A instancias de su sobrino, convertido en su amante, ella le contó con todo detalle los diferentes amores de ambos sexos, que tuvo por deseos del cornudo consentido de su marido, cosa que encendió al chico.

Amiga Charo, no sabes como te agradezco la publicación de mi experiencia que nos puso tan calientes que mi sobrino me echó uno de los mejores polvos. Y ahora, si me lo permites, me gustaría seguir con el relato. Un día, después de una fenomenal follada, Raúl me interrogó sobre si había follado con otros hombres.

- Desde que murió mi marido, no pero antes gocé de varias pollas y de algún coño - le dije.
- Tía, ¿me lo puedes contar? - me preguntó.
- Sí, cariño, no quiero tener secretos contigo - repliqué, y empecé mi relato.

Después de varios años de casada, a mi marido le entraron ganas de verme joder con otro tío y aunque yo, al principio, me negué acabé aceptando que otro macho me montase. Un día tu tío me dijo, prepárate que esta noche veré cumplido mi deseo de ver como otro macho te la mete y te hace gozar. Está bien, le dije yo, si quieres ser un cornudo consentido te daré el gusto, aunque espero que el gustazo me lo dé yo.

Mi marido había puesto un contacto pidiendo un macho joven, con una buena polla y quedó con él, concertando una cita para un sábado por la noche en un pub. Se llamaba Lorenzo, estuvimos un rato bailando y cuando nos sentamos en un apartado, me besó metiendo su lengua en mi boca, luego me sacó los pechos y empezó a morderme los pezones. Yo me estaba poniendo caliente y notaba como se me mojaban las braguitas, así que le abrí la bragueta y le cogí la polla, que era enorme y estaba durísima. Estuve masturbándolo un rato hasta que Lorenzo puso su mano en mi cabeza y la apretó hacia abajo. Quería que se la mamase así que saqué la lengua, le lamí primero el capullo y luego me metí todo lo que pude en la boca mamando con todas mis ganas.

- Eres una calentorra - dijo mi sobrino - Y tía, me la estás poniendo dura.
- Sí, cariño, me gustan mucho las pollas y sobre todo la tuya - repliqué.
- ¡Sigue tía, sigue que me estás calentando y te voy a meter un buen polvazo en tu cuerpo que te vas a mear de gusto - exclamó-

Mientras se la mamaba, Lorenzo me subió la falda y me metió dos dedos en el coño diciéndome:

- Ven, siéntate encima de mi polla, que quiero sentir el calor de tu coño.

Me senté sobre él y apartando mis braguitas coloqué su capullo entre los labios de mi coño y me fui dejando caer, sintiendo como su polla me abría el coño. Cuando sentí sus huevos en mis nalgas, grité de gusto y empecé a follármelo mientras él me mordía los pezones y me metía un dedo en el culo. ¡Que gusto me estaba dando el muy cabrón!. Al poco me llegó el orgasmo pero seguí follándomelo y cuando él descargó su abundante leche en mi coño, me corrí otra vez. Al sacármela me corría la leche por todos los muslos. Cuando llegamos a casa, Lorenzo llamó a mi marido y subiéndome la falda, le enseñó mi coño y mis muslos, todo lleno de leche y le dijo:

- Mira la puta de tu mujer, mira su coño que bien follado y lleno de leche de macho, y no veas como le gusta. ¡Que cabrón eres y como te encanta que monten a la zorra de tu mujer!.
- Que puta eres, tía - dijo entonces mi sobrino - Eres una caliente hembra que necesita que la monten y la cubran con una buena polla, pero sigue.
- ¿Quieres follarme mientras te sigo contando? - le pregunté.
- Sí, ven, siéntate encima de mi polla y clávatela... caramba tienes el coño ardiendo, venga sigue - exclamó.

Como te decía, nos fuimos al dormitorio, pues quería que el cabrón de mi marido viese como me follaban en su propia cama. Me tumbé abierta de piernas y le dije a tu tío:

- Ven, cornudo, chúpame el coño, límpiamelo bien de la leche de mi macho, que quiero que mi amante me la vuelva a clavar y me llene de esperma.

Mi marido metió la cabeza entre mis piernas y me comió el coño mientras mi amante me metía su polla en la boca, que mamé con ganas hasta que al estar dura le dije a mi marido:

- Quítate, cabrón que ya estoy caliente y necesito que me follen el culo y también quiero sentir otra vez la polla de mi amante llenarme el coño.

Mi amante me abrió de piernas, puso el capullo entre los labios de mi coño y me penetró haciéndome gritar:

- ¡Toda, la quiero toda dentro, métemela, la quiero sentir en lo más profundo de mi coño!.

Me folló con todas mis fuerzas y yo le decía a tu tío:

- ¡Mira, cabrón, mira como joden a tu mujer, mira como disfruta la puta de tu esposa, mira que polla le tienen metida en su caliente coño - y apunto de correrme, le dije a mi chulo - ¡Ya, cabrón, ya, córrete ya, quiero sentir mi coño lleno de leche!.

En el acto noté como mi coño se llenaba de mi corrida y de la leche de mi amante, pero, no por eso paró pues me siguió follando haciéndome correr otra vez. Tenía el coño que me manaba leche de los dos polvazos que me había metido. Entonces me fui a la ducha y cuando salí, mi amante le decía a mi marido:

- Vaya hembra que tienes, está buenísima y como folla, y la muy puta es tan caliente que necesita un buen rabo entre los muslos y que se la tiren da igual por donde, pues tanto traga por la boca como por el coño, pero ahora quiero ver que tal traga por el culo, donde se la quiero clavar hasta los cojones. Me puso a cuatro patas con los brazos en el respaldo del sofá y mi chulo empezó a meterme un dedo en el culo y al poco rato, sentí su capullo entre mis nalgas y como se abría paso en mi estrecho ano. Me hizo daño pero aguanté y de un solo golpe noté como se me abría mi culo y sus cojones se pegaban a mis nalgas. La tenía toda metida dentro de mi, me sentía llena de polla de macho.
- No sigas, tía - me dijo entonces mi sobrino - no sigas que me corro, déjame que te folle...
- Sí, mi amor, fóllame.
- ¿De verdad tía, te gusta como te cubro? - me preguntó.
- Sí, cariño jamás mi coño había recibido una polla tan grande y gorda como la que me tienes metida, muévete, fóllame mi macho y lléname el coño de leche, que quiero sentirla en lo más profundo de mi ser.

Más de media hora duró la monta y cuando no podíamos más, me cogió por las nalgas, dio un fuerte empujón y se quedó quieto mientras su polla soltaba un río de semen en mi vagina. Cuando me la sacó, me corrían los cuajarones por mis muslos que yo recogí con mis dedos y me los llevé a la boca. Me encanta la leche de macho.

- Que placer, cariño, y que buen sabor tiene tu leche - le dije.
- Pues no te preocupes que después te daré el biberón - contestó riendo.

Esta no fue más que una de las veces que mi marido me entregó a otros machos y uno de esos encuentros fue de los que más morbo me produjo y uno de los mayores placeres. Un día me dijo que había quedado con un hombre para que me follara pero que vendría con su hijo, que era virgen y quería que yo lo desvirgara. Nada más de pensarlo se me puso el coño chorreando. Iba a desvirgar a un chaval de 18 años y encima en presencia de su padre. Seguro que me la meterían los dos a la vez. Pero eso te lo contaré otro día. Un beso.

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