La verdad era que él no sabía que era lo que le sucedía a su sobrina y el por qué de su marcha tan repentina, aunque sospechaba que algo había pasado con su marido. La realidad, supero la fantasía.

Querida Charo, Sandra, mi sobrina, sin estar gorda no se puede tampoco decir que es delgada. A mí me recuerda mucho a Sofía Loren cuando era joven, de cintura estrecha, caderas anchas y un pecho muy llamativo, no tanto por lo grande, que lo es, sino porque tiene unas aureolas oscuras de las que salen unos enormes pezones, y cuando digo enormes es que son grandes de verdad. Mi sobrina y yo siempre hemos tenido mucha confianza que, incluso hoy, mantenemos.

El caso es que, y antes de que Sandra viniese a vivir conmigo, de manera casual me enteré que Fernando, su marido, se había negado a hacerse cargo de nada que tuviese que ver con ella, no tenía intención de pasarle manutención e incluso me confesó posteriormente que no quería seguir viéndola. En aquel momento me pareció algo increíble, ya que Fernando es un hombre fantástico en todos los aspectos, es culto, simpático, atractivo y encima tiene una buena posición económica, siempre había adorado a su hija y a su mujer y no entendía absolutamente nada, porque una cosa es dejar de amar a tu mujer y otra muy distinta no querer saber nada de tus hijos. El caso es que decidí ir a verle para ver si podía tratar de hacerle cambiar de opinión y que recapacitase sobre sus actos. Fui a su despacho y ciertamente no estuvimos mucho hablando, me explicó que tenía motivos más que suficientes para actuar como lo estaba haciendo y que no tenía ni idea de que clase de persona era su querida sobrina. De esta manera y muy preocupado me marché de su despacho pensando en que tenía que averiguar que es lo que pasaba y a qué se estaba refiriendo Fernando.

Sin embargo, todo ha cambiado desde que tengo el paquete que un viernes recibí en mi empresa, sin remite, del tamaño de un folio que la secretaría me dio con el correo de la mañana. Cuando me fui a mi despacho abrí el sobre, dentro tenía un pequeño folio doblado por la mitad y escrito por una sola cara, una cinta de video con el nombre de mi sobrina en la carátula y un sobre más pequeño cerrado. Leí el folio, en el cual únicamente ponía que viese la cinta y que a continuación leyese el contenido del sobre pequeño, lo firmaba Fernando. Fui a una sala de audiovisuales de la empresa, puse la cinta y al ver lo que contenía decidí que era mejor verla en casa, inventé una excusa y volví a mi piso.
Encendí el video y puse la cinta desde el principio. En seguida reconocí el dormitorio de la casa de mi sobrina. Estaba vacío aunque el micrófono de la cámara captaban risas y charlas de la habitación de al lado. De repente se abrió la puerta y vi a mi sobrina riendo cogida en brazos por un tremendo negro de cerca de dos metros que se dirigía con ella a la cama. El negro en cuestión era Samuel, uno de los empleados del chalet de mi sobrina, se encargaba de cortar el césped, mantener la piscina limpia, lavar el coche y por lo visto, también de mi sobrina. Lo que viene a continuación es una trascripción fiel del contenido de la cinta y de los diálogos que mantuvieron ambos, junto con algunos detalles más que a posteriori mi sobrina me ha confesado.

- ¡Samuel, por favor, bájame, me vas a tirar! - decía ella.

Samuel obedeció y dejó a Sandra encima de la cama. Se reincorporó y se quedó sentada en el filo de la cama con las piernas abiertas y el vestido subido por encima de las rodillas de manera que podía vérsele el blanco de las bragas. El brazo izquierdo lo tenía apoyado en la cama para que soportase el peso de su cuerpo. Con la mano derecha empezó a acariciar la cintura de Samuel.

- No sabes cuanto he deseado este momento - le dijo Sandra, incorporándose más y abrazándose al imponente negro mientras dejaba su cabeza apoyada al vientre de éste.

Samuel no decía nada, solamente se limitaba a acariciar el pelo de Sandra, suavemente, sin prisa. Vestía un mono de color azul oscuro, que siempre se ponía cuando comenzaba su jornada laboral y como siempre debajo no llevaba más que los calzoncillos. Samuel era guineano, había empezado a trabajar en casa de Sandra hacía cosa de tres meses y como muchos de sus compatriotas estaba en España en busca de una vida mejor para tratar de sacar adelante a su mujer y a sus dos hijos que continuaban en su tierra.

Sandra se sintió atraída por Samuel casi por casualidad, él estaba en el sótano colocando unas estanterías, tenía el torso desnudo y reluciente por el sudor debido al esfuerzo. Sandra bajo a ver que tal estaban quedando y en ese momento oyó como un si saliese agua de un grifo. Pero no era ningún grifo, era Samuel que estaba meando sobre el desagüe. Sandra pudo ver el enorme aparato que tenía y que en reposo debía de medir cerca de veinte centímetros y era muy gruesa. Notó como se le endurecían los pezones y como casi por instinto se sentía mojada. Samuel no se había dado cuenta de que Sandra lo miraba y cuando terminó y alzó los ojos se encontró con los de ella. El no dijo nada y continuó trabajando. Sandra se dio la vuelta y volvió por donde había venido pero al llegar a su cuarto comprobó que estaba temblando.

Es a partir de este momento Sandra no volvió a ser la misma, la imagen de aquel tremendo pene la tenía hechizada y cada vez que hacía el amor con Fernando, no era con él con quien lo hacía sino con Samuel. Al principio trataba de evitarlo y procuraba no pensar en él, pero el deseo era más fuerte que ella y cuando estaba sola en la casa lo espiaba tratando de ver en algún descuido aquel fenomenal instrumento, en definitiva se convirtió en una obsesión y poco a poco fue dejando de lado a Fernando. Hacían el amor más de tarde en tarde y las excusas, olvidos y mentiras se fueron convirtiendo en el pan nuestro diario de Sandra. No es que no quisiera a Fernando, de hecho me ha confesado que no puede vivir sin él y que es el gran amor de su vida, pero no podía quitarse a Samuel de la cabeza, o mejor dicho su polla.

Sandra trataba de calentarlo por todos los medios, pero Samuel estaba muy agradecido a Fernando y se resistía hasta que el día de la cinta de video Samuel se encontraba fumigando el césped y cuando acabó se fue a la ducha que tienen para el personal situada en el garaje. Ese fue el momento que mi sobrina aprovechó. Cuando Samuel salió de la ducha y se estaba poniendo un mono limpio, Sandra se colocó detrás de él y comenzó a besarle la espalda y a tocarle el vientre. Samuel se dejó hacer, y dejó que Sandra cogiese su polla flácida y la acariciase pero cuando se dio la vuelta le dijo:

- Señora, esto no está bien. Su marido...
- ¡Calla y bésame! - dijo Sandra abrazada a su cuello y tratando de meterle la lengua dentro de la boca.

Samuel, estaba como una estatua completamente inmóvil, los brazos caídos, la mirada al frente, los labios cerrados.

- ¡Samuel, bésame!, ¿es qué no te gusto?

Sandra continuaba tratando de provocarlo. Cogió una de las enormes manos del negro y se la puso en el pecho comenzando a masajearse por encima del vestido. Entonces Samuel reaccionó.

- ¡No señora, le he dicho que esto no está bien! - dijo tratando de apartarla, pero Sandra estaba fuertemente abrazada a su cuello, y continuaba besándolo - ¡Por favor, apártese! - insistió.

Metió su mano por dentro del mono y del calzoncillo y agarró el pene a Samuel, este se estremeció, cogió a Sandra en brazos y se la llevó a su dormitorio. En el dormitorio, Samuel tocaba el pelo a Sandra, se puso de rodillas y comenzó a besar su cuello, lo hacía lentamente y sin prisas, la tumbó en la cama y se puso encima de ella. Continuó besando su cuello, pero en cada beso descendía un poco más, después del cuello, vino el pecho, donde se recreó largo rato mientras que los pezones de Sandra se ponían más y más duros por momentos. Después vino el vientre, el ombligo, las piernas y así hasta que llegó a los pies. Mientras que Samuel besaba cada poro de Sandra, ésta se quitó el vestido y se quedó solamente con las braguitas y era tal el estado de excitación de mi sobrina que podía verse como sus bragas mostraban una tremenda mancha de flujo en medio de ellas.

Samuel, cuando finalizó su sesión de besos en los pies, comenzó a repetirlos pero en sentido contrario, primero los pies, luego las rodillas, donde hizo que Sandra abriese las piernas completamente. Cuando llegó al pubis, me llamó la atención un detalle que obviamente jamás la había visto y es que al igual que los pezones, mi sobrina tenía un clítoris muy grande, yo diría que el triple de lo normal, tal y como lo enfocaba la cámara podría haber pasado por un pene chiquitín, de hecho a medida que Samuel lo lamía, éste salía un poquito más dándole un aspecto sumamente apetecible. Sandra no volvió al mundo real hasta que se dio cuenta que Samuel se había desnudado completamente y estaba tratando de meterle su tremenda verga en la vagina. No exagero al decir que debía de medir cerca de 25 cm y no sé si se cumplirá o no en todos los caso el tópico de que los negros la tienen muy grande pero desde luego, en el caso de Samuel, grande era decir poco. Para ayudar en ello estaba mojándose el glande en los flujos de mi sobrina y ésta, al verlo en esa guisa, abrió un cajón y sacó una caja de preservativos que dio al negro.

- Ponte uno, no me estoy cuidando y estoy en mis días más fértiles.

Samuel cogió la caja y la echó hacía un lado.

- ¡No querías rabo, pues yo te lo voy a dar, puta! - gritó.

Dicho esto, comenzó a meter la punta del glande dentro del coño de Sandra que al ver que Samuel se la quería follar a pelo, trató de zafarse de él.

- ¡Estás loco, te he dicho que te pongas un condón! - gritó Sandra, mientras se incorporaba y cerraba las piernas.

Samuel no dejó que continuase y al ver que se estaba apartando la agarró fuertemente de las piernas y la atrajo contra si. Sandra comenzó a forcejear con él, intentando en vano quitárselo de entre sus piernas.

- ¡No cabrón... a pelo no me la metas... a pelo... nooooo...!.

No pudo decir más, con su enorme corpulencia Samuel se puso encima de ella, colocó su pene en la entrada y apretó las caderas contra Sandra. El tremendo glande desapareció en el coño así como la mitad del pene de Samuel. Mi sobrina al notarle dentro comenzó a pegarle más fuerte y a moverse convulsivamente tratando de sacarle de dentro de ella, pero con esto lo único que consiguió fue que Samuel perdiese el equilibrio y todo el pene que aún quedaba fuera se hundiese completamente dentro de su vagina. Sandra dio un grito de dolor.

- ¡Aagggh... cabrón... sácala, por favor, me estás... me estás partiendo por dentro! - gritó comenzando a llorar.

Samuel se quedó quieto por unos instantes, como tratando de calibrar lo dentro que estaba de ella y el posible daño producido, sacó un poco su pene hasta casi la mitad, se volvió a quedar quieto y a continuación comenzó un suave bamboleo en círculos, como tratando de hacerse hueco en la dilatada vagina de mi sobrina para que su herramienta no tuviese problemas en entrar y salir. Repitió la operación varias veces, metiendo más o menos su rabo dentro de la raja de Sandra. Esta seguía llorando pero muy débilmente, estaba muy quieta y parecía resignada a aceptar lo que Samuel quisiera hacerle, al fin y al cabo ella había provocado esta situación. El dolor que había sentido cuando la penetró fue horrible pero su vagina parecía que se estaba adaptando al gigantesco intruso y Samuel comenzó a moverse dentro de ella. Sacaba gran parte de su herramienta y luego la volvía a meter.

Primero lo hizo muy despacio pero a medida que su excitación aumentaba también lo hacían el ritmo de sus embestidas y así continuó hasta que en una de sus acometidas Sandra notó como el pene de Samuel se hinchaba, que éste se pegaba más a ella y empezaba a eyacular. Era tal la cantidad y la fuerza con la que salía que Sandra involuntariamente empezó a tener un orgasmo y agarró a Samuel del culo atrayéndolo más hacía sí. Cuando éste acabó de correrse lo besó en los labios. A partir de ese momento, mi sobrina ya se olvidó por completo de si la montaba o no a pelo, se pasó lo que quedó de tarde follándose a Samuel, y él todavía se corrió una vez más dentro de ella y otra vez en su boca. Cuando la cinta acabó, yo iba ya por mi tercera paja. Joder con Sandra. Entonces me acordé de que todavía no había leído la carta de Fernando, así que la abrí y leí lo siguiente:

"Como ves tu sobrina no ha tenido ningún tipo de miramientos a la hora de serme infiel. Ella a visto el video y obviamente no ha podido negar nada pero hemos llegado a un acuerdo, debido a mi posición no me interesa que el video salga a la luz pero tampoco voy a permitir que se quede con nada mío siendo una zorra, de hecho ella sabe que lo usaría si no acepta mis condiciones, que son muy simples, se marcha de casa y renuncia a todo".

No ponía nada más, no decía ni como había conseguido la cinta de video, ni que había sido de Samuel, pero desde luego ahora estaba todo muy claro. Pero de lo que no cabe duda es que mi sobrina ha demostrado ser una zorra de tomo y lomo. Pero lo que más gracia me hace de todo esto es que mi sobrina sigue diciéndome que no puede vivir sin Fernando. Ver para creer. Hasta pronto.

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