Aunque al principio solo tenía ganas de salir con su mujer, ir a cenar y luego divertirse un poco, la verdad es que, además de todo eso, pudo lograr ver cumplido el sueño de su vida. Dejemos que Pedro, nos cuente lo que ocurrió.

Charo, esta historia me sucedió hace dos años y aún me acuerdo como si fuera ayer pero para contarla voy a cambiar los nombres por razones obvias. Me llamo Pedro, tengo 38 años, y estoy casado. Mi mujer se llama Lorena, mide 1,65 m y tiene unos pechos grandes y preciosos que cuando se excita los largos pezones se le ponen durísimos, tiene unas piernas bien torneadas y un lunar negro a un lado del coño.

Una viernes, llegué cansado del trabajo a casa, y decidí invitar a mi mujer a cenar para pasar una noche agradable. Yo me vestí con pantalón y camisa playera, después bajé a la sala a esperar a mi mujer. Cuando ella bajó, me excité porque llevaba un vestido azul pegado al cuerpo, corto hasta la parte superior de la rodilla, y medias negras. En fin, se veía excitada y lista para la acción.
Nos dirigimos a un restaurante italiano y nos sentamos en una mesa que se encontraba en una esquina, por donde pasaban los hombres que iban al baño. Después de haber ordenado la cena, entraron un par de muchachos, de entre 25 y 30 años de edad, que se sentaron en una mesa al otro lado del pasillo pero frente a nosotros. Cuando se sentaron se giraron hacia nosotros y nos dieron las buenas noches, nosotros les contestamos y ellos sonrieron a mi mujer. Ella se sintió orgullosa y se le notó en la mirada que le había gustado aquel saludo.

Durante la cena, ellos se giraron muchas veces hacia nuestra mesa y miraban a mi mujer. Lorena se empezaba a excitar y yo sentía una sensación, al principio extraña, pero que después me empezó a gustar. Ella se movía mucho, por lo que le pregunté que le pasaba, a lo que me contestó que tenía algo de calor y que el sujetador le molestaba, a lo que yo le contesté:

- ¿Por qué no vas al baño y te lo quitas?.

Ella al principió dudó, pero después aceptó, fue al baño y cuando regresó sus tetas, de buen tamaño, se le notaban por el vestido y sus pezones apuntaban hacia fuera. Al sentarse, se agachó y al hacerlo le asomó por el escote el pezón de la teta derecha. Los muchachos llegaron a verlo y no dejaban de mirarla una vez que se sentó. Ella llevaba ya tres copas de buen vino, por lo que aquella situación no le molestó, sino todo lo contrario, empezó a abrirse un poco más el escote del vestido para que sus mamas se le vieran cada vez más.

Ellos, en un momento dado, fueron al baño un mínimo de tres veces cada uno y al pasar junto a nuestra mesa, miraban de reojo el escote de mi mujer, y en una de esas veces yo les noté una tremenda erección. Una vez, cuando pasaron junto a mi mujer, uno de ellos le rozó el hombro con la polla caliente. Noté que a ella le gustó porque no me dijo nada, solo se giró a mirarlos.
Yo me excitaba cada vez más al ver aquella situación y me sentía orgulloso de mi mujer. Entonces ella fue otra vez al baño y al regresar mostraba una sonrisa traviesa y al preguntarle qué le había sucedido, se me acercó agachándose y dejándome ver sus pezones me dijo:

- Mi amor, te traigo un regalito.

Él extenderme la mano, abrí la mía y Lorena colocó en ella su tanga. Se lo había quitado, me excité y le di un beso húmedo y caliente en la boca. Ella se sentó y al hacerlo abrió las piernas, los muchachos de enfrente pudieron ver su coño muy claramente bajo el vestido. Entonces yo le subí el vestido por debajo de la mesa y le acariciaba la almeja, sin que los muchachos perdieran detalle de lo que hacíamos.
Al terminar de cenar, pedimos la cuenta y los muchachos hicieron lo mismo. Ya fuera del restaurante, nos dirigimos al aparcamiento y fuimos a la pared del fondo donde yo había dejado mi camioneta.
Al llegar a ella, apoyé a mi mujer en la puerta, de frente, le abrí el escote y sacándole las gordas tetas al aire, le acaricié con la lengua sus pezones. Ella gemía y decía.

- ¡Aaaah... aaah... que bueno!.

Entonces le levanté el vestido y le acaricié las piernas cerca de su coño. Estábamos tan excitados, que no oímos que los muchachos llegaban a su coche, nos vieron y nos dieron las buenas noches. En ese momento los vimos y mi mujer con la mirada excitada, sonriendo, las tetas al aire y el vestido levantado casi hasta la cintura, les dijo coquetamente:

- Pero, ¿ya os vais?.

Ellos se miraron sin saber que contestar, yo me sorprendí pero pensé que aquel era el momento que tanto tiempo llevaba soñando, y se me ocurrió decirles:

- ¿Qué pensáis de mi mujer?.
- ¡Que está buenísima y que suerte tienes...! - me contestaron.
- Pues acercaros veréis lo que es bueno- les dije.

Ellos, al principio, no sabían si lo decía en serio o no, pero después reaccionaron y se acercaron a Lorena, uno por cada lado. Uno la besó en la boca, mientras que el otro le besaba uno de los pezones, después ambos la acariciaron por todos lados y ella me dijo excitada:

- ¡Mi amor, abre la camioneta!.

La obedecí, abrí la camioneta, ella se subió en la parte trasera, los dos muchachos la siguieron y yo me subí al lado del conductor y cerré las puertas. Miré hacia atrás y vi a mi mujer con dos pollas en la boca y los pechos en las manos de los muchachos, quienes ya se habían quitado pantalones y camisas.

- ¡Que bien la mama tu mujer! - decían mientras ella les chupaba las pollas como a mí me encanta que me lo haga.

Entonces me saqué la mía y me empecé a masturbar, mientras veía como mi mujer estaba excitada mamando y gimiendo.
Después de un rato, uno de ellos le quitó el vestido quedando solo con el liguero y las medias negras, entonces uno de ellos le dijo:

- ¡Te vamos a follar y matarte de gusto!. Acuéstate boca abajo en el sillón.

Ella obedeció y empezó a mamarle a verga a uno de ellos mientras que el otro le ponía saliva en su culito y empezaba a meterle el dedo por atrás.

- ¡Aaaah, que caliente estoy, sí dame por el culo! - decía Lorena mientras sentía el dedo del muchacho en su culito apretado.

Yo me sentía extraño y sumido en aquella situación desconocida pero muy excitante, me seguía masturbando y les decía:

- ¡Follárosla entre los dos, para que sepa lo que es tener dos rabos dentro!.

El que le tenia el dedo en el culo se acostó en el suelo de la camioneta, boca arriba, con la polla bien tiesa y con las dos manos en sus caderas la llevó hacia él, ella al mismo tiempo que se la estaba mamando al otro muchacho. Mi mujer se acercó para sentarse en la polla del primero pero por la inclinación de ella no podía atinarle, así que yo dije:

- Con permiso, amigo - y cogiendo la polla del muchacho acostado en el suelo, la puse a la entrada del coño de Lorena.
- ¡Aaaah... que polla tan grande! - exclamó ella al sentir el capullo, pero se la clavó hasta el fondo.

Lorena, sacándose de la boca el pollón del otro muchacho, empezó a moverse hacia atrás y hacia delante, para disfrutar la follada. Al cabo de un momento, volvió a chupársela al otro chico, y esté, cuando la tuvo bien dura, se colocó detrás de Lorena con intenciones claras de darle por el culo.
Al llegar frente al culo de Lorena, se puso saliva en el capullo y se la restregó en el ano de mi caliente mujer. Entonces, yo me emocioné cuando vi que a mi mujer, se le iba a hacer realidad su fantasía de follar con dos pollas. Le apuntó su glande en la entrada de su culito y de dos empujones se la metió hasta el fondo, mientras su compañero se la seguía metiendo por el coño.

En ese momento eyaculé con una serie chorros en el tablero de la camioneta. Ella se giró para verme y me lanzó una sonrisa que me calentó aún más. A los pocos minutos, que parecieron horas, los dos muchachos terminaron, primero el que se la estaba follando por detrás y después el que estaba acostado debajo de ella, dejando ambos sus chorros de semen dentro de Lorena.
Ella terminó agotada, les acarició a ambos las vergas y les dio un beso a cada uno. Nos reímos todos, mientras que, nos dábamos las gracias mutuamente y nos empezamos a limpiar y a vestir, ellos se presentaron y nos dieron su número de teléfono. Se llamaban Alberto y Ricardo, ambos eran de otra provincia y estaban trabajando por un par de meses en la ciudad.

Quedamos de llamarles otro día para juntarnos otra vez, salieron de la camioneta, se subieron a su coche y se fueron. Nosotros nos quedamos un par de minutos recobrando el aliento y luego nos fuimos a casa. Por el camino ella iba acariciándose el coño, mientras me decía, lo a gusto que había follado, sobre todo con el muchacho que estaba acostado en el piso de la camioneta, porque tenia la polla del tamaño de un pepino que había comido por la tarde.
De pronto, detuve la camioneta en un semáforo en rojo, ella se agachó hacia mí, me desabrochó el pantalón y la cremallera, me sacó la polla y me la fue mamando hasta que llegamos a casa. Entramos y nos fuimos a la sala. Mientras me contaba cuanto le había gustado la experiencia y que deseaba repetirla, me seguía mamando la polla hasta que me corrí en su boca y ella me la limpió totalmente pasando la lengua desde el glande hasta los huevos.

Después nos duchamos, nos dimos unos abrazos y besos mientras que nos decíamos que nos amábamos y luego nos fuimos a dormir. Esta verdaderamente fue una experiencia grandiosa. Besos de los dos, Charo.

  volver al menú