mis tetorras. En un momento lo tenía junto a mí, besándome y metiéndome mano. No sé que fue lo que me pasó pero me dejé hacer y casi sin darme cuenta estaba respondiendo a sus besos juntando mi lengua con la suya. En el acto metió su mano por debajo de la camiseta y me magreó las tetas todo lo que quiso consiguiendo que me la sacase, junto con el sujetador, por encima de la cabeza y quedando con las tetas al aire. Esto lo aprovechó Antonio para sobármelas y mordérmelas sin parar. Parecía que estaba poseído pues no hacía sino gruñir y suspirar. Con tanto ajetreo se le abrió la bata quedando su rabo al aire.
Tiene una polla gorda como un vaso y bastante larga y con ella se pegó
a mi vientre sin dejar de rozarme por toda la entrepierna. En cuanto pudo
se deshizo de la bata quedándose en bolas y a la vez, con una de
sus manos, me sobaba el culo, tanto por encima del pantalón como
abriéndose paso por mi espalda llegando a meter un dedo en mi pequeño
agujero y sacándolo, me lo hizo oler y chupar para volver a metérmelo
de nuevo. Yo estaba totalmente entregada y solo quería una cosa:
follar. Como pude también me desnudé del todo y ya sin tapujos,
me arrimaba a su rabo cogiéndolo con mis manos y meneándolo
para su gran placer. Cuando descansamos un poco, Antonio me dijo que sentía lo que me había hecho pero que lo llevaba tan calentorro que no lo pudo evitar y eso y ver mi tanga lo volvió loco. Yo ya estaba dispuesta a todo así que me levanté y me fui al balcón tal cual estaba, desnuda, y sin importar que me vieran, cogí el famoso tanga y me lo puse. Con él encima volví al salón y al verme Antonio se le salieron los ojos de las órbitas, se levantó y me llevó a su dormitorio, me tumbó con toda delicadeza en la cama. me abrió bien de piernas, se metió entre ellas y me estuvo comiendo el coño un rato largo. Me corrí por lo menos dos veces, quedándome totalmente rota pero Antonio estaba otra vez en marcha y con su rabo tieso me fue acariciando desde las tetas para acabar metiéndomela en la boca y allí, puesto a horcajadas, me estuvo follando la boca hasta que al llegar su corrida me la sacó y echó toda su leche entre mis tetas. Cuando se corrió se quedó como muerto tumbado en la cama, yo me metí en su ducha y me enjaboné bien quedando como nueva. Cuando salí del baño Antonio seguía tirado en la cama y yo, ya vestida me acerqué a él le di un beso en la boca y le agarré del rabo pero aún así no reaccionó. Me despedí de él y feliz, volví a mi casa. Ya en casa estuve pensando en lo que había hecho y me di cuenta que podía tener consecuencias graves para mi matrimonio y cuando vino Luis se dio cuenta de que estaba muy seria pero no le dio mayor importancia. A la mañana siguiente llamé a casa de Antonio y como él aún estaba en la cama, me abrió en pijama, y al verme venir tan seria supuso que pasaba algo. Fuimos al salón y le dije: - Lo de ayer fue una locura y no quiero destrozar mi matrimonio por una calentura, un impulso loco y como no pienso volver a repetirlo espero tu discreción y comprensión y que nunca más me vas a poner en un compromiso. Antonio se calló, luego me dijo que lo entendía, que era un buen amigo de Luis y mío y como no quería dificultades ya se apañaría como pudiese. Nuestra vida siguió al mismo ritmo, eso sí con menos confianza por mi parte pues no sabía como podía llegar a reaccionar si Antonio intentaba otro acercamiento. Con mi marido las cosas fueron a peor, ya solo follábamos un fin de semana de cada dos y eso que voluntad no le faltaba, hasta que un día decidí hablar con él y le dije: - Tu trabajo y tus preocupaciones van a acabar con nuestra relación de pareja y yo no quiero tener que salir a la calle a buscar otro macho, como hacen varias conocidas, cuando tengo uno en casa con el que, en condiciones normales, seríamos muy felices, debes replantearte tu trabajo de otra forma. Luis se sinceró conmigo y me dijo que en este momento no podía echarlo todo por la borda pero que creía que en un par de años ya estaría en condiciones de delegar muchas cosas y volver a ser felices. Yo me enfadé mucho con él y le dije: - Pues lo siento, pues yo necesito volver a sentirme una mujer deseada y te van a salir un buen par de cuernos si no reaccionas. Entonces me dijo una cosa que me dejó helada. Dijo que sería capaz de soportarlo siempre y cuando no lo hiciese a sus espaldas e incluso llegar a participar y entre la otra persona elegida y él, dejarme satisfecha. Así quedó todo pero un día que mi vecino Antonio me hizo un requiebro, se encendió una luz en mi cabeza y decidí que me iba a acostar con él pero con el consentimiento de Luis y a poder ser, con los dos a la vez. Por eso, una de las escasas veces que estábamos follando Luis y yo, le dije que nuestro vecino me estaba tirando los tejos, que cada día era más audaz, que se ponía muy sobón a la mínima ocasión y que cualquier día me iba a poder la lujuria e iba a hacer algo irreparable. Luis me dijo que si tenía que ponerle los cuernos mejor con Antonio, del que se fiaba y sabía que era un buen amigo, que con cualquier otro de por ahí. Esa misma noche contesté que ya que así lo quería lo mejor que podía hacer era ir a hablar con él, explicarle nuestro problema, pedirle su ayuda y ver lo que se podía hacer, pero Luis me dijo que eso era imposible, que lo mejor era que yo lo hiciese creer que me había vencido la tentación y que cuando ocurriese, hacer lo posible para pillarnos juntos en la cama. Entonces con todo el juego al descubierto, hablarlo entre los tres y llegar a un apaño. Acabamos follando de nuevo pues solo de pensar como íbamos a prepararlo todo, Luis se calentó y echamos un polvo de órdago. Lo que sigue ya os lo contaré en una próxima carta. Saludos y hasta muy pronto. | |||||||||||||||
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