Las ganas de jugar de sus alumnos en aquel viaje de estudios, le habían impedido descansar convenientemente. Aquella noche, parecía diferente. Se habían ido a dormir todos pronto, y Adela y sus compañeros, profesores como ella, tuvieron una sobremesa agradable. Aquélla velada, les sirvió para "conocerse" mejor.

Amiga Charo, voy a relatar una experiencia que tuve, con motivo de un viaje de trabajo. Soy una mujer de 37 años me dedico a la docencia, trabajo de profesora en un instituto de secundaria, y esto que cuento sucedió en un viaje de estudios.
Nos encontrábamos en los últimos días de nuestro viaje con un grupo de alumnos de primero y segundo de secundaria. Eramos tres profesores, dos hombres y yo, encargados de su cuidado. Pablo y yo, como tutores del grupo, y Juan que vino de apoyo. Ya podéis imaginar el poco descanso nocturno que estos alumnos/as nos permitían, y en varias ocasiones la dirección del hotel ya nos había llamado la atención por el jaleo de ir y venir los alumnos a las habitaciones, por la simple excitación que les producía estar fuera de casa.
Finalmente pudimos conseguir tranquilidad para las dos ultimas noches, lo que nos permitió tener más horas de descanso, de las 3 ó 4 hasta el momento, habituales. Esa noche, nos pudimos permitir estar un rato en la cafetería del hotel después de que todos se hubieran retirado a sus habitaciones sin más problemas.

Mis compañeros de trabajo resultaron ser muy buena compañía en este viaje, por el momento en el ámbito profesional, más tarde y para mi sorpresa en otros aspectos. El trabajo que había supuesto los días de viaje, las visitas a los distintos lugares turísticos y culturales, así, como la labor de controlar a los alumnos día y noche, no nos había permitido tener un momento de distensión para conocernos un poco más, aunque sí de darnos cuenta que había cierta afinidad, al menos no habían surgido problemas entre nosotros y todo iba de maravilla. Ambos eran atractivos y más o menos de mi edad. Pablo con 36 años, 1,80 m de estatura, profesor de informática y Juan, de 35 años, algo más alto y profesor de Educación Física. Después de una animada conversación, en la que no faltaron algunos chistes del ramo y otros más picantes, derivando luego a temas eróticos, que nos excitaron, yo me despedí, sin poder imaginar lo que sucedería más tarde, debido al despiste de haberme dejado el bolso en la cafetería. Finalmente me fui a mi habitación mientras que ellos se quedaban un rato más.

Era una noche muy calurosa y en la habitación, a sabiendas que esa noche no habría problemas con el alumnado, me puse cómoda y ligera de ropa y me dispuse a dormir, pero entre el calor y quizá el cansancio no lo conseguía. Me levanté de la cama, dejé entornada la puerta de la habitación, a ver si de esta forma conseguía un poco más de aire fresco, y me senté en un sillón mirando hacia la terraza, que permanecía abierta. Esperaba que la serenidad de la noche me ayudara a dormir. Comencé a recordar parte de la conversación mantenida en la cafetería con mis compañeros, derivando mis pensamientos hacia fantasías eróticas, lo que me provocó cierta excitación, animándome a masturbarme. Sería una buena forma de relajarse, después de todo.

Abrí mis piernas y comencé a tocar mi sexo con una mano mientras que con la otra acariciaba mis pechos por encima de la ropa. Realmente no llevaba mucha, un picardías liviano y semitransparente y un tanga, pero aún así notaba calor. Así estaba, disfrutando del momento, cuando entró Pablo, encontrándome de esta guisa. Llevaba un rato observándome, según me dijo más tarde, cuando se decidió a actuar. En un principio me sorprendió su llegada, pero, supongo que por lo excitaba que estaba y el deseo que se acrecentaba en lugar de parar me animé a seguir.

- Te dejaste el bolso y vine a traerlo - me dijo mientras me miraba con deseo y curiosidad - ¿Te ayudo?- preguntó .
. ¡Claro que sí! - contesté.

Mi excitación había subido cien grados. El corazón me palpitaba como si quisiera salirse de mi cuerpo. Pablo se acercó y comenzó a tocarme allí donde mis manos habían pasado. Luego se arrodilló ante mi, y retirándome a un lado la braguita empezó a besarme los muslos, ascendiendo por ellos. Me abrió las piernas y acercando su boca a mi coño noté cómo lo abría saboreando con sus labios y su lengua mis fluidos, pues estaba muy húmeda de la excitación.

- Así mejor que tú sola, ¿verdad? - comentó.
- ¡Siiií... mucho mejor! - exclamé.

Sujetando su cabeza entre mis piernas le dejé hacer mientras gozaba de sus masajes. Lentamente noté como apretaba cada vez más su contra mi sexo.

- ¡Me corro... no aguanto más! - le dije de pronto, casi a voz de grito.

Mientras explotaba notaba suaves ondulaciones en mi interior. Y veía como él se levantaba frente a mí, observándome, mientras yo permanecía con las piernas abiertas notando mi sexo palpitar. Al poco rato me animé a levantarme, le di un beso la boca para saborear mis propios jugos y le miré sonriendo. Él me devolvió la sonrisa. Acaricié su pecho a la vez que desabrochaba su camisa y deslicé mi lengua y mis labios por su torso. Chupé sus pezones, mordisqueándolos suavemente, deslicé mi lengua por todo su torso hasta el ombligo, donde la introduje. Notaba su respiración acelerada y su creciente excitación. Mis manos adelantadas y curiosas tocaron su paquete y empecé a desabrocharle el pantalón liberando su sexo de la presión del calzoncillo. Entonces le pedí que se sentase, me arrodillé ante él, tomé su polla entre mis manos, la acaricié suavemente, la acerqué a mi cara, besé la punta y con la lengua le di suaves lengüetazos y luego la besé por todas partes, bajando a los testículos que introduje en mi boca suavemente, chupándolos, mientras sostenía su sexo en mis manos. Besé la punta y lo introduje poco a poco en mi boca, sorbiéndolo con delicadeza. Luego lo saqué despacio, haciendo chasquear mi lengua cada vez más rápido, mientras una de mis manos, curiosa, pasaba por debajo de su entrepierna para acariciar sus glúteos.

Al final me levanté y monté en sus rodillas a horcajadas, ofreciéndole mi boca y mis pechos. Pablo los aceptó de buen grado chupando mis pezones con ansia. Entonces me dejé caer encima de su polla, dirigiéndola con mis manos, y se introdujo fácil y profundamente en mi. Nos quedamos mirándonos, pero sin vernos realmente, solo sintiendo placer, mucho placer. Movía mis caderas en vaivén, como dibujando un semicírculo, subiendo y bajando mientras le besaba. Así cabalgando permanecimos durante un rato prolongado hasta que, de repente, Pablo se levantó, manteniéndome abrazada y me llevó a la cama, tumbándose encima de mí.

- Ponte de espaldas a mí, a cuatro patas - me ordenó.

Cuando me coloqué en la posición deseada, deslizo su pene por mi espalda, bajando por mis nalgas, parándose en mi culo, acariciándolo con su sexo, bajando suavemente para luego introducirse salvaje en mi coño, haciéndome notar una eléctrica sacudida que me llegó hasta los pezones. A la vez introducía uno de sus dedos en mi ano. De repente salió de nuevo de mi coño ascendiendo por mis glúteos hasta meterme su polla en mi culo suave y profundamente, tocando mi clítoris con una mano, mientras envestía más y más, haciéndome gritar de placer.

- ¡Me corroooo... no puedo más! - chillaba yo mientras llegaba de nuevo el orgasmo embriagador.

Salió de mi culo y aprovechó para tumbarme boca arriba, intentando relajarme y mirar su cara de placer. Entonces Pablo se sentó encima, mientras acariciaba mi cuerpo, a la vez que pasaba su pene por mi abdomen, sujetando mis brazos por encima de mi cabeza, subiendo hasta llegar a mis pechos y situándose entre ellos. La acerqué mi boca y le di suaves lengüetadas mientras le sujetaba la polla con mis pechos. Se la chupé fuerte, la acaricié entre mis manos y me la metí en mi boca. Al final me abrió las piernas y se introdujo en mi, aumentando gradualmente el ritmo y de nuevo el placer exquisito llegó a mí.

- Esto es fenomenal - dijo - Me das mucho placer y nunca pensé que esta situación pudiera hacerse realidad.

Pablo continuó besando mis labios, bajó a mis pechos y chupó mis pezones haciendo que de nuevo sintiera renacer el deseo. Me acarició el coño con una mano introduciendo un dedo suave, suavemente, moviéndolo rítmicamente, sin dejar de besar mi boca y mis pezones hasta que me pidió que me volviera de espaldas. En esta situación, con los pensamientos en un mundo de placer, centrado en mi sexo palpitante pleno de él, sus manos ardientes por mi cuerpo, oímos un sonoro golpe en la puerta, y una persona que entraba. Se trataba de Juan, nuestro compañero de trabajo que, al entrar, se percató de lo que estaba sucediendo.

- ¡Vaya... por eso tardabas tanto! - dijo asombrado dirigiéndose a Pablo - Parece que os he molestado.

Nos pilló tan de sorpresa que no nos dio tiempo a reaccionar con la velocidad requerida pero a los pocos segundos, Pablo acabó reaccionando y dirigiéndose a mí, me preguntó:

- ¿Qué te parece si Juan participa?- y dirigiéndose al compañero, añadió - Y a ti, Juan, ¿qué te parece?.
- ¡Sería estupendo! - contestó este - ¿Qué opinas Adela?.

Atontada aún de la situación, asentí con la cabeza y Juan comenzó a quitarse rápidamente la ropa, se acercó a mi, que aún seguía a cuatro patas, levantó mi cabeza y comenzó a besarme. Poco a poco volvimos a entrar en calor, así que me levanté de la cama para abrazarme a Juan y continuar con un profundo beso. Él me acariciaba los pechos y mis nalgas, mientras yo iba besándole delicadamente su torso, bajando por su vientre, hasta que de rodillas tomé su polla para chuparla con placer. Pablo me sujetaba de las caderas atrayéndome de nuevo hacia él, y volvió a introducirse en mi chocho, esta vez con fuerza, haciendo que surgiera de mi boca, ocupada con la polla de Juan, un ronquido de placer. En este momento solo era consciente de las caricias que sentía por dentro y fuera de mí. Pablo continuaba asestando fuertes golpes hasta que noté que se corría, hasta que desfalleció encima de mí. Juan aprovechó para abrirme de piernas para penetrarme el chorreante coño, lleno de mis jugos y del semen de su compañero. Se movía rítmicamente, subiendo poco a poco el ritmo hasta que me separé de él para colocarme yo encima, dirigiendo su pene y comenzando a cabalgar.

En ese momento Pablo se me acercó, bajó sus manos por mis caderas hasta los glúteos y metió uno de sus dedos en mi ano, luego uno más, haciéndolo batir mientras Juan me penetraba por el coño. Entonces me incliné sobre Juan, para dejar campo libre a Pablo, para que continuase con sus caricias que me estaban volviendo loca. Pablo se situó encima de la cama para penetrarme por el culo y lo hizo rápido y comenzó a moverse en dulce vaivén. Notar ambas pollas dentro de mí era algo exquisito y me movía rítmicamente para que ambas entrasen unas veces a la vez, una y otra saliendo en tiempos distintos. De pronto noté a Juan correrse dentro de mí, mientras Pablo me cogía de las caderas haciéndome subir y bajar, hasta que se corrió también. Caímos exhaustos hechos un ovillo, tan agotados que casi no podíamos movernos y de repente, sonó el teléfono.

- Vaya, ¡ya es hora de levantarse!. Avisan desde recepción - les comenté.
- En fin, se acabó lo bueno, veremos si aguantamos el día de visitas - comentó Pablo. Con un beso nos despedimos. Teníamos que ducharnos y prepararnos para el día en el que una nueva forma de amistad entre los tres acababa de empezar. Besos.

  volver al menú