Esta amiga dice no va a poner su nombre ya que no le ve mucha trascendencia, pero sí nos dice que no está casada y tiene una hija, va a cumplir 38 años de edad y trabaja para una empresa en Logroño, mide 1,62, pesa 60 kg, y considera que tiene muy buenas tetas, pues sus senos son grandes pero firmes. Lo que ocurrió aquella noche sabe que fue planeado por su hija y su novio, pero prefiere pensar que fue obligada a hacer todo lo hizo.

Amiga Charo, todo empezó cuando llegué a mi casa a las a las diez y media de la noche. El viaje lo hice en mi coche, mientras estaba lloviendo bastante, y en mi casa me encontré con una fiesta que montó mi hija que yo no esperaba. Me sorprendí cuando al aparcar vi muchos coches alrededor de casa y como la lluvia arreciaba, solo moví el coche y lo coloque en la parte lateral de la casa, me quité los zapatos, con el bolso me cubrí la cabeza y bajé, corrí y entré en la casa medio mojada. Allí vi a un montón de jóvenes amigos de mi hija. Me quedé parada pero fingí no prestar importancia, con lo mojada que estaba mi ropa, se me marcaban todas las tetas y mis pezones endurecidos. Los jóvenes me miraban con ganas de comerme allí mismo. ¿Es que yo era la única mujer que estaba allí?. Al parecer las chicas y mi hija se habían ido al otro lado de la casa o salieron.

Entonces decidí subir al segundo piso, a mi cuarto, para cambiarme de ropa. En las escaleras sentados había unos chicos y tuve que pasar entre ellos sin poder evitar que alguno de ellos, queriendo o sin querer, me manosearan el trasero pero no le di demasiada importancia. Me dirigí a mi habitación y al momento de abrir la puerta vi una enorme figura frente a mi, me asusté e intenté hacerme para atrás un poco, pero la figura se movió para dejarme pasar, pero sin quitarse por completo. Pasé deprisa pero cuando le di la espalda, sentí como una mano me sujetaba por la cara, tapándome la boca y apretándome contra él. Traté de pegarle con el bolso, pero me lo quitó con la otra mano y lo lanzó al aire, me cogió por la cintura y me levantó mientras yo solo atinaba a patalear en el aire. Ya dentro de la habitación me tiró al suelo, me puse a llorar y solo le decía:

- ¡No me haga nada por favor, le doy el todo dinero que traigo, no me haga nada por favor!.

Quería gritar pero de tanto miedo y llanto tenía la garganta casi cerrada. Recuerdo que dicen que en esas situaciones pongamos atención a todo detalle y que no violentemos a las personas. Todo estaba oscuro, solo se veía algo cuando los relámpagos iluminaban la habitación. Continué diciéndole con gemidos, que me dejase ir por favor, pero él me contestó:

- ¡Cállate y no te muevas de donde estás, si haces algo voy a matarte a palos, es una muerte muy horrible!.

Arrecié en mi llanto, nunca había sentido tanto miedo, entonces me alumbró con una linterna y yo me cubrí los ojos ya que la luz era muy fuerte y entonces sentí como me tiraba muy fuerte del cabello y me decía:

- ¡Calla perra!. Mira lo que tengo para ti si no haces lo que te diga... - se iluminó la mano y vi a una porra - Esto puede romperte cualquier hueso, ¿o prefieres esto? - sacando de su gabardina un cuchillo grande,

Yo seguía llorando de miedo e impotencia y solo le dije:

. ¿Por qué, por qué a mí, no le he hecho nada.
- Cállate, levántate y quítate la blusa - me ordenó.
- No, no me haga daño - supliqué de nuevo.
- Te va a gustar - me contestó.

Mis manos temblaban y no podía desabrocharme los botones de la blusa y entonces vi como se acercaba, me hice un poco para atrás pero sentí un dolor en el estomago. Me había pegado con la porra.

- Haz las cosas bien o te irá peor - me dijo.

Me desabroché la blusa pero no me la quité y él, entonces, se volvió a acercar por lo que, como pude, comencé a quitármela para que no me pegase y al ver que lo hacía esto se hizo para atrás. Al rato me quedé solo con el sujetador y entonces me pidió la falda. Yo tenía la cabeza agachada y él me ordenó levantarla, diciéndome además que me diese la vuelta y así quedé dándole la espalda. Seguía teniendo mucho miedo ya que pensaba que me podía golpear.

- ¡La falda! - me gritó.

Desabroché el botón y bajé el cierre dejándola caer, quedándome solo con el sujetador y la tanga. Puso la linterna en el suelo y al ver como se me acercaba y levantaba la mano que sostenía la porra, me cubrí la cara pero él sonreía, solo me quería asustar. Guardó la porra y acercándose más a mi, me pidió que levantase los brazos, comenzando a acariciar mis pechos sobre el sujetador. Sus manos eran enormes y mientras me apretaba las mamas me preguntaba:

- ¿Te gusta, te gusta perra?.

Yo solo sollozaba y entonces me quitó el sujetador y con él me amarró las manos a la espalda, comenzado a pasar su lengua por mi cuello tocándome el culo con las manos. Su lengua se deslizaba por mis pechos, cosa que no podía soportarlo e involuntariamente mis pezones se endurecieron. pasándoles su lengua y dándoles pequeños mordisco.

- Estas cachonda, te está gustando - dijo.

Yo seguía sollozando y no le contesté, sus manos separaron mis nalgas y su dedo presionó mi ano, empezando a excitarme mucho. Entonces apretó su boca muy fuerte contra mi pecho y lo succionó, empujándome contra la pared de forma violenta, me puso de espaldas y me separó las piernas, apartó mi tanga y empezó a acariciarme el ano, cosa que me excitó sin poderlo evitar. Su dedo se movía alrededor de mi ano mientras que con su otra mano me empezó a frotar la rajita y al meter en ella un dedo fue cuando se dio cuenta que yo estaba muy mojada, y exclamó:

- ¡Te gusta puta, te gusta, estás cachonda, estás caliente!.

Su dedo era grande y me lo metió hasta el fondo sin problemas por lo mojada que estaba. Yo ya no sollozaba, solo cerraba los ojos y trataba de no gemir.

- ¿Te gusta el dedo bien adentro, verdad? - me dijo sacándolo y chupándolo.

Luego sentí algo de dolor pues intentaba meter la porra en mi coño. Primero pasó la punta por delante y para atrás, tratándolo meter diciéndome:

- Puedes con todo, ¿verdad, puta?.

Empezó a meter la porra, primero despacio y luego con mucha violencia y cuando estaba un poco metida dentro de mi coño, la giraba, y yo solo eché la cabeza hacia atrás sintiendo como me llegaba un orgasmo con ese palo de madera forrado de cuero.

- ¡Gírate! - me ordenó.

Me puso frente a el, trajo la linterna y me alumbró la cara gritando:

- ¡Agacha la cabeza y mírame!.

Estaba de rodillas frente a mí y entonces con sus manos acarició desde mis pies hasta mis muslos y hasta que apartó nuevamente a un lado el tanga sintiendo como abría mis labios y empezaba a meter y sacar la punta de la porra dentro de mi y yo ya no aguantaba, casi gimiendo de placer. Entonces se despegó un poco de mí y me dijo:

- Goza puta, goza, todavía falta más.

Con su mano derecha acariciaba una de mis nalgas y luego mi ano, donde quiso meter un dedo pero no entraba e hizo presión en él. Mi rajita estaba completamente mojada y la porra entraba y salía con facilidad, eso me estaba matando de placer y entonces la mano que estaba en mi trasero la llevó a mis pechos que agarró con fuerza, estirando mis pezones. Yo ya no aguantaba más, sentía como se abría mi trasero para darle cabida a ese dedo y di un grito al sentirlo dentro de mí. En este momento comenzó a meter y sacar la porra en mi coño, un dedo en mi ano y su lengua en mis pezones. Cada metida de dedo en mi trasero era un grito cada vez menor y cuando lo encajó de golpe grité y tuve otro orgasmo, sintiendo que las piernas se me doblaban.

Entonces se puso frente a mí diciéndome que me arrodillase pero al no atinar a moverme me golpeó nuevamente en el vientre y tomándome del cabello me obligó a ponerme de rodillas, se desabrochó y bajó el pantalón, apareció frente a mi un miembro grande y me ordenó:

- ¡Mámalo y hazlo bien!.

Le obedecí de inmediato, abrí la boca lo más que pude y metí su punta la verdad aunque era algo difícil y más con las manos atadas. Empecé a mover la cabeza y al ver que no abarcaba mucho, por instinto saqué la punta de la lengua y comencé a lamer y besar el tronco hasta que, en un momento dado, me alumbró y pude ver toda la extensión de aquella cosa.

- Eso, puta, lo haces mejor que tu hija... así, sigue, sabia que no eras más que una puta con ropa elegante - me dijo.

Solo en ese momento me enteré que era el novio de mi hija y yo lo había echado de casa. El oír eso me excitó y ya no solo besaba aquel tronco venoso si no que también recorría partes de él con mi lengua hasta que decidí llegar hasta sus testículos, que eran grandes y su olor era algo desagradable pero no me importó.

- Estás disfrutando, puta, te gusta mamar la verga, eres muy buena en eso - me decía.

Cuando más disfrutaba de aquel miembro, tiró con fuerza de mis cabellos y me hizo poner de pie, me empujó contra el lavamanos, me puso de espalda y me doblo haciendo quedar flexionada hacia el frente y yo, asustada, le supliqué:

- ¡No, eso no, por favor, no lo hagas...!.

Se agachó, separó mis piernas, apartó mi tanga y abriendo mis nalgas empezó a lamer mi ano, haciendo círculos alrededor de él y escupiéndolo logrando que eso empezase a excitarme como hacia unos momentos. Su lengua comenzó a hurgar en él y yo sentía como mi ano se volvía dócil y empezaba a sentir la punta de su lengua entrar. Era una delicia, pero con su porra volvió a entrar en mi rajita, que estaba mojada y así, mientras tenía su lengua en mi ano, mi coño esta atendido por ese gran consolador.

Cuando empecé de nuevo a gemir, su lengua comenzó a subir por entre mis nalgas y su lugar fue ocupado por uno de sus dedos que, contrariamente a hacía un momento, ahora trataba de entrar despacio haciendo círculos dentro de mi, pero entrando poco a poco. Yo lo disfrutaba tanto que la misma excitación que sentía me empujó un poco hacia atrás. En este momento sacó su polla de mi coño y sentí como colocaba la cabeza de su miembro en la entrada. Cerré los ojos, apreté los labios y empecé a sentir como aquello se iba abriendo paso entre mis labios y luego entre mis paredes, intentando yo separar más las piernas, haciéndole exclamar:

- Así, putita, así coopera para que disfrutes y puedas salir de esta.

Él comenzó a empujar con más vigor hasta que creí tener más de la mitad dentro de mí. Era una sensación de dolor y satisfacción que no había sentido antes. Empezó a bombear solo metiendo la mitad de su gran miembro y cuando mi raja ya estaba adaptada a esa mitad, empujé para recibir mas y él, al sentir esto, arreció con su enorme miembro hasta meterlo casi por completo y cuando lo tuve todo dentro de mí abrí los ojos y me giré a mirarle y aunque no distinguía nada de él solo que era enorme y algo obeso. Él empezó a bombear su miembro entrando y saliendo por completo sintiendo como me escurría jugo por entre mis piernas cada vez que sacaba su miembro, era como si me orinara. Su dedo en mi ano estaba completamente dentro, entrando y saliendo a menor velocidad pero me daba mucho gusto. Una vez que sacó el dedo de mi ano sentí como dejaba caer saliva, me giré a mirar, vi que llevaba su mano a la bolsa de la gabardina y sacaba el cuchillo. Yo le grité que no, llorando, pero él lo llevó hacia mí en cámara lenta y creo que me oriné un poco en su miembro, que seguía dentro de mí, de miedo. Entonces noté un tirón y oí que algo se rasgaba. Me quedé quieta, luego un tirón muy fuerte me arrancó el tanga y él, inclinado sobre mi espalda, me dijo al oído:

- No llores putita, no te voy a matar a pesar de que te has meado en la verga si sigues portándote bien, me estás pagando el no dejarme salir con tu hija.

Moví la cabeza diciendo que si y continuó bombeando en mi coño notando como su dedo volvía a mi ano, pero ahora dolía más, como si fuera más grande y al notar como batallaba para entrar, imaginé que trataba que trata de meter dos dedos a la vez. Dejó caer saliva y empujó con fuerza. Me dolía mucho y mis gemidos se combinaban con pequeños gritos de dolor. Me preguntó si me dolía, yo le dije que sí y entonces él me contestó que eso era bueno y los empujó con tal fuerza que los metió por completo haciéndome gritar de dolor y de placer. Su enorme miembro y sus dedos me abrían a mas no poder mis orificios y como me dolían, sobre todo mi ano, pero que placer más grande e incluso me hubiera gustado tener algo en mi boca para sentirme llena totalmente.

Comencé a gemir muy fuerte, creía que me venía otro orgasmo. Su miembro entraba y salía a mayor velocidad y comencé a deshacerme lenta y profundamente. Mis gemidos se hacían uno igual de largo que mi orgasmo, por instinto contraía mis paredes y fue cuando sentí un mar de liquido espero dentro de mí y era tal la cantidad que cuando él se movía un poco hacia atrás se desbordaba y me resbalaba por los muslos pero entonces, sacando sus dedos de mi ano colocó la cabeza de su miembro en la entrada de mi culo y aunque no pudo hacerla entrar, alcanzó a descargar todavía algo de semen en ella.

Quedé exhausta sobre el lavabo, con el cuchillo rompió mi sujetador que ataba mis manos y me dijo:

- Si quieres seguir viva no denuncies nada.

Me tiró del cabello haciendo levantarme del lavabo y no sé que más pasó allí, pues me quedé dormida pero desperté al día siguiente con todos mis agujeros muy doloridos.
Besos y hasta otra.

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